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1:46 a.m.






aramos47Reflexión de Mons. Ruy Rendón para el domingo 13 de abril 2014 y la Semana Santa 2014.


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DOMINGO DE RAMOS

De la Pasión del Señor

“De las palmas a la cruz”




Isaías 50,4-7

Filipenses 2,6-11

Mateo 26,14 – 27,66




Con el Domingo de Ramos, también llamado “De la Pasión del Señor”, iniciamos la Semana Santa, la Semana Mayor, la semana más importante del año, ya que durante estos 8 días (del Domingo de Ramos al Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor) celebramos los Misterios de la vida de nuestro Señor Jesucristo que nos han redimido: su pasión, muerte, sepultura y gloriosa resurrección.


Las palmas benditas que llevamos en nuestras manos durante la procesión nos recuerdan la victoria, el triunfo del Señor sobre la muerte. Él ha salido victorioso, ha vencido el mal, el pecado, la misma muerte. Que las palmas, al volver a casa después de la Misa, sean colocadas en un lugar visible para que a lo largo de los próximos meses, sobre todo cuando llegue a nuestro hogar la aflicción de la cruz, nos recuerden que hace dos mil años, Jesús de Nazaret, después de padecer por nosotros, resucitó gloriosamente del sepulcro, venciendo así el poder de la muerte.


La pasión de nuestro Señor Jesucristo, que leemos este domingo en el evangelio de san Mateo, nos hace acompañar a Jesús por el camino de la pasión, desde el Cenáculo, Getsemaní, el Sanedrín, Poncio Pilato, la Vía dolorosa, el Gólgota y el Santo Sepulcro. Nosotros, como discípulos, estamos invitados a contemplar a Jesús, a escuchar sus palabras. Él es el Siervo de Yahvé (Primera lectura), que haciéndose semejante a los hombres, se humilló y por obediencia aceptó incluso una muerte de cruz (Segunda lectura).




MIÉRCOLES SANTO

(Diócesis de Matamoros)


Este día en la Santa Iglesia Catedral celebramos la llamada “Misa Crismal” (o del Santo Crisma). En esta Misa se bendicen los Santos óleos que se utilizarán para la celebración de los sacramentos: óleo de los catecúmenos, óleo de los enfermos, santo crisma. Durante esta Misa los sacerdotes, en torno a su Obispo, renuevan sus promesas sacerdotales.




JUEVES SANTO


Por la tarde tenemos la “Misa de la Cena del Señor”. En esta celebración solemne recordamos cuatro cosas importantes sucedidas en la Última Cena de nuestro Señor con sus apóstoles: La institución de la Eucaristía, el mandamiento del amor, el lavatorio de los pies, la institución del Orden sacerdotal. Día eucarístico y sacerdotal en el que debemos orar por nuestros sacerdotes.




VIERNES SANTO


A una hora oportuna (alrededor de las 3 de la tarde) se celebra “La Pasión del Señor”. Es una celebración que recuerda y actualiza la pasión y muerte del Señor. Esta austera ceremonia litúrgica consta de tres momentos: Liturgia de la Palabra, Adoración de la Santa Cruz y Sagrada comunión. Es un día de ayuno y abstinencia; un día de reflexión en el que nuestros ojos contemplan al crucificado, quien entrega su vida por toda la humanidad.




SÁBADO SANTO


La Iglesia, durante el día, guarda silencio. Es el día de la sepultura. Nuestro Señor es colocado en el sepulcro y nosotros, confiando en sus palabras, aguardamos que se cumpla la promesa de su resurrección. Más que ser un día de diversión o entretenimiento es, sobre todo, un día de reflexión, de oración, de paciente espera.


Por la noche tenemos la Solemne “Vigilia Pascual”. Es la celebración más grande e importante de nuestra fe católica, ya que en ella recordamos y hacemos presente la resurrección del Señor. Consta de cuatro partes: Liturgia de la Luz, Liturgia de la Palabra, Liturgia Bautismal, Liturgia Eucarística. Es una Misa que no nos debemos perder. Es solemne, llena de signos, llena de luz y de alegría, la razón: CRISTO NO PERMANECE EN EL SEPULCRO, RESUCITA GLORIOSAMENTE DE ENTRE LOS MUERTOS. ¡ALELUYA, ALELUYA!


+ Ruy Rendón Leal

Obispo de Matamoros




3:28 p.m.






“Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y todo aquel que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre”. Reflexión de Mons. Ruy Rendón para el domingo 06 de abril 2014.


“Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y todo aquel que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre”.




Ezequiel 37,12-14

Romanos 8,8-11

Juan 11,1-45




En los últimos dos domingos hemos escuchado en boca de Jesús frases que describen rasgos fundamentales de su persona. Hace quince días, por ejemplo, el Señor nos dijo: “Yo soy el agua viva, el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed; el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un manantial capaz de dar la vida eterna”. Y el domingo pasado, también en un relato del evangelio de san Juan, nos decía: “Yo soy la luz del mundo” , dándole inmediatamente la vista al ciego de nacimiento.


Entendemos que, más allá de lo que significan literalmente las expresiones “agua viva” y “luz del mundo”, el Señor le da a cada frase un sentido más profundo y más pleno. En efecto, la persona de Jesús y su misma palabra divina que predicaba eran capaces de suscitar la fe, la vida y la gracia de Dios en todo aquel que lo recibiera en su corazón; recodemos a la Samaritana y a sus paisanos, así como también al ciego de nacimiento, el cual, sanado de su vista, fue capaz de creer en Jesús y profesar su fe, postrado ante él.


Ahora, en este quinto domingo de cuaresma, nuestro Señor nos dirige una frase más que comienza con el “Yo soy”. Se trata de la conocida frase: “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y todo aquel que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre”.


De igual manera, la expresión “Yo soy la resurrección y la vida” contiene un significado más profundo y pleno, que no se reduce sólo a la acción milagrosa de Jesús al resucitar a su amigo Lázaro. Es decir, nuestro Señor, se ha convertido para cada uno de nosotros en principio, fuente y origen de nuestra resurrección después de la muerte; resurrección que Jesús nos prometió a los que creyéramos en él.


Así mismo, hay que tener en cuenta, los hechos milagrosos que el evangelista san Juan nos narra en el cuarto evangelio, son llamados “signos” y no tanto “milagros”. En este sentido, debemos contemplarlos con una visión más profunda que la simple mirada de quien observa un prodigio.


Si Jesús “resucita” a Lázaro se nos da a entender que como Dios, Jesús tiene el poder para “revivificar” y dar la gracia del perdón a quienes por el pecado están muertos. Es interesante cómo las tres lecturas de este domingo nos hablan de ese poder de Dios para dar la vida a nuestros cuerpos mortales. A nosotros nos corresponde acercarnos al Señor a fin de que no sólo tengamos la vida física, sino también la espiritual.


Pidamos a Dios Padre en la Eucaristía dominical que conceda la resurrección y la vida nueva de la gracia a los que han muerto por sus culpas. Amén.




+Ruy Rendón Leal

Obispo de Matamoros




4:56 p.m.






veo_senor“Yo he venido a este mundo…: para que los ciegos vean, y los que ven queden ciegos”. Reflexión de Mons. Ruy Rendón para el domingo 30 de marzo 2014.



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“Yo he venido a este mundo…: para que los ciegos vean, y los que ven queden ciegos”.




1Samuel 16,1.6-7.10-13

Efesios 5,8-14

Juan 9,1-41




El domingo pasado contemplamos a Jesús junto al pozo de Jacob dialogando con la Samaritana. En esa ocasión nuestro Señor se transformó en “Agua Viva”, ya que él, con su palabra, calmó la sed interior de esta mujer; y ella, con su testimonio, se convirtió en un manantial que dio vida eterna a sus paisanos, quienes tuvieron la oportunidad de acercarse a Jesús y creer en él.


