Artículos por "La esfera y la cruz"
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De los cuatro evangelios, solo dos nos hablan acerca del nacimiento de Jesús. No es extraño que Juan no diga nada al respecto, pues su evangelio solo está interesado en información que no aparece en los otros tres. El de Marcos, por su parte, se enfoca en la vida pública de Jesús, de modo que su nacimiento no forma parte del “plan de la obra”.

Como dos testigos que informan un mismo hecho desde puntos de vista independientes, Mateo y Lucas coinciden entre sí en puntos fundamentales, y difieren en los detalles.

Por ejemplo, ambos son categóricos en señalar que:

  • La madre de Jesús era una virgen llamada María;
  • Estaba prometida con José, un varón descendiente de David;
  • Antes de hacer vida en común, la joven se encontró embarazada de Jesús;
  • El niño nació en Belén, siendo Herodes el gobernante de Judea;
  • La familia se estableció finalmente en Nazaret de Galilea.

Al mismo tiempo, si bien no hay contradicciones entre ambos relatos, sus perspectivas son claramente diferentes. Las películas y tarjetas de la navidad tienden a mezclar ambas versiones, y ahí es cuando nos quedamos con la idea de la estrella de Belén brillando sobre el pesebre. Sin embargo, para profundizar en el texto es importante tener clara la diferencia entre uno y otro relato.

Del evangelio de Mateo provienen
  • Los sueños de José y su decisión de no denunciar a María
  • La estrella de navidad
  • Los reyes magos
  • La profecía de que el Mesías debía nacer en Belén y de una virgen
  • La matanza de inocentes
  • El viaje de la sagrada familia a Egipto

El evangelio de Mateo, no es tan preciso como Lucas respecto a detalles de tiempos y lugar. Se enfoca en las experiencias de José y enfatiza el rol de Jesús como descendiente de David. Su evangelio con una genealogía que desciende a través de Salomón, nos cuenta acerca de la visita de dignatarios extranjeros y de su enfrentamiento con Herodes, el rey usurpador. Lo importante en su historia es la profecía, la tipología y las promesas del Antiguo Testamento cumplidas.

En el evangelio de san Lucas, en cambio, encontramos:

  • La aparición del ángel a Zacarías
  • La visita del ángel a María
  • La visita de María a su parienta Isabel
  • El censo de Quirino, y el viaje de Nazaret a Belén
  • El pesebre
  • La aparición a los pastores

Lucas se esmera en situar correctamente en tiempo y espacio los eventos que relata, al menos en relación a sus lectores originales. Este evangelio es lo más parecido a lo que habría escrito un historiador de la antigüedad. A cada paso se detiene para informarnos quién gobernaba en tal o cual ciudad, y qué casa sacerdotal servía en Jerusalén. Lejos de ser espacio perdido, esto demuestra el interés del autor por la precisión histórica, y por dejar claro que lo relatado realmente sucedió. En su relato de la navidad, su foco está puesto en las experiencias de María, incluso cuenta sus emociones y pensamientos ante tan extraordinarios eventos. Esto ha llevado a que muchos piensen que el evangelista se entrevistó con la Virgen María.

Los escépticos suelen decir que las diferencias entre Mateo y Lucas son demasiado importantes, y que no es posible compaginar ambas versiones en una sola historia coherente. Los cristianos, por su parte, han respondido con diversas formas en que ambos relatos pueden compaginarse sin problemas. No hay una versión definitiva de esa secuencia, porque cada evangelista está ocupado en destacar los puntos del nacimiento de Jesús que le interesan, no en confirmar o negar otra versión. A continuación, explicaremos cómo es más probable que hayan sucedido los hechos que relatan ambos evangelios.

La historia comienza en el evangelio de san Lucas con el anuncio a Zacarías que Isabel, su anciana esposa, tendría un hijo. Él pertenecía a la clase sacerdotal de Abías, lo que permitiría a los primeros lectores de Lucas establecer incluso el mes en que esto sucedió. Seis meses después, un ángel se apareció a María y le anunció el nacimiento del Salvador. Luego, ella viajó de Nazaret a la región montañosa de Judea y permaneció tres meses con su parienta Isabel. Es muy probable que en esos meses llegara a José la noticia de que su prometida estaba embarazada, y pensara dejarla en secreto. Sin embargo, cuando ella regresó a Nazaret, José ya había tenido el sueño donde un ángel le advirtió lo sucedido, y él la recibió en su casa, en Nazaret.

Entre los meses 3 y 9 del embarazo de María, ella y José viajaron a Belén, a causa del censo dispuesto por César Augusto. Muchas películas muestran a María viajando a lomos de un burro con un embarazo de 9 meses, y llegando a Belén, donde todos le cierran la puerta y sin poder encontrar un lugar donde pasar la noche del nacimiento. Esa imagen popular nos invita a reflexionar sobre el desamparo en que Jesús llegó al mundo, pero no corresponde a una descripción precisa de lo que relata san Lucas. Lucas indica que “mientras se encontraban en Belén, le llegó el tiempo de ser madre” (Lc 2, 6), por lo que es difícil pensar que hicieran el viaje el mismo día de navidad.

Jesús nace en Belén de Judea.

Lucas nos cuenta que luego del nacimiento, María lo acostó al niño en un pesebre “porque no había lugar para ellos en el albergue” (Lc 2, 7). Sin embargo, el “albergue” al que se refiere Lucas, no es necesariamente una posada o taberna para hospedaje de los viajeros. Es más probable que hubiera tantas personas la casa de Jose en Belén, que no había espacio en la habitación principal para atender a una mujer embarazada. El “albergue” de Lucas, entonces se refiere a esa pieza común que había en las casas de la época. Esta es la situación los habría forzado a permanecer en la parte de la casa destinada a los animales, una habitación anexa a la casa principal con el aspecto de una gruta.

La adoración de los pastores ocurrió esa misma noche, pues encontraron al niño en el pesebre. Luego, circuncidaron al niño en al octavo día, y cumplieron con el rito de la purificación y presentación en el Templo de Jerusalén, en el día 40. Después volvieron a Nazaret de Galilea.

No es del todo claro cuándo se presentaron los magos a adorar al niño.

San Mateo dice que llegaron a Jerusalén “cuando nació Jesús en Belén de Judea”, pero no es necesario asumir que ambos eventos ocurrieron simultáneamente. Este evangelio no está tan preocupado de la precisión temporal como Lucas. Sí es claro que los magos entraron en una casa, y no en un pesebre, por lo que esto no sucedió la misma noche de navidad claro que visitaron al niño algún tiempo después del nacimiento. Por lo mismo, esa casa puede haber estado en Belén o en Nazaret.

San Mateo también cuenta que, luego de la visita de los magos, la sagrada familia tuvo que huir a Egipto. Este viaje puede haber ocurrido entre el nacimiento y la presentación en el Templo, o tiempo después, cuando la familia ya se había establecido en Nazaret. Cualquiera sea el caso, esto no amonta a una contradicción. Lucas no niega que fueran a Egipto, ni precisa un tiempo que hiciera imposible ese trayecto. Mateo tampoco nos dice cuánto tiempo permaneció la Sagrada Familia en Egipto, solo indica que reinaba Arquelao cuando José “se retiró a la región de Galilea”. Ambas alternativas son compatibles con los tiempos de viaje de la época, cuando los varones debían ir a Jerusalén al menos tres veces al año (Deut 16,16). Si fue un trayecto breve, no sería importante para Lucas, pero sí para Mateo que estaba profundamente interesado en la tipología y profecía del Antiguo Testamento.

A comienzos de diciembre, la Comisión para las Relaciones Religiosas con el Judaísmo (en adelante, la Comisión) publicó “Los dones y la llamada de Dios son irrevocables” (Rm 11:29) Una reflexión sobre cuestiones teológicas en torno a las relaciones entre católicos y judíos en el 50º aniversario de Nostra Aetate (N°. 4)… (en adelante, la declaración). El tema me interesa vivamente, pero otros asuntos habían pospuesto su lectura. Un artículo muy interesante de Néstor Martínez, estimado amigo de este blog, me ha decidido a ponerme al día con este asunto.

En general, la declaración en cuestión se lee con razonable facilidad y rapidez, suponiendo un mínimo conocimiento e interés en el tema. Esto es digno de alabar en un documento emanado del Vaticano, donde la mayoría necesita urgentemente una traducción del “alto eclesiástico” al idioma de los hobbits. La mayor parte de su contenido se enmarca dentro de lo que uno esperaría para este tipo de declaraciones, sobre todo considerando los recientes pronunciamientos del Concilios y de los papas al respecto. Naturalmente, lo interesante es detenerse a considerar la otra parte, aquellas que no son tan claras, o que podría interpretarse como una innovación.

Entrando en materia de relaciones entre judaísmo y cristianismo, hay dos puntos fundamentales:

  1. Fuera de Jesús, “no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres, en el cual podamos ser salvos.” (Hechos 4, 12)
  2. El vínculo de Dios con el Pueblo de Israel no ha terminado, porque “los dones y la llamada de dios son irrevocables” (Rm 11:29)

La pregunta, entonces, es cómo entender ambas afirmaciones, de forma que sean compatibles.

En su recapitulación histórica, la Comisión aborda la teoría del reemplazo o sustitucionismo, que era común entre los Padres de la Iglesia y durante el medioevo. Según esta idea, el Pueblo de Israel habría perdido su posición especial ante Dios a causa de haber rechazado al Mesías, la que se habría transferido a la Iglesia como verdadero y nuevo Israel. A veces incluso se llegó a hablar de una reproche o reprobación colectiva hacia los judíos, que se usó como excusa para el antisemitismo.

Esta idea fue rechazada por el Concilio Vaticano II, al enseñar que “los judíos son todavía muy amados de Dios a causa de sus padres, porque Dios no se arrepiente de sus dones y de su vocación.” (Nostra Aetate 4). La Comisión profundiza en esa dirección, al señalar que “La Iglesia no reemplaza al Pueblo de Dios de Israel, aunque como comunidad fundada sobre Cristo representa en él el cumplimiento de las promesas hechas a Israel” (23). También nos recuerda que Marción sostuvo que Antiguo Testamento debía desvanecerse ante la luz del Nuevo, tesis rechazada en el año 144 por la Iglesia (28).

Dado que ambas alianzas existen actualmente ¿Cómo se relacionan entre sí?

En este punto, conviene precisar algunos conceptos:

Pueblo de Israel son los descendientes de Abraham. Habitualmente se abrevia como Israel, pero no se debe confundir con el Estado moderno del mismo nombre, que es irrelevante para esta conversación.

