Artículos por "Cristo"
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Título original
The Passion Of The Christ

Año
2004

Duración
126 min.

País
Estados Unidos

Director
Mel Gibson

Guión
Mel Gibson & Benedict Fitzgerald

Música
John Debney

Fotografía
Caleb Deschanel

Reparto
James Caviezel (AKA Jim Caviezel), Monica Bellucci, Maïa Morgenstern, Francesco Cabras, Rosalinda Celentano, Claudia Gerini, Sergio Rubini, Hristo Jivkov

Productora
Newmarket Film Group / Icon Productions

Género
Drama | Religión. Biblia. Gore

Web Oficial
http://www.thepassionofthechrist.com

Sinopsis
Año 30 de nuestra era. En la provincia romana de Judea, un misterioso carpintero llamado Jesús de Nazareth comienza a anunciar la llegada del "reino de Dios" y se rodea de un grupo de humildes pescadores: los Apóstoles. Durante siglos, el pueblo judío había esperado la llegada del Mesías - personaje providencial que liberaría su sagrada patria e instauraría un nuevo orden basado en la justicia-. Las enseñanzas de Jesús atraen a una gran multitud de seguidores que lo reconocen como el Mesías. Alarmado por la situación, el Sanedrín, con la ayuda de Judas Iscariote, uno de los doce Apóstoles, arresta a Jesús. Acusado de traición a Roma, Cristo es entregado a Poncio Pilato, quien, para evitar un motín, lo condena a a morir en la cruz como un vulgar criminal.

Premios
2004: 3 nominaciones al Oscar: Mejor fotografía, maquillaje, bso
2004: National Board of Review: Premio a la libertad de expresión
2004: Nominada a Critics' Choice Awards: Mejor película popular

Críticas
¿Antisemita? Puede que sí... aunque el aspecto queda difuso en cuanto que el pueblo judío, vociferante cuando condenan a Cristo, nunca aparece definitorio ni explícito frente a las autoridades judías ávidas de la sangre del nazareno. ¿Violenta? Sin duda alguna; Estamos ante una película excesivamente sanguinolenta e innecesariamente gore, pero... que tire la primera piedra el que entró en la sala sin estar advertido. Dicho esto, nadie puede discutir que "The Passion of the Christ" es cine estéticamente formidable, y que tiene escenas (como la de la gota que cae del cielo) que difuminan, al menos para algunos, toda crítica extracinematográfica, toda polémica estéril y falsamente trascendental entre los millones de personas que fuimos a ver una película sobre la muerte de un hombre, torturado y crucificado en vida... habiéndonos leído el libro. Poco más que añadir: "quejaos y lanzad vuestros lamentos al cielo. Renegad todo lo queráis... que a Gibson vuestras críticas le suenan a márketing promocional, y cuantas más voces incendiarias levantéis más dólares tendrá para hacer una secuela. Puedes no estar de acuerdo con su forma de reflejar sus ideas, pero si su intenso compromiso le hace sacar todo el buen cine que tiene dentro, que es mucho, por mí como si el ultracatólico de Mel hace los dos testamentos."
Pablo Kurt

"Si alguna vez hubo un film con el título correcto, ese film es "La pasión de Cristo" (The Passion of the Christ) de Mel Gibson. Aunque la palabra pasión ha llegado a mezclarse con romance, su origen en el latín hacía referencia al sufrimiento y al dolor. La película dura 126 minutos, y calculo que al menos 100 de esos minutos, quizá más, se refieren específica y gráficamente con detalles a la tortura y muerte de Jesús. Esta es la película más violenta que jamás he visto. (...) Lo que Gibson me ha enseñado, por primera vez en mi vida, es una idea visceral de en qué consiste la pasión. (...) No es un sermón o una homilía, sino una visualización de un evento central de la religión cristiana. Tómalo o déjalo. (...) He sido conmovido por la profundidad de los sentimientos, por la habilidad de los actores y de los técnicos (...) es una película sobre una idea. (...) Puntuación: **** (sobre 4)"
Roger Ebert: Chicago Sun-Times

"Un serio, logrado y terrible film que irradia un compromiso total"
Richard Corliss: Time

"Profundamente conmovedora y fanáticamente obtusa en iguales dosis."
Peter Travers: Rolling Stone

"Hay algo esclarecedor -incluso descarnada poesía- en The Passion"
Claudia Puig: USA Today

"The Passion of the Christ nunca ofrece un sentido claro a todo lo que estaba significando ese derramamiento de sangre, un aspecto inconcluyente que supone el fallo artístico más serio de Mr. Gibson"
A. O. Scott: The New York Times

"Ningún niño debe ver esta película. Incluso los adultos están en peligro. 'La Pasión de Cristo' de Mel Gibson es la más virulenta película antisemita realizada desde los films de propaganda nazi de la II Guerra Mundial. (...) La violencia es grotesca, salvaje y a menudo ensalzada con cámara lenta."
Jami Bernard: Daily News

"The Passion of the Christ debería dejar a la audiencia en un estado de exaltación. Pero en lugar de eso simplemente deja a la audiencia exhausta."
Mick LaSalle: San Francisco Chronicle

"En lugar de verme conmovido por el sufrimiento de Cristo, o sobrecogido por su sacrificio, siento el abuso de un director que intenta castigar a su audiencia, por quién sabe qué pecados."
David Ansen: Newsweek



Título original
Il Vangelo secondo Matteo

Año
1964

Duración
131 min.

País
 Italia

Director
Pier Paolo Pasolini

Guión
Pier Paolo Pasolini

Música
Luis Enríquez Bacalov (AKA Luis Enrique Bacalov), J.S. Bach, W.A. Mozart, Billie Hollyday

Fotografía
Tonino Delli Colli

Reparto
Enrique Irazoqui, Margherite Caruso, Susanna Pasolini

Productora
Coproducción Italia-Francia; Arco Film Roma / Lux Compagnie Cinématographique de France

Género
Drama | Religión. Biblia

Sinopsis
En clave neorrealista pero sin apartarse del texto bíblico, el polémico Pasolini realiza un cercano retrato de Jesús de Nazaret. (FILMAFFINITY)

Premios
1964: Festival de Venecia: Premio Especial del Jurado
1966: 3 nominaciones al Oscar: bso (Adaptada), vestuario B&N, direcc. artíst. B&N
1966: Círculo de críticos de Nueva York: Nominada a Mejor película extranjera

Críticas
"Obra sencilla y vorazmente sincera, rodada con una simplicidad extrema"
Luis Martínez: Diario El País

"Personalísima visión de la vida de Jesucristo que se aparta de las habituales recreaciones que se han realizado del fundador del Cristianismo"
Fernando Morales: Diario El País




TITULO ORIGINAL:
The Gospel of John

AÑO:
2005

DIRECTOR:
Philip Saville

PRODUCTORA:
Buena Vista Home Entertainment / Disney
REPARTO:
Henry Ian Cusick, Christopher Plummer, Scott Handy, Daniel Kash, Richard Lintern
GENERO:
Biblia. Religión. Drama

SINOPSIS:
El Evangelio de San Juan, seguido practicamente de manera textual basada en la traducción de la Sociedad Biblica Americana.



Título original
El mártir del Calvario

Año
1952

Duración
113 min.

País
México

Director
Miguel Morayta

Guión
Miguel Morayta (Historia: Gonzalo Elvira Sánchez de Aparicio)

Música
Gustavo César Carrión

Fotografía
Jorge Stahl Jr.

Reparto
Enrique Rambal, Manolo Fábregas, Consuelo Frank, Alicia Palacios, Miguel Ángel Ferriz, Carmen Molina, José María Linares-Rivas, Felipe de Alba, Luis Beristáin, Miguel Arenas, Lupe Llaca, Alberto Mariscal, Alfonso Mejía, José Baviera, Fernando Casanova, José Mora Méndez, Tito Novaro, Manuel Dondé, Armando Sáenz, Beatriz Ramos, Enrique García Álvarez, Antonio Bravo, Eugenia Galindo, Julio Ahuet, José Nava

Productora
Oro Films

Género
Drama | Religión. Biblia

Sinopsis
Jesús rodeado de sus discípulos hace andar a un paralítico, pronuncia el sermón de la montaña, multiplica los peces, devuelve la vista a un niño, redime a la pecadora Magdalena, resucita a Lázaro y arroja del templo a los mercaderes. Luego Judas lo vende y él celebra con los apóstoles la última cena. Después es apresado y coronado de espinas. Judas arrepentido se ahorca. Jesús es crucificado. Muerto, resucitado y sube al cielo al tercer dia.



Título original
Jesus

Año
1979

Duración
117 min.

País
Estados Unidos

Director
John Krish, Peter Sykes

Guión
Barnet Bain

Música
Luigi Patruno, Luciano Salvemini

Fotografía
Mike Reid

Reparto
Brian Deacon, Rivka Neuman, Alexander Scourby, Niko Nitai, Joseph Shiloach, Mosko Alkalai, Kobi Assaf, Eli Cohen, Eli Danker

Productora
Inspirational Films / The Genesis Project

Género
Drama | Familia. Biográfico. Histórico

Sinopsis
Película que relata la vida de Jesús desde su nacimiento hasta su muerte.



Título original
King of Kings

Año
1961

Duración
154 min.