Ahora, en este Cuarto domingo de cuaresma, contemplamos a Jesús devolviendo la vista a un ciego de nacimiento. El relato de san Juan es muy interesante; nos presenta varios diálogos, algunos en forma de discusión. Y conforme avanzan el relato y los diálogos, el ciego, ya curado, va dando, gradualmente, su opinión acerca de Jesús. En efecto, primero lo nombra: “el hombre que se llama Jesús…” ; luego lo proclama: “es un profeta” ; y por último, ya casi al finalizar el texto, al encontrarlo de nuevo, Jesús le dice: “¿Crees tú en el Hijo del hombre? Él contestó: ¿Y quién es, Señor, para que yo crea en él? Jesús le dijo: Ya lo has visto; el que está hablando contigo, ése es. Él dijo: Creo, Señor. Y postrándose, lo adoró”. Magnífica y ejemplar profesión de fe que hace aquel hombre sanado por Jesús, el Señor.


Así como en el encuentro de Jesús con la Samaritana hablábamos de dos clases de “sed” (la corporal y la espiritual), así, ahora, al hablar de “ceguera”, debemos considerar también dos clases: la ceguera física y la ceguera espiritual. El ciego, al comenzar la narración, lo encontramos padeciendo una enfermedad del cuerpo, y Jesús le devuelve la salud a sus ojos; y al concluir la trama del relato, el ciego ya curado, obtiene, además, otro tipo de visión, la visión de la fe en la persona de Jesucristo: “Creo, Señor. Y postrándose, lo adoró”.


Curiosamente los judíos, que en el relato aparecen sanos de los ojos del cuerpo, en realidad están “ciegos” en su interior puesto que no son capaces de “ver”, es decir, de creer en Jesús; por ello el Señor dice: “Yo he venido a este mundo…: para que los ciegos vean, y los que ven queden ciegos”. Por lo tanto, hermanos, que no sólo nos preocupe el ver con los ojos del cuerpo…; que también nos preocupemos de ver con los ojos del alma, es decir, de tener fe en Jesús, “Luz del mundo”, Dios y hombre verdadero.


Pidamos a Dios Padre, en la Eucaristía dominical, que no permita que nos domine el poder de las tinieblas, que abra “nuestros ojos” para que podamos creer en Jesucristo, su Hijo, a quien ha enviado para iluminar al mundo. Amén.




+Ruy Rendón Leal

Obispo de Matamoros




6:31 p.m.






trasfxto“Señor, ¡qué bueno sería quedarnos aquí! Si quieres, haremos aquí tres chozas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”. Reflexión de Mons. Ruy Rendón para el domingo 16 de marzo 2014.



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“Señor, ¡qué bueno sería quedarnos aquí! Si quieres, haremos aquí tres chozas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”.




Génesis 12,1-4

2Timoteo 1,8-10

Mateo 17,1-9




Habiendo iniciado hace poco más de una semana nuestro camino cuaresmal que nos prepara, personal y comunitariamente, a la gran Solemnidad de la Pascua, nos encontramos ahora, en el segundo domingo de cuaresma, con un pasaje del evangelio de san Mateo que nos es muy familiar; se trata del texto llamado “La transfiguración del Señor”. Es un relato que cada año leemos, este día, en alguna de sus tres versiones (san Mateo, san Marcos o san Lucas).


Hace ocho días insistimos en la importancia de saber vencer cualquier tentación, que si bien es cierto se suele presentar con apariencia de bien, en realidad el enemigo nos engaña con un disfraz deslumbrante que envuelve (esconde) al mal que no siempre logramos percibir. Hablamos de los medios que nuestro Señor Jesucristo utilizó para poder salir victorioso de la prueba: el ayuno, la oración y la Palabra de Dios.


Contemplamos en este domingo a Jesús subiendo al monte acompañado de tres de sus apóstoles: Pedro, Santiago y Juan. La montaña, en el lenguaje bíblico, expresa un lugar donde Dios se manifiesta, se revela, se da a conocer. Recordemos, por ejemplo, algunas de estas montañas: la del Sinaí, la de las bienaventuranzas, la del monte calvario, etc. En esta ocasión sucede algo maravilloso: Jesús se transfigura, todo él se vuelve resplandeciente; dos personajes significativos del pueblo de Israel que ya habían muerto, aparecen conversando con Jesús: Moisés, que representa a la Ley, y Elías, que representa a todos los profetas.


Las palabras de Pedro nos dan la interpretación del extraordinario evento contemplado: “Señor, ¡qué bueno sería quedarnos aquí! Si quieres, haremos aquí tres chozas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”. Pedro estaba feliz, disfrutando de una “probadita” de la gloria de Cristo, de la gloria celestial. Por ello, también nosotros, gozamos de aquellas experiencias de encuentro con Dios que elevan nuestro espíritu y que nos hacen disfrutar del cielo, aquí en la tierra. Quisiéramos que esos momentos no acabaran, que se prolongaran eternamente.


La nube y la voz que se deja escuchar nos hacen pensar en las otras dos personas divinas: El Espíritu Santo, simbolizado en la nube, y Dios Padre quien, en sus palabras, reconoce a Jesús como a su Hijo muy amado en quien tiene puestas sus complacencias. Las palabras del Padre concluyen con una exhortación para nosotros, referida a Jesús: “escúchenlo” . Cosa que debemos poner en práctica a lo largo de este camino cuaresmal.


Por último, el relato termina con unas palabras desconcertantes: “Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó: No le cuenten a nadie lo que han visto, hasta que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos”. Esto significa, para nuestro Señor, y también para nosotros, que el camino que nos lleva a la gloria pasa antes por la pasión y muerte. No queramos rechazar, aquí en la tierra, la cruz y lo que ella comporta; Jesús ya nos dio el ejemplo de cargar la cruz con paciencia y fortaleza. Que nosotros hagamos otro tanto durante esta cuaresma. Amén.




+Ruy Rendón Leal

Obispo de Matamoros




1:25 p.m.






aves45“Miren las aves del cielo, que ni siembran, ni cosechan, ni guardan en graneros y, sin embargo, el Padre celestial las alimenta”. Reflexión de Mons. Ruy Rendón para el domingo 02 de marzo 2014.


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“Miren las aves del cielo, que ni siembran, ni cosechan, ni guardan en graneros y, sin embargo, el Padre celestial las alimenta”.




Isaías 49,14-15

1Corintios 4,1-5

Mateo 6,24-34




Dios nos propone este domingo, en su Palabra, el tema acerca de lo que la Iglesia ha llamado: “Divina Providencia”. La primera lectura y el evangelio nos hablan del amor que Dios tiene a los seres humanos; amor que se manifiesta en su atención, minuciosa y detallada, para con nosotros sus hijos.


A este respecto, consideremos dos cosas: primero, la confianza que debemos tener en la providencia divina, a pesar de la aparente indiferencia de Dios hacia las personas que sufren, que padecen necesidades extremas: hambre, enfermedad, pobreza, injusticia, sufrimiento, desgracia, etc.; segundo, esta confianza, en ningún momento debe ser pasiva, como quien, cruzado de brazos, espera que la solución a las situaciones difíciles venga totalmente de las manos de Dios.