Judaísmo es una religión que existe actualmente. Sus miembros son llamados judíos, denominación que puede ser equívoca, pues también se llama así a los miembros de la tribu de Judá. Por ejemplo, un judío que se convierte al catolicismo abandona el judaísmo como religión, pero no deja de ser judío en el sentido cultural.

Pueblo de Dios, o pueblo elegido, según el contexto se puede referir al Pueblo de Israel, a la Iglesia, o a ambos en conjunto.

Esto nos ayuda a entender la respuesta de la Comisión sobre la relación entre ambas alianzas:

El Judaísmo y la fe Cristiana, como aparecen en el Nuevo Testamento, son dos caminos por los que el Pueblo de Dios puede apropiarse las Sagradas Escrituras de Israel. Consecuentemente, la Escritura, que los Cristianos llaman el Antiguo Testamento, se abre a ambos caminos.

Con esto, la comisión parece afirmar que cristianismo y judaísmo son dos ramas que surgen de un mismo tronco: la religión de Israel. Imagino que un judío objetará a la idea de que su religión es diferente a la religión de Israel, aunque sea una adaptación de ella. En base a esta declaración, podemos decir que el judaísmo tiene 2000 años, al igual que el cristianismo.

Ahora bien, decir que ambos caminos surgen de las Escrituras de Israel no implica que ambas sean igualmente válidas, mucho menos que ambas sean igualmente salvíficas. De hecho, la mera mención de “dos caminos” en dos frases seguidas del documento, nos recuerda a la parábola de la puerta estrecha y la puerta ancha, y los dos caminos que llevan uno a la salvación y otro a la perdición. La declaración sí dice:

Una respuesta a la palabra de Dios expresada soteriológicamente, que vaya de acuerdo con una u otra tradición, puede por lo mismo franquear el acceso a Dios, quedando siempre en el poder de su consejo salvífico determinar, para cada caso, en qué manera piensa salvar a la humanidad. Las Escrituras testimonian la universalidad de su voluntad salvífica.

Este es uno de esos párrafos que demandan una traducción, por estar escrito en “alto eclesiático”. En el lenguaje común, dice que la respuesta tanto del cristiano como del judío son agradables a Dios, que quiere salvarlos a ambos. Sin embargo, que una respuesta sea agradable a Dios, y que él quiera salvar a todos los hombres, no permite concluir que los dos caminos sean equivalentes. Por eso, la declaración puede continuar diciendo que “no existen dos caminos de salvación”.

En este punto es donde difiero con Néstor. Mi amigo entiende que al hablar de que la respuesta del hombre conforme al judaísmo puede “franquear el acceso a Dios”, la Comisión se refiere a una salvación aparte de Jesús. Por mi parte, creo que la salvación es algo más que el mero “acceso a Dios”. Puede haber una alianza real, pero que no sea salvífica en sí misma, que no perdone los pecados. De hecho, ese es precisamente el punto principal de la carta a los Hebreos: todo el sistema levítico de sacrificios, a pesar de haber sido entregado por Dios, es imperfecto e inferior al sacrificio cristiano.

Luego, la declaración habla del parentesco entre el camino cristiano y judío, de un patrimonio común, de cómo, a través de la Nueva Alianza, la alianza de Abrahám cumple su promesa de universalidad. Sin embargo, no responde a su propia pregunta acerca de cómo subsiste la Antigua Alianza, en la época en que ella ya se cumplió. Para eso, se recurre a las palabras de san Pablo acerca del misterio de la Providencia Divina. La respuesta de la declaración es:

Que los Judíos son participes de la salvación de Dios es teológicamente incuestionable; pero cómo pueda ser esto posible sin confesar a Cristo explícitamente, es y seguirá siendo un misterio divino insondable (36).

No está mal recordar que el propio san Pablo se manifestó en términos de misterio y designios insondables al hablar de estos asuntos (cf. Rm 11). Sin embargo, uno espera que una declaración como esta diga algo más al respecto. Hay muchísimo paño que cortar en este ámbito, sobre todo considerando las ricas imágenes que nos dejó san Pablo sobre el punto en la carta a los Romanos, pero la Comisión no se animó a hacerlo.

Otro párrafo de la declaración que ha molestado a algunos dice:

La Iglesia se ve así obligada a considerar la evangelización en relación a los Judíos, que creen en un sólo Dios, con unos parámetros diferentes a los que adopta para el trato con las gentes de otras religiones y concepciones del mundo. (40)

Esto es consecuencia de lo desarrollado anteriormente por la Comisión, en cuanto a que el judaísmo no es propiamente otra religión. El documento va creando la imagen de que un judío estaría a la misma distancia de un católico como lo estaría un protestante, otra clase de hermano separado. Es un punto muy defendible y que justifica hablar de evangelización en términos especiales.

El problema en particular surge con la frase que sigue inmediatamente:

En la práctica esto significa que la Iglesia Católica no actúa ni sostiene ninguna misión institucional específica dirigida a los Judíos.

Muchos han leído aquí “la Iglesia no debe evangelizar a los judíos”. Eso, obviamente, es absurdo y herético. Sería absurdo que la Iglesia negara a los judíos el acceso a su propio Mesías, y que renegara de la práctica apostólica de ir primero a la sinagoga y luego a los gentiles. Sin embargo, el documento no dice eso. El texto está redactado en términos indicativos, descriptivos de lo que la Iglesia hace actualmente. Es cierto que la Iglesia actualmente no apoya ni mantiene una misión a los judíos, pero no hay aquí un juicio de valor acerca de si eso es bueno o malo.

Luego la Comisión agrega:

Pero, aunque se rechace en principio una misión institucional hacia los Judíos, los Cristianos están llamados a dar testimonio de su fe en Jesucristo también a los Judíos, aunque deben hacerlo de un modo humilde y cuidadoso.

La Comisión no dice “aunque rechazamos una misión”. Esto es importante, porque no hace suya la posición de que no debe haber una misión institucional, dejando abierto ese debate. Lo que hace es ponerse en el caso de que alguien la rechace, para decir que, incluso en esa posición, al menos los cristianos siempre deben dar testimonio de Jesús a los judíos.

Así las cosas, no me parece que la declaración sea herética ni desastroza ¿Pudo ser mejor? Sin dudas, pero este tipo de ambigüedades son esperables cuando se trata de documentos emitidos por un comité.

El nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo es anunciado el 25 de diciembre, en algunas misas, con este pregón:

En el año 5199 de la Creación del mundo, cuando al principio creó Dios el cielo y la tierra;
en el 2957 del diluvio;
en el 2015 del nacimiento de Abrahán;
en el 1510 de Moisés y de la salida del pueblo de Israel de Egipto;
en el 1031 de la unción del rey David;
en la semana 65 de la profecía de Daniel;
en la Olimpíada 194;
en el año 752 de la fundación de Roma;
en el 42 del imperio de Octavio Augusto;
estando todo el orbe en paz;
en la sexta edad del mundo:
Jesucristo, Dios eterno e Hijo del eterno Padre, queriendo consagrar al mundo con su misericordisísimo advenimiento, concebido por el Espíritu Santo, y pasados nueve meses después de su concepción, (Se arrodillan todos los circunstantes, y prosigue el cantor en tono más agudo):
“nació hecho Hombre, de la Virgen María, en Belén de Judá”.

Navidad de nuestro Señor Jesucristo según la carne.

Quería dejarlo aquí, porque no me fue fácil encontrarlo en la red, y no hace daño que la versión en español esté en un lugar más.

Encuentro fascinante este texto de la liturgia, porque nos recuerda que no somos criaturas del día a día, que más allá de nuestras preocupaciones cotidianas hay un drama cósmico que se desarrolla ante nuestros ojos, y del que somos parte. También reflejan que la navidad no es un evento legendario, que hubiera ocurrido en los tiempos de “érase una vez”. La encarnación del Ser Supremo y fundamento de toda la realidad, ocurrió en un día y lugar determinados.

Es interesante también que incluye no solo referencias bíblicas. También ubica la venida de Cristo en relación a la fundación de Roma y las olimpiadas, dos de los calendarios más populares en tiempos de Jesús. Con ello, se nos da a entender que la navidad es un suceso de alcance universal, que no afecta solo a los judíos y cristianos, sino también a los paganos.

Eso debería recordanos que el mundo antiguo era mucho más cosmopolita y tolerante que el nuestro. En una misma ciudad no solo convivían diferentes religiones, a veces con principios diametralmente opuestos, sino también calendarios particulares de cada barrio.

Hay otra versión, usada con más frecuencia que la que pongo aquí, y que no hace referencia a los años exactos de los eventos de la primera parte. Creo que la cambiaron por temor a que los fieles pensaran que las fechas de la creación del mundo o del diluvio eran cuestiones de fe. En mi opinión, eso implica menospreciar a los católicos, porque cualquiera se puede dar cuenta que el significado literal no es relevante. Por ejemplo, dada la violencia tan común en el mundo antiguo, nadie espera que “estando todo el orbe en paz” significa que justo ese año o ese día a nadie se le ocurrió enojarse con su vecino.

Imagino que es un poco tarde para hablar del sínodo de obispos realizado en Octubre de este año en Roma. Casi dos meses atrás, y con tres o cuatro ataques terroristas entre medio, ya no es noticia para nadie. En mi defensa, quienes hayan pasado antes por acá saben que lo mío no son las respuestas inmediatas a las noticias.

Mi reflexión al respecto es más en línea con el suspiro cansado de quién se da cuenta cuánto se ha alejado el mundo de la Iglesia. Debo reconocer que soy un hijo de los años ’80 del siglo pasado. En esa época, el Papa Juan Pablo II hizo su sello el viajar por todo el mundo expandiendo el mensaje de respeto a los derechos humanos por todo el mundo. También llegó a Chile en el año 87. En todas partes donde iba era recibido con alegría y expectación. Su mensaje era uno de dignidad y esperanza. Por supuesto que no todos eran católicos en esa época, pero al menos no era sinónimo de fundamentalismo e intolerancia. Tal vez no era la opción más popular afirmar la doctrina de la Iglesia en todas sus partes, pero al menos era una opción respetable.

Treinta años más tarde, hemos experimentado la crisis de abusos sexuales, el resurgimiento del fundamentalismo musulmán y el terrorismo, y la victoria del movimiento LGBT. Parece que viviéramos en otro mundo. Supongo que algo parecido debió sentir una persona nacida en 1890, que solo conoció carros tirados por caballos en su niñez pero pudo ver la llegada del hombre a la luna, cuando era anciano. Solo que donde ese hombre sentía esperanza y maravilla, uno como católico siente exactamente lo contrario.