País
Estados Unidos

Director
Nicholas Ray

Guión
Philip Yordan

Música
Miklós Rózsa

Fotografía
Franz Planer, Milton Krasner, Manuel Berenguer

Reparto
Jeffrey Hunter, Hurd Hatfield, Siobhan McKenna, Robert Ryan, Frank Thring, Rip Torn, Harry Guardino, Viveca Lindfors, Rita Gam, Carmen Sevilla, Brigid Bazlen, Guy Rolfe, Royal Dano, Edric Connor, Maurice Marsac, Gregoire Aslan, George Coulouris, Luis Prendes, Conrado San Martín, Gérard Tichy, Antonio Mayans, José Nieto, Rubén Rojo, Fernando Sancho, Michael Wager, Félix de Pomés, Adriano Rimoldi, Barry Keegan, Rafael Luis Calvo, Tino Barrero, Paco Morán, Orson Welles

Productora
Metro-Goldwyn-Mayer (MGM) / Samuel Bronston Productions

Género
Aventuras. Drama | Religión. Biblia. Cine épico

Sinopsis
Cuando las legiones de Roma conquistan Palestina, en un establo de un pueblo llamado Belén nace un niño que es adorado por pastores y por tres magos de Oriente que acuden a él guiados por una estrella. Ante el rumor de que ha nacido el Mesías, el rey Herodes ordena asesinar a todos los recién nacidos.

Premios
1961: Globos de oro: Nominada Mejor banda sonora original

12:20 a.m. ,

Un punto fundamental en las revelaciones de Jesús a santa Margarita María es la consagración personal a su divino Corazón. Consagrarse significa entregarse a Él sin condiciones con todo lo que somos y tenemos. Es una entrega total, confiando plenamente en Él, que dispondrá de nosotros de la mejor manera para nuestro bien. Es confiar plenamente en su bondad y lanzarnos al abismo de su divino Corazón con plena confianza, sin temor al futuro, sabiendo que estamos en buenas manos y que vale la pena dejarse llevar por Él como un niño en brazos de su madre.

Consagrarse es estar totalmente disponibles para lo que Él quiera, es aceptar con alegría lo que Él decida o permita para nosotros, aunque no entendamos nada. Es una disponibilidad absoluta y para siempre, como una donación de todo nuestro ser. Es como decirle de verdad: Señor, haz de mí lo que Tú quieras, puedes poner o quitar de mí lo que desees, sea lo que sea te doy las gracias, porque te amo y confío en Ti, porque Tú eres mi Dios y mi Señor. Es decirle en pocas palabras: Jesús, por medio de María, me consagro a Ti y quiero que Tú seas el Señor y el Rey de mi vida.

Eso significa darle carta blanca, es como firmarle un cheque en blanco, es como pedirle que sea el chofer de nuestra vida y que Él decida por nosotros lo que más nos conviene, sabiendo que será lo mejor para nosotros. Por eso, consagrarse a Jesús es un acto de total confianza en su amor, es como pedirle que nos meta para siempre dentro de su divino Corazón.

Decía santa Margarita María: Me parece que no hay camino más corto para llegar a la perfección ni medio de salvación más seguro que consagrarse del todo a este divino Corazón para tributarle todos los homenajes de amor, honor y alabanza que están a nuestro alcance (133).

El corazón de Jesús no dejará perecer a ninguna de las almas que se le hayan consagrado para tributarle todos sus homenajes y el amor de una voluntad franca y sincera (134).

ORACIONES
CONSAGRACIÓN PERSONAL AL CORAZÓN DE JESÚS

Jesús, yo te consagro en este momento mi persona, mi vida, mis acciones, penas y sufrimientos para no servirme de ninguna parte de mi ser sino para honrarte, amarte y glorificarte. Esta es mi voluntad irrevocable: ser todo tuyo y hacerlo todo por tu amor, renunciando a cuanto pudiera desagradarte. Te elijo, oh Jesús, como el centro de mi amor, el protector de mi vida, la garantía de mi salvación, el remedio de mi fragilidad, el reparador de todos los pecados de mi vida y quiero que seas mi asilo seguro en la hora de mi muerte.
Sagrado Corazón de Jesús, pongo toda mi confianza en Ti. Quita de mi alma todo lo que te desagrade y que tu puro amor se imprima en lo íntimo de mi corazón, de modo que jamás me olvide ni me separe de Ti. Te suplico, por tu amor, que mi nombre esté escrito en tu divino Corazón para siempre, porque quiero vivir y morir como hijo tuyo para siempre. Amén.

PARA LA ENTRONIZACIÓN DEL CORAZÓN DE JESÚS

a) Consagración a María

Oh María, Madre de nuestra familia, a tu Corazón Inmaculado queremos consagrarnos en este día. Queremos ponernos bajo tu manto y protección para que siempre nos defiendas de todo mal y de todo poder del maligno. Madre nuestra, Virgen María, defiéndenos de los peligros, ayúdanos a superar las tentaciones y presérvarnos de todo mal. Y, cuando lleguen los momentos de dolor, sé Tú nuestro refugio. Y, en los momentos de alegría, llévanos por el camino que nos conduzca a Dios para serle siempre agradecidos.

Madre nuestra, recibe nuestro humilde acto de consagración. Tuyos somos y tuyos queremos ser para siempre. Y danos la gracia de amar a Jesús con todo nuestro corazón y ofrecerle el homenaje de nuestro amor, especialmente en la Eucaristía.
Todos repiten: Soy todo tuyo, Reina mía, madre mía, y cuanto tengo tuyo es. Te entrego mi vida y mi amor, mi pasado, mi presente y mi futuro con todo lo que tengo y todo lo que soy para que se lo presentes a Jesús, que lo recibirá contento de tus manos. Dulce Corazón de María, sed la salvación mía. Amén.

b) Consagración al Corazón de Jesús

Señor Jesús, queremos proclamarte en este momento como el Rey y dueño de nuestro hogar y de nuestra familia. Queremos que reines en nuestras mentes y en nuestros corazones por el amor. Queremos amarte y adorarte a Ti, Jesús, que siempre nos esperas en la Eucaristía. Queremos que reines en nuestra vida entera: en nuestros pensamientos, deseos, sentimientos, palabras, miradas, obras... Todo es tuyo y todo te lo entregamos para que reines en nuestro cuerpo y en nuestra alma, pues queremos hacer siempre tu santa voluntad.
Oh divino Corazón de Jesús, dirige nuestra familia por el camino del bien, bendice nuestro trabajo y nuestras empresas, nuestras diversiones, nuestras amistades y todas nuestras actividades para que Tú seas el primero en todo.

Cúbrenos a todos con tu sangre bendita y protégenos de todo poder del maligno. Ayúdanos en los momentos difíciles y consuélanos en nuestras penas.

Sé Tú la alegría de nuestras vidas, porque sin Ti no podemos ser felices. Te pedimos por nuestros familiares difuntos para que los tengas en tu gloria. Y, cuando a nosotros nos llegue el momento de la partida definitiva, reúnenos a todos en tu reino para gozar unidos contigo en la patria celestial.

Jesús, bendice nuestro hogar. Sé Tú nuestro Rey. Establece en nuestra casa tu trono para siempre, porque no queremos que reine otro sino Tú. Por eso, con toda la fuerza de nuestro corazón, queremos decir: ¡Viva por siempre amado, bendecido y glorificado en nuestro hogar el Corazón divino de Jesús! ¡Venga a nosotros tu reino! ¡Bendito y alabado seas por siempre Jesús! ¡Bendito seas por siempre en el Santísimo Sacramento de la Eucaristía! ¡A Ti el poder, el honor y la gloria por los siglos de los siglos! Amén.

Todos repiten: Oh Jesús, por medio de María me consagro a Ti y quiero que Tú seas el Señor y el Rey de mi vida. Jesús, yo te amo y yo confío en Ti. Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío.

CONSAGRACIÓN DE LA FAMILIA AL CORAZÓN DE JESÚS

Oh divino Corazón de Jesús, postrados humildemente ante tu altar, queremos consagrarte en este día nuestra familia con todos nuestros seres queridos. Oh Jesús, por medio e intercesión de María, te pedimos que bendigas nuestro hogar y pongas tu amor, paz, unión y comprensión entre nosotros. También te pedimos por nuestros familiares difuntos y por todos aquellos familiares nuestros que vivirán hasta el fin de los siglos. A todos te los encomendamos desde ahora. Te encomendamos a toda nuestra familia, escribe nuestros nombres en tu divino Corazón y escóndenos en Él. Cúbrenos con tu sangre bendita y protégenos de todo poder del maligno; y haz que un día todos juntos nos reunamos contigo y con María, en unión con todos los santos y ángeles (especialmente con nuestros ángeles custodios), en la patria celestial. Amén.

