Uno de los integrantes de la parroquia leyó un poema que describía lo que ha sido este tiempo de espera, la historia del nuevo templo, y lo que significa para el vecindario. Luego, el arquitecto explicó el sentido de las formas, y de cómo la construcción representa a una gran Medalla Milagrosa rodeada por 50 rayos de luz, que entran desde la aurora hasta el atardecer, emulando los 50 avemarías del Santo Rosario. Los mosaicos del Vía Crucis fueron elaborados en un taller por fieles de la comunidad. El Cristo resucitado que preside el presbiterio, es obra del artista Osvaldo Peña.
El Arzobispo de Santiago recibió las llaves de la puerta principal de la Iglesia, y acompañado por los dos vicarios generales de la arquidiócesis de Santiago, padre Héctor Gallardo y padre Rodrigo Tupper; además del Vicario de la Zona Oeste, padre Galo Fernández, golpeó con su báculo tres veces la madera, abriendo de par en par la entada principal, mientras los cientos de fieles aplaudían y se agolpaban para entrar a la parroquia.
La misa
Al comienzo de la eucaristía, que presidió monseñor Ezzati y que fue concelebrada por más de 20 sacerdotes, el Pastor de la Iglesia de Santiago, y los dos vicarios generales, asperjaron con agua bendita a los fieles, muros, y altar del nuevo templo, “aceptemos el agua purificadora”, dijo el Arzobispo.
“En el Iglesia siempre, sea cual sea nuestra historia, podemos encontrar misericordia, ternura, paz, reconciliación, puertas abiertas, porque Dios quiere que cada uno de nosotros encuentre en Él el corazón abierto, como esos brazos que el Padre ofrece al Hijo Pródigo”, dijo monseñor Ezzati al comienzo de su homilía, y agregó: “El altar, que representa a Jesucristo, es el centro de este templo, aquí se celebraran los divinos misterios, a partir del día de hoy, cada día, cada domingo, la comunidad cristina podrá encontrarse alrededor de este altar para celebrar el misterio del amor de Diosa manifestado en el sacrificio de su Hijo Jesús”.
Bajo el altar se colocó una gota de sangre del Papa Juan Pablo II, siguiendo con la tradición de poner una reliquia de un Santo cada vez que se consagra un nuevo presbiterio. El Arzobispo ungió el altar esparciendo el óleo santo, también fueron ungidos los muros del templo, consolidando de esa manera la dedicación del edificio para el culto de la fe cristiana. De ahí se incensó la Iglesia y a los fieles que participaban de la misa, porque cada creyente es un altar espiritual.
Cuando estaba ungido el presbiterio para preparar sobre él el banquete del Señor. Una familia de la comunidad presentó el pan y vino, junto a ellos un grupo de mujeres presentó un gran Rosario Misionero. Al final de la eucaristía una niña de la parroquia firmó el decreto junto Arzobispo de Santiago en representación de la comunidad. Los fieles regalaron una casulla al párroco de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, padre Eugenio de la Fuente.
Fuente: Comunicaciones Iglesia de Santiago
www.iglesiadesantiago.cl

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