Hoy en día, la Iglesia se enfrenta a dos grandes peligros, que son como Escila y Caribdis. Por un lado está la tentación de ceder ante el mundo, y convertir a Jesús en un maestro espiritual más, lleno de palabras consoladoras y misericordiosas para aplacar la inquietud espiritual de algunos hombres modernos. Por otro, la de convertirnos en una secta, fiel a la doctrina pura del evangelio que se conserva desde antiguo, pero sin dialogar con los de afuera por temor a que nos contaminen. Debo admitir que a mí me parece mucho más atractiva la segunda opción. La primera es absurda. Jesús prometió estar con su Iglesia hasta el fin de los tiempos y no dejará que el evangelio se diluya, ni se actualice, por mucho que la nueva versión prometa hacer lo mismo pero más fácil. La segunda alternativa, en cambio, parece que nos llevar a perder a mucha gente para el evangelio, pero el cristianismo no está pensado como una religión de masas, para los mediocres. Además, por mucho tiempo, su época de oro en opinión de algunos, la Iglesia sobrevivió como una minoría perseguida. Es más factible, que eso ocurra.

¿Qué tiene que ver todo esto con el Sínodo?

Creo que en este sínodo se expresaron claramente esas dos tentaciones. Uno esperaría que los padres sinodales se encontraran firmemente asentados en la doctrina de la Iglesia, pero no es así. Hay muchos cardenales y obispos que no ven inconveniente alguno en que el mundo le dicte a la Iglesia lo que debe hacer con sus sacramentos y doctrinas. Esto no es una calamidad de nuestro tiempo, esto ha sido así desde que Jesús escogió a Judas para ser su apóstol, y junto a él a Pedro, Mateo y Andrés. Los doce diferentes, y provenientes de diferentes realidades. Tal como los apóstoles discutían a espaldas de Jesús acerca de quién era el más importante, hoy los padres sinodales no logran ponerse de acuerdo acerca de la dirección que debe tomar la Iglesia. La relatio final del sínodo no logra cristalizar un consenso acerca de cuestiones sobre las que no podría haber dudas. Se mantiene la doctrina, pero no se la proclama con claridad.

Curiosamente, el hecho de que la Iglesia no sea una secta es lo que ha protegido a la doctrina. Si todo dependiera de los obispos de los países ricos, hace tiempo que la Iglesia estaría entregando actas de divorcio y casando por cuarta o quinta vez, con los debidos ritos penitenciales. “Pero solo 5 veces ¿eh?, no más, porque un sexto matrimonio es un pecado intolerable”. Han sido los padres que provienen de países pobres los que han defendido con eficacia la doctrina. Eso me lleva a pensar que la opción de la secta es tan peligrosa como la de venderse al mundo.

Se necesita una mano firme para navegar entre ambos peligros, pero el Papa Benedicto ya le puso un nombre al rumbo que debe seguir la Iglesia: una minoría creativa. Minoría, sin duda, no están los tiempos para pensar en naciones católicas, ni en leyes civiles inspiradas en la justicia. Pero también creativa, alegre, en salida, recordando a quien quiera escuchar, que hay esperanza, que fe y razón no se contradicen, tampoco alegría y verdad, ni ciencia y religión.

Antes de deplorar que el sínodo no haya sido más claro, veamos a su contexto. Es lamentable que todavía se hable de la comunión a los re casados como una posibilidad, pero pensemos que el mundo resolvió que el divorcio era bueno y loable hace muchísimo tiempo. El solo hecho que la progresía eclesial esté reducida a un par de párrafos ambiguos en la relatio final demuestra la solidez de la doctrina de la Iglesia. Lo mismo correspondería decir acerca de cuestiones como la anticoncepción y el celibato sacerdotal.

Hubo un tiempo en que la doctrina de la Iglesia era como una torre de marfil en medio de una ciudad bullente y activa. La ciudad se llamaba “decencia” y en su puerta, la torre decía “camino a la santidad”. Hoy esa ciudad se muestra arrasada hasta sus cimientos, pero la torre de marfil sigue ahí. Está mellada, cierto, porque el ataque del enemigo es fiero y real, y ya nadie pule sus almenas, pero eso no quita un ápice del milagro que es que siga en pie.

Hola Hermano

Desde que nos avisaste hace medio año que te ibas a casar, he venido pensando algunas cosas que me gustaría hablar contigo acerca del matrimonio. Ahora faltan apenas un par de meses y no creo que tengamos la ocasión de sentarnos a conversar, así que te las escribo. Ojalá te sirvan.

Punto uno, hombres y mujeres son diferentes. A veces nos reímos de esas diferencias, otras las sufrimos. En general esas diferencias no son relevantes, en el trabajo, el deporte, los estudios etc. El único lugar donde sí importa es precisamente en la relación entre hombres y mujeres. Verás: las mujeres invierten mucho más en cada relación que los hombres. No es culpa de nadie ni tiene que ver con el cariño en la pareja, simplemente es producto de la naturaleza.

La mera posibilidad del embarazo establece una gran diferencia. Para que decir si esa posibilidad se convierte en una realidad. Incluso si deciden no tener hijos por ahora, el solo paso del tiempo conlleva un costo para la mujer que el varón no soporta. También desde el punto de vista laboral, que la mujer esté en una relación conlleva un estigma que el varón no recibe. A veces le van a preguntar si quiere tener hijos, otras no, pero lo van a pensar, y eso se traduce en una desventaja frente a otros postulante.

Por así decirlo, una relación de pareja a la mujer le cuesta $100 y al hombre solo $50. El matrimonio viene a igualar esa relación. Para el varón, casarse prácticamente no tiene beneficios directos. Lo hacemos, no solo por amor, sino por justicia. Al casarnos reconocemos públicamente, ante su familia y amigos, que lo que ellas nos entregan es maravilloso. Su vida, su cariño, sus hijos, es mucho más valioso de lo que nosotros jamás podríamos ofrecerles. Por eso, la única respuesta que nos corresponde en justicia es nuestra promesa de perpetuo servicio, respeto y protección. No alcanza a igualar lo que ellas nos dan, pero es lo mejor que podemos ofrecer.

Esa es, entonces, la naturaleza del matrimonio para un hombre.

Punto dos, el matrimonio es indisoluble. No porque Dios lo diga (que lo dice) sino porque el amor lo exige. Antiguamente el matrimonio era un contrato entre dos familias, y como todo contrato podía disolverse cuando dejaba de ser mutuamente beneficioso. Hoy todavía hay gente que se presenta ante el oficial civil con esa actitud, pero no están realmente casados, simplemente intercambian servicios.

El amor cambia todo eso. Decir “me caso por amor” equivale a “me caso por el bien de ella”. Por lo mismo, lo que tú puedas obtener del matrimonio se vuelve irrelevante. Lo que sea el bien de ella puede cambiar con el tiempo (incluso comprende situaciones en las que sea necesario dejar de vivir juntos), pero es evidente que nunca podrá ser el que tú la abandones por otra persona.

Esa es una promesa difícil de cumplir, pero hay personas en este mundo que se la merecen, por ser maravillosas. Estoy seguro que Javiera no se merece nada menos que esa promesa de amor eterno.

Punto tres. No pienses ni por un momento que eres un adulto. Aunque el matrimonio se asocia con la adultez, estás a punto de comenzar un viaje que te cambiará para mejor. Tu esposa te va a enseñar mucho y tus hijos te harán madurar en direcciones que no habías imaginado. Por ejemplo, te vas a dar cuenta que ir conduciendo un auto de noche, con un niño llorando de sueño y aburrimiento en el asiento trasero, mientras su madre pierde la paciencia intentando tranquilizarlo… es algo muy parecido al cielo.

Por lo mismo, recuerda ser dócil a todas las cosas que el matrimonio intenta enseñarte, atento a todo lo que ella necesite, obediente a todo lo que te pida.

Eso por ahora. Ya sabes como los hombres en nuestra familia opinan de todo y tienden a alargarse en los discursos, así que dejémoslo ahí. Cuando tenga sobrinos podremos conversar de algunas cosas más. Un fuerte abrazo y un gran beso.

Tu hermano que te quiere.

PAS

Según nos cuentan las agencias de noticias, Chile es uno de los pocos países que prohíben el aborto en todos los casos. El actual gobierno de la dra. Bachelet, sin embargo, se ha propuesto cambiar eso, volviendo a establecer el aborto en situaciones de violación, enfermedad grave y peligro para la madre. Ese proyecto de ley se discute actualmente en el Congreso.

La retórica del debate tiende a dividirse en líneas políticas: la derecha conservadora en contra del aborto y la izquierda progresista a favor. Así, los bandos se alinean de una forma tan natural que nos parece obvia. Sin embargo, la defensa de la vida humana cumple con todos los requisitos para ser una bandera progresista. En primer lugar, se trata de proteger al más débil, pero más importante, es que la protección de la vida humana es un ámbito donde la humanidad ha ido progresando muy lentamente.

Por ejemplo, en casi todas las culturas ha existido una pena diferente para el homicida, según quién fuera su víctima: esclavo, hombre libre, noble o el rey, hombre o mujer. Actualmente las distinciones que persisten se basan en la relación entre el agresor y su víctima (parricidio e infanticidio), pero en general todos los seres humanos tenemos la misma protección… salvo el que no ha nacido. Mantener esa distinción es una actitud conservadora, que contradice el curso que ha seguido la historia en lo que respecta a la protección de la vida humana.

El movimiento pro-vida también ha sido conservador en cuanto a mantener el status quo respecto a la ley de aborto en Chile. Nos quedamos contentos con que en Chile se castigue todo aborto, y pensamos que eso basta para proteger la vida humana. No es así.

Acá dejo al menos tres reformas legales necesarias para proteger más eficazmente la vida, para ponernos a la ofensiva:

#3. Eliminar la figura del infanticidio.

En Chile, si una madre mata a su hijo se castiga como parricidio, con pena (en principio) de 15 años. Sin embargo, si eso ocurre dentro de las 48 horas después del parto, la pena se reduce a 5 años. Recordemos que un homicidio simple, de un adulto desconocido, tiene pena de 10 años. El infanticidio en Chile es una figura privilegiada, que tiene penas menores que el homicidio, y que se aplica, no solo a la mujer sino a los ascendientes: abuelos y abuelas de la víctima.

Los profesores de derecho penal explican que este es un resabio de la legislación romana que otorgaba al pater familia poder de vida y muerte por sobre todos los miembros de su casa. Otros más liberales estiman que esa norma debe mantenerse, por las situaciones de depresión post parto. Ninguna de estas dos justificaciones es razonable.