El profeta Isaías comienza describiendo la desilusión, decepción y desconfianza del pueblo de Israel ante la situación adversa que vive: “Sión había dicho <El Señor me ha abandonado, el Señor me tiene en el olvido>”. Cuántas veces éstas han sido nuestras palabras en los momentos de dificultad; pensamos que el Señor no se preocupa de nosotros, incluso que no le interesamos tanto, ya que las dificultades y carencias que tenemos están a la orden del día agobiándonos sobremanera. Sin embargo la respuesta de Dios no se deja esperar: “Aunque hubiera una madre que se olvidara (de su criatura), yo nunca me olvidaré de ti”. El salmista, en sintonía con esta respuesta divina, expresa su confianza en Dios: “Sólo en Dios he puesto mi confianza”.


Ahora bien, tampoco se trata de caer en el extremo contrario, es decir, caer en un exceso de confianza tal, que nos haga permanecer inmóviles y pasivos, sin poner nuestro esfuerzo para superar las dificultades y alcanzar aquello que necesitamos. Recordemos cómo Dios alimenta a las aves del cielo pero no les pone la comida en el nido. En efecto, las aves deben dejar su nido y emprender, no sin peligros, la búsqueda del alimento diario para ellas y sus polluelos.


Por consiguiente, no debemos desesperarnos ante las situaciones difíciles, confiemos en la Divina Providencia como si todo proviniera de Dios; y pongamos en acción nuestro esfuerzo personal y comunitario como si todo dependiera de nosotros; no olvidemos que los dones y milagros del Señor se dan, tomando en cuenta la parte que nos corresponde poner a nosotros.


Sugiero que en la Eucaristía dominical pongamos en las manos del Señor todas nuestras inquietudes, anhelos y proyectos, sabiendo que él nos ama y se preocupa de nosotros. Amén.




+Ruy Rendón Leal

Obispo de Matamoros




5:39 p.m.






Reflexión de Mons. Ruy Rendón para el domingo 23 de febrero 2014. “Ustedes, pues, sean perfectos, como su Padre celestial es perfecto”.


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“Ustedes, pues, sean perfectos, como su Padre celestial es perfecto”.




Levítico 19,1-2.17-18

1Corintios 3,16-23

Mateo 5,38-48




Desde hace algunos años ha ido creciendo, en diferentes ambientes, la importancia del concepto “calidad”. No sólo en el ámbito industrial se exige calidad en los procesos de elaboración y en el resultado final de un producto; también en el campo educativo, en la prestación de servicios, en la administración pública y en las demás ramas del mundo de los negocios y de las empresas. Si hay calidad, hay garantía de éxito y, por consiguiente, satisfacción; en cambio, si hay mediocridad, el futuro se vuelve incierto, con pocas probabilidades de triunfo y satisfacción.


Ahora bien, a este respecto, la vida cristiana no es la excepción, como lo leemos en los textos bíblicos de este domingo. En efecto, tanto en el libro del Levítico (primera lectura): “sean santos, como yo, el Señor, soy santo” , como en el evangelio: “sean perfectos, como su Padre celestial es perfecto”, el reto que Dios nos propone es precisamente el reto de la “calidad en nuestra vida de hombres y mujeres creyentes”. Pero, ¿en qué consiste la calidad de la vida cristiana? ¿Cómo podemos decir que una persona bautizada tiene un nivel cualificado en la vivencia de su fe? Veamos de qué manera nos responde Dios estas preguntas tomando en cuenta su Palabra.


El libro del Levítico nos exhorta diciendo: “No odies a tu hermano… trata de corregirlo… No te vengues ni guardes rencor a los hijos de tu pueblo. Ama a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Señor”. San Pablo en la segunda lectura nos dice que somos templo de Dios y que el Espíritu Santo habita en nosotros y, además, que debemos cuidar ese templo y no destruirlo: “Quien destruye el templo de Dios, será destruido por Dios, porque el templo de Dios es santo y ustedes son ese templo”.


El evangelio, por último, nos presenta a Jesús invitándonos a no tomar actitudes de venganza cuando alguien nos cause daño, sino, más bien, de perdón. Así mismo, nos exhorta a amar, hacer el bien y a orar a favor de los enemigos y de quienes nos odian, persiguen y calumnian, dándonos una razón y un ejemplo muy interesantes: “para que sean hijos de su Padre celestial, que hace salir su sol sobre los buenos y los malos, y manda su lluvia sobre los justos y los injustos”.


En pocas palabras, la calidad o perfección en la vida cristiana consiste en amar: a Dios, al prójimo, y a uno mismo. Haciendo esto estaremos avanzando por el camino que nos lleva a la santidad.


Hoy, en la Eucaristía, le pedimos al Señor que veamos la santidad no como una realidad abstracta y lejana, sino como una seria propuesta para hacerla nuestra, y así orientar toda la vida según los criterios de Dios. Amén.




+Ruy Rendón Leal

Obispo de Matamoros




2:39 p.m.






alucemondo“Brille la luz de ustedes ante los hombres, para que viendo las buenas obras que ustedes hacen, den gloria a su Padre, que está en los cielos”. Reflexión de Mons. Ruy Rendón para el domingo 09 de febrero 2014.


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“Brille la luz de ustedes ante los hombres, para que viendo las buenas obras que ustedes hacen, den gloria a su Padre, que está en los cielos”.




Isaías 58,7-10

1Corintios 2,1-5

Mateo 5,13-16




Hoy, en día, parece que el mundo en que vivimos está sumergido en la obscuridad a causa de tanta maldad presente a nuestro alrededor: violencia, extorsiones, secuestros, asaltos, robos, injusticias, asesinatos, guerras, marginación, pobreza, impunidad, corrupción, tráfico de armas, ilegalidad, etc., etc., la lista podría extenderse aún más.


Esta situación contrasta con el plan que Dios tiene para nosotros los seres humanos. Dios quiere que seamos felices, que nos realicemos como personas, que siendo compartidos con los demás encontremos alegría y gozo en el dar más que en el recibir, que valoremos los bienes de la tierra no como fines sino como medios, que llevemos una vida fraterna y solidaria, que lo tengamos a Él como nuestro único bien verdadero; en fin, el plan de Dios es un plan de amor que culmina en la vida eterna en su presencia.


Ahora bien, nosotros los que creemos en Jesucristo estamos llamados a ser luz del mundo, llamados a iluminar a los demás, a transformar nuestros ambientes de obscuridad y de tinieblas para convertirlos en ambientes luminosos donde reine la paz y el amor: “Ustedes son la luz del mundo…, cuando se enciende una vela, no se esconde debajo de una olla, sino que se pone sobre un candelero, para que alumbre a todos los de la casa… Que de igual manera brille la luz de ustedes ante los hombres…”. Tengamos en cuenta que, cuando una persona es bautizada, se le entrega una vela encendida y se le dice: “Recibe la luz de Cristo”, además se le recuerda que, siendo iluminado(a) por Cristo, debe caminar siempre como hijo(a) de la luz.


De dos maneras podemos nosotros vivir este llamado para ser luz del mundo:

Primero, como dice el profeta Isaías en la primera lectura, debemos quitarnos todo lo negativo que existe en nosotros: “No des la espalda a tu propio hermano”. “Renuncia a oprimir a los demás, destierra de ti el gesto amenazador y la palabra ofensiva…” . Cuando lavamos nuestro interior quitando el mal que tenemos y que nos daña a nosotros y a los demás, se cumple lo que Isaías afirma: “Entonces surgirá tu luz como la aurora… brillará tu luz en las tinieblas y tu oscuridad será como el mediodía”.


La segunda forma de vivir esta vocación de ser luz del mundo, es haciendo el bien a nuestros hermanos, realizando buenas obras. La primera lectura, el salmo responsorial y el evangelio, así nos lo muestran: “Comparte tu pan con el hambriento, abre tu casa al pobre sin techo, viste al desnudo…”. “Quien es justo, clemente y compasivo…”. Cuando nosotros hacemos el bien, sembramos buena semilla en los demás, desencadenando así un efecto virtuoso; de esta manera, tarde o temprano, el bien triunfará sobre el mal que nos aflige y, como dice Jesús: “viendo los hombres las buenas obras que ustedes hacen, den gloria a su Padre, que está en los cielos”.


