Mensaje de Navidad 2013







H. Matamoros. Mons. Ruy Rendón Leal, Obispo de Matamoros, envía el siguiente mensaje a toda la comunidad con motivo de la Navidad.


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MENSAJE DE NAVIDAD 2013

Y la paz será realidad…




La Navidad es la celebración anual del nacimiento de Jesucristo, el Hijo de Dios, el Dios hecho hombre, nuestro Salvador. Por lo tanto, el centro de las fiestas navideñas no somos nosotros sino, más bien, el Recién Nacido, el Niño Dios. Convendrá entonces dirigir nuestra mirada y, sobre todo, nuestro corazón, hacia el portal de Belén y contemplar el gran misterio que, como hombres y mujeres de fe, alcanzamos a vislumbrar a través de los signos pobres y humildes que aparecen: estamos en un pequeño pueblo llamado Belén, en las afueras, en un barrio de la periferia, en una casa cuya familia pudo acoger esa noche bendita a los santos peregrinos José y María; el lugar que les han prestado es el espacio de la casa destinado a los animales. Y allí la Virgen María “dio a luz a su hijo primogénito, le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre…” nos dirá el evangelista san Lucas (2,7). Las periferias y la pobreza, por consiguiente, deben ser para nosotros lugares de encuentro con Dios, lugares donde Él se manifiesta y donde nos invita a estar y a ser solidarios con quienes viven en tales espacios, o bien, experimentan situaciones difíciles en su vida: enfermos, migrantes, presos, indigentes, etc.


Los ángeles, al anunciar a los pastores el nacimiento del Redentor, entonan un precioso cántico que debemos hacer nuestro: “¡Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad!” (Lc 2,14). Tres elementos se destacan en este bello cántico: En primer lugar, se trata, con la Navidad, de glorificar a Dios, ya que nos muestra su amor dándonos a su Hijo único, quien nace pobre entre los pobres. Glorificamos, por tanto, a Dios, con nuestros cantos y oraciones, pero sobre todo con nuestra conducta, con nuestras buenas obras (cfr. Mt 5,16). La Navidad, además, es un acontecimiento de paz. En efecto, naciendo el Salvador, automáticamente la paz llega a la tierra, ya que él es “El Príncipe de la paz” (Is 9,5); viene al mundo para reconciliar a los hombres entre sí, y a toda la humanidad con Dios (cfr. Rom 5,10-11; Col 1,20).


Pidamos al Niño Dios, en su nacimiento, que nos traiga, como regalo, esa paz tan anhelada para nuestros pueblos y ciudades de Tamaulipas y de todo México. No olvidemos, sin embargo, que la paz ciertamente es un don de Dios, pero implica una tarea nuestra: la de ser hombres y mujeres de buena voluntad. Esto quiere decir: que debemos ser personas de buen corazón, que sepamos amar y perdonar, servir y absolver, ser pacientes y amables, tener fe y esperanza. Empecemos en nuestra propia casa, escuela, trabajo y comunidad, a fortalecer estos valores cristianos. Y LA PAZ SERÁ REALIDAD…




Con mis mejores deseos para todos. ¡FELIZ NAVIDAD!


+Ruy Rendón Leal

Obispo de Matamoros




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