Lo irónico es que cuando ocurre un delito así, la gente habla de infanticidio como si fuera lo peor del mundo, ignorantes de que están beneficiando a la mujer que mató a su hijo.

#2. Proteger al nonato que muere en un accidente de tránsito

Si alguien mata a otro en un accidente de tránsito, las penas que se aplican son ridículamente bajas. Hablamos de apenas dos meses de cárcel. En cambio, si quien fallece es un niño que todavía no ha nacido, eso no es delito. Simplemente no hay forma de hacer responsable al conductor que causó al accidente por la pérdida de esa vida.

¿Cómo es esto posible? En Chile los delitos por imprudencia se castigan solo cuando se trata de un delito “contra las personas". A su vez el Código Penal contempla el homicidio y las lesiones bajo el título “delitos contra las personas". El aborto, en cambio, se encuentra bajo el título de los delitos contra el orden de las familias.

Nuevamente, esta situación solo tiene una explicación histórica, que no se condice con la percepción de la población respecto del sufrimiento de una madre que pierde a su hijo en un accidente de tránsito.

#1. Establecer la misma pena al aborto que al homicidio

Sin entrar al debate acerca de en qué situaciones la mujer podría decidir matar a su hijo, nadie discute que el aborto provocado por un tercero sin el consentimiento de la madre debe ser castigado. Actualmente la pena para esa conducta es parte en 3 años, lo que no se condice con la protección integral de toda vida humana. Antiguamente podía pensarse que el feto estaba en un proceso de desarrollo que no terminaba hasta bien avanzado el embarazo. En cambio, hoy en día sabemos que a las doce semanas, cuando ni siquiera se nota a simple vista, el niño ya está completamente formado.

Incluso quienes están a favor del aborto no tienen razones para que se beneficie con una pena menor al homicidio, a un tercero que comete aborto contra la voluntad de la madre (y seguramente también actuando contra su cuerpo).

¿Tienen otras ideas que nos permitan defender la vida, más allá de simplemente oponernos a la legalización del aborto?

A veces, muy pocas veces, el diablo se quita la máscara y se atreve a decir abiertamente lo que pretende. Es triste cuando lo hace, porque significa que no teme ser rechazado incluso en su horrible forma verdadera.

En días recientes, la derecha chilena ha estado trabajando en una nueva coalición política, llamada Chile Vamos. Es un cambio importante en la escena política, que se ha mantenido sin cambios desde el plebiscito de los ’90. Esta nueva agrupación la conformarían, no solo los partidos tradicionales de la derecha (la Unión Demócrata Independiente (UDI) y Renovación Nacional (RN), los únicos que han existido por 30 años), sino también nuevos movimientos: Evopoli y el Partido Regionalista Independiente (PRI). La polémica surgió, como era lógico, cuando se planteó si la defensa de la vida debía ser un principio fundamental de la nueva coalición.

En esa polémica intervino Francisco José Covarrubias, ingeniero y profesor de la Universidad Adolfo Ibáñez (UAI), señalando que la derecha chilena era ultraconservadora por discutir estos temas y que figuras exitosas de la derecha internacional como Cameron, Rajoy y Tatcher, al parecer no tendrían lugar en esta nueva agrupación.

Si alguien quiere decir que por apoyar causales que están aprobadas en todas partes del mundo no puede estar en Chile Vamos, quiere decir que el fundamentalismo es propio de esta sociedad. Me llama la atención que los jóvenes de derecha han terminado siendo más conservadores que su generación predecesora.

Primero, reiterar que tristes son estos tiempos, cuando “proteger la vida humana inocente” es considerado fundamentalismo. El fundamentalismo se refiere a imponer máximos morales, mientras que proteger al inocente debería ser el piso mínimo para considerar a una sociedad civilizada. Hoy en día, sin embargo, a ese mínimo evidente incluso para un niño se le llama insoportable. Al menos los viejos adoradores de Moloch se justificaban con que servían a un dios horroroso; sus discípulos modernos, en cambio, sacrifican a sus hijos por evitarse las molestias.

Segundo, ¿Qué hay de extraordinario en considerar ciertos principios como fundamentales eso? Toda agrupación política tiene derecho a decir “estos son mis principios, no puedo ir más allá”. A nadie debería descalificarse por hacer eso, es más se deberían alabar esta clase de declaraciones. Si un partido de la concertación que apoya al actual gobierno admitiera la diversidad y a diferentes posiciones en torno a la tortura o la desaparición de personas, seguro que de inmediato lo expulsan de la coalición. ¿Por qué sorprende que otros hagan lo mismo con el homicidio de niños?

La mentalidad que se encuentra tras esa reacción de escándalo es digna de consideración. Si la defensa de la vida inocente fuera un mandato religioso, entendería la reacción del profesor Covarrubias. Por ejemplo, yo también rechazaría la propuesta que todos los miembros de Vamos Chile deben ir a misa, como una cuestión política fundamental. Esa es una exigencia propiamente religiosa, que no puede ser exigencia para pertenecer a una coalición política.Luego, la pregunta es ¿pertenece el aborto al mismo grupo? ¿No hay nada que el Estado debe decir aquí? La gente sana considera que el Estado debe proteger la vida humana, y por eso todas las naciones tienen leyes de aborto. Solo el liberal dogmático piensa que acá no hay nada que decir, y que la oposición al aborto es una cuestión de deber religioso.

Seguro que don Francisco José se considera moderado, pero también existe el extremismo liberal.

Tercero, bien por los jóvenes de derecha, que han respondido al desafío de defender los principios. Lo que el profesor Covarrubias considera sorprendente es precisamente lo único que puede detener el alejamiento de los jóvenes de la política. La política se ha desprestigiado, precisamente por esta clase de tratos faustianos: renuncia a tus principios, y a cambio te doy la posibilidad de acceder al poder. Por supuesto, el truco del diablo es no entregar nada a cambio de tu alma. La “coalición amplia y abierta” que se pretende no garantiza el poder, apenas es antesala de la ilusión de obtenerlo. Otras veces la derecha ha aceptado este trato, y así se ha quedado sin principio y además ha perdido espacio político año tras año.

A veces el diablo se quita la máscara. Roguemos a Dios para que seamos capaces de reconocerlo.

No, no el grupo que cantaba two princes en los noventas. Me refiero a los expertos en manipular las malas noticias. En el ámbito de las relaciones públicas se han desarrollado varias técnicas para presentar las noticias de la forma más favorable posible, darles la vuelta (spin, en inglés). Al especialista en esas técnicas se les llama “spin doctor”.

En septiembre del año pasado les dijimos qué iba a suceder (si me permiten la autocita):

Desde luego, los sectores que han creado expectativas de un cambio radical en la Iglesia se verán decepcionados, y seguramente intentarán lidiar con esa decepción apelando al “espíritu del sínodo” o “la intención del Papa”, ignorando su mensaje escrito.

Pues vaya sorpresa: el sínodo terminó recién ayer, y el P. Costadoat ya está anunciando a los cuatro vientos que habrá comunión para los vueltos a casar. Pensé que al menos esperarían a la exhortación post sinodal para tratar de negar su derrota.

Hay numerosas técnicas que se usan para ponerle un giro favorable a la noticia. Por ejemplo, una de las más básica es poner el titular entre signos de interrogación. “¿Es el Papa un reptil alien?” puede ser el titular de un artículo lleno de las más locas especulaciones, que luego, cuando todos los comentaristas denuncien lo irresponsable y ridículo que resulta, el periódico puede defender diciendo que solo era una pieza editorial.

Como un experto, el P. Costadoat es más sutil al manipular del resultado del sínodo. El título parece afirmar un hecho: que el sínodo decidió que las personas en poligamia serán admitidos a la comunión sacramental, y solo restaría implementar esa decisión. El artículo, sin embargo de entrada niega que tal cosa haya ocurrido, y empieza con :

Es temprano aun para sacar muchas conclusiones. Pero si este Sínodo no representa un paso adelante, lo será hacia atrás, justo cuando más la Iglesia necesita avanzar. Como digo, no podemos aun ofrecer una opinión acabada, pues recién disponemos del texto final en italiano.

Más adelante se pregunta “¿Podrán los divorciados vueltos a casar comulgar en la misa?” y se responde “El Sínodo no excluye la posibilidad, es decir, sí, podrán hacerlo”. Cualquier persona se preguntaría cómo el silencio del Sínodo (que, ya nos cansamos de repetirlo, no es una instancia deliberativa) se convierte en un imperativo para toda la Iglesia.

Esta manipulación es grave, porque se funda en la enorme ignorancia que existe en la sociedad respecto al sínodo y al funcionamiento de la Iglesia. El P. Costadoat sabe que nada se decide en el sínodo, pero lejos de advertir esto y despejar las dudas, se sirve de ellas para avanzar su agenda.

Dice también:

El criterio [de integración] proviene del Instrumentum laboris que recogía el parecer de las iglesias de distintas partes del mundo y que insistentemente no quería exclusiones, sino inclusión e integración. Estas personas han de ser acogidas con especial cariño y han de poder participar lo más posible en la misa.

Es decir, nuestro Spin Doctor quiere imponer a los padres sinodales lo que decía hace años un borrador preliminar a su trabajo, que no otra cosa es el Instrumentum laboris.

Por último, el Sínodo pide que este discernimiento sea acompañado por un sacerdote. ¿Para qué, se dirá? ¿Para cerrar de nuevo la puerta? […] La decisión final queda entregada a un examen de conciencia y a una decisión que, pensamos, solo puede pertenecer a las personas afectadas.

Es cierto que la Relatio final del sínodo habla de un discernimiento acompañado por un sacerdote, pero no es necesario preguntarse para qué, la Relatio responde directamente esa pregunta.

El coloquio con el sacerdote, en el fuero interno, contribuye a la formación de un juicio correcto sobre lo que dificulta la posibilidad de una participación más plena en la vida de Iglesia
y los pasos que pueden favorecerla y hacerla crecer. [negrita nuestra]

Y agrega la Relatio:

Teniendo en cuenta que la misma ley no hay gradualidad, este discernimiento no podrá nunca prescindir de las exigencias de la verdad y de la caridad del Evangelio propuesto por la Iglesia.

En fin, que no se encuentra en la Relatio final del Sínodo algo que aliente las delirantes esperanzas de los católicos como el P. Costadoat, pero eso no los detendrá en sus intentos de manipulación. El resto de los medios de comunicación chilenos ha guardado un llamativo silencio al respecto, incomprensible ante la gran expectativa con que informaron hace un par de semanas del inicio del Sínodo.

Para los spin doctor de España, véase la entrada de hoy en el blog de Luis Fernando.