CONSAGRACIÓN PARA INSTITUCIONES

Señor Jesús, nos diste la prueba más grande de amor al hacerte hombre para ser nuestro amigo y quedarte después con nosotros permanentemente en el sacramento de la Eucaristía. Gracias, Señor, por perdonar nuestros pecados y tener misericordia de nosotros.
Como miembros de la Institución... queremos servirte, amarte y darte gloria con nuestras acciones y trabajos. Queremos que reines en nuestro corazón, en nuestros hogares y en nuestra Institución. Te proclamamos nuestro Rey y Señor. Tuyos somos y tuyos queremos ser para siempre. Acepta, Señor Jesús, nuestra humilde entrega y ayúdanos para nunca más ofenderte con nuestros pecados, de modo que nuestra vida sea un canto continuo de gloria y alabanza en tu honor. Por eso, todos unidos, queremos decirte con toda la alegría de nuestra fe: “Jesús, Tú eres nuestro Dios; Tú eres nuestro Señor; Tú eres nuestro Rey. A ti el honor, el poder y la gloria por los siglos de los siglos”. Amén.

REFLEXIONES

Santa Margarita María era toda de Jesús, se había consagrado a su divino Corazón en cuerpo y alma, le había hecho donación de todo su ser y Él, a cambio, la había nombrado heredera universal de todos sus bienes. Ella era verdadera esposa de Jesús, esposa de sangre, sufriendo con Él por los pecados e ingratitudes que recibía de los pecadores y, especialmente, de las almas consagradas.

Ella procuraba consolarlo de las ofensas recibidas, especialmente de las ofensas recibidas en el sacramento de la Eucaristía. Jesús Eucaristía era el centro de su vida. Por eso, pasaba todos los momentos posibles ante Jesús sacramentado. Ella sabía que allí lo esperaba con su Corazón ardiendo en llamas de amor. Y allí en la Eucaristía, especialmente después de comulgar, en el momento de más íntima unión con Él, es cuando recibía las mayores gracias de su vida. Ante Jesús sacramentado no podía rezar oraciones, sólo podía amar en silencio.

Cuando iba a rezar ante Jesús Eucaristía, pedía a los ángeles que adoraran con ella a Jesús. No olvidemos que se había asociado a los serafines para estar unidos para siempre como hermanos. Ella ofrecía a Dios sus sufrimientos, que ellos no podían ofrecer; y ellos ofrecían su adoración a Dios en todo momento en su lugar, como sus representantes perpetuos ante Jesús sacramentado.

Por otra parte, recordemos que Jesús unió a Margarita María con el Padre de La Colombière como hermanos espirituales para siempre. Siendo hermanos perpetuos, ella ofrecía sus oraciones y sufrimientos por él y el padre Claudio la ofrecía a ella en la misa diaria. Los dos se habían consagrado juntos al Corazón de Jesús y los dos vivían íntimamente unidos en el divino Corazón.

Por otra parte, procuraba ser un apóstol de la devoción al Corazón de Jesús tal como Él le había indicado. A través de sus cartas, se nota cómo trata de inculcar esta devoción a todos sus conocidos. Promovía, especialmente, la promesa de los nueve primeros viernes que la Iglesia ha aceptado y propagado por el mundo entero como un medio sencillo de salvación. Jesús le había insistido mucho que comulgara los primeros viernes de mes (135).

Practicaba la Hora santa de jueves a viernes cada semana, tal como Jesús le había enseñado, asegurando en la Autobiografía que las mayores gracias las recibía en la sagrada comunión y durante la Hora santa del jueves al viernes (136).

En las revelaciones de Jesús vemos también la importancia que Él da a las imágenes del Corazón de Jesús, prometiendo que los lugares donde sean expuestas y honradas serán especialmente bendecidos por Él. Algo parecido a lo que le prometió a santa Faustina Kowalska con relación a la imagen del Señor de la misericordia.

Pero algo muy importante, evidentemente, es la consagración personal y comunitaria al Corazón de Jesús, a la cual van unidas muchas promesas por ser un gran medio de salvación y santificación. A este respecto es importante hacer la consagración de las familias al divino Corazón tal como lo propiciaba el padre Mateo Crawley por medio de la entronización del Corazón de Jesús en el hogar.

¡Ojalá que todos seamos apóstoles del Corazón de Jesús y de sus promesas para ser abundantemente bendecidos por Él, como lo ha prometido; pero también para conseguir muchas almas para el cielo! No olvidemos que el Corazón de Jesús es Jesús mismo, presente en la Eucaristía. Allí nos espera con su Corazón ardiendo en llamas, vivo y resucitado, esperando nuestra compañía, nuestro consuelo y nuestro amor.

133 Carta a su hermano sacerdote de Bois-Sainte-Marie del 22 de enero de 1687.
134 Carta a la Madre Saumaise de julio de 1689.
135 Autobiografía, p. 66.
136 Autobiografía, p. 72.

Tomado de:
Santa Margarita María de Alacoque y el Corazón de Jesús
Padre Ángel Peña O.A.R.
Lima - Perú

Nihil Obstat
P. Ignacio Reinares
Vicario Provincial del Perú
Agustino Recoleto

Imprimatur
Mons. José Carmelo Martínez

Tu hermano y amigo del Perú.
P. Ángel Peña O.A.R.
Parroquia La Caridad
Pueblo Libre - Lima - Perú
Teléfono 00 (511) 4615894
Obispo de Cajamarca (Perú)

12:19 a.m. ,

El Corazón de Jesús es el símbolo o imagen sensible del amor infinito de Jesús. Cuando hablamos del Corazón de Jesús, estamos hablando de su Corazón como símbolo de su amor a los hombres y, por eso, cada vez que decimos Corazón de Jesús, podemos decir igualmente Jesús. Él está realmente presente en la Eucaristía con su Corazón vivo y palpitante de amor por nosotros. Por ello, la devoción al Corazón de Jesús es inseparable de la devoción a Jesús Eucaristía.

Después de las apariciones del Corazón de Jesús a santa Margarita María de Alacoque, en las que le pedía que se celebrara la fiesta del Corazón de Jesús el viernes siguiente a la octava del Corpus Christi, el Papa Clemente XIII aprobó el 6 de febrero de 1765 oficialmente esta fiesta para Polonia. El Papa Pío IX, el año 1856, extendió esta fiesta a toda la Iglesia. En 1871 se concedió a esta fiesta el rango de primera clase, de acuerdo al pedido de los obispos presentes en el concilio Vaticano I.

El Papa León XIII, el 25 de mayo de 1899, publicó la encíclica Annum sacrum, en que explicaba la importancia de la consagración del mundo al Corazón de Jesús. Lo consagró el 11 de junio de 1899, elevando esta fiesta al rango de doble de primera clase. El Papa Pío IX, el 22 de agosto de 1906, pidió que cada año se renovara la consagración de la humanidad al Corazón de Jesús delante del Santísimo Sacramento con la fórmula empleada por el Papa León XIII.

El Papa Pío XI escribió tres encíclicas sobre el Sagrado Corazón de Jesús y elevó esta fiesta en 1828 a la categoría de solemnidad. El Papa Pío XII escribió la encíclica Haurietis aquas sobre el Corazón de Jesús. En ella dice: En la historia de la devoción al Corazón de Jesús debemos recordar los nombres de aquellos que se pueden considerar los precursores de esta devoción… Entre ellos San Juan Eudes, que es el autor del primer oficio litúrgico en su honor, cuya fiesta solemne se celebró con el beneplácito de muchos obispos de Francia el 20 de octubre de 1672. Pero, entre todos los promotores de esta excelsa devoción, merece un puesto especial santa Margarita María Alacoque, porque su celo, iluminado y ayudado por el de su director espiritual san Claudio de La Colombière, consiguió que este culto, ya tan difundido, haya alcanzado el desarrollo que hoy suscita la admiración de los fieles cristianos y que por sus características de amor y reparación, se distingue de todas las demás formas de la piedad cristiana.

El Papa Juan Pablo II, en su primera encíclica Redemptor hominis, nos habla del Corazón de Cristo. Es el Papa de los dos Corazones (de Jesús y de María). El 25 de Marzo de 1984 consagró el mundo y la Iglesia al Inmaculado Corazón de María como la misma Virgen María le había pedido a Lucía de Fátima, aclarando que el Corazón de María es el camino más seguro para llegar al Corazón de Jesús.

Entre los apóstoles del Corazón de Jesús destaca san Juan Eudes (1601-1680). El Papa Pío X lo llamó el doctor de los Sagrados Corazones de Jesús y de María. Él dice: La fiesta del Corazón de Jesús es la fiesta de las fiestas. Pertenece más al cielo que a la tierra. Si se celebra en la Iglesia una fiesta tan solemne en honor del divino sacramento de la Eucarística, ¡qué fiesta no debería establecerse en honra de su Sacratísimo Corazón, que es el origen de todo lo grande y precioso que existe en este augusto sacramento! (124).

San Francisco de Sales (1567-1622) atribuía la fundación de las religiosas de la Visitación (la Orden de santa Margarita María) a la obra de los Corazones de Jesús y de María.

El beato Bernardo Hoyos (1711-1735) es considerado el primer apóstol de esta devoción en España. Nos dice: Adorando al Señor en la hostia, me dijo clara y distintamente el 3 de mayo de 1733, que quería por mi medio extender el culto de su Corazón sacrosanto, para comunicar sus dones125. El 14 de mayo de ese mismo año, dice: Estaba pidiendo una fiesta para el Corazón de Jesús, en especial para España, y me dijo Jesús: “Reinaré en España y con más veneración que en otras partes” (126).

