Durante la homilía, el Arzobispo felicitó la labor que desempeña cada uno de los docentes, y les animó al cumplimiento de su vocación. “Lo primero que quisiera decirles y bien de corazón, es que los profesores de religión son lejos, pero lejos lo más importante que tenemos en la Iglesia, porque llegan a lugares donde no llega el obispo, no llega el párroco, no llega la familia. Si no llegan ustedes con la palabra de Dios, la verdad que no llega nadie. Tenemos una diócesis muy grande y la capacidad para llegar a todas partes es muy poca, y son ustedes en las clases de religión, quienes le hablan de Dios a personas que no van a la parroquia, no participan en movimientos y que ni siquiera en sus familias les hablan de Dios. Por eso es que el servicio apostólico que hacen es muy importante”.
Prosiguió con su mensaje, señalando que está consciente de las grandes dificultades que tienen los profesores para hacer clases de religión. “Hoy, hacer clases de religión en un colegio público es casi ser un mártir. Y la verdad es que así como un teólogo alemán decía que el cristiano del siglo XX o era un místico o dejaba de ser cristiano, yo me atrevo a decir que el cristiano del siglo XXI o será un mártir, o dejará de ser cristiano. Porque ya no solamente vivimos una cierta indiferencia religiosa, sino que se ha dado un paso más y hay una verdadera aversión a la religión. Y que ustedes estén ahí, perseverantes, con todas las dificultades, a mí realmente me conmueve, y a quien tiene tantas posibilidades como yo de anunciar el Evangelio además de conmoverme no puede sino comprometerme. Por eso les pido que nos exijan más como sacerdotes, como obispos y vicarios, para acompañarlos en este caminar que ustedes han elegido que es tan importante para nosotros”.
Terminada la Eucaristía, los profesores compartieron un coctail en la Sala de Conferencias del Arzobispado. Allí fue posible conversar con algunos de ellos y ahondar en el porqué de su vocación. Reinel Barra Duarte es profesor de religión desde hace 15 años, y ejerce actualmente en la escuela municipal Balmaceda Saavedra. Para él, esta misión “es una gracia, porque normalmente hay muchos niños que no tienen la posibilidad de que les hablen de Dios”. “A mí me encanta hacer lo que estoy haciendo. En la medida que mostramos un Jesucristo liberador, que nos salva, los chiquillos se empapan de esto y les surge una realidad distinta, ya que ellos estaban muy acostumbrados a la ley, al Dios castigador, y cuando se encuentran con un Jesucristo que libera y perdona, les cambia la realidad”. Por su parte, Margarita Soto Opazo es profesora de religión hace 11 años, hoy docente en el Liceo Experimental. “Quise ser profesora de religión de enseñanza media porque para mí los adolescentes son un desafío”. “El adolescente cuestiona, y es motivante el hecho de llevar a Cristo a su vida; es un desafío en cuanto a cómo hago realidad en mi propia persona la coherencia, porque podría llevar a los jóvenes lo que Cristo quiere hablarles, pero expresarles cómo me siento yo, en mi interior, con Dios, eso constituye un desafío”.
Fuente: Comunicaciones Concepción

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