En julio de 2012, en medio de la controversia por la ley de pesca y el informe de la comisión investigadora por el lucro en la educación (en ambos asuntos derrotada por un voto) la diputada DC recibía otro duro golpe. “No me sentía bien, tenía un desánimo generalizado, estaba con poca fuerza y yo en general soy una mujer súper activa”, recuerda. Una tos seca, un resfrío tenaz y unos ganglios sobre la clavícula la impulsaron a acudir a un especialista y entonces el linfoma de Hodking y la quimioterapia. “Me generó un quiebre, me pilló por sorpresa”, dice sobre la enfermedad. “Pero desde el primer minuto tuve mucha tranquilidad para asumirla, mucha confianza en que iba a salir adelante”.
¿Cómo incide la fe en momentos como ese?
Me cuesta pensar cómo enfrentar una situación así sin tener fe. Mucha gente dice ‘¿por qué a mí, qué hice mal?’, y eso no ayuda a la enfermedad. Entender que incluso los momentos más límite de la vida tienen un sentido, tiene que ver con la fe. Y asumir que si bien te ponen pruebas en la vida, también te entregan las herramientas para salir adelante. Cuando uno se queda en el ‘¿por qué a mí?’, lo que haces es victimizarte y eso te inmoviliza. Distinto es cuando uno se pregunta el ‘¿para qué?’, cuál es el sentido que tiene. Eso te mueve.
¿Qué sentido le dio?
Es un proceso que uno sigue elaborando, pero creo que hay un aprendizaje: desde el cómo pones una suerte de alto en la vida y aprendes a mirar las mismas cosas con otra profundidad, valorando mucho más las cosas pequeñas del día a día, siendo capaz de mirarlas, porque a veces por compromisos y el ritmo que tiene la vida moderna, pasas de largo sin darte cuenta de las cosas valiosas que Dios te regala en lo cotidiano.
La familia, el primer doctor
De Punta Arenas a Santiago y de ahí a Valparaíso, la agenda de la diputada Goic suele dejarle poco tiempo para estar en casa. Pero en este trance su esposo, Christian Kirk, y sus hijas Catalina y Alejandra, fueron fundamentales. “La actitud que uno tenga frente al tratamiento es clave, y en eso el entorno puede ser una tremenda ayuda o puede ser también una dificultad. Creo que todas las cosas tienen un lado positivo. Estuve en mi casa, bien cuidadita y fue un tiempo súper rico con mis hijas y mi marido”, cuenta.
Otro elemento clave fue la gente de Magallanes, “un tesoro que llevo en el corazón”, dice, “conocidos y anónimos que me escribieron, me transmitieron buenas energías e hicieron cadenas de oración. Mi tratamiento probablemente no hubiera sido lo exitoso que fue si no hubiera estado eso presente”, asegura.
“Creo que hay una lección de humildad en entender y empatizar con otros que viven situaciones similares. Ahora tengo la posibilidad de retomar mi trabajo y desde ahí tratar, humildemente, de hacer un contribución para muchas personas que enfrentan una enfermedad así y no tienen acceso a un tratamiento”, dice y añade con entusiasmo: “¡Cómo no tratar de ayudar para que efectivamente todas las personas que enfrentan un cáncer, en un país que tiene los recursos, puedan tener un tratamiento oportuno!”.
Su preocupación por el bien común encuentra raigambre en una familia de profunda formación cristiana. “El tío Alejandro es definitivamente una figura importante”, dice sobre el Obispo de Rancagua, monseñor Alejandro Goic.
“Yo aprendí a creer en Dios y vivir de acorde los principios del humanismo cristiano, que no son ir a misa y rezar todos los días, sino hacerlo carne, practicarlo en la vida cotidiana. Tiene que ver con el respeto al otro, la valoración de las personas, el servicio público y hacerse cargo multiplicar los dones que tienes”, agrega. “Mi papá falleció hace ya varios años y nosotros somos una familia más bien chiquitita, entonces hay un espacio familiar muy importante tanto para mí como para el tío Alejandro. También desde el punto de vista no solo de la fe sino que como diputada, cada vez que me toca tratar temas difíciles, él es un súper buen consejero, y viceversa, cuando a él le ha tocado estar más presente en temas políticos. El tío siempre ha estado presente, mucho más durante todo el periodo de la enfermedad”, cuenta.
¿Qué prevalece: la perspectiva de fe de monseñor Goic en usted o su mirada política sobre él?
En cada proyecto que presento hay visiones de fe. Por ejemplo, cuando discutimos el proyecto del posnatal, hay un valor de la familia, la crianza, que no es solamente para los creyentes. Cuando hablamos del sueldo ético, eso tiene que ver con creer en una sociedad mucho más justa, con cómo enfrentamos las desigualdades, cómo hay una justa retribución por lo que aportas en un proceso productivo y finalmente colaboramos al bienestar de todos y no solo de unos pocos. Son temas que conversamos habitualmente. Me siento muy orgullosa del rol que cumple el tío Alejandro en la Iglesia, ha sido un tremendo aporte, una guía y además ha puesto el acento en los temas donde uno quiere ver a la Iglesia con fuerza.
¿Qué se necesita para alcanzar el anhelo del sueldo ético, como lo planteó monseñor Goic en 2007?
La distribución del ingreso en nuestro país da vergüenza y la verdad es que no hemos avanzado mucho. La reforma tributaria apunta en ese sentido. Creo que, efectivamente, si cada uno de los empresarios que se dicen católicos o creyentes hicieran carne en sus prácticas diarias la doctrina, tendríamos salario ético en muchas empresas hace rato. Finalmente ahí hay un compromiso individual donde uno esperaría que exista coherencia. Cuando ves a la gente molesta o que no cree en el sistema político, también tiene que ver con eso, porque hay una disociación entre el discurso y el compromiso y la práctica.
¿No temen que la gente vuelva a salir a la calle si este ambicioso programa de gobierno de la Nueva Mayoría no muestra buenos resultados?
Tenemos que entender que estamos en un país que ha cambiado, y que la calle, como se le ha llamado, tiene un rol que cumplir. No imagino un país en que la gente no salga a expresarse. Estos cambios son efectivamente ambiciosos y no se van a dar de un día para otro, en eso hemos sido muy claros. El desafío para el mundo político es cómo ir tendiendo puentes o vasos comunicantes con los actores sociales, porque sin la ciudadanía no tenemos la fuerza necesaria en el Parlamento.
Fuente: Periódico Encuentro
www.periodicoencuentro.cl

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