El rey de España Alfonso XIII consagró España al Corazón de Jesús en el Cerro de los Ángeles de Madrid el 30 de mayo de 1919.
Otra religiosa importante en esta devoción es María del divino Corazón. Jesús se le apareció frecuentemente, diciéndole: Tú serás la esposa de mi Corazón127. Estando en Oporto (Portugal) de Superiora de la casa de su Congregación del Buen Pastor, recibió del Señor un mensaje para que escribiera al Papa León XIII con el fin de que hiciera la consagración del mundo a su Sagrado Corazón. A este efecto le escribió dos cartas. Como hemos anotado, el Papa realizó esta consagración y la consideró como el acto más importante de su pontificado.

Otro apóstol del divino Corazón fue sor Benigna Consolata Ferrero (1885-1916), religiosa italiana de la Visitación, murió a los 31 años con fama de santidad. Jesús le decía: Es necesario reavivar la devoción a este Corazón para que el mundo se conmueva de nuevo. Mi Corazón ha de ser la salvación de todo el mundo (128).

Yo no puedo resistir, viendo tantas almas engañadas. Con ellas usaré de misericordia, llamándolas dulcemente a mi divino Corazón. Les revelaré los secretos inefables de mi divino Corazón y les enseñaré a vivir de mi amor, de aquel amor que vuelve suave el dolor más grande y que hace gustar al alma una paz celestial, aún en medio de las rudas pruebas (129).

Otro apóstol importante de esta devoción es santa Faustina Kowaslska (1905-1938), a quien Jesús le manifestó su divina misericordia en íntima unión con esta devoción del Corazón de Jesús, pues es el mismo Corazón bajo el aspecto de su amor misericordioso. Jesús le hizo pintar una imagen con la inscripción: Jesús, yo confío en Ti. Prometiéndole, al igual que a santa Margarita, bendecir los lugares donde fuera expuesta y honrada. También le prometió la victoria sobre sus enemigos en la tierra y especialmente en la hora de su muerte, pidiéndole que se instituyera la fiesta del Señor de la misericordia el primer domingo después de Pascua.

Otro gran apóstol fue el padre Mateo Crawley (1875-1960), perteneciente a la Congregación de los Sagrados Corazones. Por providencia divina consiguió la imagen del Corazón de Jesús que había pertenecido al presidente de Ecuador,

Gabriel García Moreno, quien había consagrado Ecuador al Corazón de Jesús el 25 de marzo de 1874. El padre Mateo descubrió esta imagen en 1894 en un armario de su Seminario de Valparaíso (Chile), donde estudiaba. En 1897 se la pidió a su padre provincial para que fuera su estandarte de lucha y prenda de victoria para la gran obra que pensaba realizar de la entronización del Corazón de Jesús en todos los hogares. Comenzó esta misión en 1905. En 1907 visitó el convento de Paray-le-Monial, donde había vivido santa Margarita María, y allí tuvo una experiencia mística que lo confirmó en su misión. A partir de ese momento, se dedicó en cuerpo y alma a conquistar el mundo para Cristo.
Comenzó su cruzada de entronización en Valparaíso en 1908 y después en su país (Perú). Había nacido en Arequipa en 1875. Siguió con Uruguay, Argentina y otros países. En 1914 se embarcó para Europa al estallar la primera guerra mundial y permaneció 42 años viajando por todo el mundo, fomentando la consagración de las familias y de los pueblos al Corazón de Jesús, consiguiendo que muchas familias realizaran el acto de entronización en sus hogares, colocando a Jesús como el rey y el centro de la familia.

El decía: La relación entre el culto al Sagrado Corazón y la Eucaristía es íntima... Nuestro objetivo es formar millares y millares de familias eucarísticas mediante esta Cruzada de entronización (130).


Entronizar es instalar una imagen del Corazón de Jesús como en un trono, en el lugar más noble de la casa, de tal manera que Jesucristo reine visiblemente en los hogares católicos. Es el reconocimiento oficial y social de la realeza del Corazón de Jesús en una familia cristiana. Y este reconocimiento reviste una forma sensible y permanente con la instalación solemne de una imagen del Corazón de Jesús en un lugar de honor de la casa, con el acto de consagración del hogar a su divino Corazón.

La entronización debe ser una consagración vivida al Corazón de Jesús, lo que quiere decir que el Corazón de Jesús llegará a ser el centro de la familia, cuya única dicha debe ser hacer la voluntad del Amo de casa. Eso significa compartir la vida familiar con Jesús, a quien se le ha ofrecido un trono (como Rey), para que conviva con sus amigos, bendiciéndolos en la casa (131).

Jesús quiere ser el rey, el centro, el amigo divino de nuestro hogar. La familia debe considerarlo como un miembro más y acudir a Él con plena confianza en las penas y en las alegrías. Ahora bien, junto al Corazón de Jesús,


Él quiere que esté también el Corazón de su madre María, que también es nuestra Madre, y quiere ser parte de nuestra familia. Por eso, sería bueno tener ambas imágenes en el lugar más importante de la casa.

Para hacer la entronización se llevan las imágenes a la iglesia donde se asiste a una misa en familia, comulgando todos los que puedan. Después se hacen bendecir las imágenes por el sacerdote. Se llevan a la casa y allí el sacerdote o el jefe del hogar (o la mamá, si el papá no lo desea, pero lo permite), lee la fórmula de consagración de la familia al Corazón de María y después la consagración al Corazón de Jesús por medio de María.

Lo deseable es que todos los días tengan unos momentos de oración familiar ante la imagen de Jesús y de María y, sobre todo, que, en los momentos de alegría o de dolor, se reúnan para orar y pedir ayuda y bendición.

El padre Mateo Crawley recomendaba también hacer una Hora santa al mes, la noche del jueves al primer viernes, tal como Jesús le pedía a santa Margarita María. Si no se puede de once a doce de la noche, al menos que sea a una hora más temprana; por ejemplo, de 8 a 9 de la noche, cuando todos puedan estar presentes. Y por supuesto se recomienda, de modo especial, confesar y comulgar los primeros viernes de mes y extender entre todos los amigos y familiares la devoción de los primeros viernes para asegurar la salvación. No olvidemos que la entronización es una prueba más de la consagración personal al Corazón de Jesús de todos y cada uno, y en familia. Esto debe hacer que todos se sientan apóstoles del Corazón de Jesús en todo momento y en todo lugar (132).


124 San Juan Eludes, Coeur admirable, libro XII, cap. II.
125 Uriarte, Vida del padre Hoyos, segunda edición, III parte, p. 246.
126 Ib. p. 251.
127 Chasle Luis, Soeur Marie du divin Coeur, Paris, 1925, cap. 1, pp. 41-44.
128 Revelaciones del Señor a Sor Benigna Consolata, Montevideo, 1917, p. 30.
129 Ib. p. 10.
130 Crawley Mateo, Jesús, Rey de amor, Lima, 1948, p. 14.
131 Ib. pp. 29-30.
132 Entre los templos dedicados al Corazón de Jesús más famosos del mundo están el templo del Corazón de Jesús de París, que domina la colina de Montmartre y, por eso, suele llamarse también templo de Montmartre. El santuario del Corazón de Jesús de Roma, construido por san Juan Bosco y el templo del Tibidabo de Barcelona, construido también con la ayuda de san Juan Bosco.

Tomado de:
Santa Margarita María de Alacoque y el Corazón de Jesús
Padre Ángel Peña O.A.R.
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12:19 a.m. ,
Cuerpo incorrupto de Santa Margarita Maria Alacoque
El 8 de octubre de 1690 cayó gravemente enferma y fue obligada a guardar cama. Llamado el doctor Billet dijo que no había gravedad alguna. Ella estaba segura de que iba a morir muy pronto y pidió que le diesen el viático por la mañana del 16 de octubre. Como nadie se persuadía de que estaba en peligro de muerte, no se lo concedieron; pero, como estaba todavía en ayunas, pidió la comunión y la recibió con amor de serafín, pues sabía que era la última comunión de su vida.

116 San Francisco de Sales (1567-1622), obispo de Ginebra y doctor de la Iglesia, había fundado la Orden de la Visitación de Santa María en Annecy (Francia) el año 1610 en unión con santa Juana Francisca de Chantal.

El último día se vio atormentada por el temor a los juicios de Dios y con tristes gemidos decía: ¡Misericordia, misericordia! Al poco rato se calmó y exclamó: Cantaré eternamente las misericordias del Señor.

Le dijeron que la Superiora había mandado avisar a sus parientes; y respondió: No llegaré a ver a ninguno. Es hora de morir y ofrecer a Dios el sacrificio de todas las cosas. A las cinco de la tarde del 17 de octubre, viendo que se debilitaba, volvió a pedir el santo viático, pero el médico consideró que no había tan extrema necesidad y que podían esperar al día siguiente.

Llegando la Superiora, pidió que le diesen la unción de los enfermos y añadió que ya no tenía necesidad de médico, sino sólo de Dios para sumergirse enteramente en el Corazón de Jesús. Llegaron entonces todas las hermanas y rezaron las oraciones de los agonizantes. Antes de morir pidió que rezasen en su presencia las letanías del adorable Corazón de Jesús y las de la Santísima Virgen, y que además invocasen por ella a su santo fundador, a su ángel custodio y a san José, pidiéndoles que la asistieran con su protección (119).