Pidámosle a nuestro Señor en la Eucaristía de este domingo que “no nos cansemos de hacer el bien”, por amor a Dios y a nuestro pueblo. Amén.




+Ruy Rendón Leal

Obispo de Matamoros




3:39 p.m.






apresentacionjesus“Cristo es la luz que alumbra a las naciones y la gloria de tu pueblo, Israel”. Reflexión de Mons. Ruy Rendón para el domingo 02 de febrero 2014.


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“Cristo es la luz que alumbra a las naciones y la gloria de tu pueblo, Israel”.




Malaquías 3,1-4

Hebreos 2,14-18

Lucas 2,22-40




La fiesta de la Presentación de Jesús en el Templo, celebrada hoy 02 de febrero, nos hace interrumpir, en cierta forma, la secuencia de los domingos del tiempo ordinario, en los que hemos estado leyendo, este año, el evangelio según san Mateo. Ésta es una fiesta cristológica y, a la vez, mariana. En efecto, hoy celebramos cómo José y María, cuarenta días después del nacimiento del niño Jesús, llevan al pequeño al templo de Jerusalén para cumplir lo prescrito por la ley de Moisés. Jesús es el centro de la fiesta; Él es consagrado a Dios Padre, y, María su madre, cumple con el rito de la purificación, también estipulado por la ley judía. De esta fiesta ha brotado, sólidamente, la devoción a la virgen María en su advocación de Nuestra Señora de la Candelaria.


San Lucas nos narra, bellamente, el evento que conocemos como “La Presentación del niño Jesús en el templo y la Purificación de la Santísima Virgen María”, acontecimiento evocado en el cuarto misterio gozoso del santo rosario. Ahora bien, el texto del evangelio comienza resaltando la fiel observancia de José y María en el cumplimiento de una ley religiosa. Ellos cumplen porque están convencidos que obedeciendo la ley, es a Dios mismo a quien, en definitiva, se obedece.


El primer personaje que entra en escena es el anciano Simeón; hombre profundamente espiritual en el sentido estricto de la palabra ya que era alguien que se dejaba guiar por el Espíritu Santo: “varón justo y temeroso de Dios…; en él moraba el Espíritu Santo, el cual le había revelado… Movido por el Espíritu, fue al templo…”. Simeón, tomando al niño Jesús en sus brazos, bendice a Dios con un himno maravilloso en el que expresa su fe lleno de felicidad y satisfacción al contemplar al Salvador de todos los pueblos, a la luz que alumbra a las naciones, a la gloria del pueblo de Israel.


Simeón bendice a José y a María, anunciándole a ella, por una parte, la misión difícil que tendrá Jesús: “Este niño ha sido puesto para ruina y resurgimiento…, como signo de contradicción…” ; y, por otra parte, las consecuencias dolorosas que tendrá que afrontar ella en el seguimiento de su hijo: “Y a ti, una espada te atravesará el alma”.


En seguida aparece Ana, una mujer muy anciana que es descrita como piadosa y devota de las cosas de Dios: “No se apartaba del templo ni de día ni de noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones”. Ella, además de darnos ejemplo de una fe profunda, práctica y sencilla, se nos muestra como una mujer orante que sabe dar testimonio del niño Jesús: “Se acercó en aquel momento, dando gracias a Dios y hablando del niño a todos los que aguardaban la liberación de Israel”.


El relato concluye con el regreso de la Sagrada Familia a Nazaret y la descripción del crecimiento y desarrollo de Jesús: “El niño iba creciendo y fortaleciéndose, se llenaba de sabiduría y la gracia de Dios estaba con él”.


Que al participar en la Misa dominical, valoremos el templo donde nos reunimos, sabiendo que el Señor Jesús, Luz que alumbra las naciones, se hace presente de muchas maneras, especialmente en su palabra y en la eucaristía. Amén.




+Ruy Rendón Leal

Obispo de Matamoros




10:24 p.m.






aunita“Jesús andaba por toda Galilea… proclamando la buena nueva del Reino de Dios y curando a la gente de toda enfermedad y dolencia”. Reflexión de Mons. Ruy Rendón para el domingo 26 de enero 2014.


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“Jesús andaba por toda Galilea… proclamando la buena nueva del Reino de Dios y curando a la gente de toda enfermedad y dolencia”.




Isaías 8,23 - 9,3

1Corintios 1,10-13.17

Mateo 4,12-23




La Palabra de Dios en este domingo nos propone, para nuestra reflexión, tres temas interesantes. Primero: el significado bíblico del binomio luz y tinieblas; segundo: la unidad de los cristianos; tercero: la doble invitación que Jesús hace al iniciar su ministerio.


Muy frecuentemente los profetas y demás personajes bíblicos, tanto del primer testamento como del segundo, al hablar del bien y de la gracia de Dios, utilizan las imágenes de la luz y del día; y, por el contrario, cuando hablan del mal y del pecado, emplean las imágenes de la oscuridad y de la noche. Donde está Dios presente, se vive en la luz; en cambio, donde no está presente el Señor, se vive en las tinieblas. Hoy, por ejemplo, el profeta Isaías anuncia un tiempo futuro en el que el pueblo de Israel pasará de las tinieblas a una luz resplandeciente: “El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz; sobre los que vivían en tierra de sombras, una luz resplandeció”. Este texto aparece citado en el evangelio de san Mateo, dándonos a entender que la presencia de Jesús, el Señor, ilumina la vida de los hombres y las mujeres que escuchan y reciben su Evangelio.


San Pablo, en la segunda lectura, aborda un tema importantísimo para todos los que creemos que Jesucristo es el Dios hecho hombre, el Salvador de toda la humanidad. Nos referimos al tema sobre la unidad de los cristianos. La desunión no es algo reciente, la Iglesia siempre, desde los inicios, se ha enfrentado a esta terrible situación. Creemos en Jesús, sin embargo no formamos una sola Iglesia. Esta realidad que nos desconcierta y que desedifica a mucha gente, no deja de cuestionar profundamente nuestra vida de discípulos de Jesús. La exhortación de Pablo es fundamental al respecto: “Los exhorto en nombre de nuestro Señor Jesucristo, a que todos vivan en concordia y no haya divisiones entre ustedes, a que estén perfectamente unidos en un mismo sentir y en un mismo pensar”. No dejemos de orar a Jesús el Buen Pastor para que, en un tiempo no muy lejano, formemos todos un sólo rebaño bajo un sólo pastor.


Nuestro Señor, en el evangelio de este domingo, aparece dirigiéndonos las primeras palabras en su ministerio. Palabras que son un llamado a un cambio de mentalidad, un cambio de corazón: “Conviértanse, porque ya está cerca el Reino de los cielos”. Así mismo, llama a los primeros cuatro discípulos quienes, siendo pescadores, escuchan la invitación: “Síganme y los haré pescadores de hombres”. La respuesta no se hizo esperar: “Ellos inmediatamente… enseguida… dejaron las redes, dejaron la barca, dejaron a su padre, y lo siguieron”. El evangelio concluye describiendo, a grandes rasgos, la actividad de Jesús: “Jesús andaba por toda Galilea… proclamando la buena nueva del Reino de Dios y curando a la gente de toda enfermedad y dolencia”.


Hoy le pedimos al Señor Jesús en la Eucaristía que siga iluminando nuestra vida de discípulos misioneros y que diariamente, ante él, renovemos nuestro seguimiento fiel, esforzándonos por vivir en la unidad y libres de toda atadura material. Amén.




