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Título original
San Pietro - St. Peter (TV)

Año
2005

Duración
195 min.

País
 Italia

Director
Giulio Base

Guión
Gianmario Pagano, Salvatore Basile, Francesco Arlanch

Música
Marco Frisina

Fotografía
Giovanni Galasso

Reparto
Omar Sharif, Daniele Pecci, Flavio Insinna, Claudia Koll, Lina Sastri, Sydne Rome, Philippe Leroy, Ettore Bassi, Johannes Brandrup

Productora
Rai Uno Radiotelevisione Italiana

Género
Drama | Telefilm

Sinopsis
Pedro, el apóstol al que Cristo designó como fundador de su Iglesia, desempeñó un papel crucial en la difusión del cristianismo en Roma. Fue muy fructífera su relación con Pablo, el apóstol de los gentiles, a pesar de las divergencias que había entre ambos. Los dos ejercieron una gran influencia en la historia de Roma en el siglo I d.C.




TÍTULO ORIGINAL:
A.D. (Anno Domini)

PAÍS:
Estados Unidos

Año:
1985

DIRECTOR:
Suart Cooper

MUSICA:
Lalo Schifrin

PRODUCCION:
Prometheus

DURACION:
12 Capítulos
600 Minutos aproximdanamente.
50 Minutos por capítulo

GENERO:
Drama / Religión

Reparto:
Anthony Andrews... Nerón
Colleen Dewhurst... Antonia
Ava Gardner... Agripina
David Hedison... Porcius Festus
John Houseman... Gamaliel
Richard Kiley... Claudio
Ian McShane... Sejanus
Jennifer O'Neill... Mesalina
Millie Perkins... María
Denis Quilley... Pedro
Fernando Rey...Seneca
Richard Roundtree... Serpenius
Susan Sarandon... Livilla
Ben Vereen... Etíope
Tony Vogel... Aquila
Jack Warden... Nerva
Neil Dickson...Valerius
Cecil Humphreys... Caleb
Amanda Pays... Sara
Philip Sayer...Pablo
Diane Venora...Corina
Vincent Riotta... Esteban
Rebecca Saire... Ruth
Tom Durham...Cleofas
Anthony Pedley... Zaqueo
Harold Kasket... Caifás
Ralph Arliss...Samuel
Mike Gwilym... Palas
Davyd Harries... Tomás
Norma Martinelli... Apicata
Bruce Winant...Seth
Jonathan Hyde... Tigellinus
Damien Thomas... Herodes Agripa
Scott Hoxby...Agripa II
Angela Morant... Priscila
Clive Arrindell... Cassius Chaerca
Paul Freeman...Cornelio
Andrea Prodan... Britanicus
Akosua Busia...Acte
Vernon Dobtcheff... Flavius Sabinus
Jane How... Popea
Jonathan Tafler... Aaron
Barrie Houghton... Ananias El Esenio
Maggie Wickman... Apicata
Alan Downer...Barnabas
Martin Potter... Gaius Calpernius Piso
Colin Haigh...Santiago
Philip Anthony... Santiago El Mayor
Renato Scarpa... Lucius Marinus
Roderick Horn... Marcelo
John Wheatley... Marcus I
David Sumner...Matias
Stephen Finlay... Nicanor
Katia Dandoulaki... Octavia
Eddie Grossman... Parmenas
David Brandon... Petronius
Robert Wentz...Trasilus
John McEnery...Caligula
Richard Kane...Agripa III
James Mason...Tiberius
Gerrard McArthur... Lucas
Nicholas Ball... Oficial Romano
Peter Howell...Aticus

SINOPSIS:
Esta miniserie coescrita por el novelista inglés Anthony Burgess (La naranja mecánica) se situaba inmediatamente después de la muerte de Jesucristo centrándose en la vida de los apóstoles y en el imperio de Roma durante los reinados de Tiberio, Calígula, Claudio y Nerón.

La miniserie se dividía en 12 episodios de unos 50 minutos y es considerada por la mayoría como un cruce entre "Jesus de Nazareth" y "Yo, Claudio", consideradas a su vez dos de las mejores adaptaciones para televisión de la vida de Jesus y la sociedad romana respectivamente.

Actores de la talla de Ava Gardner, James Mason, Fernando Rey o Susan Sarandon ponían sus caras a los distintos personajes del film y dirigía un desconocido Stuart Cooper.

Lalo Schifrin se encargaría de componer el score de esta larga miniserie en la que es considerada como una de sus partituras sinfónicas más memorables.



TÍTULO ORIGINAL:
A.D. (Anno Domini)

PAÍS:
Estados Unidos

Año:
1985

DIRECTOR:
Suart Cooper

MUSICA:
Lalo Schifrin

PRODUCCION:
Prometheus

DURACION:
12 Capítulos
600 Minutos aproximdanamente.
50 Minutos por capítulo

GENERO:
Drama / Religión

Reparto:
Anthony Andrews... Nerón
Colleen Dewhurst... Antonia
Ava Gardner... Agripina
David Hedison... Porcius Festus
John Houseman... Gamaliel
Richard Kiley... Claudio
Ian McShane... Sejanus
Jennifer O'Neill... Mesalina
Millie Perkins... María
Denis Quilley... Pedro
Fernando Rey...Seneca
Richard Roundtree... Serpenius
Susan Sarandon... Livilla
Ben Vereen... Etíope
Tony Vogel... Aquila
Jack Warden... Nerva
Neil Dickson...Valerius
Cecil Humphreys... Caleb
Amanda Pays... Sara
Philip Sayer...Pablo
Diane Venora...Corina
Vincent Riotta... Esteban
Rebecca Saire... Ruth
Tom Durham...Cleofas
Anthony Pedley... Zaqueo
Harold Kasket... Caifás
Ralph Arliss...Samuel
Mike Gwilym... Palas
Davyd Harries... Tomás
Norma Martinelli... Apicata
Bruce Winant...Seth
Jonathan Hyde... Tigellinus
Damien Thomas... Herodes Agripa
Scott Hoxby...Agripa II
Angela Morant... Priscila
Clive Arrindell... Cassius Chaerca
Paul Freeman...Cornelio
Andrea Prodan... Britanicus
Akosua Busia...Acte
Vernon Dobtcheff... Flavius Sabinus
Jane How... Popea
Jonathan Tafler... Aaron
Barrie Houghton... Ananias El Esenio
Maggie Wickman... Apicata
Alan Downer...Barnabas
Martin Potter... Gaius Calpernius Piso
Colin Haigh...Santiago
Philip Anthony... Santiago El Mayor
Renato Scarpa... Lucius Marinus
Roderick Horn... Marcelo
John Wheatley... Marcus I
David Sumner...Matias
Stephen Finlay... Nicanor
Katia Dandoulaki... Octavia
Eddie Grossman... Parmenas
David Brandon... Petronius
Robert Wentz...Trasilus
John McEnery...Caligula
Richard Kane...Agripa III
James Mason...Tiberius
Gerrard McArthur... Lucas
Nicholas Ball... Oficial Romano
Peter Howell...Aticus

SINOPSIS:
Esta miniserie coescrita por el novelista inglés Anthony Burgess (La naranja mecánica) se situaba inmediatamente después de la muerte de Jesucristo centrándose en la vida de los apóstoles y en el imperio de Roma durante los reinados de Tiberio, Calígula, Claudio y Nerón.

La miniserie se dividía en 12 episodios de unos 50 minutos y es considerada por la mayoría como un cruce entre "Jesus de Nazareth" y "Yo, Claudio", consideradas a su vez dos de las mejores adaptaciones para televisión de la vida de Jesus y la sociedad romana respectivamente.

Actores de la talla de Ava Gardner, James Mason, Fernando Rey o Susan Sarandon ponían sus caras a los distintos personajes del film y dirigía un desconocido Stuart Cooper.

Lalo Schifrin se encargaría de componer el score de esta larga miniserie en la que es considerada como una de sus partituras sinfónicas más memorables.



TÍTULO ORIGINAL:
A.D. (Anno Domini)

PAÍS:
Estados Unidos

Año:
1985

DIRECTOR:
Suart Cooper

MUSICA:
Lalo Schifrin

PRODUCCION:
Prometheus

DURACION:
12 Capítulos
600 Minutos aproximdanamente.
50 Minutos por capítulo

GENERO:
Drama / Religión

Reparto:
Anthony Andrews... Nerón
Colleen Dewhurst... Antonia
Ava Gardner... Agripina
David Hedison... Porcius Festus
John Houseman... Gamaliel
Richard Kiley... Claudio
Ian McShane... Sejanus
Jennifer O'Neill... Mesalina
Millie Perkins... María
Denis Quilley... Pedro
Fernando Rey...Seneca
Richard Roundtree... Serpenius
Susan Sarandon... Livilla
Ben Vereen... Etíope
Tony Vogel... Aquila
Jack Warden... Nerva
Neil Dickson...Valerius
Cecil Humphreys... Caleb
Amanda Pays... Sara
Philip Sayer...Pablo
Diane Venora...Corina
Vincent Riotta... Esteban
Rebecca Saire... Ruth
Tom Durham...Cleofas
Anthony Pedley... Zaqueo
Harold Kasket... Caifás
Ralph Arliss...Samuel
Mike Gwilym... Palas
Davyd Harries... Tomás
Norma Martinelli... Apicata
Bruce Winant...Seth
Jonathan Hyde... Tigellinus
Damien Thomas... Herodes Agripa
Scott Hoxby...Agripa II
Angela Morant... Priscila
Clive Arrindell... Cassius Chaerca
Paul Freeman...Cornelio
Andrea Prodan... Britanicus
Akosua Busia...Acte
Vernon Dobtcheff... Flavius Sabinus
Jane How... Popea
Jonathan Tafler... Aaron
Barrie Houghton... Ananias El Esenio
Maggie Wickman... Apicata
Alan Downer...Barnabas
Martin Potter... Gaius Calpernius Piso
Colin Haigh...Santiago
Philip Anthony... Santiago El Mayor
Renato Scarpa... Lucius Marinus
Roderick Horn... Marcelo
John Wheatley... Marcus I
David Sumner...Matias
Stephen Finlay... Nicanor
Katia Dandoulaki... Octavia
Eddie Grossman... Parmenas
David Brandon... Petronius
Robert Wentz...Trasilus
John McEnery...Caligula
Richard Kane...Agripa III
James Mason...Tiberius
Gerrard McArthur... Lucas
Nicholas Ball... Oficial Romano
Peter Howell...Aticus

SINOPSIS:
Esta miniserie coescrita por el novelista inglés Anthony Burgess (La naranja mecánica) se situaba inmediatamente después de la muerte de Jesucristo centrándose en la vida de los apóstoles y en el imperio de Roma durante los reinados de Tiberio, Calígula, Claudio y Nerón.