Mientras le administraban la santa unción, invocando el santísimo nombre de Jesús, murió. Era el martes 17 de octubre de 1690. Entonces apareció mucho más hermosa de lo que fuera en vida. Reflejaba tal blancura su semblante que daba gusto mirarla. Estuvo así hasta las cinco de la mañana y entonces le volvió el color natural, que era algo amarillo (120).

Enseguida corrió la noticia por toda la ciudad. Todo el mundo gritaba por las calles: Ha muerto la santa. Los niños cantaban también a su manera: Ha muerto la santa de las santas Marías. Al día siguiente, apenas se abrió la iglesia, colocaron en el coro de las religiosas su cuerpo exánime. Corrió a verla innumerable multitud de gente ansiosa de tocar su cadáver. No eran suficientes dos religiosas para satisfacer los deseos de la gente, porque todo el mundo deseaba y pedía con insistencia alguna cosa que le hubiese pertenecido; pero, fuera del libro de las Reglas y de las disciplinas, no se encontró nada en su poder.

En la tarde del 18 de octubre fue enterrado su cuerpo. No se vio jamás en el entierro de las hermanas tanta y tan diversa clase de gentes. También los sacerdotes que entraron en la clausura quisieron poseer algo de la hermana. Se cubrió su cuerpo con una capa de cal en polvo antes de enterrarla en la cripta del monasterio, que, según la costumbre de entonces, se encontraba debajo del coro de las religiosas.

En 1703 se recogieron sus restos. Había algo de carne y hábitos, mezclados con la cal, y desde esa época se empezó a distribuir a los fieles estas reliquias bajo el título de cenizas de la venerable Margarita María Alacoque. En cuanto a sus huesos, limpios de todo el polvo de cal, los reunieron en una urna de encina con cristal, que se colocó sobre una mesa próxima al nicho de donde habían sacado sus restos.
Después de su muerte comenzaron a suceder muchos y grandes milagros. Dicen sus contemporáneas: Sólo diremos en general que los sordos, al invocarla, oían; los ciegos, recobraban la vista; algunos niños, que no podían andar, por su intercesión han podido hacer uso de sus piernas al ponerles una camisa tocada con su tumba. Hasta el polvo de esta tumba ha curado a una infinidad de enfermos, aun a los que estaban desahuciados de los médicos. Entre ellos un hombre (señor de la Metheirie), que era médico y tenía una especie de lepra. Quedó milagrosamente curado, poniéndose una camisa que hizo tocar en la preciosa tumba (121).

De todas partes nos envían pedazos de lienzo para que los toquemos a su sepulcro y muchos vienen en persona a dar gracias a su libertadora por curaciones maravillosas que se obran todos los días mediante el poder de Dios, que se complace en exaltar a los humildes. El primer milagro auténtico que hizo Dios por su intercesión fue a favor de nuestra querida hermana Claudia Angélica Desmoulins, de 20 años, profesa de este monasterio, que hacía tres meses estaba postrada en cama por una parálisis de medio cuerpo. Una de nuestras hermanas le instó mucho a que se dirigiera a la venerable hermana Margarita María para obtener su curación.

En la noche del 18 de febrero de 1713 soñó que tenía puesta una camisa que había tocado la tumba de la venerable, y estaba curada. Cuando despertó, le pidió a la enfermera que se la pusiera y, habiéndolo hecho, un cuarto de hora después se encontró la enferma curada, pidió su hábito, se vistió ella misma y se fue por su pie al coro, donde estaba la Comunidad cantando. La alegría fue general tanto que muchas lloraban. Se cantó el “Te Deum” y todo parecía como una fiesta solemne. Los médicos que la habían asistido durante la enfermedad y que fueron llamados al momento, testificaron que la curación era milagrosa, causándoles gran admiración, pues habían declarado incurable a la joven enferma (122).

Monseñor Gauthey, arzobispo de Besanzon, en su libro Vida y obras de santa Margarita María de Alacoque, volumen tercero, narra más de 70 milagros realizados por su intercesión después de su muerte; usando madera de su ataúd o tierra de su tumba o con alguna tela que había tocado su sepulcro o con camisas o prendas de vestir que había usado la santa durante su vida.


PROCESO DE BEATIFICACIÓN Y CANONIZACIÓN

En 1715 se abre el Proceso ordinario, que no puede terminarse. Más tarde a causa de los gravísimos problemas suscitados por la Revolución francesa, las hermanas de Paray fueron obligadas a salir de su convento el 16 de setiembre de 1792. Los restos de la venerable Margarita María y del padre de La Colombière fueron sacados en secreto y encomendados a la hermana María Teresa Petit, que pertenecía a una familia distinguida de Paray. Cuando los municipales encontraron las urnas en su casa, les prohibió tocarlas y pudo conservarlas. En 1801, cuando Napoleón hizo un Concordato con la Santa Sede, se les permitió a algunas religiosas vivir en una parte del monasterio, pero en condiciones muy onerosas. Por ello, en 1809, fueron a vivir al local de la antigua abadía benedictina, cuya iglesia se había convertido en parroquia. Siempre iban acompañadas de los restos de sus dos queridos santos.

En 1817 varias religiosas fueron a reunirse con la Comunidad de Moulins y quisieron llevarse las urnas, pero las autoridades de la ciudad les impidieron llevárselas. Se las encomendaron al párroco de la ciudad, quien para mayor seguridad las tuvo en su propia casa. Ese mismo año fueron devueltos los restos para que los guardaran las dos religiosas que se quedaron en Paray: María Rosa Carmoy y María Teresa Petit.
En 1821 el obispo de Autun hizo una colecta pública para comprar el convento de Paray, lo que consiguió pagando 50.000 francos. Hubo que hacer muchos arreglos, porque el convento estaba muy deteriorado, ya que lo habían saqueado completamente. Después de la restauración, el obispo hizo la bendición solemne el 16 de junio de 1823. Así pudo florecer de nuevo la Comunidad de Paray, que había guardado celosamente los restos de santa Margarita María y de san Claudio de La Colombière.

Después de más de un siglo de paralizados los trámites, en 1819 la Congregación de Ritos pidió al obispo de Autun una nueva información sobre su fama de santidad. Esto se realizó en 1821, tomando testimonio a 14 testigos. El 30 de marzo de 1824 el Papa León XII la declaró venerable. Este mismo año se hizo el reconocimiento canónico del cadáver. Se encontraron sus huesos, pero su cerebro estaba intacto y fresco después de siglo y medio de enterrado. Era el cerebro que había consagrado todos sus pensamientos al divino Corazón de Jesús. El proceso apostólico se abrió en Roma el 2 de febrero de 1830.

Fueron aprobados tres milagros para su beatificación. La curación de María de Sales Chareault, ocurrida en 1828; la de la visitandina sor María Teresa Petit, ocurrida el 22 de julio de 1830, el día de la apertura de su tumba para el proceso apostólico; y el de sor Luisa Filipina Bollani, visitandina de Venecia.

Los tres fueron reconocidos como milagros y el Papa Pío IX firmó el decreto De tuto para su beatificación el 19 de agosto de 1864 en Castelgandolfo. La ceremonia de beatificación tuvo lugar en la basílica vaticana el 18 de setiembre de 1864.

En 1907, se presentó a la Congregación de Ritos la Positio super miraculis con la relación documentada de los milagros que fueron reconocidos para la canonización. El primero la curación de Luisa Agostini, casada. A los 16 años tuvo una hija que murió a las pocas semanas. Ocho años más tarde tuvo otra hija, cuyo nacimiento dejó a Luisa extremadamente débil y frágil. Empezó a sentir dolores violentos en la región lumbar, empeorando cada día. El 11 de junio de 1899 no podía caminar y quedó parapléjica con insensibilidad en los miembros inferiores y atrofia de los músculos. Las medicinas no le hacían ningún efecto y ella acudió a la intercesión de la beata Margarita María de Alacoque. Así estuvo orando y sufriendo hasta el 21 de junio de 1903. Ese día estaba sentada en un sillón, cuando coge la canastilla en la que tenía su labor, y súbitamente sintió recobrar sus fuerzas, pudiendo levantarse. Desde ese momento su enfermedad, llamada mielitis meníngea, desapareció.

La segunda sanada fue la condesa Antonia Astorri Pavesi, que tenía un tumor canceroso en el seno derecho. Se había casado a los 23 años y tuvo dos hijos. En 1903 se le descubrió un tumor maligno en el seno derecho del grosor de una nuez. Este cáncer de mama ponía en riesgo su vida y le ofrecieron una intervención quirúrgica, pero ella quiso antes encomendarse a la intercesión de la beata Margarita y pidió a su hija la reliquia que tenía en casa. Se la aplicó el 23 de octubre sobre la parte enferma y comenzó una novena. El día 28 por la mañana descubrió que ya no tenía nada del tumor.