+Ruy Rendón Leal

Obispo de Matamoros




10:24 p.m.

San_Francisco_de_SalesCd. Reynosa. Mons. Ruy Rendón se reunió con prensa de esta ciudad para convivir en el día de San Francisco de Sales, patrono de periodistas y escritores.


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En punto de las 9:00 am del 24 de enero en las instalaciones del salón parroquial de la Iglesia de Guadalupe, Mons. Ruy Rendón Leal compartió un desayuno con la prensa y ofreció unas palabras sobre este día: "San Francisco es protector de las comunicadores, de los periodistas, invocamos su intercesión por cada uno de ustedes que día con día trabajan en diversos ambientes y circunstancias".


Al término, Mons. Rendón Leal respondió a las preguntas que se le formularon y agradeció el trabajo de la prensa: "les agradezco el esfuerzo por informar a la comunidad sobre los acontecimientos de Iglesia, así como de acciones en bien del ser humano" .


Estuvieron presentes integrantes de la Comisión de Comunicación de la Diócesis, así como miembros del Encuentro de Novios, quienes ofrecieron el desayuno a los presentes.


San Francisco de Sales nació en 1567. Una vez ordenado sacerdote trabajó por la unidad de la Iglesia. Nombrado Obispo de Ginebra, fue un incansable evangelizador, tanto con sus escritos como con el testimonio de un trato amable con todos.


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Atención PRENSA Matamoros. El convivio de los comunicadores de Matamoros con Mons. Ruy Rendón será el martes 28 de enero de 2014 a las 9:15 am en el salón parroquial de la Iglesia de Nuestra Señora de San Juan de los Lagos (Col. Modelo) H. Matamoros, Tam. Agradecemos su participación.



7:54 p.m.

xtorey14Cd. Reynosa. Miles de jóvenes de las Diócesis de México peregrinarán hacia el centro geográfico de nuestro país, hacia el Santuario de Cristo Rey, en el Estado de Guanajuato.


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Por medio de este encuentro, los jóvenes, al peregrinar, dan testimonio público de la fe, de que son capaces de responder cristianamente a los desafíos de nuestro tiempo con el ímpetu y la alegría propia de la juventud, expresando su deseo de querer construir un México distinto, que crea en Dios y también que crea en sí mismo, y, más aún, que se comprometan para lograr la tan anhelada paz y armonía en Cristo.


“La Paz se afianza solamente con la paz; la paz no separada de los deberes de la justicia, sino alimentada por el propio sacrificio, por la clemencia, por la misericordia, por la caridad”.


Es por ello que en esta XXXI Peregrinación Nacional Juvenil, los jóvenes, las familias y la Iglesia entera bajo un solo grito firme y certero queremos trabajar por la paz, deseamos fervientemente una sociedad más humana y llena de valores es por ello que hemos adoptado para esta XXXI PEREGRINACIÓN NACIONAL JUVENIL a la Montaña de Cristo Rey el lema “POR LA PAZ, DEJAREMOS NUESTRA HUELLA”.


La cita es el próximo sábado 25 de enero de 2014, a partir de las 2 de la mañana en el Valle Juan Pablo II, en Silao, Guanajuato, de ahí emprenderán el ascenso a la montaña; la Misa será presidida por el Nuncio Apostólico en México, Mons. Christopher Pierre.


De nuestra Diócesis jóvenes de Reynosa y Matamoros, entre otros poblados y ciudades saldrán este próximo 24 de enero para compartir la fe. Los autobuses saldrán de las Iglesias de Guadalupe en Reynosa y de Catedral en Matamoros.


Mas INFO Reynosa 899 9220136 Matamoros 868 8120112


http://ift.tt/1miWY51

twitter: @tye_reynosa



11:55 p.m.

“Jesús llegó de Galilea al río Jordán y le pidió a Juan que lo bautizara”. Reflexión de Mons. Ruy Rendón para el domingo 12 de enero 2014.


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“Jesús llegó de Galilea al río Jordán y le pidió a Juan que lo bautizara”.




Isaías 42,1-4.6-7

Hechos 10,34-38

Mateo 3,13-17




Con la fiesta del Bautismo del Señor concluimos el Tiempo de Navidad y nos disponemos a iniciar el así llamado Tiempo Ordinario. Hoy la Iglesia recuerda ya no a Jesús niño, sino a Jesús adulto que inicia su vida pública siendo bautizado por Juan en el río Jordán. Es una buena ocasión no sólo para contemplar y profundizar este importante acontecimiento en la vida de nuestro Señor, sino, además, para renovar nuestro propio bautismo, comprometiéndonos a vivir nuestras responsabilidades como bautizados y miembros del Pueblo de Dios.


Juan, humildemente, se resiste a bautizar a Jesús, quien desde la región norte de Palestina, llamada Galilea, viene hasta el Jordán y le pide ser bautizado: “Jesús llegó de Galilea al río Jordán y le pidió a Juan que lo bautizara”. Debemos recordar que el bautismo que Juan realizaba no era el bautismo cristiano. Juan bautizaba invitando a la gente a arrepentirse de sus pecados, siendo este bautismo un signo “externo” de arrepentimiento y conversión. En este sentido, Jesús no necesitaba ser bautizado ya que Él, no teniendo pecado alguno, no requería arrepentirse de algo. Sin embargo nuestro Señor se acerca para expresar su solidaridad con los seres humanos pecadores.


En el diálogo entre Jesús y Juan encontramos una frase maravillosa que no debemos perder de vista, será clave en el Evangelio que el Señor estará predicando durante su ministerio: “Haz ahora lo que te digo, porque es necesario que así cumplamos todo lo que Dios quiere”. Estas palabras, dichas por Jesús, nos invitan a estar siempre atentos para escuchar sus enseñanzas y así poder cumplir la voluntad de Dios.


Una vez que Jesús es bautizado, nos relata san Mateo en el evangelio, suceden hechos extraordinarios: “se le abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios, que descendía sobre él en forma de paloma, y se oyó una voz que decía desde el cielo: < Este es mi Hijo muy amado, en quien tengo mis complacencias >” . Las tres personas divinas asociadas en este acontecimiento: El Padre, en la voz procedente del cielo; el Hijo, bautizado en el Jordán; el Espíritu Santo, en forma de paloma, ungiendo a Jesús.


Jesús, es el Hijo amado del Padre; el Mesías-Siervo anunciado por los profetas (primera lectura); así es presentado en el inicio de su ministerio entre nosotros. Un ministerio que se caracterizó en hacer el bien, de modo particular, a los pobres y necesitados: “pasó haciendo el bien, sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él” (segunda lectura).


Pidamos a Dios Padre en la Eucaristía dominical que, renovando nuestros compromisos bautismales, seamos verdaderos hijos suyos, hermanos de Jesucristo y templos del Espíritu Santo; que seamos hombres y mujeres espirituales que, cumpliendo siempre su voluntad, pasemos nuestra vida haciendo el bien, sabiendo que Dios está con nosotros. Amén.




+Ruy Rendón Leal

Obispo de Matamoros



4:10 p.m.






abelen“Hemos visto su estrella en el oriente y hemos venido a adorar al Señor”. Reflexión de Mons. Ruy Rendón para el domingo 5 de enero 2014.


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“Hemos visto su estrella en el oriente y hemos venido a adorar al Señor”.