La miniserie se dividía en 12 episodios de unos 50 minutos y es considerada por la mayoría como un cruce entre "Jesus de Nazareth" y "Yo, Claudio", consideradas a su vez dos de las mejores adaptaciones para televisión de la vida de Jesus y la sociedad romana respectivamente.

Actores de la talla de Ava Gardner, James Mason, Fernando Rey o Susan Sarandon ponían sus caras a los distintos personajes del film y dirigía un desconocido Stuart Cooper.

Lalo Schifrin se encargaría de componer el score de esta larga miniserie en la que es considerada como una de sus partituras sinfónicas más memorables.



TÍTULO ORIGINAL:
A.D. (Anno Domini)

PAÍS:
Estados Unidos

Año:
1985

DIRECTOR:
Suart Cooper

MUSICA:
Lalo Schifrin

PRODUCCION:
Prometheus

DURACION:
12 Capítulos
600 Minutos aproximdanamente.
50 Minutos por capítulo

GENERO:
Drama / Religión

Reparto:
Anthony Andrews... Nerón
Colleen Dewhurst... Antonia
Ava Gardner... Agripina
David Hedison... Porcius Festus
John Houseman... Gamaliel
Richard Kiley... Claudio
Ian McShane... Sejanus
Jennifer O'Neill... Mesalina
Millie Perkins... María
Denis Quilley... Pedro
Fernando Rey...Seneca
Richard Roundtree... Serpenius
Susan Sarandon... Livilla
Ben Vereen... Etíope
Tony Vogel... Aquila
Jack Warden... Nerva
Neil Dickson...Valerius
Cecil Humphreys... Caleb
Amanda Pays... Sara
Philip Sayer...Pablo
Diane Venora...Corina
Vincent Riotta... Esteban
Rebecca Saire... Ruth
Tom Durham...Cleofas
Anthony Pedley... Zaqueo
Harold Kasket... Caifás
Ralph Arliss...Samuel
Mike Gwilym... Palas
Davyd Harries... Tomás
Norma Martinelli... Apicata
Bruce Winant...Seth
Jonathan Hyde... Tigellinus
Damien Thomas... Herodes Agripa
Scott Hoxby...Agripa II
Angela Morant... Priscila
Clive Arrindell... Cassius Chaerca
Paul Freeman...Cornelio
Andrea Prodan... Britanicus
Akosua Busia...Acte
Vernon Dobtcheff... Flavius Sabinus
Jane How... Popea
Jonathan Tafler... Aaron
Barrie Houghton... Ananias El Esenio
Maggie Wickman... Apicata
Alan Downer...Barnabas
Martin Potter... Gaius Calpernius Piso
Colin Haigh...Santiago
Philip Anthony... Santiago El Mayor
Renato Scarpa... Lucius Marinus
Roderick Horn... Marcelo
John Wheatley... Marcus I
David Sumner...Matias
Stephen Finlay... Nicanor
Katia Dandoulaki... Octavia
Eddie Grossman... Parmenas
David Brandon... Petronius
Robert Wentz...Trasilus
John McEnery...Caligula
Richard Kane...Agripa III
James Mason...Tiberius
Gerrard McArthur... Lucas
Nicholas Ball... Oficial Romano
Peter Howell...Aticus

SINOPSIS:
Esta miniserie coescrita por el novelista inglés Anthony Burgess (La naranja mecánica) se situaba inmediatamente después de la muerte de Jesucristo centrándose en la vida de los apóstoles y en el imperio de Roma durante los reinados de Tiberio, Calígula, Claudio y Nerón.

La miniserie se dividía en 12 episodios de unos 50 minutos y es considerada por la mayoría como un cruce entre "Jesus de Nazareth" y "Yo, Claudio", consideradas a su vez dos de las mejores adaptaciones para televisión de la vida de Jesus y la sociedad romana respectivamente.

Actores de la talla de Ava Gardner, James Mason, Fernando Rey o Susan Sarandon ponían sus caras a los distintos personajes del film y dirigía un desconocido Stuart Cooper.

Lalo Schifrin se encargaría de componer el score de esta larga miniserie en la que es considerada como una de sus partituras sinfónicas más memorables.



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1985

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GENERO:
Drama / Religión

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Ava Gardner... Agripina
David Hedison... Porcius Festus
John Houseman... Gamaliel
Richard Kiley... Claudio
Ian McShane... Sejanus
Jennifer O'Neill... Mesalina
Millie Perkins... María
Denis Quilley... Pedro
Fernando Rey...Seneca
Richard Roundtree... Serpenius
Susan Sarandon... Livilla
Ben Vereen... Etíope
Tony Vogel... Aquila
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Philip Sayer...Pablo
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Tom Durham...Cleofas
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Stephen Finlay... Nicanor
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SINOPSIS:
Esta miniserie coescrita por el novelista inglés Anthony Burgess (La naranja mecánica) se situaba inmediatamente después de la muerte de Jesucristo centrándose en la vida de los apóstoles y en el imperio de Roma durante los reinados de Tiberio, Calígula, Claudio y Nerón.

La miniserie se dividía en 12 episodios de unos 50 minutos y es considerada por la mayoría como un cruce entre "Jesus de Nazareth" y "Yo, Claudio", consideradas a su vez dos de las mejores adaptaciones para televisión de la vida de Jesus y la sociedad romana respectivamente.

Actores de la talla de Ava Gardner, James Mason, Fernando Rey o Susan Sarandon ponían sus caras a los distintos personajes del film y dirigía un desconocido Stuart Cooper.

Lalo Schifrin se encargaría de componer el score de esta larga miniserie en la que es considerada como una de sus partituras sinfónicas más memorables.



TÍTULO ORIGINAL:
A.D. (Anno Domini)

PAÍS:
Estados Unidos

Año:
1985

DIRECTOR:
Suart Cooper

MUSICA:
Lalo Schifrin

PRODUCCION:
Prometheus

DURACION:
12 Capítulos
600 Minutos aproximdanamente.
50 Minutos por capítulo

GENERO:
Drama / Religión

Reparto:
Anthony Andrews... Nerón
Colleen Dewhurst... Antonia
Ava Gardner... Agripina
David Hedison... Porcius Festus
John Houseman... Gamaliel
Richard Kiley... Claudio
Ian McShane... Sejanus
Jennifer O'Neill... Mesalina
Millie Perkins... María
Denis Quilley... Pedro
Fernando Rey...Seneca
Richard Roundtree... Serpenius
Susan Sarandon... Livilla
Ben Vereen... Etíope
Tony Vogel... Aquila
Jack Warden... Nerva
Neil Dickson...Valerius
Cecil Humphreys... Caleb
Amanda Pays... Sara
Philip Sayer...Pablo
Diane Venora...Corina
Vincent Riotta... Esteban
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Anthony Pedley... Zaqueo
Harold Kasket... Caifás
Ralph Arliss...Samuel
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Vernon Dobtcheff... Flavius Sabinus
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Jonathan Tafler... Aaron
Barrie Houghton... Ananias El Esenio
Maggie Wickman... Apicata
Alan Downer...Barnabas
Martin Potter... Gaius Calpernius Piso
Colin Haigh...Santiago
Philip Anthony... Santiago El Mayor
Renato Scarpa... Lucius Marinus
Roderick Horn... Marcelo
John Wheatley... Marcus I
David Sumner...Matias
Stephen Finlay... Nicanor
Katia Dandoulaki... Octavia
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David Brandon... Petronius
Robert Wentz...Trasilus
John McEnery...Caligula
Richard Kane...Agripa III
James Mason...Tiberius
Gerrard McArthur... Lucas
Nicholas Ball... Oficial Romano
Peter Howell...Aticus

SINOPSIS:
Esta miniserie coescrita por el novelista inglés Anthony Burgess (La naranja mecánica) se situaba inmediatamente después de la muerte de Jesucristo centrándose en la vida de los apóstoles y en el imperio de Roma durante los reinados de Tiberio, Calígula, Claudio y Nerón.

La miniserie se dividía en 12 episodios de unos 50 minutos y es considerada por la mayoría como un cruce entre "Jesus de Nazareth" y "Yo, Claudio", consideradas a su vez dos de las mejores adaptaciones para televisión de la vida de Jesus y la sociedad romana respectivamente.

Actores de la talla de Ava Gardner, James Mason, Fernando Rey o Susan Sarandon ponían sus caras a los distintos personajes del film y dirigía un desconocido Stuart Cooper.

Lalo Schifrin se encargaría de componer el score de esta larga miniserie en la que es considerada como una de sus partituras sinfónicas más memorables.