Estos dos milagros fueron reconocidos como tales por la Comisión médica del Vaticano y la beata Margarita María fue canonizada en la basílica vaticana el 13 de mayo de 1920, junto con el pasionista Gabriel de la Dolorosa, por el Papa Benedicto XV.
53
En esa oportunidad el Papa declaró solemnemente: Nos, después de implorar con fervor las luces de lo alto, para gloria de la santa e individua Trinidad, para acrecentamiento y prez de la fe católica, con la autoridad de N.S. Jesucristo, de los santos apóstoles Pedro y Pablo, y después de madura deliberación, con el voto de nuestros venerables hermanos los cardenales de la santa Iglesia romana, así como también con el consejo de los Patriarcas y Primados, arzobispos y obispos, decretamos que la dicha beata Margarita María de Alacoque de la Orden de religiosas de la Visitación, es santa y que se ponga en el catálogo de los santos… Y mandamos que se celebre la fiesta de santa Margarita María de Alacoque todos los años el día 17 de octubre y que se anote en el martirologio romano. Dado en Roma el año 1920, día, trece de mayo, sexto de nuestro Pontificado. Yo, Benedicto XV, obispo de la Iglesia romana (123).

119 Contemporáneas, p. 258.
120 Gauthey, vol 1, p. 276.
121 Contemporáneas, p. 263.
122 Ib. pp. 261-262.
123 Decretales, Gauthey, vol 3, pp. 721-725.

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12:18 a.m. ,

Ella escribe en su Autobiografía: En una ocasión me pidió mi Soberano que hiciese en favor suyo por escrito un testamento o donación completa y sin reservas, como lo había hecho ya de palabra, de todo cuanto pudiera hacer y sufrir, y de todas las oraciones y bienes espirituales que se me aplicaran, ya en vida, ya después de mi muerte, y me hizo preguntar a mi Superiora si quería hacer de notario en este acto, porque Él se encargaba de pagárselo bien, y que, si ella rehusaba, me dirigiese a su siervo el padre La Colombière. Aceptó mi Superiora. Y, habiéndole presentado (el escrito), manifestó mucho contento y me dijo que no quería que tuviese otras riquezas sino las del Sagrado Corazón. Me hizo escribir (la donación) con mi sangre según la iba dictando y después la firmé sobre mi corazón con un cortaplumas, inscribiendo también con él el sagrado nombre de Jesús (109).

La Madre Greyfié escribió así la donación total que hacía de la hermana Margarita María al Corazón de Jesús, tal como Él había pedido: En virtud del poder que Dios me ha dado sobre ella, ofrezco y dedico y consagro pura e irrevocablemente al Sagrado Corazón del adorable Jesús todo el bien que pueda hacer durante su vida y el que se aplique por ella después de su muerte para que la voluntad de este Corazón disponga de ello según su beneplácito y en favor de quien le plazca, por los vivos o por los difuntos. Mi hermana Margarita se despoja de todo en general, voluntariamente, excepto del deseo de estar siempre unida al divino Corazón de Jesús y de amarle puramente por amor a Él mismo. En fe de lo cual ella y yo firmamos este escrito el 31 de diciembre de 1678.

La sierva de Dios asegura que vio escrito en el divino Corazón estas palabras: “Te constituyo heredera de mi Corazón y de todos sus tesoros para que dispongas de ellos según tu deseo y te prometo que no te faltará socorro mientras a mi Corazón no le falte poder110. Este Corazón será tu fiador y responderá y pagará por ti” (111).

PROMESAS A LOS REYES DE LA TIERRA

Escribe la sierva de Dios: El Corazón de Jesús tiene un gran deseo de que esta devoción entre los palacios de los reyes y príncipes de la tierra a fin de que allí reciba tanto placer, siendo amado y honrado de los grandes, como grandes fueron las amarguras y angustias que experimentó cuando en su Pasión fue tan despreciado, ultrajado y humillado. Y esta devoción serviría de gran protección a la persona de nuestro rey (de Francia) (112).

Me parece que este divino Corazón desea entrar con pompa y magnificencia en las casas de los príncipes y reyes para ser en ellas tan honrado cuanto fue ultrajado y despreciado y humillado en su Pasión… He aquí las palabras que oí referentes a nuestro rey: “Haz saber al hijo mayor de mi Sagrado Corazón que así como se obtuvo su nacimiento temporal por la devoción a los méritos de mi sagrada infancia113 así alcanzará su nacimiento a la gracia y a la gloria eterna por la consagración que haga de su persona a mi Corazón adorable, que quiere alcanzar victoria sobre el suyo, y por su medio sobre los de los grandes de la tierra.” (114).

Quiere establecer su imperio en la corte de nuestro gran monarca, de quien desea servirse para la ejecución de este designio que tendrá lugar del modo siguiente: Debe hacer un edificio donde se coloque el cuadro de este divino Corazón para recibir en él la consagración y homenajes del rey y de toda la corte. Además este divino Corazón quiere ser el protector y defensor de su sagrada persona, contra todos sus enemigos visibles e invisibles, de los cuales quiere defenderle, y asegurar su salvación por este medio; por lo cual le ha escogido como a su fiel amigo a fin de que consiga autorización de la Sede apostólica para que se pueda celebrar la misa en su honor, y obtenga al mismo tiempo los otros privilegios que han de acompañar a esta devoción del Sagrado Corazón, por medio de la cual quiere concederle a él los tesoros de sus gracias de santificación y de salvación, derramando abundantemente sus bendiciones sobre todas sus empresas, que hará prosperar para gloria suya, dando feliz éxito a sus ejércitos, y victoria contra la malicia de sus enemigos. Dichoso él si se aficiona a esta devoción, que le conseguirá un reino eterno de honor y de gloria en el Sagrado Corazón de Nuestro Señor Jesucristo (115)

PREDILECCIÓN A SALESAS Y JESUITAS

Dice la sierva de Dios: Nuestro padre de La Colombière ha alcanzado que después de nuestro Instituto (Orden de la Visitación, Madres salesas)116 sea favorecida la Compañía de Jesús con todas las gracias y privilegios particulares de esta devoción del Sagrado Corazón de Nuestro Señor Jesucristo, prometiéndoles que derramará abundantemente y con profusión sus bendiciones sobre las almas a ellos encomendadas. Este divino Corazón desea ardientemente ser conocido, amado y honrado, particularmente por estos buenos padres (jesuitas), a los cuales promete, si no me engaño, derramar de tal modo la unción de su amor sobre sus palabras con gracias tan excelentes y poderosas, que serán como una espada de dos filos que penetrará en los corazones más endurecidos, de los más obstinados pecadores (117).

Aunque este tesoro de amor sea propiedad de todo el mundo y todos tienen derecho a él, sin embargo se ha dado de un modo particular a las hijas de la Visitación para que lo manifiesten y propaguen a los demás. Pero está reservado a los padres de la Compañía de Jesús el dar a conocer el valor y utilidad de este precioso tesoro; del cual, cuanto más se toma, más se encuentra por tomar. Este divino Corazón derramará de tal modo la suave unción de su caridad en sus palabras que penetrarán como una espada de dos filos en los corazones más endurecidos… Espera mucho de esta santa Compañía (de Jesús) y tiene grandes designios sobre ella. Por esto se ha servido del buen padre de La Colombière para dar principio a la devoción de este adorable Corazón (118).

108 Carta 35 dirigida a Madre Saumaise en 1685.
109 Autobiografía p. 85-86.
110 Gauthey, vol 1, p. 362.
111 Carta al padre Croiset del 3 de noviembre de 1689.
112 Carta al padre Croiset del 15 de setiembre de 1689.
113 Se refiere a que su nacimiento fue fruto de las oraciones que su madre hizo al divino niño.
114 Carta a la Madre Saumaise de junio de 1689.
115 Carta a la Madre Saumaise del 28 de agosto de 1689.

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12:17 a.m. ,

Consideremos ahora las principales revelaciones del Corazón de Jesús a santa Margarita María de Alacoque.

Primera Revelación principal (27 diciembre 1673):

Un día, estando delante del Santísimo Sacramento, me encontré toda penetrada por esta divina presencia, pero tan fuertemente que me olvidé de mi misma y del lugar donde estaba, y me abandoné a este Espíritu, entregando mi corazón a la fuerza de su amor. Me hizo reposar por muy largo tiempo sobre su pecho divino, en el cual me descubrió las maravillas inexplicables de su Corazón sagrado... Y me dijo: “Mi divino Corazón está tan apasionado de amor por los hombres y por ti en particular que, no pudiendo ya contener en sí mismo las llamas de su ardiente caridad, le es preciso comunicarlas por tu medio y manifestarse a todos para enriquecerlos con los preciosos tesoros que te estoy descubriendo”...

Me pidió después el corazón y yo le supliqué que lo tomase. Lo cogió y lo introdujo en su Corazón adorable, en el cual me lo mostró como un pequeño átomo que se consumía en aquel horno encendido. Lo sacó de allí cual si fuera una llama ardiente en forma de corazón y lo volvió a colocar en el sitio de donde lo había cogido, diciéndome: “He ahí, mi muy amada, una preciosa prenda de mi amor, el cual encierra en tu pecho una pequeña centella de sus vivas llamas para que te sirva de corazón y te consuma hasta el postrer momento”… Y como señal de que la gran gracia que acabo de concederte no es pura imaginación, aunque he cerrado la llaga de tu costado, te quedará en él para siempre el dolor…

Quedé muchos días como abrasada toda y embriagada y tan fuera de mí que no podía reponerme para hablar, sino haciéndome violencia (91).

Esta gracia de que acabo de hablar con motivo de mi dolor de costado, se renovaba los primeros viernes de mes en esta forma: “Se me presentaba el Sagrado Corazón como un sol brillante de resplandeciente luz, cuyos ardientes rayos caían a plomo sobre mi corazón, que se sentía en el acto abrasado con tan vivo fuego, que parecía me iba a reducir a cenizas, y en aquellos momentos era cuando mi divino Maestro me manifestaba particularmente lo que quería de mí y cuando me descubría los secretos de este amable Corazón (92).