Isaías 60,1-6

Efesios 3,2-3.5-6

Mateo 2,1-12




El domingo siguiente al primero de enero la Iglesia celebra la Solemnidad de la Epifanía del Señor. En esta celebración se recuerda aquel interesante acontecimiento, en la vida del niño Jesús, en el que unos magos de oriente buscaron y encontraron al rey de los judíos que acababa de nacer. La palabra epifanía significa “manifestación divina”; en efecto, Dios a través del recién nacido se manifiesta, se da a conocer, se revela a estos personajes venidos del oriente que representan a todos los hombres y mujeres procedentes del mundo pagano, es decir, extranjeros que no formaban parte del pueblo de Israel. Por consiguiente, el centro de la fiesta no son los magos, sino el pequeño, quien es reconocido por los magos como rey (en el oro que le entregan), como Dios (en el incienso), y como hombre (en la mirra).


Las primeras dos lecturas (Isaías y Efesios) y el salmo responsorial, nos hablan de cómo los paganos se vuelcan hacia Jerusalén para rendir honor a Dios: “Caminarán los pueblos a tu luz y los reyes, al resplandor de tu aurora… Todos se reúnen y vienen a ti; tus hijos llegan de lejos… Los reyes de occidente y de las islas le ofrecerán sus dones… Por el Evangelio, todos los paganos son coherederos de la misma herencia…”. La aceptación por parte de Dios de los paganos, nos debe ayudar a entender que nosotros también debemos tener consideración por todas aquellas personas que, sin ser de las nuestras, tienen buena voluntad, aman a Dios y al prójimo y nos dan un ejemplo notable de su gran fe, testimoniada por una vida de entrega generosa.


El texto del evangelio nos narra el itinerario y las peripecias que los magos asumieron en la búsqueda de Jesús. Ellos proceden de lejanas tierras, no son miembros del pueblo de Israel, son paganos, dejan la tranquilidad de su casa, recorren caminos peligrosos y desconocidos con la única finalidad de llegar hasta el Señor y adorarlo; perseveran, además, en su propósito, no obstante los contratiempos del viaje. Nosotros ¿qué tan dispuestos estamos para buscar al Señor, desinstalándonos de nuestras comodidades y arriesgando nuestra vida por Él?


Los habitantes de Jerusalén, con el rey Herodes, no se habían enterado que el Mesías prometido tiempo atrás, ya había nacido y estaba en medio de su pueblo. Fueron más bien los paganos, quienes estuvieron más atentos para descubrir, en las señales del cielo, la luz de Dios que los guiaba hasta Belén de Judá.


Al llegar a la casa ven al niño con María, su madre, y postrándose lo adoran; le ofrecen, además, como regalos: oro, incienso y mirra. En estas fiestas de la Navidad que estamos celebrando, a ejemplo de los magos, debemos también nosotros postrarnos ante Jesús, adorarlo como él lo merece porque es el Dios hecho hombre.


Demos gracias a Dios porque ha querido darse a conocer, por medio de su Hijo Jesucristo, a todos los hombres y mujeres del mundo entero. Ofrezcámosle al Señor lo mejor de nosotros mismos, nuestra vida, como el mejor de los regalos con motivo de su nacimiento. Amén.




+Ruy Rendón Leal

Obispo de Matamoros




8:24 p.m.






H. Matamoros. Mons. Ruy Rendón Leal envía el siguiente mensaje a toda la comunidad con motivo del Año Nuevo.


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MENSAJE DE AÑO NUEVO 2014

Dios, el prójimo y nosotros….




Al iniciar el año 2014 vuelven a surgir, desde nuestro interior, una serie de sentimientos marcados por la esperanza y la ilusión. Los buenos propósitos, los cambios de actitudes, la corrección de conductas, los proyectos trazados; todo esto forma parte del comienzo de un nuevo año. Sin duda la clave para que un año sea venturoso está: en nosotros, y no tanto en los demás; en la calidad, más que en la cantidad; en el corazón, más que en el comportamiento; en el dar, más que en el recibir; y, sobre todo, en la acción transformadora de Dios en nuestra vida.


Ahora bien, los tiempos, últimamente, no han sido del todo buenos, bien lo sabemos. El año que termina ha sido difícil para muchas personas y familias de Tamaulipas y de todo el país. Sin embargo, a pesar de los sinsabores y de los grandes desafíos que la realidad nos presenta hoy en día, el hecho de iniciar un nuevo año contando con el auxilio de Dios, nos hace comenzarlo con alegría y optimismo.


Todos deseamos alcanzar la felicidad a lo largo del año; de hecho así es nuestro saludo de estos primeros días: “feliz año nuevo” y, realmente, lo decimos con sinceridad. Esta felicidad no nos caerá del cielo, por arte de magia, necesitamos esforzarnos, día a día, por conquistarla. Además, debemos subrayar, la verdadera felicidad no consiste en poseer: “amor, dinero y salud”, sino, sobre todo, tener a Dios con nosotros, ya que, quien lo tiene todo, pero no tiene a Dios, le falta lo más importante, y cuando tenemos a Dios, aunque no tengamos muchos bienes materiales, tenemos lo principal: la Fuente de la verdadera y eterna felicidad que llena plenamente nuestro corazón y que no se acaba cuando el bien material desaparece.


Ahora bien, no debemos olvidar que la alegría y la realización más grandes del ser humano radican en la entrega generosa al servicio de nuestros semejantes. Si entendemos esto y lo ponemos en práctica lograremos que este año 2014 sea un año feliz. Con mis mejores deseos para todos. ¡FELIZ AÑO NUEVO!




+Ruy Rendón Leal

Obispo de Matamoros




12:24 p.m.






“El ángel del Señor se le apareció en sueños a José y le dijo: Levántate, toma al niño y a su madre…”. Reflexión de Mons. Ruy Rendón, para el domingo 29 de diciembre.


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“El ángel del Señor se le apareció en sueños a José y le dijo:

Levántate, toma al niño y a su madre…”.




Sirácide 3,3-7.14-17

Colosenses 3,12-21

Mateo 2,13-15. 19-23




El domingo siguiente a la Navidad, la Iglesia celebra, ordinariamente, la fiesta de la Sagrada Familia; familia integrada por Jesús, José y María. El sentido de esta fiesta nos lo da, con toda claridad, la oración colecta de la Misa: “Señor y Dios nuestro, tú que nos has dado en la Sagrada Familia de tu Hijo el modelo perfecto para nuestras familias, concédenos practicar sus virtudes domésticas y estar unidos por los lazos de tu amor, para poder ir a gozar con ella eternamente de la alegría de tu casa”.


Los textos bíblicos de este domingo nos exhortan a practicar una serie de virtudes que, sin duda, nos ayudarán a hacer de nuestras familias: iglesias domésticas donde se viva la fe, la esperanza y la caridad; y donde, además, se crezca en lo humano, en lo cristiano y en lo misionero.


El texto del Sirácide, también llamado Eclesiástico (primera lectura), nos recuerda las actitudes que cada uno de los miembros de una familia debe poseer para poder agradar a Dios. Será interesante releer el texto, poniendo mucha atención, a fin de fomentar en nuestro hogar un ambiente de concordia y felicidad: “El que honra a su padre queda limpio de pecado… encontrará alegría en sus hijos y su oración será escuchada… tendrá larga vida; y acumula tesoros, el que respeta a su madre… Hijo, cuida a tu padre en la vejez y en su vida no le causes tristeza; aunque se debilite su razón, ten paciencia con él y no lo menosprecies por estar tú en pleno vigor. El bien hecho al padre no quedará en el olvido y se tomará en cuenta de tus pecados”.