TÍTULO ORIGINAL:
A.D. (Anno Domini)

PAÍS:
Estados Unidos

Año:
1985

DIRECTOR:
Suart Cooper

MUSICA:
Lalo Schifrin

PRODUCCION:
Prometheus

DURACION:
12 Capítulos
600 Minutos aproximdanamente.
50 Minutos por capítulo

GENERO:
Drama / Religión

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Colleen Dewhurst... Antonia
Ava Gardner... Agripina
David Hedison... Porcius Festus
John Houseman... Gamaliel
Richard Kiley... Claudio
Ian McShane... Sejanus
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Denis Quilley... Pedro
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Ben Vereen... Etíope
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Rebecca Saire... Ruth
Tom Durham...Cleofas
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Ralph Arliss...Samuel
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Davyd Harries... Tomás
Norma Martinelli... Apicata
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Jonathan Hyde... Tigellinus
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Scott Hoxby...Agripa II
Angela Morant... Priscila
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Akosua Busia...Acte
Vernon Dobtcheff... Flavius Sabinus
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Jonathan Tafler... Aaron
Barrie Houghton... Ananias El Esenio
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Alan Downer...Barnabas
Martin Potter... Gaius Calpernius Piso
Colin Haigh...Santiago
Philip Anthony... Santiago El Mayor
Renato Scarpa... Lucius Marinus
Roderick Horn... Marcelo
John Wheatley... Marcus I
David Sumner...Matias
Stephen Finlay... Nicanor
Katia Dandoulaki... Octavia
Eddie Grossman... Parmenas
David Brandon... Petronius
Robert Wentz...Trasilus
John McEnery...Caligula
Richard Kane...Agripa III
James Mason...Tiberius
Gerrard McArthur... Lucas
Nicholas Ball... Oficial Romano
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SINOPSIS:
Esta miniserie coescrita por el novelista inglés Anthony Burgess (La naranja mecánica) se situaba inmediatamente después de la muerte de Jesucristo centrándose en la vida de los apóstoles y en el imperio de Roma durante los reinados de Tiberio, Calígula, Claudio y Nerón.

La miniserie se dividía en 12 episodios de unos 50 minutos y es considerada por la mayoría como un cruce entre "Jesus de Nazareth" y "Yo, Claudio", consideradas a su vez dos de las mejores adaptaciones para televisión de la vida de Jesus y la sociedad romana respectivamente.

Actores de la talla de Ava Gardner, James Mason, Fernando Rey o Susan Sarandon ponían sus caras a los distintos personajes del film y dirigía un desconocido Stuart Cooper.

Lalo Schifrin se encargaría de componer el score de esta larga miniserie en la que es considerada como una de sus partituras sinfónicas más memorables.



TÍTULO ORIGINAL:
A.D. (Anno Domini)

PAÍS:
Estados Unidos

Año:
1985

DIRECTOR:
Suart Cooper

MUSICA:
Lalo Schifrin

PRODUCCION:
Prometheus

DURACION:
12 Capítulos
600 Minutos aproximdanamente.
50 Minutos por capítulo

GENERO:
Drama / Religión

Reparto:
Anthony Andrews... Nerón
Colleen Dewhurst... Antonia
Ava Gardner... Agripina
David Hedison... Porcius Festus
John Houseman... Gamaliel
Richard Kiley... Claudio
Ian McShane... Sejanus
Jennifer O'Neill... Mesalina
Millie Perkins... María
Denis Quilley... Pedro
Fernando Rey...Seneca
Richard Roundtree... Serpenius
Susan Sarandon... Livilla
Ben Vereen... Etíope
Tony Vogel... Aquila
Jack Warden... Nerva
Neil Dickson...Valerius
Cecil Humphreys... Caleb
Amanda Pays... Sara
Philip Sayer...Pablo
Diane Venora...Corina
Vincent Riotta... Esteban
Rebecca Saire... Ruth
Tom Durham...Cleofas
Anthony Pedley... Zaqueo
Harold Kasket... Caifás
Ralph Arliss...Samuel
Mike Gwilym... Palas
Davyd Harries... Tomás
Norma Martinelli... Apicata
Bruce Winant...Seth
Jonathan Hyde... Tigellinus
Damien Thomas... Herodes Agripa
Scott Hoxby...Agripa II
Angela Morant... Priscila
Clive Arrindell... Cassius Chaerca
Paul Freeman...Cornelio
Andrea Prodan... Britanicus
Akosua Busia...Acte
Vernon Dobtcheff... Flavius Sabinus
Jane How... Popea
Jonathan Tafler... Aaron
Barrie Houghton... Ananias El Esenio
Maggie Wickman... Apicata
Alan Downer...Barnabas
Martin Potter... Gaius Calpernius Piso
Colin Haigh...Santiago
Philip Anthony... Santiago El Mayor
Renato Scarpa... Lucius Marinus
Roderick Horn... Marcelo
John Wheatley... Marcus I
David Sumner...Matias
Stephen Finlay... Nicanor
Katia Dandoulaki... Octavia
Eddie Grossman... Parmenas
David Brandon... Petronius
Robert Wentz...Trasilus
John McEnery...Caligula
Richard Kane...Agripa III
James Mason...Tiberius
Gerrard McArthur... Lucas
Nicholas Ball... Oficial Romano
Peter Howell...Aticus

SINOPSIS:
Esta miniserie coescrita por el novelista inglés Anthony Burgess (La naranja mecánica) se situaba inmediatamente después de la muerte de Jesucristo centrándose en la vida de los apóstoles y en el imperio de Roma durante los reinados de Tiberio, Calígula, Claudio y Nerón.

La miniserie se dividía en 12 episodios de unos 50 minutos y es considerada por la mayoría como un cruce entre "Jesus de Nazareth" y "Yo, Claudio", consideradas a su vez dos de las mejores adaptaciones para televisión de la vida de Jesus y la sociedad romana respectivamente.

Actores de la talla de Ava Gardner, James Mason, Fernando Rey o Susan Sarandon ponían sus caras a los distintos personajes del film y dirigía un desconocido Stuart Cooper.

Lalo Schifrin se encargaría de componer el score de esta larga miniserie en la que es considerada como una de sus partituras sinfónicas más memorables.



TÍTULO ORIGINAL:
A.D. (Anno Domini)

PAÍS:
Estados Unidos

Año:
1985

DIRECTOR:
Suart Cooper

MUSICA:
Lalo Schifrin

PRODUCCION:
Prometheus

DURACION:
12 Capítulos
600 Minutos aproximdanamente.
50 Minutos por capítulo

GENERO:
Drama / Religión

Reparto:
Anthony Andrews... Nerón
Colleen Dewhurst... Antonia
Ava Gardner... Agripina
David Hedison... Porcius Festus
John Houseman... Gamaliel
Richard Kiley... Claudio
Ian McShane... Sejanus
Jennifer O'Neill... Mesalina
Millie Perkins... María
Denis Quilley... Pedro
Fernando Rey...Seneca
Richard Roundtree... Serpenius
Susan Sarandon... Livilla
Ben Vereen... Etíope
Tony Vogel... Aquila
Jack Warden... Nerva
Neil Dickson...Valerius
Cecil Humphreys... Caleb
Amanda Pays... Sara
Philip Sayer...Pablo
Diane Venora...Corina
Vincent Riotta... Esteban
Rebecca Saire... Ruth
Tom Durham...Cleofas
Anthony Pedley... Zaqueo
Harold Kasket... Caifás
Ralph Arliss...Samuel
Mike Gwilym... Palas
Davyd Harries... Tomás
Norma Martinelli... Apicata
Bruce Winant...Seth
Jonathan Hyde... Tigellinus
Damien Thomas... Herodes Agripa
Scott Hoxby...Agripa II
Angela Morant... Priscila
Clive Arrindell... Cassius Chaerca
Paul Freeman...Cornelio
Andrea Prodan... Britanicus
Akosua Busia...Acte
Vernon Dobtcheff... Flavius Sabinus
Jane How... Popea
Jonathan Tafler... Aaron
Barrie Houghton... Ananias El Esenio
Maggie Wickman... Apicata
Alan Downer...Barnabas
Martin Potter... Gaius Calpernius Piso
Colin Haigh...Santiago
Philip Anthony... Santiago El Mayor
Renato Scarpa... Lucius Marinus
Roderick Horn... Marcelo
John Wheatley... Marcus I
David Sumner...Matias
Stephen Finlay... Nicanor
Katia Dandoulaki... Octavia
Eddie Grossman... Parmenas
David Brandon... Petronius
Robert Wentz...Trasilus
John McEnery...Caligula
Richard Kane...Agripa III
James Mason...Tiberius
Gerrard McArthur... Lucas
Nicholas Ball... Oficial Romano
Peter Howell...Aticus

SINOPSIS:
Esta miniserie coescrita por el novelista inglés Anthony Burgess (La naranja mecánica) se situaba inmediatamente después de la muerte de Jesucristo centrándose en la vida de los apóstoles y en el imperio de Roma durante los reinados de Tiberio, Calígula, Claudio y Nerón.

La miniserie se dividía en 12 episodios de unos 50 minutos y es considerada por la mayoría como un cruce entre "Jesus de Nazareth" y "Yo, Claudio", consideradas a su vez dos de las mejores adaptaciones para televisión de la vida de Jesus y la sociedad romana respectivamente.

Actores de la talla de Ava Gardner, James Mason, Fernando Rey o Susan Sarandon ponían sus caras a los distintos personajes del film y dirigía un desconocido Stuart Cooper.

Lalo Schifrin se encargaría de componer el score de esta larga miniserie en la que es considerada como una de sus partituras sinfónicas más memorables.