Segunda Revelación principal (1674):

Se me presentó el Corazón divino como en un trono de llamas, más ardiente que el sol y transparente como un cristal con su adorable llaga. Estaba rodeado de una corona de espinas, que simbolizaba las punzadas que nuestros pecados le inferían; y una cruz encima significaba que, desde los primeros instantes de la Encarnación, es decir, desde que fue formado este Sagrado Corazón, fue implantada en él la cruz. Desde aquellos primeros momentos, se vio lleno de todas las amarguras que debían causarle las humillaciones, pobreza, dolor y desprecio que su sagrada humanidad debía sufrir durante todo el curso de su vida y de su sagrada pasión.

Me hizo ver que el ardiente deseo que tenía de ser amado de los hombres y de apartarlos del camino de la perdición, le había hecho formar el designio de manifestar su Corazón a los hombres con todos los tesoros de su amor, de misericordia, de gracia, de santificación y de salvación que contiene. Pero es preciso honrarle bajo la figura de ese Corazón de carne, cuya imagen quería que se expusiera y que llevara yo sobre mi corazón. Y dondequiera que esta imagen fuere expuesta para ser honrada, derramaría sus gracias y bendiciones...

Una vez, este Soberano de mi alma me mandó velar todas las noches del jueves al viernes durante una hora, postrada en la tierra con Él, diciéndome que me enseñaría lo que deseaba de mí. Esto tenía también por objeto reparar lo que sufrió en aquella hora en que, estando en el huerto de los Olivos, se quejó diciendo que sus apóstoles no habían podido velar con Él una hora... Me mandó comulgar todos los primeros viernes de cada mes para reparar los ultrajes que durante el mes ha recibido en el Santísimo Sacramento y me decía: “Tengo sed, pero una sed tan ardiente de ser amado por los hombres en el Santísimo Sacramento que esta sed me consume y no hallo a nadie que se esfuerce según mi deseo en apagármela, correspondiendo de alguna manera a mi amor” (93).

Jesús me dijo: “Hija mía, tu deseo de recibirme ha penetrado tan dentro de mi Corazón que, si no hubiese instituido este sacramento de amor, lo instituiría ahora para hacerme tu alimento. Me agrada tanto el que deseen recibirme que, todas las veces que el corazón forma este deseo, otras tantas le miro amorosamente para atraerle a Mí” (94).

Tercera Revelación principal (1674):

Una vez, estando expuesto el Santísimo Sacramento, después de sentirme completamente retirada al interior de mí misma por un recogimiento extraordinario de todos mis sentidos y potencias, se me presentó Jesucristo, mi divino Maestro, todo radiante de gloria con sus cinco llagas que brillaban como cinco soles; y por todas partes salían llamas de su sagrada humanidad, especialmente de su adorable pecho, el cual parecía un horno. Abrióse éste y me descubrió su amantísimo y amabilísimo Corazón, que era el vivo foco de donde procedían semejantes llamas.

Entonces, fue cuando me descubrió las maravillas inexplicables de su amor puro y el exceso a que le había conducido el amor a los hombres, de los cuales no recibía sino ingratitudes y desprecios.

Y como yo le manifestase mi impotencia, me respondió: “Toma, ahí tienes con qué suplir todo cuanto te falta”. Y al mismo tiempo se abrió aquel divino Corazón y salió de él una llama tan ardiente que creí ser consumida, pues quedé toda penetrada por ella y ya no podía soportarla, cuando le rogué que tuviera compasión de mi flaqueza. “Yo seré tu fuerza, me dijo, nada temas, pero has de estar atenta a mi voz y a cuanto te pido para disponerte al cumplimiento de mis designios. Primeramente me recibirás en el Santísimo Sacramento siempre que te lo permita la obediencia, por muchas mortificaciones y humillaciones que eso te produzca, las cuales debes recibir por mi amor. Comulgarás además todos los primeros viernes de cada mes, y todas las noches del jueves al viernes te haré participante de la tristeza mortal que tuve que sufrir en el huerto de los Olivos; esta tristeza te reducirá, sin que tú puedas comprenderlo, a una especie de agonía más dura de soportar que la muerte. Y a fin de acompañarme en la humilde oración que presenté entonces a mi Padre en medio de todas mis angustias, te levantarás entre once y doce de la noche, para postrarte conmigo durante una hora, con la faz en tierra, ya para calmar la cólera divina, pidiendo misericordia por los pecadores, ya para dulcificar en algún modo la amargura que sentí en el abandono de mis apóstoles, la cual me obligó a reprocharles que no hubiesen podido velar una hora conmigo, y durante esta hora harás lo que yo te enseñe (95).

Cuarta y última Revelación principal (16 de junio de 1675):

Estando una vez en presencia del Santísimo Sacramento, recibí de Dios gracias excesivas de su amor y sintiéndome movida del deseo de corresponderle en algo y rendirle amor por amor, me dijo: “No puedes darme mayor prueba que la de hacer lo que yo tantas veces te he pedido”. Entonces, descubriendo su divino Corazón me dijo: “He aquí este Corazón que tanto ha amado a los hombres, que nada ha perdonado hasta agotarse y consumirse para demostrarles su amor, y en reconocimiento no recibo de la mayor parte más que ingratitud, ya por sus irreverencias y sacrilegios, ya por la frialdad y desprecio con que me tratan en este sacramento del amor”. Pero lo que más me duele es que sean corazones consagrados a Mí los que así me tratan.

Te pido que sea dedicado el primer viernes, después de la octava del Santísimo Sacramento, a una fiesta particular para honrar mi Corazón, comulgando ese día y reparando su honor por medio de un respetuoso ofrecimiento, a fin de expiar las injurias que he recibido durante el tiempo que he estado expuesto en los altares (96).

PROMESAS DEL CORAZÓN DE JESÚS

Jesús prometió que todos los que se consagren a este Sagrado Corazón no perecerán jamás y que, como es manantial de todas las bendiciones, las derramaría en abundancia en todos los lugares donde estuviera expuesta la imagen de este amable Corazón para ser allí amado y honrado. Que, por este medio, uniría a las familias desunidas y asistiría y protegería a las que se vieran en alguna necesidad (97).

El Corazón de Jesús no permitirá que se pierda cosa alguna que le esté verdaderamente consagrada y dedicada (98).

Un viernes, en la sagrada comunión, me dijo estas palabras: “Te prometo en la excesiva misericordia de mi Corazón que su amor omnipotente concederá a todos los que comulguen nueve primeros viernes de mes seguidos, la gracia de la penitencia final; no morirán en mi desgracia y sin haber recibido los sacramentos; mi divino Corazón será su asilo seguro en el último momento (99).

Como tiene tan vivos deseos de ser conocido, amado y honrado por los hombres, en el corazón de los cuales tanto ha anhelado establecer por este medio el imperio de su puro amor, ha prometido grandes recompensas a todos los que se empleen en hacerle reinar. ¡Qué felicidad es contarse en este número! (100).

Ha prometido a todos cuantos se consagren y se ofrezcan a Él para darle este contento que jamás les dejará perecer. Que será un asilo seguro contra las asechanzas de sus enemigos, sobre todo, en la hora de la muerte y que los recibirá amorosamente en su divino Corazón, poniendo en seguridad su salvación y que, como Él es la fuente de todas las bendiciones, las derramará abundantemente en todos los lugares donde sea honrada la imagen de ese Sagrado Corazón.

Además, prometió que daría la paz a las familias en que reinara la discordia y protegería a las que estuvieran en necesidad... Y también creo que se cumplirán aquellas palabras que me hacía oír de continuo entre las grandes dificultades y oposiciones que había al principio de esta devoción: YO REINARÉ A PESAR DE MIS ENEMIGOS Y DE CUANTOS SE OPONGAN A ELLO (101).

Yo espero que esta devoción será uno de los medios de que Él se quiere servir para sacar de la perdición un gran número de almas, arruinando en ellas el imperio de Satanás, para reponerles, con su gracia santificante, en el camino de la salvación eterna, como me parece haberlo prometido. Me hizo ver esta devoción como uno de los últimos esfuerzos de su amor para con los hombres a fin de que pueda asegurar su salud eterna y no dejar perecer a ninguno de aquellos que le estén consagrados... Él les servirá de asilo seguro en la hora de la muerte para recibirlos y defenderlos de sus enemigos (102).

Nada más dulce ni más grato y, al mismo tiempo, más fuerte y eficaz para convertir a los pecadores más endurecidos que la suave unción de la caridad ardiente de este Corazón amable. Él penetrará los corazones más insensibles por medio de la palabra de sus predicadores y fieles amigos, haciendo que sea como una espada ardiente que derrita en su amor los corazones más helados (103).