El texto de san Pablo a los colosenses nos presenta, por otra parte, una lista interminable de virtudes humanas, cristianas y pastorales, que muy bien pueden constituir un proyecto de vida familiar para todos nosotros; así por ejemplo, se nos dice, entre otras cosas: “sean compasivos, magnánimos, humildes, afables y pacientes. Sopórtense mutuamente y perdónense cuando tengan quejas contra otro… Y sobre todas estas virtudes tengan amor, que es el vínculo de la perfecta unión”. Así mismo, el apóstol nos exhorta a vivir en paz, ser agradecidos, valorar la palabra de Dios, enseñarnos y aconsejarnos unos a otros, alabar a Dios, etc. Termina invitando a los matrimonios a respetarse y a amarse mutuamente; a los hijos a obedecer a sus padres, y a los padres a no exigir demasiado a sus hijos…


El evangelio, por último, nos narra cómo Dios en tres ocasiones acompañó, protegió, aconsejó y clarificó el camino de san José, a fin de que la Sagrada Familia pudiese sortear eficazmente los peligros que la amenazaban en la persona del rey Herodes y de su hijo Arquelao: “El ángel del Señor se le apareció en sueños a José y le dijo: Levántate, toma al niño y a su madre…”.


Pidamos a Dios nuestro Señor, en la Eucaristía dominical, por todas las familias del mundo entero. Sabemos que existen muchas clases de familias: unas más integradas y estables, otras que atraviesan por situaciones muy complejas e inestables… Pidamos en especial por las familias que, a causa de la migración, se encuentran separadas en sus miembros, para que haya leyes más humanas que velen por sus derechos. Amén.




+Ruy Rendón Leal

Obispo de Matamoros




11:24 a.m.






H. Matamoros. Mons. Ruy Rendón Leal, Obispo de Matamoros, envía el siguiente mensaje a toda la comunidad con motivo de la Navidad.


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MENSAJE DE NAVIDAD 2013

Y la paz será realidad…




La Navidad es la celebración anual del nacimiento de Jesucristo, el Hijo de Dios, el Dios hecho hombre, nuestro Salvador. Por lo tanto, el centro de las fiestas navideñas no somos nosotros sino, más bien, el Recién Nacido, el Niño Dios. Convendrá entonces dirigir nuestra mirada y, sobre todo, nuestro corazón, hacia el portal de Belén y contemplar el gran misterio que, como hombres y mujeres de fe, alcanzamos a vislumbrar a través de los signos pobres y humildes que aparecen: estamos en un pequeño pueblo llamado Belén, en las afueras, en un barrio de la periferia, en una casa cuya familia pudo acoger esa noche bendita a los santos peregrinos José y María; el lugar que les han prestado es el espacio de la casa destinado a los animales. Y allí la Virgen María “dio a luz a su hijo primogénito, le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre…” nos dirá el evangelista san Lucas (2,7). Las periferias y la pobreza, por consiguiente, deben ser para nosotros lugares de encuentro con Dios, lugares donde Él se manifiesta y donde nos invita a estar y a ser solidarios con quienes viven en tales espacios, o bien, experimentan situaciones difíciles en su vida: enfermos, migrantes, presos, indigentes, etc.


Los ángeles, al anunciar a los pastores el nacimiento del Redentor, entonan un precioso cántico que debemos hacer nuestro: “¡Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad!” (Lc 2,14). Tres elementos se destacan en este bello cántico: En primer lugar, se trata, con la Navidad, de glorificar a Dios, ya que nos muestra su amor dándonos a su Hijo único, quien nace pobre entre los pobres. Glorificamos, por tanto, a Dios, con nuestros cantos y oraciones, pero sobre todo con nuestra conducta, con nuestras buenas obras (cfr. Mt 5,16). La Navidad, además, es un acontecimiento de paz. En efecto, naciendo el Salvador, automáticamente la paz llega a la tierra, ya que él es “El Príncipe de la paz” (Is 9,5); viene al mundo para reconciliar a los hombres entre sí, y a toda la humanidad con Dios (cfr. Rom 5,10-11; Col 1,20).


Pidamos al Niño Dios, en su nacimiento, que nos traiga, como regalo, esa paz tan anhelada para nuestros pueblos y ciudades de Tamaulipas y de todo México. No olvidemos, sin embargo, que la paz ciertamente es un don de Dios, pero implica una tarea nuestra: la de ser hombres y mujeres de buena voluntad. Esto quiere decir: que debemos ser personas de buen corazón, que sepamos amar y perdonar, servir y absolver, ser pacientes y amables, tener fe y esperanza. Empecemos en nuestra propia casa, escuela, trabajo y comunidad, a fortalecer estos valores cristianos. Y LA PAZ SERÁ REALIDAD…




Con mis mejores deseos para todos. ¡FELIZ NAVIDAD!


+Ruy Rendón Leal

Obispo de Matamoros




10:26 a.m.






afe“He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, a quien pondrán el nombre de Emmanuel, que quiere decir Dios-con-nosotros”. Reflexión de Mons. Ruy Rendón, para el domingo 22 de diciembre.


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“He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, a quien pondrán el nombre de Emmanuel, que quiere decir Dios-con-nosotros”.




Isaías 7,10-14

Romanos 1,1-7

Mateo 1,18-24




Iniciamos la cuarta y última semana del tiempo del adviento. Una semana, por cierto, de unos cuantos días; como quien dice, es la última llamada en nuestra preparación para la Solemnidad del Nacimiento del Dios hecho hombre, en el portal de Belén.


La Palabra de Dios, este domingo, nos invita a considerar a dos grandes personajes del tiempo de la espera: José y María. Reflexionar en las virtudes de estos esposos, nos ayudará sobremanera para disponer nuestro corazón, nuestro ambiente familiar y nuestra comunidad, a la celebración de esta gran fiesta del pueblo cristiano. De igual manera, el mismo Jesús, el Esperado de las Naciones, a quien María lleva en su seno, será una pieza clave en este último domingo de adviento.


Comencemos destacando el nombre con el que se le llama también a Jesús: “Emmanuel, que quiere decir Dios-con-nosotros”. El profeta Isaías lo menciona diciendo que es el hijo de una virgen: “He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, a quien pondrán el nombre de Emmanuel…”. San Mateo, en el evangelio, cita este texto del profeta, aplicándolo a la Santísima Virgen María, quien espera el nacimiento de su hijo, Jesús. Aquí nosotros podemos meditar en el significado que tiene el nombre de “Emmanuel”, y subrayar que, con este nombre, Dios se está comprometiendo a no abandonar a la humanidad, a no dejar a ningún ser humano a merced de las vicisitudes y complicaciones de la vida, como son: enfermedades, problemas, secuestros, violencia, crisis económicas, incluso la misma muerte. Dios empeña su palabra y nos dice claramente que en Jesús, a quien nosotros esperamos en esta Navidad, él está con nosotros y nos acompaña, nos fortalece, nos anima, nos consuela, y no nos deja solos.


San José, cuando se da cuenta que María está esperando un hijo, experimenta una fuerte crisis espiritual. Él no se explica que ha sucedido, por qué está pasando tal situación. San Mateo es muy preciso e, inmediatamente, señala que José era un hombre justo y “no queriendo ponerla en evidencia, pensó dejarla en secreto”. Cuando el ser humano es “justo”, es decir, cuando vive en la justicia, en la paz, en el amor fraterno, cuando es capaz de compasión y perdón, cuando tiene la sabiduría del cielo, Dios no abandona a la persona, se le manifiesta para aclarar lo que está sucediendo: “un ángel del Señor le dijo en sueños: José, hijo de David, no dudes en recibir en tu casa a María, tu esposa, porque ella ha concebido por obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tu le pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”. El texto termina diciendo que “cuando José despertó de aquel sueño, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y recibió a María”. He aquí la grandeza y la virtud de un hombre justo; le cree a Dios y le obedece, le da espacio en su vida a la voluntad de Dios, como ya María lo había hecho.