No me gusta el feminismo, porque no es más que machismo a la inversa. El feminismo identifica a dos enemigos: el macho y la feminidad. Al macho intenta destruirlo, derribarlo, ocupar su lugar. Ven al varón gobernando como déspota desde la cima de la colina, y dicen “yo debería estar ahí, yo quiero ser la tirana". También rechaza la feminidad, porque la percibe como debilidad.

Al final del día, las feministas le rinden un homenaje al macho, pues tratan de convertirse en uno. El feminismo valida el machismo, como la mejor forma de ser y de vivir.

“El reformista siempre está en lo correcto sobre lo que está mal. Generalmente está mal sobre lo que es correcto” Chesterton dixit[1], y el feminismo es un caso más de ello. Tiene razón el feminismo en denunciar el mal trato a la mujer, la injusticia en el trato y la discriminación injustificada. El problema es que habitualmente su solución pasa por convertir a las mujeres en una caricatura del hombre.

Es cierto que se felicita al varón por ser promiscuo, mientras la misma conducta se censura en la mujer. El feminismo denuncia esa situación, pero deja al hombre en su promiscuidad, y en cambio propone que la mujer sea más machista, y alardee también de la suya.

Como todo hijo legítimo del marxismo, el feminismo tampoco es muy adepto a usar la razón. Su enrevesado autoengaño llega a proporciones épicas, cuando se denuncia la presencia de mujeres semidesnudas en la TV, al tiempo que se celebra el tener varones semidesnudos en el escenario como la cúspide de la liberación femenina.

También es cómico cómo se quejan de la falta de solidaridad entre las mujeres, cuando en realidad lo que lamentan es la falta de adhesión a sus doctrinas. En esto también se nota su filiación marxista, pues el comunismo, a pesar de que dice defender a las grandes masas, jamás ha logrado que esas mismas masas los respalden. Los feministas no entienden que las mujeres no los sigan, pero es que la mayoría de las mujeres no quieren ser hombres. Tampoco quieren ser más masculinas.

La única respuesta a la injusticia que sufren las mujeres es el cristianismo (sí, ya sé “sorprendente” ¿no?). Feminidad y cristianismo están estrechamente ligados: ambas son fuerzas que tienden a la civilización. El paganismo y el machismo es el barro donde la barbarie se revuelca y crece.


[1] Oct. 28, 1922 - de una columna en The Illustrated London News.

Con el sínodo ad portas, muchos esperan que la Iglesia cambie su doctrina. Llegan a decir que es inevitable. Otros se atreven a amenazar: si la Iglesia no cede a sus demandas, los laicos abandonarán a la jerarquía (Todavía no es claro si al retirarse irán gritando “¡Crucifíquenlo!” y “No tenemos otro rey que César")

Es cierto que en la Iglesia cambian muchas cosas. Cambian las personas, pues algunos se van y muchos llegan; cambian los edificios, la liturgia, incluso las traducciones de la Biblia. La Iglesia católica es una realidad enorme y viva, cuyos diversos aspectos se mueven y se adaptan a lo largo del tiempo y mucho.

Sin embargo, la Iglesia no cambia su doctrina. Al menos no lo hace en el sentido secular, como le gustaría a esos que esperan un cambio en el sínodo. En Estados Unidos, por ejemplo, existe la Mexico City Policy, que prohíbe a las ONG gringas promover y prestar servicios de aborto en el extranjero. Cuando hay un Presidente republicanos esa política se implementa, y cuando es demócrata se ignora. Así, la política estadounidense respecto al aborto va de un lado para otro, como un borracho. La política es así, pero la Iglesia no.

La Iglesia no cambia su doctrina católica. La desarrolla y la define. ¿Cuál es la diferencia?

Desarrollo es lo que sucede cuando una nuez se convierte en nogal. Si un hombre planta una semilla en el jardín y regresa 5 años más tarde, en su lugar hallará un árbol. A simple vista un árbol no es una semilla, ni se le parece, ni siquiera es una semilla más grande. ¿Dirá entonces que el plantó una semilla y que se la han cambiado? Claro que no. Si conoce lo que plantó, se alegrará de haberlo hecho y de que esa semilla ahora es algo mucho más grande y útil.

En cambio, si lo que encuentra al volver no es un nogal sino un manzano, por supuesto que se quejará de que lo que hoy tiene no es lo mismo que él plantó. No importa si pasó mucho o poco tiempo o lo parecidos a la vista que sean el nogal al manzano. Simplemente no son lo mismo y alguien se lo ha cambiado.

En este sentido, la Iglesia desarrolla su doctrina, sin cambiarla jamás. Desde luego, esta analogía no es original. Es la misma que usa Jesús para referirse a la Iglesia. En particular respecto a la doctrina, la desarrolló el beato John Henry Newman en su Ensayo sobre el Desarrollo de la Doctrina Cristiana [en inglés]. En su excelente artículo La doctrina cristiana ¿Desarrollo o evolución?, el apologista José Miguel Arráiz explica varios casos de desarrollo en la doctrina católica, sin que haya jamás un cambio. Ejemplos como la trinidad, o el canon del Nuevo Testamento.

Lo mismo se expresa al decir que “La Iglesia define su doctrina". Uno puede recibir tres imágenes de un mismo sujeto, con diferente definición. En la primera podemos notar que se trata de un varón, en la segunda su edad y sus rasgos, y en la última podemos que se trata de nuestro padre. Lo que nadie podría decir, mirando esas imágenes, es que se nos muestra un animal o un objeto. Con la doctrina católica ocurre algo similar: en algún momento puede ser válido manifestarse en contra de la inmaculada concepción, pero no una vez que contamos con una definición de la Iglesia. Lo que nunca puede decirse es que María pecó alguna vez.

La idea del desarrollo de la doctrina debe orientarnos para saber qué es aquello que puede desarrollarse, y en qué dirección. En asuntos de ordenación al sacerdocio, o anticonceptivos, y otros similares, en vano esperan los zurdos. Lo mismo podrían esperar que la Iglesia apoyara la esclavitud, solo porque no hay una condena expresa en la Biblia. Esos trenes ya partieron, y más les convendría decidir si reforman su conciencia o se buscan otra religión.


Karadima Luego del nombramiento del Obispo Juan Barros como ordinario de la diócesis de Osorno por el Papa Francisco, numerosos laicos y sacerdotes de todo Chile han objetado esa designación, y le han pedido que no asuma o que renuncie. El motivo de esta resistencia al nuevo obispo de Osorno es que Juan Barros fue miembro de la asociación sacerdotal formada en torno a Fernando Karadima, sacerdote chileno que en 2011 fue condenado por Roma, por abusos sexuales y psicológicos reiterados.


Hasta ahora, Juan Barros no había sido objeto de ninguna acusación, ni por abuso ni por encubrimiento, prestó declaración como testigo en el proceso canónico contra Karadima, pero nunca fue investigado como supuesto encubridor, y en declaraciones recientes, a raíz de todas estas manifestaciones, él ha dicho que jamás conoció ni menos aprobó los abusos de Fernando Karadima.


Esos son los hechos. A pesar de eso, la oposición al nuevo obispo de Osorno ha sido férrea y sostenida, incluso desde los sacerdotes de la diócesis y de la conferencia episcopal.


No conozco al obispo Barros, ni sé más de él de lo que se ha publicado en la prensa, ni tampoco conozco en mayor detalle el caso Karadima. Por eso, no tengo ningún interés en defenderlo ni puedo entregar mayores antecedentes sobre el caso concreto. Lo que me motiva a publicar la siguiente reflexión es simplemente corregir una percepción errada acerca de los pedófilos en nuestra sociedad, y que parece estar perjudicando al nuevo obispo.


En efecto, cuando se acusa al obispo Barros de encubrir a un pedófilo, lo que está operando es una lógica de la sospecha. Se supone que, por haber sido una persona que formaba parte de círculo cercano de Karadima, necesariamente tuvo que haber sabido lo que ocurría en su entorno, y luego se razona que si no lo denunció, entonces es responsable de haber facilitado los delitos un pedófilo. A primera vista, este razonamiento parece correcto, pero lo cierto es que parte de una premisa que la experiencia me ha demostrado que es falsa.


La mayoría de las personas tiene la percepción de que los agresores sexuales, y con mayor razón los pedófilos, son personas profundamente diferentes del resto de la gente con las que se encuentran cada día, al punto de no poder llevar un funcionamiento normal en la comunidad, que son una especie de monstruos, una aberración humana. Por lo mismo, se supone que cualquiera con un mínimo de atención a los detalles, podría darse cuenta de que está ante un pedófilo, y con mucha mayor razón las personas que están cerca de él y siguen sus actividades diarias deberían poder darse cuenta de esto.


Sin embargo, mi experiencia me lleva a dudar de esta idea común. En razón de mi profesión, me ha correspondido estar presente en numerosos juicios orales y entrevistas con personas que en definitiva han resultado condenadas por delitos sexuales contra menores de edad, y cada vez me convenzo más que esa percepción está profundamente equivocada, y es dañina, sobre todo para las víctimas.


Es verdad que hay sujetos que simplemente no pueden ocultar que se sienten atraídos sexualmente hacia los menores de edad, pero esos casos suelen observarse en personas severamente privadas desde el punto de vista intelectual o cultural. Sin embargo, estas personas no son la mayoría. Las conductas pedofílicas están presentes en todos los niveles de la sociedad, y son precisamente los pedófilos más inteligentes y educados los que logran mantener una imagen de normalidad por más tiempo. Naturalmente estos son los más peligrosos y los que causan mayores daños a los niños.


De hecho, en los juicios por abuso sexual de niños, la estrategia más común de la defensa es negar que los hechos ocurrieron, no solo porque rara vez hay testigos, sino además porque hay psicólogos y testigos que afirman categóricamente que el acusado no tiene el “perfil de un pedófilo”. Así, en las audiencias de juicio una y otra vez se escucha la declaración de expertos psicólogos y numerosos familiares, incluso menores de edad, que declaran que por años convivieron con el acusado, sin que jamás hayan notado nada extraño, e incluso que la relación del acusado con los niños era normal en todo sentido. A pesar de estas pruebas, los tribunales sigue condenando a estos sujetos


¿Cómo es eso posible? ¿Acaso hay tantas personas dispuestas a mentir para encubrir a un pedófilo, porque resulta ser su pariente o un simple conocido? Creo que no, que la enorme mayoría de la todavía encuentra repugnantes estas conductas, y se negaría a prestar su apoyo si tuviera una sospecha de que son verdad. Bueno, si eso es cierto entonces ¿Cómo es posible que haya testigos dispuestos a declarar a favor de estos sujetos?