TÍTULO ORIGINAL:
A.D. (Anno Domini)

PAÍS:
Estados Unidos

Año:
1985

DIRECTOR:
Suart Cooper

MUSICA:
Lalo Schifrin

PRODUCCION:
Prometheus

DURACION:
12 Capítulos
600 Minutos aproximdanamente.
50 Minutos por capítulo

GENERO:
Drama / Religión

Reparto:
Anthony Andrews... Nerón
Colleen Dewhurst... Antonia
Ava Gardner... Agripina
David Hedison... Porcius Festus
John Houseman... Gamaliel
Richard Kiley... Claudio
Ian McShane... Sejanus
Jennifer O'Neill... Mesalina
Millie Perkins... María
Denis Quilley... Pedro
Fernando Rey...Seneca
Richard Roundtree... Serpenius
Susan Sarandon... Livilla
Ben Vereen... Etíope
Tony Vogel... Aquila
Jack Warden... Nerva
Neil Dickson...Valerius
Cecil Humphreys... Caleb
Amanda Pays... Sara
Philip Sayer...Pablo
Diane Venora...Corina
Vincent Riotta... Esteban
Rebecca Saire... Ruth
Tom Durham...Cleofas
Anthony Pedley... Zaqueo
Harold Kasket... Caifás
Ralph Arliss...Samuel
Mike Gwilym... Palas
Davyd Harries... Tomás
Norma Martinelli... Apicata
Bruce Winant...Seth
Jonathan Hyde... Tigellinus
Damien Thomas... Herodes Agripa
Scott Hoxby...Agripa II
Angela Morant... Priscila
Clive Arrindell... Cassius Chaerca
Paul Freeman...Cornelio
Andrea Prodan... Britanicus
Akosua Busia...Acte
Vernon Dobtcheff... Flavius Sabinus
Jane How... Popea
Jonathan Tafler... Aaron
Barrie Houghton... Ananias El Esenio
Maggie Wickman... Apicata
Alan Downer...Barnabas
Martin Potter... Gaius Calpernius Piso
Colin Haigh...Santiago
Philip Anthony... Santiago El Mayor
Renato Scarpa... Lucius Marinus
Roderick Horn... Marcelo
John Wheatley... Marcus I
David Sumner...Matias
Stephen Finlay... Nicanor
Katia Dandoulaki... Octavia
Eddie Grossman... Parmenas
David Brandon... Petronius
Robert Wentz...Trasilus
John McEnery...Caligula
Richard Kane...Agripa III
James Mason...Tiberius
Gerrard McArthur... Lucas
Nicholas Ball... Oficial Romano
Peter Howell...Aticus

SINOPSIS:
Esta miniserie coescrita por el novelista inglés Anthony Burgess (La naranja mecánica) se situaba inmediatamente después de la muerte de Jesucristo centrándose en la vida de los apóstoles y en el imperio de Roma durante los reinados de Tiberio, Calígula, Claudio y Nerón.

La miniserie se dividía en 12 episodios de unos 50 minutos y es considerada por la mayoría como un cruce entre "Jesus de Nazareth" y "Yo, Claudio", consideradas a su vez dos de las mejores adaptaciones para televisión de la vida de Jesus y la sociedad romana respectivamente.

Actores de la talla de Ava Gardner, James Mason, Fernando Rey o Susan Sarandon ponían sus caras a los distintos personajes del film y dirigía un desconocido Stuart Cooper.

Lalo Schifrin se encargaría de componer el score de esta larga miniserie en la que es considerada como una de sus partituras sinfónicas más memorables.



Autor, destinatarios y fecha de composición de la carta. La carta comienza con empaque y solemnidad: doble nombre del remitente, hebreo y griego; doble título, «siervo y apóstol». A lo largo del escrito se refiere a otra carta precedente (3,1), recuerda su presencia en la transfiguración (1,18), llama hermano a Pablo (3,15), se siente a punto de morir (1,14). ¿No está claro el autor?
Lo que está demasiado claro es la ficción de la pseudonimia, comúnmente practicada entonces. El autor quiere presentar el escrito como si fuera el apóstol Pedro. Ya en la antigüedad se discutió bastante sobre la autenticidad del autor. Hoy son raros los que la defienden. Las razones son convincentes. El autor se traiciona repetidas veces, como cuando se incluye en la generación post-apostólica (3,4), o se distingue de los apóstoles (3,2), o al discutir el retraso de la parusía (3,8). A lo cual hay que añadir diferencia de lengua, estilo y vocabulario.
Pero si el autor no es Pedro, sí nos dice cómo imaginaba al apóstol un cristiano de la segunda generación. Este autor escribe a creyentes convertidos del paganismo, como lo sugieren el estilo, los influjos de la filosofía estoica y el tipo de herejías que combate. Es probable que se trate del último escrito del Nuevo Testamento, compuesto hacia finales del s. I o comienzos del II.

Género y finalidad de la carta. Aunque se presenta y comienza como carta, el texto es más bien una exhortación. Teniendo en cuenta que se dice próximo a la muerte (1,3-15), se podría catalogar el escrito como uno de esos testamentos espirituales tan corrientes entonces y de ilustre ascendencia bíblica. El autor se enfrenta con dos problemas principales: el retraso de la parusía o segunda venida del Señor y las herejías, preocupaciones comunes de la segunda generación cristiana.
La aparente tardanza de la victoria definitiva de Jesús enfriaba los ánimos de los creyentes y cundía el desaliento y la incertidumbre ante el gran acontecimiento que, con el correr de los años, aparecía cada vez más lejano. Los enemigos se burlaban de ellos: «¿Qué ha sido de su venida prometida?... todo sigue igual que desde el principio del mundo» (3,4).
El autor responde invitando a sus oyentes a mirar la historia con los ojos de la fe. El tiempo presente es el tiempo de la «paciencia de Dios», pues «no quiere que se pierda nadie, sino que todos se arrepientan» (3,9). Por otra parte, el calendario de Dios es distinto del calendario de los hombres, pues para el Señor «un día es como mil años y mil años como un día» (3,8).  De esta lectura de los signos de los tiempos, el autor saca su conclusión: una conducta irreprochable y santa no sólo sitúa al cristiano en el camino de la esperanza, sino que apresura la «la venida del día de Dios» (3,12), viviéndolo ya como inminente y convirtiendo la espera no en una actitud pasiva, sino en activa colaboración que acelere la transformación final.  
En cuanto a las herejías o falsas doctrinas, todo induce a pensar que se trata de una forma de gnosticismo, con sus historias de mitos y la insistencia en conocimientos arcanos. El autor no las nombra, sólo insiste en el libertinaje de los herejes. Ese «día» para ellos llegará como un ladrón en la noche.