Contemplemos en la Eucaristía de este domingo a la Santísima Virgen María quien lleva en sus entrañas purísimas al Verbo eterno del Padre. Ella es, como el ángel lo expresó: “la llena de gracia”. Pidámosle a Dios, por su intercesión, que también nosotros sepamos acoger y engendrar espiritualmente a su hijo, escuchando su palabra y obedeciendo en la fe. Amén.




+Ruy Rendón Leal

Obispo de Matamoros




4:39 p.m.






coversion“Conviértanse, porque ya está cerca el Reino de los cielos”. Reflexión de Mons. Ruy Rendón, para el domingo 08 de diciembre.


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“Conviértanse, porque ya está cerca el Reino de los cielos”.




Isaías 11,1-10

Romanos 15,4-9

Mateo 3,1-12




Hace ocho días, al iniciar el tiempo del adviento, el profeta Isaías nos exhortaba: “¡Casa de Jacob, en marcha! Caminemos a la luz del Señor”. A partir de tal invitación, nosotros, como hombres y mujeres creyentes, comenzamos a recorrer este camino de preparación que tiene como punto de llegada la gran Solemnidad del Nacimiento del Hijo de Dios. Decíamos que, para poder avanzar con seguridad a lo largo de estas semanas, la Palabra de Dios que es lámpara para nuestros pasos y luz en nuestro sendero (ver Salmo 119,105), nos iba a estar acompañando, diaria o semanalmente. Este domingo, por ejemplo, Dios a través de su Palabra nos invita a suscitar en nuestro corazón, en nuestra mente y en nuestra conducta, una verdadera conversión, es decir, una transformación profunda y radical, no superficial y moderada.


Comencemos por el texto de Isaías, quien al hablar de los futuros tiempos mesiánicos (relativos a la venida del Mesías) nos presenta, precisamente, las características de este Salvador que Dios enviará a su pueblo: “Sobre él se posará el espíritu del Señor, espíritu de sabiduría e inteligencia, espíritu de consejo y fortaleza, espíritu de piedad y temor de Dios… Será la justicia su ceñidor, la fidelidad apretará su cintura”. Así mismo, el ambiente renovador que traerá a la tierra es bellamente descrito por medio de la extraordinaria convivencia de seres que, de por sí, son antagónicos: lobo y cordero, pantera y cabrito, novillo y león, vaca y osa, etc. Este ambiente paradisiaco lo podemos sintetizar con la expresión: PAZ EN LA TIERRA. El Salmo responsorial confirma esta idea fuerza que se convierte para nosotros, hoy en día, en una gran esperanza: “Ven, Señor, rey de justicia y de paz”.


San Pablo, en la segunda lectura, también nos insiste en lograr una verdadera renovación a partir del ejemplo que nos ha dado nuestro Señor Jesucristo. En efecto, la exhortación que nos hace es a: “vivir en perfecta armonía unos con otros, conforme al espíritu de Cristo Jesús, para que, con un solo corazón y una sola voz alabemos a Dios…”. Esta propuesta, si la ponemos en práctica durante este adviento, suscitará, sin duda, un ambiente excelente en nuestra familia, escuela, trabajo y comunidad.


El evangelio, por último, nos presenta una de las grandes figuras del tiempo de la espera, nos referimos a Juan el Bautista el precursor de Jesús. Hoy meditamos en su fuerte y valiente predicación, pero también en su estilo de vida, pobre y austero. En cuanto a sus palabras, sobresale el llamado a la conversión: “Conviértanse, porque ya está cerca el Reino de los cielos”. Y en cuanto a su forma de vivir, es interesante su austeridad y pobreza, que se convierten para nosotros en una llamada de atención ante el derroche de los muchos o pocos bienes materiales que poseemos. Recordemos que para lograr una plena Navidad se requiere, sobre todo, disponer nuestro corazón, libre de toda atadura, para que el Niño Dios pueda habitar en él.


Participemos en la Eucaristía de este domingo haciendo el buen propósito de lograr una auténtica conversión personal, renovando nuestros ambientes, buscando que sean ambientes de armonía, justicia, paz, amor y austeridad. Amén.




+Ruy Rendón Leal

Obispo de Matamoros




3:39 p.m.






aadv10“¡Casa de Jacob, en marcha! Caminemos a la luz del Señor”. Reflexión de Mons. Ruy Rendón, para el domingo 01 de diciembre.


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“¡Casa de Jacob, en marcha! Caminemos a la luz del Señor”




Isaías 2,1-5

Romanos 13,11-14

Mateo 24,37-44




La Navidad es, sin duda, una de las principales fiestas que tenemos en el año. El ambiente que rodea esta festividad nos invade por doquier: adornos, arbolitos, luces, esferas, ofertas, compras, regalos, nacimientos, posadas, cenas, piñatas, ponches, aguinaldos, dulces, cacahuates, vacaciones, etc., etc. La Iglesia, nuestra amada Iglesia, fiel depositaria del Mensaje que Dios comunica al ser humano en la persona de su Hijo Jesucristo, nos invita, de nuevo, a prepararnos de manera adecuada para celebrar la Solemnidad del Nacimiento del Hijo de Dios en el portal de Belén. La preparación comienza precisamente este domingo y se prolonga hasta el 24 de diciembre por la tarde.


Los textos bíblicos que estaremos escuchando durante el adviento (tiempo litúrgico que nos prepara para la Navidad), nos ayudarán para ir entendiendo, poco a poco, que la preparación y la Fiesta misma del nacimiento del Niño Dios, no es un asunto meramente social, de pesos y centavos, de gastos innecesarios y despilfarros, de comilonas y borracheras; se trata, más bien, de una cuestión de cambio de actitud hacia los demás, hacia las cosas materiales, hacia Dios y hacia nosotros mismos. Ser más solidarios, menos egoístas, más compartidos, menos pesimistas, más fraternos, menos agresivos, más responsables, menos soberbios, más humildes; en fin, este tiempo es, sobre todo, tiempo para crecer en el amor a Dios y en el amor al prójimo.


La primera lectura, tomada del libro del profeta Isaías, nos propone ponernos en camino hacia la fiesta de la Navidad, siempre iluminados por la luz del Señor en su Palabra: “Vengan subamos al monte del Señor…, para que él nos instruya en sus caminos y podamos marchar por sus sendas... ¡Casa de Jacob, en marcha! Caminemos a la luz del Señor”. El profeta también nos insiste en ser constructores de paz en cuanto que el nacimiento del Salvador favorecerá un tiempo de tranquilidad y armonía: “De las espadas forjarán arados y de las lanzas, podaderas; ya no alzará la espada pueblo contra pueblo, ya no se adiestrarán para la guerra”.


San Pablo, por otra parte, con las hermosas imágenes de la noche y el día, nos exhorta a vivir en gracia de Dios y en paz con nuestros semejantes, desterrando de nuestro lado los vicios y todo aquello que se opone a la ley divina: “Ya es hora de que se despierten del sueño… La noche está avanzada y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas y revistámonos con las armas de la luz…”.


El evangelio, por último, en una frase significativa que siempre debe resonar en nuestro corazón, nos recuerda la importancia que tiene la vigilancia cristiana: “Velen, pues, y estén preparados…”. “Velar” y “estar preparados” son dos verbos que, en modo imperativo, orientan claramente nuestro camino de este adviento: estar atentos para mantener la vida de la gracia, sin que nada ni nadie pueda apartarnos de lo que nos hace verdaderamente felices: la amistad con el Señor.


Pidamos a nuestro Padre Dios, en la Misa de este primer domingo de adviento, recorrer este tiempo de espera gozosa, escuchando atentamente su Palabra que es luz en nuestro camino. Amén.




+Ruy Rendón Leal

Obispo de Matamoros




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