La única explicación posible es que el pedófilo tiene que desarrollar la capacidad de proyectar una imagen de “normalidad”, de engañar precisamente a las personas que le son más cercanas y con las que convive día a día, es decir a quienes podrían darse cuenta de esas conductas y denunciarlo. Desde luego, las personas con mayor capacidad intelectual y cultural son mejores en este tipo de constante engaño en que deben vivir para sostener su depravación, y gravitan hacia labores que pueden ser percibidas como de bien social o de alto prestigio en medio de la comunidad. Por eso son mucho más peligrosos que el pedófilo de baja condición social.


Dada la naturaleza de los debates en internet, no faltará quien lea las primeras línea de este texto, y se dirija a los comentarios asumiendo que intentamos hablar en favor del obispo Juan Barros. Nada de eso. Si el obispo Barros sabía o siquiera sospechaba lo que hacía su mentor, y no lo denunció, que el Papa Francisco lo despoje de la diócesis de Osorno y nunca más vuelva a ejercer como superior jerárquico de nadie. Pero eso depende de un gran “si”, es decir, de la condición de que esos cargos se denuncien y se investiguen por un juez imparcial.


Más importante, lo que sí quiero decir es que no caigamos en el error de pensar que, por pasar mucho tiempo con una persona, conocemos su carácter y lo que hace. La próxima vez que nos pregunten si conocemos a un pedófilo, hay que pensarlo muy bien antes de responder que no.



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Grafico Soy un convencido de que el principal factor que permite entender y explica los cambios sociales es el desarrollo tecnológico.


Mis ejemplos favoritos para demostrarlo son la aparición de las armas de fuego que suscitaron el surgimiento del Estado moderno, al concentrar en manos de unos pocos el poder de controlar a las grandes masas; y la píldora anticonceptiva, que cambió el rol de sexo en la sociedad, y dio carta de ciudadanía a una serie de conductas que hasta ese momento no eran dignas sino de la prostitución.


Naturalmente, el gran desarrollo tecnológico de nuestra era es la internet, y naturalmente muchos han notado, con mayor o menor alegría, que las características de este nuevo medio puede poner en peligro los viejos dogmas de las sociedades cerradas, entre ellos las religiones tradicionales (no se engañen, acá “religiones tradicionales” equivale a cristianismo). Pero ¿es esta una expectativa razonable?


En religion may not survive the internet publicado a comienzos del año 2013, y que recibió bastante difusión en webs ateas, se propone que el libro flujo de información que está a la base de internet anuncia el fin de las religiones tradicionales, y que la mezcla de avance científico y relaciones virtuales pondrían fin a los espacios que todavía ocupa la religión.



Esta forma de razonar tiene cierto fundamento. En las sociedades medievales, cuando los clérigos eran los únicos que podían recibir cierto grado de instrucción, la religión, a través de sus fiestas y tiempos litúrgicos, marcaba también la vida civil, regulando los tiempos de trabajo y de diversión. Incluso el día estaba marcado por las campanadas de las iglesias, llamando a los fieles a recordar la liturgia de las horas. Luego, cuando la cultura se extendió por la sociedad, cada uno fue capaz de observar los fenómenos naturales para determinar las fechas en que se debía sembrar o cosechar los frutos, y la Iglesia perdió una parte importante función social, y con ello un grado importante de influencia en la sociedad en su conjunto.


El artículo que mencionábamos, sostiene que la religión evoca sentimientos de alegría, trascendencia y maravilla, los que también pueden ser experimentados a la luz de los descubrimientos científicos; y que los aspectos más dogmáticos, ridículos, opresivos o violentos de la religión, no pueden persistir una vez que son abiertamente cuestionados en las comunidades virtuales. A su vez, según este autor, las comunidades virtuales son capaces de proporcionar apoyo a los que consideran abandonar la religión en que fueron criados, y así suavizar el trauma que supone un paso tan importante como ese, demostrando que no hay nada que temer en la vida sin religión.


Dicho de otro modo, y en una opinión muy extendida entre ateos e incluso creyentes, las funciones principales de la religión se vinculan con un sentido de trascendencia y pertenencia, y desde ese punto de vista los “feligreses” de hoy en día cuentan con muchas más opciones que las antiguas parroquias o congregaciones locales.


Otro artículo, titulado ¿Está internet matando la religión? y subido a CNN unos pocos días atrás, recuerda el aumento de los que se declaran sin afiliación religiosa en recientes encuestas y, sin establecer una correlación directa, destaca que Internet “abre nuevas formas de pensar a las personas que viven en entornos homogéneos. También permite a las personas con dudas encontrar a personas con ideas afines en todo el mundo”; y concluye que “la gente se aleja de la afiliación formal y hacia lo que ella llama “exploración religiosa de base", donde “la naturaleza del medio permite esas conversaciones para crecer orgánicamente”.


En el mismo sentido, otro artículo: How the Internet Is Taking Away America’s Religion.


Entonces ¿sobrevivirá la religión a Internet?


Antes que apareciera NSJC en la historia, la forma más común de conservar la palabra escrita era el rollo, de pergamino o de papiro, que era fácil de leer y transportar, pero donde era muy difícil encontrar rápidamente un pasaje determinado. Cuando los primeros cristianos comenzaron la enorme labor de evangelizar el mundo antiguo, rápidamente adoptaron una nueva tecnología conocida como codex (latín para “codo”), consistente en cortar el papiro o pergamino en hojas y unirlas por uno de sus costados formando un libro, lo que hacía posible ir de un lado a otro del texto con relativa facilidad. Eso les era útil, porque permitía mostrar “lado a lado” las profecías sobre NSJC que existían en el Antiguo Testamento y su cumplimiento en el nuevo. Así nació el libro, como lo conocemos nosotros.


Con esto quiero decir que el cristianismo, al menos en su forma original, nunca ha sido extraño a las nuevas tecnologías y a la libre propagación de las ideas.


Si la religión solo fuera una sensación de asombro ante el mundo o se limitara a formar un vínculo comunitario, como lo proponen los artículos que he citado, ciertamente que estaríamos en un problema. Pero la religión, o al menos el cristianismo, es mucho más que eso.


En él experimentamos a veces el asombro ante la inmensidad de Dios, pero además va acompañado de una sensación distintiva de amor, un vínculo que la contemplación del universo no puede replicar. También encontramos en el cristianismo una vida de comunidad, pero que a diferencia de lo que se encuentra en línea, no se limita a mirarnos la cara y a aceptarnos a nosotros mismos, sino que nos invita a mirar juntos hacia un otro, diferentes de nosotros mismos: a la eucaristía por un lado, y al hermano desvalido, por otro.


Además de asombro y comunidad, el catolicismo es filosofía, ética, historia, arte, acción política y familia, todos elementos que se entierran en la Palabra de Dios, y que la internet ni la ciencia pueden reemplazar.


Eso no significa que la internet nos sea indiferente. Hay muchos bautizados que permanecen en la Iglesia por mera costumbre o tradición, que en otra época habrían permanecido en el seno de la Iglesia, sin tener mayores cuestionamientos en toda su vida; pero hoy se verán tentados de caer en el indiferentismo o de apostatar. A su vez, esto puede provocar que el número neto de los que se declaran católicos disminuya. Creo que es lo que tenía en mente el Cardenal Ratzinger cuando decía que en el futuro los cristianos debían ser una “minoría creativa”.


Por eso, podemos admitir que la interne es una tecnología maravillosa y un cambio sustancial en la forma como se expresan y existen las religiones, y que provoque una disminución en el número neto de creyentes. Por otro lado, el cambio puede ser positivo, porque el acceso a distintas opciones religiosas a través de internet asegura que quien se declara cristiano lo hace conscientemente, y la red también amplía enormemente la forma de llegar con un mensaje cristiano no adulterado a todo el que tenga la inquietud.


Por otro lado, la internet tampoco es la panacea en lo que se refiere al asombre ante la ciencia y libre tráfico de ideas. Por cada sitio web de la NASA, que entrega ciencia legítima y de una forma interesante, hay miles de páginas dedicadas a las más extrañas teorías de la conspiración; y por cada comunidad que apoya una visión equilibrada de la experiencia religiosa, existen innumerables sitios que dan soporte a las más variadas perversiones (pienso tanto en las sexuales como en las filosóficas). Distinguir el trigo de la paja es el talón de Aquiles de la red, donde todo su poder para buscar la verdad puede queda en nada.


En definitiva, no hay razones para pensar que el catolicismo tenga problemas para sobrevivir a la internet. Tal vez no de la misma manera como hasta ahora, seguramente como una minoría creativa mucho más comprometida y, ojalá, efectiva en su forma de influir en la sociedad.



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KarateJesus Basado en las más reciente investigaciones históricas acerca de la figura de Jesús, llega la aclamada y controversial obra John Bultmann Crossier “el Jesús Karateca y el Cristo de la Fe”. En ella el filólogo y entomólogo y ex seminarista , retoma los tópicos explorados en sus previas publicaciones académicas como el conocido ensayo Das Kristenichen Kutlen und Karatespielenrechtkotenwurstchuckrut. Por primara vez disponibles para los borreg… para el publicó general, su famosa investigación, que enfrenta las Escrituras Sagradas del cristianismo con capa tras capas de análisis sociológico, antropológico e histórico, para llegar a develar la figura de Jesús (de Nazaret?) que tanto impresionó a sus contemporáneos.


Con una humildad admirable, el autor reconoce que “desde que era acólito en la parroquia de mi pueblo hablaba con Jesús, y le decía que si quería ganarse mi fe y admiración, debía al menos poder derrotarme en combate”. Esto dio paso a una búsqueda incesante de la verdad que los cristianos han ocultado desde la muerte de Jesús, proyecto vital que culminó con una experiencia que no puede menos que calificarse de epifánica.




“Yo me propuse leer la Biblia por mí mismo, sin atender a lo que las tradiciones de hombres, que por tanto tiempo sepultaron la figura de Jesús bajo sus propias interpretaciones, y cuando intentaba yo comprender de qué iban todos estos títulos de fariseos, saduceos y herodianos, me encontré con una enseñanza de Jesús que no se encuentra en los evangelios, cuando dice “Hay más alegría en dar que en recibir” (Hch 20, 35).




“Aquí, me dije yo, están las palabras de un guerrero, alguien que ha experimentado el dolor del combate y la alegría de destruir a tu oponente. Así, despejando los evangelios de interpolaciones e interpretaciones posteriores, supe en mi corazón que Jesús había sido un karateca, el primer karateca de la historia, y que esta verdad había sido suprimida por sus seguidores para pasar desapercibidos ante el imperio romano que los oprimía, pero que había sobrevivido en pequeños datos esparcidos en los textos canónicos.