1,1s Saludos. El apóstol Pedro o, con seguridad, el autor posterior desconocido que pertenece al círculo de Pedro y en cuyo nombre escribe, se presenta con el mismo título de autoridad apostólica que leemos en las epístolas de Pablo. Los destinatarios son designados con dos calificativos que, ya desde el principio de esta carta circular, dejan sentados el tono y el contenido de la misma: «elegidos» y residentes «fuera de su patria».
La expresión «que residen fuera de su patria», alude a una doble marginación. Una, social y económica a causa de la política de dominación del imperio romano, que obligó a una gran masa humana de los territorios conquistados a una forzada emigración. Los cristianos a los que se dirige esta carta pertenecían a esta ola de emigrantes pobres y desarraigados, agrupados en pequeñas comunidades rurales esparcidas a finales del s. I por las mencionadas cinco provincias de Asia. La otra marginación es la que les imponía su misma vida de cristianos, incompatible con muchas de las costumbres y modos de vivir paganos (4,3), razón por la cual se convertían en sospechosos y, con frecuencia, en perseguidos (4,14). Es esta situación la que pone de relieve el hecho de haber sido precisamente ellos, los pobres y marginados, los «elegidos» por Dios Padre, los «consagrados» por el Espíritu y los «rociados» con la sangre de Jesús.
Hoy es difícil imaginarnos la emoción y la sorpresa agradecida que debían sentir aquellos cristianos y cristianas al reflexionar sobre esta elección gratuita de Dios, que los había convertido en su nuevo pueblo. Una elección divina que era, al mismo tiempo, fuente de exigencias y compromisos a los que el autor alude con la frase «obedecer a Jesucristo» (2), y a imitación de Él enfrentarse con el sufrimiento y la tribulación. A ellos les desea: «Gracia y paz en abundancia» (2).
1,3-12 Esperanza cristiana. Después del saludo, se abre la carta con una bendición solemne al estilo de las bendiciones judías (cfr. 2 Cor 1,3). Bendecir a Dios equivale a darle gracias. El autor o discípulo de Pedro, lo hace por la salvación que han recibido las comunidades al renacer a una nueva vida. El himno es como una profesión de fe, recitada en un clima de oración, en la que toca los principales temas de la catequesis bautismal en que ya han sido iniciados sus oyentes (cfr. Tit 3,5). Esta vida nueva del cristiano tiene su fuente en el designio misericordioso de Dios Padre realizado en la muerte y resurrección de Jesucristo (3) y está alimentada por la fe, custodiada por Dios y animada por la esperanza de «una herencia que no puede destruirse, ni mancharse, ni marchitarse, reservada para ustedes en el cielo» (4). Estos pobres emigrantes, despreciados y perseguidos, no habían conocido ni visto personalmente a Jesús, y sin embargo «lo aman… creyendo en él… con gozo indecible y glorioso» (8), de acuerdo con las palabras del Evangelio: «dichosos los que sin ver creyeron» (Jn 20,29). La situación en que viven ahora es dura y difícil, «aunque por el momento» (6), por eso el discípulo compara su fe con «el oro… purificado por el fuego» (7), tomando la imagen bíblica de Sab 3,5s: «Dios los puso a prueba y los encontró dignos de él, los probó como oro en crisol» (cfr. Sal 66,10).
Esta «pasión de Cristo y su posterior glorificación» (11) es la que barruntaron y vieron en lontananza los profetas del Antiguo Testamento (cfr. Is 53) y la que cantaron los Salmos (cfr. Sal 22) guiados por el Espíritu. Y es la que, al cumplirse ahora el tiempo de la promesa, han recibido los destinatarios de esta carta (12). Hasta los ángeles, dice el discípulo, se asoman desde el cielo para contemplar maravillados la Buena Noticia hecha realidad en la vida de aquellos cristianos, gente pobre y sencilla.
Así termina el himno de alabanza en el que el discípulo de Pedro establece ya el tema fundamental de la carta, que se repite continuamente en cada sesión y en cada argumento, quizás como en ningún otro escrito del Nuevo Testamento: la pasión de Cristo y su glorificación, que continúa en la pasión del cristiano y en su futura y definitiva liberación.
Sería un error, sin embargo, leer en clave puramente espiritualista todo lo que nos va a decir a continuación, ya que «el cielo futuro» no es la única respuesta a los sufrimientos de una comunidad sumida en la marginación y tentada por el desaliento. Por el contrario, el cielo futuro debe hacerse ya realidad presente a través del compromiso cotidiano de los creyentes. Su tarea es construir en el mundo hostil que los rodea una «sociedad alternativa» o «casa de Dios», a la que el autor se va a referir constantemente y con variedad de expresiones.
 1,13-25 Conducta cristiana. La seguridad del bien prometido hace que el cristiano viva el tiempo de la espera como tiempo ya de salvación y, por tanto, tiempo de alegría, de «sentirse uno ya como en la gloria», como se dice en nuestro lenguaje popular. Y esto no sólo a pesar de los sufrimientos presentes, sino justamente a causa de ellos. Es la paradójica alegría de los perseguidos de que hablan las Bienaventuranzas (cfr. Mt 5,12).
«Vivan sobriamente» (13), así ve el discípulo la conducta de sus oyentes para este tiempo de espera. Los caminantes son ya hijos de Dios por el bautismo, por eso apela a la obediencia filial (cfr. Is 63,8) que no es otra cosa que una llamada a asemejarse a Dios, según el mandato de Lv 11,44: «sean santos, porque yo soy santo». El Dios que exigía la santidad en el Antiguo Testamento se ha revelado en Jesucristo como Padre y un día se revelará como Juez, por lo cual es necesario proceder siempre con «respeto durante su permanencia en la tierra» (17). Hay que tomarse la vida cristiana en serio, como seria fue la prueba del amor que nos trajo la salvación.
La pasión y la gloria de Cristo es «la Buena Noticia que se les ha anunciado» (25), de la que el discípulo de Pedro afirma que es «palabra incorruptible y permanente del Dios vivo» (23), la que purifica las conciencias abriéndolas a la verdad, la que produce el amor mutuo entre los hermanos, un amor intenso y sin fingimientos. La Palabra de Dios, en definitiva, regenera y da nueva vida al que la escucha y obedece, construyendo así la comunidad.
2,1-10 La piedra viva. De la «leche espiritual» de la Palabra de Dios que alimenta a la comunidad de recién nacidos, el discípulo pasa a otra imagen preñada de resonancias bíblicas: la piedra, que puede ser «piedra de cimiento» (cfr. Is 28,16) en la que se apoya el creyente por la fe, o «piedra angular» (cfr. Sal 118,22), que es clave y remate del edificio (cfr. Zac 4,7). El desarrollo y la aplicación que hace de esta imagen constituyen la parte central de la carta y una de las más hermosas enseñanzas del Nuevo Testamento sobre la comunidad cristiana.
El discípulo llama a Jesucristo «piedra viva» rechazada por los constructores, pero escogida y apreciada por Dios (4), en alusión a su pasión, muerte y resurrección. Sobre esta piedra viva se construye el «nuevo templo» que acoge la verdadera y definitiva presencia de Dios. Los cristianos son estas «piedras vivas» con las que se construye dicho templo, al que el discípulo llama «espiritual», no para indicar una realidad que perteneciera a otro mundo, sino para afirmar que, al contrario del templo «material» de Jerusalén, este nuevo templo lo constituyen las personas mismas, reunidas por el bautismo en una comunidad de fe, es decir, el nuevo pueblo de Dios, la Iglesia que debe caminar con los pies bien plantados en la sociedad en que vive.
Con referencia a este nuevo pueblo de Dios, el discípulo evoca los títulos de dignidad que exaltaban la función del pueblo de Israel (cfr. Is 43,20; Éx 19,6), para aplicarlos como si se tratara de profecías que tienen su completo cumplimiento en la comunidad cristiana: «raza elegida, sacerdocio real, nación santa y pueblo adquirido» (9) por la muerte y resurrección de Jesús. Es probable que el creyente de hoy, que ya no está acostumbrado al lenguaje simbólico de la Biblia, no se tome muy en serio esta maravillosa descripción de la vida cristiana que hace el autor de la carta, ni que alcance a comprender la fuerza revolucionaria evangélica que lleva dentro. Por desgracia, así ha ocurrido durante mucho tiempo, hasta que el Concilio Vaticano II ha puesto de nuevo las palabras de esta carta en el centro mismo de la vida y del compromiso de toda la Iglesia.
¿Qué significa, pues, que todos y cada uno de los cristianos formemos un «sacerdocio santo» (5)? El discípulo lo explica dos veces en este apartado. En primer lugar, significa ofrecer «sacrificios espirituales, aceptables a Dios por medio de Jesucristo» (5). Con ello se refiere a la vida misma del cristiano, hombre o mujer, se encuentre donde se encuentre y cualquiera que sea su profesión, ofrecida a Dios como don de amor y portadora de la memoria de Jesús, tal y como nos la presentan los evangelios: su obediencia filial al Padre, su amor incondicional que no conoció barreras, su opción por los pobres, débiles y marginados, su lucha por la igualdad y la justicia hasta derramar su sangre en la cruz por todos nosotros. En esto consistió el sacerdocio de Cristo, y en esto consiste el sacerdocio del cristiano recibido en el bautismo. En segundo lugar, significa proclamar «las maravillas del que los llamó de las tinieblas a su maravillosa luz» (9). La primera maravilla fue el testimonio de vida; la segunda, el anuncio, la proclamación de la palabra viva de la Buena Noticia portadora de la luz de la liberación. O sea, todo cristiano es o debe ser misionero de la Palabra de Dios. La predicación y proclamación del Evangelio no está reservada para unos cuantos expertos, como los obispos y presbíteros. Todo cristiano tiene el derecho y la obligación de anunciar a Jesús, el Salvador, con sus palabras y con el testimonio de su vida.
Si esto es así, ¿para qué sirven, entonces, los obispos y presbíteros? El ministerio de estos responsables y pastores de la Iglesia ha sido instituido por el mismo Jesucristo para que, a imitación suya, estén justamente al servicio de la comunidad cristiana y para que ésta siga fiel a su compromiso sacerdotal de vida y testimonio. Como personas bautizadas, son sacerdotes como los demás; como ministros ordenados, representan a Jesús en su función de guía y pastor de la comunidad. El discípulo va a hablar de ellos en la última parte de su carta.
 2,11-25 Vocación cristiana y ejemplo de Cristo. El discípulo de Pedro contempla con preocupación a sus cristianos y cristianas esparcidos por las cinco provincias de Asia como «huéspedes y forasteros» (11) en medio de una sociedad pagana que los observa con ojos críticos, los difama y los tiene como malhechores, es decir, los típicos prejuicios de siempre contra los pobres y marginados. El discípulo anima a sus oyentes a que «tapen la boca a los necios e ignorantes» (15) con la fuerza del testimonio de su vida cristiana. El ejemplo que den en la vida social es capital, no sólo como protección contra posibles represalias, sino como testimonio evangélico: «al presenciar las buenas obras de ustedes, glorificarán a Dios el día de su visita» (12).
Un buen cristiano será siempre un buen ciudadano. El discípulo da normas claras de conducta ciudadana, apelando a la motivación superior que debe presidir todo el comportamiento del creyente: «por amor al Señor» (13), «tal es la voluntad de Dios» (15), «con el pensamiento puesto en Dios» (19), pero sobre todo, «como hombres (y mujeres) libres» (16), conscientes de que ante todo somos servidores de Dios (16), pues en esto consiste su libertad. Bajando a detalles concretos, exhorta a que todos respeten a las autoridades legítimas, y los criados a sus amos, aunque tengan «mal genio» (18).
