Monseñor Olivera había concedido al padre Maldonado el permiso para ser legislador del departamento de Pocho, y le había quitado la licencia para ejercer el ministerio de modo público, pero no así en el orden privado. En aquella ocasión, le había recomendado mantener una vida de piedad de acuerdo a su condición de consagrado.
Al confirmar su voluntad de postularse para ocupar el ejecutivo municipal, monseñor Olivera decretó la suspensión del ministerio sacerdotal, extensivo al ámbito diocesano y a toda la Iglesia universal, de acuerdo a las normas del derecho canónico.
Días antes de la decisión, Maldonado envió una carta al obispo en la que pedía expresamente la pérdida del estado clerical, manifestando su decisión de dedicarse a la actividad política partidaria. El obispo, por su parte, lamentó "de corazón” esta “unilateral decisión".+
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