Destinada a causar polémica, la obra del emérito Bultmann seguramente sería descalificada por la jerarquía de la Iglesia como ridícula, absurda, o “sin ningún fundamento histórico o lógico”, pero el enorme poder que ha acumulado durante dos mil años, y el temor a perderlo antes las impactantes verdades reveladas en este libro, los obligan a reaccionar así. Peor aún, seguramente el Papa ignorará los enormes descubrimientos que surgen como evidentes luego de la investigación que se refleja en el libro, pero su silencio es una prueba más de que la Iglesia que encabeza no es más que un gigante con pies de barro.


Sobre el autor: John Bultmann Crossier estudió en el seminario y fue perseguido severamente por sus formadores, debido a sus ideas revolucionarias, pero esas mismas carreras lo prepararon para su posterior éxito en las artes marciales. Luego de ser expulsado con honores del seminario, buscó combinar los estudios de entomología y filología, pero renunció a las pingues riquezas que le prometían esos campos, para abrir su propia academia de Judo, guiado por la verdad que descubrió entre antiguos manuscritos, y cumplir su anhelo de recibir el cinturón azul en kenpo karate.


PD: Mis disculpas a los lectores por exponerlos a este pequeño chiste. Me venció la tentación.



3:13 p.m. ,

Destrucción del templo El tercer pilar que sustenta la distancia entre el Jesús de la historia y el Cristo de la fe, es la idea de que los evangelios con los que contamos hoy, además de haber tenido por autores a cristianos anónimos, fueron escritos mucho después de los hechos que relatan, y que la predicación original de los apóstoles fue severamente alterada para responder a necesidades particulares de cada comunidad.


Para desacreditar los evangelios, es esencial decir que las versiones con que contamos hoy solo alcanzaron su forma actual cuando la primera y/o segunda generación de cristianos ya había desaparecido, porque eso permite hablar de capas tras capas de mitificación, tradiciones orales y falsa atribución de milagros a la figura histórica de Jesús. Esta tendencia alcanzó su máxima expresión a comienzos del siglo pasado, cuando se ubicó la redacción de evangelio de San Juan a mediados del S. II, pero en general hoy se propone que Marcos se escribió entre 65-75, Mateo y Lucas entre 90 y 100, suponiendo que ellos se copiaron de Marcos, y San Juan hacia el año 120, porque el manuscrito más antiguo con que contamos se ha datado en 125.


Pero ¿por qué comenzar esa cuenta alrededor del año 70?



Cuando la disciplina histórica habla de determinar la fecha en que se escribió un documento, no se refiere a los intrincados procedimientos que habitualmente se vinculan con las técnicas de datación en otras ciencias. Al contrario, sus herramientas son de bastante sentido común: si un documento se refiere a un rey, fenómeno astronómico o tecnología cuya fecha de aparición es conocida, a partir de ese dato se colige que el texto es posterior a la fecha en cuestión. A veces las técnicas para escudriñar el material pueden ser más sofisticadas, pero el mecanismo básico es el mismo que explicamos aquí, y desde luego, inobjetable en su mérito.


Aplicando este método a los evangelios, se observa que Marcos, Lucas y Juan registran una famosa profecía de la destrucción del Templo de Jerusalén, que hizo Jesús. Marcos la relata así:



1 Cuando Jesús salía del Templo, uno de sus discípulos le dijo: «¡Maestro, mira qué piedras enormes y qué construcción!». 2 Jesús le respondió: «¿Ves esa gran construcción? De todo esto no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido».3 Y después, estando sentado en el monto de los Olivos, frente al Templo, Pedro, Santiago, Juan y Andrés le preguntaron en privado: 4 «Dinos cuándo sucederá esto y cuál será la señal de que ya están por cumplirse todas estas cosas».


[…]


14 Cuando vean la Abominación de la desolación usurpando el lugar que no le corresponde –el que lea esto, entiéndalo bien– los que estén en Judea, que se refugien en las montañas; 15 el que esté en la azotea de su casa, no baje a buscar sus cosas; 16 y el que esté en el campo, que no vuelva atrás a buscar su manto. 17 ¡Ay de las mujeres que estén embarazadas o tengan niños de pecho en aquellos días!



Puesto que conocemos el año en que las tropas del general romano Tito destruyeron el Templo, en el año 70, el evangelio de Marcos a lo menos debió ser escrito por esa época, y los de Mateo y Lucas, que se copiaron de aquel, necesariamente debieron ser posteriores en 20 ó 30 años. Lucas incluso es más específico, pues señala “Caerán al filo de la espada, serán llevados cautivos a todas las naciones, y Jerusalén será pisoteada por los paganos, hasta que el tiempo de los paganos llegue a su cumplimiento” (Lc 21, 24), lo que demostraría que conocía más detalles de la forma como se destruyó el templo.


La crítica a esta forma de fechar los evangelios es evidente: Con toda la fuerza lógica que pueda tener la datación histórica en la generalidad de los casos, cuando precisamente se escoge como punto de referencia una profecía, el sistema simplemente no funciona, a menos que estemos dispuestos a conceder la premisa naturalista, que nos dice que una verdadera profecía es imposible.


Los cristianos estamos de acuerdo en que estas palabras de Jesús se refieren al templo, pero nada nos pueden aportar acerca de la fecha en que fueron escritos los evangelios, porque precisamente se refieren a un evento que no había ocurrido. Al contrario, los evangelistas son bastante cándidos en cuanto a vaticinios que se cumplieron antes de comenzar ellos a escribir. Por ejemplo, se nos muestra a NSJC prediciendo cuál de los apóstoles lo traicionaría, o en la extraña referencia de NSJC a San Pedro, y que San Juan explica:



18 Te aseguro que cuando eras joven tú mismo te vestías e ibas a donde querías. Pero cuando seas viejo, extenderás tus brazos, y otro te atará y te llevará a donde no quieras».


19 De esta manera, indicaba con qué muerte Pedro debía glorificar a Dios.



Los evangelios contienen muchos detalles que habitualmente pasamos por alto a causa de nuestra distancia cultural con sus autores, pero que una vez considerados apoyan sólidamente la enseñanza tradicional acerca de sus autores.


Cabe mencionar acá que hay varias “advertencias” acerca de la composición de los evangelios que hacen los historiadores escépticos y que son válidas. Cuando decimos, por ejemplo, que San Mateo escribió el evangelio que se le atribuye, tendemos a imaginarnos un anciano vestido con túnicas y larga barba inclinado sobre un pergamino y con una pluma en su mano. Sin embargo, la realidad pudo haber sido muy diferente, porque lo habitual era que los autores usaran escribas o amanuenses. Otra posible intervención en los textos proviene de los traductores, ya que algunos originales de los libros del Nuevo Testamento pueden haber sido escritos en arameo, a pesar que la versión con que contamos hoy solo se encuentre en manuscritos griegos. Finalmente, esta la labor de los copistas, que pueden haber incurrido en errores o incluso alterado algunas partes de los evangelios. Conocido en este sentido es el caso del episodio de la mujer adúltera a la que NSJC no condenó, que en algunos manuscritos antiguos del evangelio no se encuentra.


Desde este punto de vista, la labor de la crítica textual tiene mucho que aportar a nuestra comprensión del sentido literal de la Sagrada Escritura. Lo que no estamos obligados a tolerar es que se nos impongan como verdades absolutas, teorías que claramente no tiene un respaldo histórico y de evidencias suficiente, ni siquiera uno razonable. Los evangelios son documentos históricos fascinantes que perfectamente pueden soportar el escrutinio de los expertos, cuando éstos lo realizan con objetividad y sin imponer sus prejuicios, especialmente el prejuicio naturalista.




Spock Primero que nada una justificación: ¿Qué hace un artículo sobre ciencia ficción, en un portal de información religiosa respetable como InfoCatólica?


A pesar de que comenzó como un subproducto de las revistas de aventuras y western, en nuestra cultura, maravillada todavía con los avances científicos, la ciencia ficción ha llegado a ser algo más que una forma de entretención. A pesar de que hay mucha basura bajo la misma etiqueta, la ciencia ficción se ha convertido en uno de los pocos espacios donde nuestra cultura todavía puede pensar en categorías filosóficas, acerca de sí misma, del ser humano y de sus expectativas.


El ser humano simplemente no puede vivir sin esperanzas, y en ese sentido los universos que nos presenta la ciencia ficción han comenzado a tomar el espacio que antes ocupaba la religión en las esperanzas de la gente. Eso, que puede ser esperable en una sociedad cada vez más secularizada, se convierte en un problema si lo que se ofrece para llenar ese espacio se vende como ciencia o subproducto de la ciencia, cuando en realidad no son más que promesas vacías.


Por ejemplo:


#4. Vida extraterrestre inteligente


En la ciencia ficción el espacio está lleno de vida, especies animales y vegetales y razas humanoides e insectoides, más antiguas, sabias y tecnológicamente avanzadas que los humanos. El extraterrestre ya ni siquiera es un cliché, sino que ha pasado a ser parte del paisaje del universo de la ciencia ficción.



Esta idea se asentó aún más en el imaginario popular cuando Carl Sagan nos explicó la ecuación de Drake en su serie Cosmos. Según esta ecuación, partiendo de la enorme cantidad de estrellas en la galaxia, era posible afirmar que habría al menos 10 civilizaciones extraterrestres esperando a ponerse en contacto con la humanidad.


El resultado de esta esperanza es que cada pocos meses, aparecen notas de prensa acerca del descubrimiento de planetas similares a la Tierra, basados en su distancia con su estrella, tamaño y composición. Y si existen las condiciones ¿no sería posible que alguno de ellos haya vida inteligente y capaz de comunicarse con nosotros?


Pero no lo veremos en nuestra vida…


Porque no tenemos idea acerca de cómo surgió la vida en la Tierra, o si podría hacerlo en otro lugar.


Si se trata de buscar señales de vida en planetas similares a la tierra, se suele olvidar que ya tenemos uno: La Tierra. Y a pesar de que aquí contamos con las proporciones ideales de agua, aire y temperaturas, la vida no surge espontáneamente en nuestros charcos y océanos. Toda la vida que conocemos proviene de otro ser vivo y, sin importar lo perfectas que sean las condiciones, no aparece espontáneamente. ¡Vaya! Ni siquiera aparece artificialmente, cuando recreamos en un laboratorio todas condiciones que buscamos en esos otros planetas. Por todo lo que sabemos, la vida surgió solo una vez.


Y ese todavía no es el paso más difícil.