Hasta ahora ha hablado a cristianos que viven más o menos en paz con los paganos, pero es en tiempos de persecución injusta cuando hay que dar el supremo testimonio de la fe y cuando la vocación cristiana de seguimiento del Crucificado alcanza su máxima expresión. El ejemplo impresionante de la pasión de Cristo que expone el discípulo en los versículos 21-25 constituye el mensaje central de toda la carta. El discípulo contempla toda la vida de Jesús –un don continuo e incondicional de amor– en su momento cumbre: su pasión salvadora, presentándola con los rasgos más resaltantes del Siervo de Yahvé (cfr. Is 53): «cuando era insultado no respondía con insultos, padeciendo no amenazaba» (23). Así «llevó sobre la cruz nuestros pecados cargándolos en su cuerpo» (24) e hizo posible que toda la vida del cristiano sea ya una vida portadora de salvación, bajo el cuidado del «pastor y guardián de sus almas» (25). El ejemplo del Crucificado que propone el discípulo de Pedro va más allá de la sola aceptación de los propios sufrimientos a imitación de Jesús; también es una invitación a cargar solidariamente los sufrimientos de todas las víctimas del pecado del mundo: los que pasan hambre, los marginados, los excluidos, los perseguidos, los débiles, para llevar a todos el anuncio cristiano de la liberación. La pasión del mundo debe ser la pasión del cristiano, incluso hasta la muerte. En esto consiste nuestra identidad como continuadores de la memoria de Jesús.
 3,1-7 Matrimonios. El más importante testimonio cristiano es el dado en el seno de la familia. Dirige primero una larga exhortación a la esposa, pensando seguramente en las mujeres cristianas casadas con paganos. Después se dirigirá brevemente a los maridos cristianos. A éstas les exige la castidad conyugal, el «sometimiento» al marido y la modestia y serenidad interiores que pueden mantener el matrimonio unido en convivencia pacífica, e incluso atraer al esposo a la fe. En la exhortación a los maridos cristianos afirma la mayor debilidad corporal de la mujer y la igualdad espiritual en compartir la herencia del cielo.
El discípulo de Pedro es hijo de la cultura de su tiempo y, aunque el Evangelio trajo la igualdad de todos ante Dios (cfr. Gál 3,28), todavía se regía por los prejuicios machistas de la sociedad patriarcal en que vivía. En este sentido hay que tomar también el recelo del discípulo respecto a los adornos de la mujer. Sobre el exagerado ornato de éstas pronuncia Isaías una sátira divertida (cfr. Is 3,18-23).
3,8-22 Paciencia a ejemplo de Cristo. El ideal de concordia familiar se extiende a toda la comunidad cristiana, cuyos miembros, como hermanos de una sola familia, comparten la bendición de una herencia común. Los versículos 10-12 están inspirados en Sal 34,12-16; esta amplia cita en una carta breve muestra que los salmos se iban incorporando a la piedad cristiana e inspiraban la conducta.
A continuación, el discípulo vuelve a su tema favorito: el sufrimiento en razón de la fe que profesan. Más que a una persecución concreta, el autor de la carta parece referirse de nuevo a la marginación social que les imponía su misma condición de cristianos, la cual les apartaba de las prácticas y costumbres paganas, como las que señalará después en 4,3, conducta que les hacían parecer gente rara a los ojos de sus conciudadanos paganos. Es posible que la extrañeza ante el proceder de los cristianos fuera acompañada, a veces, de hostilidad y agresividad, sobre todo por ser los creyentes de clase humilde. Es comprensible, pues, que vivieran atemorizados.
El discípulo les anima a no tener miedo y conservar la calma. Es más, la situación puede convertirse en ocasión de dar testimonio de «su esperanza» (15). Es interesante que fuera la esperanza el aspecto llamativo de los cristianos y lo que causara extrañeza a los paganos, a quienes Pablo se refiere en Ef 2,12 como gente sin «esperanza y sin Dios en el mundo». La recomendación que el discípulo de Pedro les hace es una lección práctica de evangelización misionera en un contexto de pluralismo religioso, como el nuestro de hoy: estén dispuestos a defender –su esperanza– «con modestia y respeto, con buena conciencia» (16), pero firmes en la fe.
Si el testimonio evangélico lleva consigo la persecución y el sufrimiento, sufrir por hacer el bien les asemejará a Jesucristo. Para darles ánimo y esperanza en la victoria final, el discípulo les propone el ejemplo del sufrimiento inocente del Señor, cuya resurrección por el Espíritu trajo la oferta de salvación universal a todos, incluso a las «almas encarceladas» (19) de los pecadores de antaño, a los que el pensamiento mítico-religioso del Antiguo Testamento asignaba un lugar en el mundo subterráneo y tenebroso de los muertos, al que denominaban «infierno», cuyo significado no tiene nada que ver con el concepto cristiano de infierno como condenación eterna. También allí el Señor resucitado «fue a proclamar» (19) su mensaje de salvación. Jesucristo, compartiendo la suerte de todos los hombres y mujeres, baja al mundo de los muertos, no para quedarse, sino para proclamar la liberación (cfr. Is 61,1).
El versículo 19 es uno de los textos más enigmáticos de todo el Nuevo Testamento, el cual ha encontrado eco hasta en nuestro Credo cristiano: «Descendió a los infiernos». Este descenso salvador debió ser muy importante para los primeros cristianos, como lo atestiguan las referencias de Ef 4,8-10 y Rom 10,7; les preocupaba la suerte de los pecadores y, en general, la de todos los que vivieron y murieron antes de Cristo. ¿Entraron también ellos en el plan salvador de Dios? ¿Se salvaron aunque no habían conocido a Cristo ni recibido el bautismo? Esta preocupación sobre la posible salvación de los antepasados ha estado presente en toda la historia de la evangelización de la Iglesia, especialmente en Asia, cuya cultura dio y sigue dando tanta importancia al mundo de los ancestros. La respuesta ambigua o negativa de los primeros evangelizadores de aquellas tierras constituyó entonces un grave obstáculo para la propagación del Evangelio. Con esta imagen enigmática de Cristo descendiendo y proclamando, el discípulo nos quiere decir simplemente que, en virtud de su muerte y resurrección, Jesucristo vino a ofrecer su salvación a todos los hombres y mujeres de todos los tiempos.
4,1-19 Hostilidad del mundo. El discípulo de Pedro retoma ahora el tema del sufrimiento en su aspecto medicinal o de sanación: es imposible que siga pecando quien asocia por el bautismo sus propios sufrimientos al sufrimiento de Cristo. Esa incompatibilidad con el pecado la pueden ver comparando la vida que llevaban antes, entregada a todo género de maldades, con la que llevan ahora. De ahí que su conducta contra corriente produzca la extrañeza y la hostilidad de sus antiguos camaradas de vicios.
Las comunidades de Pedro nos dan una buena lección a los creyentes de hoy. Una conducta cristiana que no produzca ningún impacto en la sociedad es señal de que se ha dejado arrastrar por la corriente de aquellos que no organizan sus vidas de acuerdo con las exigencias del Evangelio. Lo peor que nos puede suceder como seguidores de Jesús es que nuestro comportamiento no diga nada a nadie, que no ofrezca ninguna alternativa al mundo de injusticia que nos rodea. El discípulo subraya la seriedad de su exhortación con la inminencia del «fin del universo» (7), cuando venga Jesucristo a juzgar a todos de acuerdo con los valores del Evangelio, tanto a los que aún estén con vida como a los que hayan muerto. No se trata de una inminencia de días o años, sino de la urgencia del cambio que lleva en sí el mensaje evangélico. ¿Quién no calificaría como «final del universo» a los acontecimientos que estamos viviendo en nuestros días, como la pobreza y el hambre de millones de seres humanos o la catástrofe ecológica a la que nos lleva un desenfrenado consumismo?
Amor intenso que pasa por alto y perdona la ofensa del otro, hospitalidad sin murmuraciones, moderación y sobriedad, servicio a los demás compartiendo los dones que cada uno ha recibido es la vida alternativa evangélica que propone el discípulo a sus humildes comunidades y que también dirige a la Iglesia de hoy con la misma fuerza profética. Son los comportamientos cristianos que hacen de la comunidad de creyentes la «casa de Dios» a la que todos son llamados. Dos servicios merecen la atención del discípulo: el servicio de la Palabra y la atención a los necesitados. El término utilizado para «palabra», es «oráculo», es decir, sentencia profética, pues lleva consigo la fuerza del Espíritu que penetra los corazones con la fuerza de la verdad.
Sorprendentemente, vuelve otra vez sobre el tema del sufrimiento, como si los padecimientos inmerecidos e imprevistos de las páginas precedentes se materializaran ahora en una persecución violenta: un «incendio que ha estallado» (12). ¿Se trata de alguna persecución concreta? ¿O más bien quiere presentar de nuevo el tema central de la carta en un modo dramático? Sea como fuere, la situación real de padecimiento existía y el discípulo les anima a valorar y a confrontar la prueba: es la ocasión de compartir los sufrimientos de Cristo (cfr. Col 1,24; Flp 3,10) que conducirá a compartir su gozo (cfr. Jn 15,11), incluso por adelantado (cfr. 2 Cor 7,4).
 5,1-11 A los responsables. Antes de despedirse les da su testamento espiritual. El discípulo de Pedro se dirige, en primer lugar, a los «ancianos», término con que se designaba a los responsables y líderes de la comunidad –presbíteros–, no necesariamente entrados en años. Aunque se presenta con el título que le confiere su autoridad apostólica, «testigo de la pasión de Cristo» (1), los considera colegas, situando así su autoridad en el plano de la corresponsabilidad, como era corriente en la Iglesia de los primeros tiempos. Contempla el ministerio de estos líderes como la labor y el servicio de un buen pastor, en referencia siempre al Pastor Supremo, único pastor del rebaño. Sus consejos pastorales son válidos para todos los tiempos, especialmente para muchos pastores de nuestra Iglesia de hoy, quienes aún no acaban de asimilar el verdadero sentido de la autoridad apostólica. Toda la vida de un pastor debe ser entrega generosa al rebaño, guiándolo con el modelo y ejemplo de su vida, sin otros intereses espúreos.
Después se dirige a todos los miembros de la comunidad, tanto jóvenes como viejos, y les pide que sean humildes. Esta humildad, referida a la relación de los cristianos con Dios, lleva a la confianza por la que ponemos en sus manos los afanes y los sufrimientos. En una última llamada a la vigilancia, compara al enemigo supremo, el Diablo, a un león rugiente dando vueltas alrededor de su presa. Todas estas recomendaciones del discípulo evocan la realidad de una comunidad cristiana que, soportando la prueba y la persecución, vive de la esperanza de la venida liberadora del Señor, consolada por «el Dios de toda gracia que por Cristo los llamó a su gloria eterna» (10).
5,12-14 Saludos finales. Pedro, o su discípulo, menciona en su saludo final a dos personas conocidas que han desempeñado un papel importante en la vida de la Iglesia primitiva.
Finalmente, les comunica los saludos de la comunidad de «Babilonia», nombre de Roma en clave simbólica, es decir, el lugar del destierro y de la persecución en un mundo hostil a Dios.


