Desde la revolución que provocó la caída y muerte del dictador Muamar el Gadafi en 2011, Libia padece una cruenta guerra civil que enfrenta a diferentes facciones políticas y tribales, que se ha visto agravada por la aparición de grupos yihadistas en la órbita de Al Qaeda y Estado Islámico.
En este momento, el conflicto se centra en la lucha entre el gobierno de Trípoli y los militares leales al líder rebelde Jalifa Hafter. El gobierno con sede en Trípoli cuenta con el apoyo de la ONU y está reforzado por milicias y mercenarios financiados por Turquía, país que cuenta con intereses estratégicos en la región.
En los últimos días, esas milicias han realizado un importante avance territorial al derrotar e los rebeldes de Hafter, apoyados por Egipto y otros países árabes como Jordania, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos Sudán, además de Francia y Rusia.
En sus palabras, el Pontífice afirmó que Libia “ha estado presente en mis oraciones estos últimos días”.
“Insto a los organismos internacionales y a quienes ostentan responsabilidades políticas y militares a que reanuden con convicción y decisión la búsqueda de un camino para poner fin a la violencia, que conduzca a la paz, la estabilidad y la unidad del país”.
El Papa señaló que “también rezo por los miles de migrantes, refugiados, solicitantes de asilo y desplazados internos en Libia”.
“La situación sanitaria ha agravado sus ya precarias condiciones, haciéndolos más vulnerables a las formas de explotación y violencia. Insto a la comunidad internacional a que se tome en serio su difícil situación, identificando vías y proporcionando medios para proporcionarles la protección que necesitan, una condición digna y un futuro de esperanza”.
“De esto, todos tenemos responsabilidad, ninguno se puede sentir dispensado. Recemos por Libia en silencio, todos”, concluyó el Papa Francisco.

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