No basta con que haya vida en un planeta, incluso si tuviéramos mares llenos de peces extraterrestres y eternos bosques llenos de animales, todavía no contaría como “vida inteligente”. Y nadie sabe cómo lo hicieron los humanos para hacer de su cerebro su principal ventaja evolutiva. Aletas, ojos, garras y dientes han aparecido una y otra vez, en diferentes especies, como respuestas de la evolución a las exigencias del medio ambiente, fenómeno llamado evolución convergente; la inteligencia, en cambio, solo una vez.


Y aún falta un paso más: el de la civilización tecnológica, que lejos de ser inevitable, solo surgió una vez, bajo el alero del cristianismo.


Con esto en mente, no es de sorprender que el autor de la ecuación de Drake haya sido propuesta por Frank Drake, presidente del instituto SETI que en los años 70 implementó el observatorio en Arecibo para rastrear señales provenientes del espacio, con nulos resultados a la fecha, a pesar del dinero invertido en él.


#3. Una base en Marte


¡Ah, Marte! La nueva frontera de la humanidad, nuestro planeta de repuesto, ubicado tan cerca que un poco de tecnología aplicada nos podría llevar de un salto hasta nuestra segunda casa. Un poco desértico tal vez, pero nada que un buen aire acondicionado y un invernadero correctamente aislado no pueda solucionar. También están todos esos canales que construyó la antigua civilización marciana, eso demuestra que hay grandes cantidades de agua oculta en Marte ¿verdad?


Además, ya contamos con las serias advertencias del genio-profeta Stephen Hawking, quien dijo que para el 2100 habrá personas habitando en Marte y que la humanidad desaparecerá si no coloniza otros planetas. Están advertidos.


Pero no lo veremos en nuestra vida…


¿Han oído hablar del proyecto de construir una gran ciudad en la Antártica? Yo tampoco, y sin embargo es infinitamente más fácil albergar a toda la humanidad en el territorio antártico que mantener una colonia en Marte. Olvidémonos por un momento de todos los recursos económicos y humanos que serían necesarios para llevar hasta allá a un grupo de personas, y que no hay razón alguna para hacerlo. Partamos de la base que ya estamos ahí.


De partida, nuestro compañero rojo es extremadamente frío: las temperaturas fluctúan habitualmente entre los -5° y -187°, mientras que la temperatura más baja medida en la tierra es de -92°. Luego, está todo el tema del suministro de agua, que no hemos encontrado en Marte, y de aire (la atmósfera marciana tiene una densidad del 1% respecto a la terrestre). Volviendo a nuestro ejemplo de la ciudad en la Antártica, aire, agua y temperaturas más aceptables, son todos elementos que tenemos a raudales en la Antártica, y aún así, a nadie que tener ahí una colonia allá sea la solución a algún problema.


No menos relevante, resulta el tema del transporte, ya que se calcula en 9 meses el tiempo mínimo para llegar a Marte, lo que se vuelve una barrera infranqueable en caso que sea necesario enviar ayuda. A lo largo de la historia de la humanidad, muchos grupos han quedado aislados a la espera de ayuda, pero al menos no tenían que preocuparse del suministro de algo tan básico como el aire. Y en un ambiente tan diferente, la cantidad de cosas que pueden ir mal son muchas.


Algún optimista dirá que no consideramos los avances de la tecnología, pero eso es porque esto es apena un esbozo de la clase de dificultades que se podrían encontrar. Otro ejemplo, Marte no cuenta con un campo magnético comparable al de la tierra, y eso combinado con una atmósfera mucho más delgada hace que los niveles de radiación en la superficie sean intolerables para los humanos a largo plazo.


Y tampoco parece que la viabilidad económica de una empresa como esa se solucione con más tecnología: si la base espacial internacional tiene que luchar por su financiamiento, y nadie ha encontrado una razón para volver a la luna en 50 años, simplemente no existe una razón que justifique los gastos económicos mantener una colonia en Marte.


#2. Inteligencia artificial


C3PO, el Teniente Comandante Data, Number 5 y el Terminator; la computadora de la Enterprise, Skynet, Cortana de Halo o Jarvis de Iron Man. Todos ellos son ejemplos de seres artificiales, productos del ingenio humano, que de una u otra forma exhiben el comportamiento típico propio de los seres inteligentes: voluntad, adaptabilidad a su entorno, capacidad de análisis, creatividad y el deseo de seguir existiendo. En cada relato, ellos proporcionan una perspectiva única y ajena al pensamiento humano, que los hace fascinantes.


Pero no es solo ficción. En 1996 la computadora de IBM llamada Deep Blue derrotó por primera vez al campeón mundial vigente de ajedrez, Gary Kasparov, y al año siguiente su hermana menor Deeper Blue nuevamente lo venció, esta vez en un match de 6 partidas. Incluso unos días atrás aparecieron algunos reportes de computadoras que habían pasado el test de turing, lo que indicaría que están en condiciones de convencer a un examinador imparcial que son humanos.


Incluso más, los video juegos aportan toda la motivación económica necesaria para que las investigaciones en este campo continúen avanzando


Pero no lo veremos en nuestra vida…


Porque nadie sabe qué es o como funciona la inteligencia.


A pesar que forma parte de nuestra experiencia diaria, realmente se sabe muy poco de lo que hace el cerebro cuando realiza una operación sencilla, como decir “2+2=4”. Es cierto que contamos con máquinas calculadoras, que pueden entregarnos la respuesta correcta en esa y otras operaciones mucho más complejas, pero esas máquinas llegan a ese resultado porque un humano les entregó la respuesta, o programó la forma de llegar a ella. En este sentido, cualquier computadora actual no es más “inteligente” que un libro con las respuestas, su índice y las instrucciones para usarlo. Si a la computadora se le dice que “2+2=5”, ella lo aceptará sin cuestionarlo y este error se reproducirá en todos sus cálculos hasta que otro humano venga y lo corrija.


Lo mismo ocurre con Deep Blue y el ajedrez: ante cada disposición del tablero, ella analiza una cantidad enorme de posibles jugadas futuras, a cada una le asigna un valor de probabilidad y deseabilidad, escoge la más valiosa, y realiza la jugada que conduce a ese resultado. Todo ello, las reglas desde luego, pero también la probabilidad y los parámetros que definen qué jugadas son más probables y deseables, han sido predeterminado por un equipo de humanos que conoce el ajedrez y la forma de analizar los resultados, y se los “enseña” a la máquina. Si bien el resultado es el mismo (ganar una partida de ajedrez), cómo llega a él Deep Blue es algo totalmente diferente de lo que hace Kasparov.


Incluso el bullado test de Turing, no demuestra nada más que la capacidad de los programadores para “engañar” al usuario, pues es producto de la teoría reduccionista de Allan Turing, que, en resumidas cuentas, se limitaba a decir que no importa lo que ocurre en la mente, es inteligencia lo que puede ser reconocido como inteligencia. Contra esto, hay muchos filósofos y neurólogos dedicados a examinar las cuestiones relativas a los estados mentales, la conciencia y la inteligencia humanas, que tienen diferentes teorías, sin que ninguna se haya logrado imponer como un avance decisivo.


Mientras todo esto no se logre, para pesar de los gamers del mundo, las promesas de verdadera inteligencia artificial no será más que un truco publicitario.


#1. Viajes en el tiempo


Marty McFly escucha un estruendo y ve aparecer un automóvil volador. “Marty” dice el Doc Brown “es tu familia, debemos volver al futuro y salvar a tus hijos” y en la siguiente toma el DeLorean pasa volando frente a nuestros ojos, envuelto en relámpagos para desaparecer… música y créditos. Es una gran escena que introdujo en el imaginario popular el concepto de viajes en el tiempo y las grandes aventuras que nos aguardaban.


Por allá por los años 30 del siglo pasado, la Teoría de la Relatividad de Einstein introdujo todo el concepto de entender el tiempo como una realidad relativa, flexible, que transcurre más rápido o lento según la velocidad a la que nos desplazamos, y abrió un amplio campo para las historias de los viajes en el tiempo. Hasta ese momento solo se contaba con“La Máquina del Tiempo” de H.G. Wells, que más que ciencia ficción era un comentario social en clave fantástica. Para 1985, cuando se estrenó Volver al Futuro, los fanáticos de la ciencia ficción ya habían explorado hasta el cansancio las diversas soluciones a las paradojas que implica el viaje en el tiempo, al punto que se le consideraba un tópico clásico del género, sino uno ya agotado.


A pesar que las expectativas en este ámbito están mucho más limitadas, eso no ha impedido que los científicos hablen del tiempo como una cuarta dimensión, y a partir de ahí especular acerca de posibles viajes al futuro gracias a la relatividad , agujeros negros y de gusano que nos conecten a otras épocas. Buenas y malas películas lo han integrado a nuestra visión de lo que es la ciencia.


Pero no lo veremos en nuestra vida…


Porque el mero concepto de viajar en el tiempo es una imposibilidad lógica, como lo explicó Santo Tomás. Además podemos estar seguros que no lo veremos en nuestra vida, ni nunca, porque el tiempo mismo no existe fuera de nuestra mente.


Puede sonar extraño, porque nuestra percepción del tiempo y los recuerdos son intrínsecos a nuestra forma de entender la realidad, pero la verdad es innegable: el momento en que comenzaste a leer este artículo es tan inalcanzable para ti o cualquiera como la Tierra Media o Nunca Jamás. Dicho de otro modo, para viajar a Madrid es indispensable que Madrid exista realmente, y si no es así, todo esfuerzo de planear ese viaje es inútil desde su misma concepción. Si el pasado o el futuro solo existen como una idea en nuestra mente, es evidente que nada más que nuestro recuerdo puede permitirnos llegar hasta ahí.


Todos están de acuerdo en que el “viaje en el tiempo” que ofrece la teoría de Einstein es bastante aburrido, pues en realidad no es atravesar las barreras del tiempo sino sustraernos a sus efectos sobre nosotros, gracias a la velocidad. Los viajes al pasado a través de un agujero de gusano parece que estarían respaldados por las matemáticas, pero aparte del detalle de las ingentes cantidades de energía que exigirían, está todo el tema de a qué pasado nos llevarían, y qué lo ha mantenido en existencia


Más interesante resulta considerar cómo es posible que el pasado, que no existe, al menos como algo material, tenga efectos en el presente y el futuro. Es cierto que la física moderna incorpora el tiempo en sus ecuaciones, pero eso resulta muy poco esclarecedor, cuando recordamos que las matemáticas, aún cuando gobiernan la realidad física con puño de hierro, tampoco existen fuera de nuestra mente.


Algo hay ahí, que es una chispa de la presencia de Dios.



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