Saludos

1  1 Pedro, apóstol de Jesucristo, a los elegidos que residen fuera de su patria, dispersos en Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia, 2 elegidos según el designio de Dios Padre, y consagrados por el Espíritu, para obedecer a Jesucristo y ser rociados con su sangre: Gracia y paz en abundancia a ustedes.

Esperanza cristiana

3 Bendito sea Dios, padre de nuestro Señor Jesucristo, que, según su gran misericordia y por la resurrección de Jesucristo de la muerte, nos ha hecho nacer de nuevo para una esperanza viva, 4 a una herencia que no puede destruirse, ni mancharse, ni marchitarse, reservada para ustedes en el cielo. 5 Porque gracias a la fe, el poder de Dios los protege para que alcancen la salvación dispuesta a revelarse el último día. 6 Por eso alégrense, aunque por el momento tengan que soportar pruebas diversas. 7 Así, la fe de ustedes, una vez puesta a prueba será mucho más preciosa que el oro perecedero purificado por el fuego y se convertirá en motivo de alabanza, honor y gloria cuando se revele Jesucristo. 8 Ustedes lo aman sin haberlo visto y creyendo en él sin verlo todavía, se alegran con gozo indecible y glorioso, 9 ya que van a recibir, como término de [su] fe, la salvación personal.
10 Esta salvación ya fue objeto de la búsqueda y de las investigaciones de los profetas que profetizaron la gracia que ustedes iban a recibir. 11 Investigaban para averiguar el tiempo y las circunstancias que indicaba el Espíritu de Cristo, que habitaba en ellos, y anunciaba anticipadamente la pasión de Cristo y su posterior glorificación. 12 A ellos les fue revelado que aquello que anunciaban no era para ellos mismos, sino para el bien de ustedes, y ahora han recibido el anuncio de ese mensaje por obra de quienes, inspirados por el Espíritu Santo enviado desde el cielo les transmitieron la Buena Noticia que los ángeles querrían presenciar.

Conducta cristiana

13 Por lo tanto, tengan listo su espíritu, vivan sobriamente y confiadamente esa gracia que se les concederá cuando se revele Jesucristo. 14 Como hijos obedientes no vivan de acuerdo a los deseos de antes, cuando vivían en la ignorancia; 15 por el contrario como el que los llamó es santo, sean también ustedes santos en toda su conducta; 16 porque así está escrito: Sean santos, porque yo soy santo. 17 Y si llaman Padre al que no hace diferencia entre las personas y juzga cada uno según sus obras, vivan con respeto durante su permanencia en la tierra. 18 No olviden que han sido liberados de la vida inútil que llevaban antes, imitando a sus padres, no con algún rescate material de oro y plata 19 sino con la preciosa sangre de Cristo, cordero sin mancha ni defecto, 20 predestinado antes de la creación del mundo y revelado al final de los tiempos, en favor de ustedes. 21 Por medio de él creen en Dios, que lo resucitó de la muerte y lo glorificó; de ese modo la fe y la esperanza de ustedes se dirigen a Dios. 22 Al hacerse discípulos de la verdad ustedes se han purificado para amar sinceramente a los hermanos; ámense intensamente unos a otros, de corazón 23 porque han vuelto a nacer, no de semilla corruptible, sino por la palabra incorruptible y permanente del Dios vivo. 24 Porque toda carne es hierba y su belleza como flor del campo; la hierba se seca, la flor se marchita, 25 pero la Palabra del Señor permanece para siempre. Esa palabra es la Buena Noticia que se les ha anunciado.

La piedra viva

2  1 Ahora, despojados de toda maldad, engaño e hipocresía, de toda envidia y difamación, 2 busquen, como niños recién nacidos, la leche espiritual, no adulterada, para crecer sanos; 3 ya que han gustado qué bueno es el Señor. 4 Él es la piedra viva, rechazada por los hombres, elegida y estimada por Dios; por eso, al acercarse a él, 5 también ustedes, como piedras vivas, participan en la construcción de un templo espiritual y forman un sacerdocio santo, que ofrece sacrificios espirituales, aceptables a Dios por medio de Jesucristo. 6 Por eso se lee en la Escritura: Miren, yo coloco en Sión una piedra angular, elegida, preciosa: quien se apoya en ella no fracasa. 7 Es preciosa para ustedes que creen; en cambio, para los que no creen, la piedra que rechazaron los arquitectos es ahora la piedra angular 8 y piedra de tropiezo, roca de escándalo. En ella tropiezan los que no creen en la palabra: tal era su destino. 9 Pero ustedes son raza elegida, sacerdocio real, nación santa y pueblo adquirido para que proclame las maravillas del que los llamó de las tinieblas a su maravillosa luz. 10 Los que antes no eran pueblo, ahora son pueblo de Dios; los que antes no habían alcanzado misericordia ahora la han alcanzado.

Vocación cristiana y ejemplo de Cristo

11 Queridos hermanos, como a huéspedes y forasteros les ruego se mantengan alejados de los malos deseos, que hacen guerra al espíritu. 12 En medio de los paganos procedan honradamente, y así los que los calumnian como malhechores, al presenciar las buenas obras de ustedes, glorificarán a Dios el día de su visita. 13 Por amor al Señor, sométanse a cualquier institución humana: al rey como soberano, 14 a los gobernadores como enviados por él para castigar a los malvados y premiar a los honrados. 15 Tal es la voluntad de Dios, que, haciendo el bien, le tapen la boca a los necios e ignorantes. 16 Como hombres libres, que no usan de la libertad para encubrir la maldad, sino más bien como servidores de Dios, 17 honren a todos, amen a los hermanos, respeten a Dios, honren al rey. 18 Los empleados sométanse a sus patrones con todo respeto, no sólo a los bondadosos y amables, sino también a los de mal genio. 19 Es una gracia soportar, con el pensamiento puesto en Dios, las penas que se sufren injustamente. 20 ¿Qué mérito tiene aguantar golpes cuando uno es culpable? Pero si, haciendo el bien, tienen que aguantar sufrimientos, eso es una gracia de Dios. 21 Ésa es su vocación, porque también Cristo padeció por ustedes, dejándoles un ejemplo para que sigan sus huellas. 22 No había pecado ni hubo engaño en su boca; 23 cuando era insultado no respondía con insultos, padeciendo no amenazaba, más bien se encomendaba a Dios, el que juzga con justicia. 24 El llevó sobre la cruz nuestros pecados cargándolos en su cuerpo, para que, muertos al pecado, vivamos para la justicia. Sus cicatrices nos sanaron. 25 Antes andaban como ovejas extraviadas, pero ahora han vuelto al pastor y guardián de sus almas.

Matrimonios

3  1 Así también ustedes, las esposas, respeten a sus maridos, de modo que, aunque algunos de ellos no crean el mensaje, por la conducta de sus esposas, aun sin palabras, queden ganados 2 al observar el proceder casto y respetuoso de ustedes. 3 Que el adorno de ustedes no consista en cosas externas: peinados rebuscados, joyas de oro, trajes elegantes; 4 sino en lo íntimo y oculto: en la modestia y serenidad de un espíritu incorruptible. Eso es lo que tiene valor a los ojos de Dios. 5 Así se adornaban en otros tiempos las santas mujeres que esperaban en Dios y se sometían a sus maridos: 6 Como Sara, que obedecía a Abrahán llamándolo señor. Obrando bien y no dejándose inquietar por ninguna clase de temor, ustedes se hacen hijas de ella.
7 Los maridos, a su vez, sean comprensivos con sus esposas, denles el honor que les corresponde, no sólo porque la mujer es más delicada sino también porque Dios les ha prometido a ellas la misma vida que a ustedes. Háganlo así para que nada estorbe sus oraciones.

Paciencia a ejemplo de Cristo

8 Finalmente, vivan todos unidos, tengan un mismo sentir, sean compasivos, fraternales, misericordiosos, humildes; 9 no devuelvan mal por mal ni injuria por injuria, al contrario bendigan, ya que ustedes mismos han sido llamados a heredar una bendición. 10 Si uno quiere vivir y pasar años felices, guarde su lengua del mal y sus labios de la falsedad, 11 apártese del mal y haga el bien, busque la paz y corra tras ella. 12 Porque los ojos del Señor se fijan en el honrado, sus oídos escuchan sus súplicas; pero el Señor se enfrenta con los malhechores. 13 ¿Quién podrá hacerles daño si ustedes se preocupan siempre en hacer el bien? 14 Y si padecen por la justicia, dichosos ustedes. No teman ni se inquieten, 15 sino honren a Cristo como Señor de sus corazones. Estén siempre dispuestos a defenderse si alguien les pide explicaciones de su esperanza, 16 pero háganlo con modestia y respeto, con buena conciencia; de modo que los que hablan mal de su buena conducta cristiana queden avergonzados de sus propias palabras. 17 Es mejor sufrir por hacer el bien, si así lo quiere Dios, que por hacer el mal. 18 Porque Cristo murió una vez por nuestros pecados, el justo por los injustos para llevarlos a ustedes a Dios: sufrió muerte en el cuerpo, resucitó por el Espíritu 19 y así fue a proclamar también a las almas encarceladas: 20 a los que en un tiempo no creían, cuando la paciencia de Dios esperaba y Noé fabricaba el arca, en la cual unos pocos, ocho personas, se salvaron atravesando el agua. 21 Para ustedes, todo esto es símbolo del bautismo que ahora los salva, que no consiste en lavar la suciedad del cuerpo, sino en el compromiso con Dios de una conciencia limpia; por la resurrección de Jesucristo, 22 que subió al cielo y está sentado a la derecha de Dios después de poner bajo su dominio a los ángeles, a las potestades y a las dominaciones.

Hostilidad del mundo

4  1 Como Cristo padeció en su cuerpo, ármense ustedes con la misma actitud: quien ha sufrido en la carne ha roto con el pecado 2 y lo que le queda de vida corporal, ya no sigue los deseos humanos, sino la voluntad de Dios. 3 Bastante tiempo en el pasado han vivido como los paganos, practicando el libertinaje, vicios, borracheras, orgías, comilonas e intolerables idolatrías. 4 Ahora, como ustedes ya no los acompañan en los excesos de su mala vida ellos los insultan. 5 Pero tendrán que rendir cuentas al que está dispuesto a juzgar a vivos y muertos. 6 Para ello se llevó también a los muertos la Buena Noticia: para que condenados como hombres a morir corporalmente, vivieran espiritualmente como Dios.
7 Se acerca el fin del universo: por eso tengan la moderación y sobriedad necesarias para poder orar. 8 Ante todo, haya mucho amor entre ustedes, porque el amor perdona una multitud de pecados. 9 Practiquen la hospitalidad mutua sin quejarse. 10 Cada uno, como buen administrador de la multiforme gracia de Dios, ponga al servicio de los demás los dones que haya recibido. 11 Quien predica, hable como quien entrega palabras de Dios; el que ejerce algún ministerio hágalo como quién recibe de Dios ese poder; de modo que en todo sea glorificado Dios por medio de Jesucristo. A quien corresponde la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.
12 Queridos, no se extrañen del incendio que ha estallado contra ustedes, como si fuera algo extraordinario; 13 alégrense, más bien, de compartir los sufrimientos de Cristo, y así, cuando se revele su gloria, ustedes también desbordarán de gozo y alegría. 14 Si los insultan por ser cristianos, dichosos ustedes, porque el Espíritu de Dios y su gloria reposan en ustedes. 15 Que ninguno de ustedes tenga que padecer por ladrón o asesino o criminal o por meterse en asuntos ajenos. 16 Pero si padece por ser cristiano, no se avergüence, antes dé gloria a Dios por tal título.
17 Llega el momento de comenzar el juicio por la casa de Dios. Y, si empieza por nosotros, ¿cuál será la suerte de los que rechazaron la Buena Noticia de Dios? 18 Si el justo apenas se salva, ¿qué será del impío y del pecador? 19 Por lo tanto, los que padecen por voluntad de Dios, sigan haciendo el bien y confíen sus vidas al Creador, que es fiel.

A los responsables

5  1 A los ancianos que están entre ustedes les ruego como colega, testigo de la pasión de Cristo y partícipe de la gloria que se ha de revelar: 2 apacienten el rebaño de Dios que les han confiado, [cuidando de él] no a la fuerza, sino de buena gana, como Dios quiere; no por ambición de dinero, sino generosamente; 3 no como tiranos de los que les han asignado, sino como modelos del rebaño. 4 Así, cuando se revele el Pastor supremo, recibirán la corona eterna de la gloria.
5 Lo mismo ustedes, jóvenes, sométanse a los ancianos. Que cada uno se revista de sentimientos de humildad para con los demás, porque Dios resiste a los soberbios y otorga su favor a los humildes. 6 Por tanto, humíllense bajo la mano poderosa de Dios, y a su tiempo él los elevará. 7 Encomienden a Dios sus preocupaciones, que él se ocupará de ustedes. 8 Sean sobrios, estén siempre alertas, porque su adversario el Diablo, como león rugiendo, da vueltas buscando [a quien] devorar. 9 Resístanlo firmes en la fe, sabiendo que sus hermanos por el mundo sufren las mismas penalidades. 10 El Dios de toda gracia que por Cristo [Jesús] los llamó a su gloria eterna, después que hayan padecido un poco, los restablecerá y fortalecerá, los hará fuertes e inconmovibles. 11 A él sea el poder y la gloria por los siglos. Amén.

Saludos finales

12 Les escribo estas breves letras por medio de Silvano, a quien considero un hermano fiel, para aconsejarlos y asegurarles que ésa es la verdadera gracia de Dios: manténganse en ella. 13 Los saluda la comunidad de elegidos de Babilonia y también Marcos, mi hijo. 14 Salúdense mutuamente con el beso fraterno. Paz a todos ustedes, los que están unidos a Cristo.


Autor, fecha de composición y destinatarios de la carta. El autor se introduce en el saludo como «Pedro, apóstol de Jesucristo»; al final, dice que escribe desde Babilonia, denominación intencionada de Roma. A lo largo de la carta se presenta como anciano, testigo presencial de la pasión y gloria de Cristo (5,1); cita, aunque no verbalmente, enseñanzas de Cristo.

La tradición antigua ha atribuido la carta a Pedro desde muy pronto. Hoy no estamos tan seguros por una serie de razones. He aquí algunas: ante todo, el lenguaje y estilo griegos, impropios de un pescador galileo; la carta cita el Antiguo Testamento en la versión de los Setenta, no en hebreo, y lo teje suavemente con su pensamiento. Faltan los recuerdos personales de un compañero íntimo de Jesús. Y así, otras objeciones a las que los partidarios de la autoría de Pedro responden con respectivas aclaraciones. El balance de la argumentación deja, por ahora, la solución indecisa.

Una posibilidad: el autor es Pedro, anciano y quizás prisionero, cercano a la muerte. Escribe una especie de testamento, cordial y muy sentido. Su argumento principal es la necesidad y el valor de la pasión del cristiano a ejemplo y en unión con Cristo. Encarga la redacción a Silvano (5,12). La escribió antes del año 67, fecha límite de su martirio, a los cristianos que sufrían la persecución de Nerón.

Otra posibilidad: la carta es de un autor desconocido perteneciente al círculo de Pedro, que, en tiempos difíciles, quiere llevar una palabra de aliento a otros fieles, y para ello se vale del nombre y de la autoridad del apóstol. La escribiría a mitad de la década de los 90, para comunidades cristianas que atraviesan tiempos difíciles y quizás también de persecución bajo el emperador Domiciano.

Contenido de la carta. Aunque tenga más apariencia de carta que, por ejemplo, la de Santiago, como lo demuestra el saludo, la acción de gracias y el final, en realidad se parece más a una homilía, al estilo de la carta a los Hebreos.

El tema dominante del escrito es la pasión de Cristo, en referencia constante a los sufrimientos de los destinatarios, comunidades pobres y aisladas que estaban experimentando una doble marginación; por una parte, el ostracismo y la incomprensión de un ambiente hostil, y por otra, el aislamiento a que les conducía su mismo estilo de vida cristiano, incompatible con el modo de vivir pagano.

Aquellos hombres y mujeres sabían lo que les esperaba cuando, por medio del bautismo, se convirtieron en seguidores de Jesús. De ahí que el autor haga referencia constante a la catequesis y a la liturgia bautismal, que marcaron sus vidas para siempre. Ahora se lo recuerda para que en la fe y en la esperanza se mantengan firmes en medio de la tribulación.

El autor pone insistentemente ante sus ojos el futuro que les aguarda si permanecen fieles, es decir: «una herencia que no puede destruirse, ni mancharse, ni marchitarse, reservada para ustedes en el cielo» (1,4), pero no para que se desentiendan de los deberes de la vida presente, sino todo lo contrario, para que con una conducta intachable: «Estén siempre dispuestos a defenderse si alguien les pide explicaciones de su esperanza» (3,15). Esta vida de compromiso cristiano viene comparada en la carta a un «sacerdocio santo, que ofrece sacrificios espirituales, aceptables a Dios por medio de Jesucristo» (2,5).



Título original
Il Vangelo secondo Matteo

Año
1964

Duración
131 min.

País
 Italia

Director
Pier Paolo Pasolini

Guión
Pier Paolo Pasolini

Música
Luis Enríquez Bacalov (AKA Luis Enrique Bacalov), J.S. Bach, W.A. Mozart, Billie Hollyday

Fotografía
Tonino Delli Colli

Reparto
Enrique Irazoqui, Margherite Caruso, Susanna Pasolini

Productora
Coproducción Italia-Francia; Arco Film Roma / Lux Compagnie Cinématographique de France

Género
Drama | Religión. Biblia

Sinopsis
En clave neorrealista pero sin apartarse del texto bíblico, el polémico Pasolini realiza un cercano retrato de Jesús de Nazaret. (FILMAFFINITY)

Premios
1964: Festival de Venecia: Premio Especial del Jurado
1966: 3 nominaciones al Oscar: bso (Adaptada), vestuario B&N, direcc. artíst. B&N
1966: Círculo de críticos de Nueva York: Nominada a Mejor película extranjera

Críticas
"Obra sencilla y vorazmente sincera, rodada con una simplicidad extrema"
Luis Martínez: Diario El País

"Personalísima visión de la vida de Jesucristo que se aparta de las habituales recreaciones que se han realizado del fundador del Cristianismo"
Fernando Morales: Diario El País




TITULO ORIGINAL:
The Gospel of John

AÑO:
2005

DIRECTOR:
Philip Saville

PRODUCTORA:
Buena Vista Home Entertainment / Disney
REPARTO:
Henry Ian Cusick, Christopher Plummer, Scott Handy, Daniel Kash, Richard Lintern
GENERO:
Biblia. Religión. Drama

SINOPSIS:
El Evangelio de San Juan, seguido practicamente de manera textual basada en la traducción de la Sociedad Biblica Americana.



Título original
El mártir del Calvario

Año
1952

Duración
113 min.

País
México

Director
Miguel Morayta

Guión
Miguel Morayta (Historia: Gonzalo Elvira Sánchez de Aparicio)

Música
Gustavo César Carrión

Fotografía
Jorge Stahl Jr.

Reparto
Enrique Rambal, Manolo Fábregas, Consuelo Frank, Alicia Palacios, Miguel Ángel Ferriz, Carmen Molina, José María Linares-Rivas, Felipe de Alba, Luis Beristáin, Miguel Arenas, Lupe Llaca, Alberto Mariscal, Alfonso Mejía, José Baviera, Fernando Casanova, José Mora Méndez, Tito Novaro, Manuel Dondé, Armando Sáenz, Beatriz Ramos, Enrique García Álvarez, Antonio Bravo, Eugenia Galindo, Julio Ahuet, José Nava

Productora
Oro Films

Género
Drama | Religión. Biblia

Sinopsis
Jesús rodeado de sus discípulos hace andar a un paralítico, pronuncia el sermón de la montaña, multiplica los peces, devuelve la vista a un niño, redime a la pecadora Magdalena, resucita a Lázaro y arroja del templo a los mercaderes. Luego Judas lo vende y él celebra con los apóstoles la última cena. Después es apresado y coronado de espinas. Judas arrepentido se ahorca. Jesús es crucificado. Muerto, resucitado y sube al cielo al tercer dia.


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