Infinitos son los tesoros de bendiciones y de gracias que encierra este Sagrado Corazón. No sé yo que haya en la vida espiritual ningún ejercicio de dirección más propio para elevar el alma en poco tiempo a la más alta perfección y hacerle gustar las verdaderas dulzuras que se encuentran en el servicio de Jesucristo. Sí, lo digo con seguridad: Si se supiera cuán agradable le es a Jesucristo esta devoción, no habría un solo cristiano por poco amor que tuviera a este amable Salvador que no la practicase enseguida... En cuanto a las personas seglares, encontrarán en su estado, por medio de esta amable devoción, cuantos socorros necesiten, es decir, paz en sus familias, alivio en sus trabajos, bendiciones del cielo en todas sus empresas y consuelo en sus tristezas. En ese mismo Sagrado Corazón es en donde hallarán propiamente un lugar de refugio durante su vida y principalmente en la hora la muerte... Mi divino Maestro me ha dado a conocer que los que trabajen en la salvación de las almas, tendrán un arte especial para conmover los corazones más endurecidos, si profesan tierna devoción a su Corazón sagrado, y si trabajan para inspirarla a los demás y establecerla en todas partes (104).

El Corazón de Jesús me ha hecho ver varios nombres que estaban escritos en Él, a causa del deseo que tienen de hacerlo honrar, y por esto mismo no permitirá que jamás sean borrados de Él (105).

Resumen de las promesas del Sagrado Corazón de Jesús a santa Margarita María de Alacoque para los que le tengan devoción y sean apóstoles de su divino Corazón.

1. Les daré las gracias necesarias a su estado (Carta N° 141 a su director).
2. Pondré paz en sus familias (Carta al padre Croiset, 10 de agosto de 1689).
3. Los consolaré en todas sus aflicciones (Carta N° 141 a su director).
4. Seré su refugio durante la vida y, sobre todo, a la hora de la muerte (Carta al padre Croiset, 16 de agosto de 1689).
5. Bendeciré abundantemente sus empresas (Carta N° 141 a su director).
6. Los pecadores hallarán misericordia (Carta a su hermano, el alcalde, junio de 1689).
7. Los tibios se harán fervorosos (Carta al padre Croiset, 15 de setiembre de 1689).
8. Los fervorosos se elevarán rápidamente a gran perfección (Carta N°141 a su director).
9. Bendeciré los lugares donde la imagen de mi Corazón sea expuesta y honrada (Carta a la madre Saumaise, 24 de agosto de 1685; carta al padre Croiset, 10 de agosto, de 1689).
10. Les daré la gracia de mover los corazones más endurecidos (Carta N° 141 a su director y Carta al padre Croiset del 15 de setiembre de 1689).
11. Las personas que propaguen esta devoción tendrán su nombre escrito en mi Corazón y jamás será borrado de él. (Carta a la madre Greyfié, enero de 1686).
12. Te prometo en la excesiva misericordia de mi Corazón que su amor omnipotente concederá a todos los que comulguen nueve primeros ciernes de mes seguidos la gracia de la penitencia final, no morirán en mi desgracia y sin haber recibido los sacramentos. Mi divino Corazón será su refugio seguro en los últimos momentos. (Carta a la madre Saumaise de mayo de 1688).
13. No perecerá ninguno que se me consagre (Carta a la madre Saumaise, 24 de agosto de 1685).

Promesas especiales a las Comunidades religiosas

Jesús prometió que Él derramaría la suave unción de su ardiente caridad en todas las Comunidades en que fuera honrada esta divina imagen (106).

Y prometió que, en las Comunidades religiosas en que fuere honrado y se pusieran bajo su especial protección, mantendría en ellas todos los corazones unidos para no formar sino un solo corazón con el suyo (107).

Y sobre aquellas Comunidades que le conozcan y se coloquen bajo su protección, Él derramará abundantemente sus tesoros de gracias santificantes por la unción de caridad y la suavidad de su amor (108).

91 Autobiografía p. 64.
92 Autobiografía p. 65.
93 Carta al padre Croiset del 3 de noviembre de 1689.
94 Carta a Madre Saumaise de principios de abril de 1687.
95 Autobiografía pp. 65-66.
96 Autobiografía p. 92.
97 Carta a la Madre Saumaise del 24 de agosto de 1685.
98 Carta a la hermana Felicia Magdalena del 20 de enero de 1687.
99 Carta a la Madre Saumaise de mayo de 1688.
100 Carta N° 131 dirigida al padre Croiset, del 1° de agosto de 1689.
101 Carta al padre Croiset del 10 de agosto de 1689.
102 Carta 132 al padre Croiset del 15 de setiembre de 1689.
103 Carta al padre Croiset del 15 de setiembre de 1689.
104 Carta N° 141 a su director.
105 Carta a la Madre Greyfié de enero de 1686.
106 Carta 36 dirigida a Madre Saumaise del 24 de agosto de 1685.
107 Carta 131 dirigida al padre Croiset del 10 de agosto de 1689.

Tomado de:
Santa Margarita María de Alacoque y el Corazón de Jesús
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San Claudio de la Colombière fue el gran director espiritual de la sierva de Dios. Nació el 2 de febrero de 1641 en Saint Simphorien, un pueblito del delfinado francés. A los 17 años entró en la Compañía de Jesús. Después de sus estudios y ordenado sacerdote, fue enviado en 1675 como Superior de la Residencia de Paray.

Un día fue a visitar por cumplimiento la Comunidad de religiosas de la Visitación de Paray. Dice la sierva de Dios: Mientras hablaba a la Comunidad, oí interiormente estas palabras: “He aquí al que te envío”. Y lo reconocí al instante en la primera confesión; porque, sin habernos jamás visto ni hablado, me detuvo largo tiempo y me habló como si hubiera comprendido cuanto pasaba en mí… Me dijo que, si lo tenía a bien, volvería a verme otra vez para hablarme en aquel mismo sitio... Regresó y le abrí mi corazón, descubriéndole el fondo de mi alma, así lo malo como lo bueno. Sobre lo cual me consoló en extremo, asegurándome que no había nada que temer en la dirección del Espíritu, tanto más cuanto que en nada me separaba de la obediencia... Él me enseñó a estimar los dones de Dios (87).

En otras entrevistas con este santo director quedó asegurada de que iba por buen camino a pesar de las habladurías de mucha gente que la consideraba visionaria e hipócrita.

El mismo Jesús quiso unirlos espiritualmente en su propio Corazón para que fuesen para siempre hermano y hermana. Así lo cuenta ella: Un día en que vino a celebrar misa a nuestra iglesia el padre La Colombière, le concedió Nuestro Señor, y a mí también, grandísimas gracias. Al aproximarme a recibirle en la sagrada comunión, me mostró su Corazón como un horno ardiente y otros dos corazones que iban a unirse y abismarse en él, diciéndome: “Así es como mi puro amor une estos tres corazones para siempre”. Después me dio a entender que esta unión era exclusivamente para la gloria de su Sagrado Corazón, cuyos tesoros quería que descubriese yo al padre para que él los diera a conocer y así publicase todo su valor y utilidad. Para esto, quería que fuésemos como hermano y hermana, participantes de los mismos bienes espirituales.
Presentándole yo entonces mi pobreza y la desigualdad que había entre un hombre de tan elevada virtud y mérito, y una pobre miserable pecadora como yo, me dijo: “Las riquezas infinitas de mi Corazón suplirán e igualarán todo. Háblale sin temor” (88).

El padre Claudio y Margarita María fueron los primeros en celebrar la fiesta del divino Corazón de Jesús el 21 de junio de 1675. Ese día se consagraron enteramente a Él y se ofrecieron a recibir y sufrir todas las cosas para cumplir su voluntad (89).

Los Superiores enviaron al padre Claudio a Londres como capellán de la duquesa de York, futura reina de Inglaterra. Llegó a Londres el 17 de octubre de 1676 y comenzó su apostolado, fomentando en todas partes la devoción al Sagrado Corazón de Jesús y consiguiendo grandes conversiones. Pero esto duró poco, porque los enemigos de la fe católica dieron un golpe de Estado y derrocaron al rey Jacobo II, esposo de la duquesa de York. Ambos fueron desterrados a Francia. Al padre Claudio lo metieron en la cárcel, acusado de conjuración, el 24 de noviembre de 1678. Allí vio morir a varios de sus compañeros jesuitas. Se preparó para la muerte, pero lo liberaron, por intercesión del rey de Francia Luis XIV, con la condición de salir de inmediato del país. El tiempo que pasó en la cárcel lo enfermó gravemente. Al regresar a Francia a principios de enero de 1679, estaba muy mal. Estuvo año y medio tratando de mejorar, pero no lo consiguió.

Volvió a Paray en agosto de 1681 a ver si se curaba de su grave enfermedad. Antes de comenzar el invierno pudo llegarse algunas veces al monasterio de la Visitación y hablar a la hermana Margarita María y a las otras hijas espirituales que en él tenía. Pero no le duró mucho este estado de relativa salud. Los Superiores trataron de mandarlo a su pueblo para que pudiera respirar los aires natales. Andaban muy adelantados los preparativos del viaje, cuando se lo comunicaron a la sierva de Dios. Ella le envió un encargo, diciéndole que, si lo permitía la obediencia, no emprendiese tal viaje. En el papel que le envió decía: Me ha dicho que quiere aquí el sacrifico de su vida. Con lo cual se suspendió el viaje. El padre de La Colombière murió en Paray el 15 de febrero de 1682. Al enterarse Margarita María, dijo: Rueguen por él y procuren que se pida por su alma en todas partes. A las once, la misma hermana habló ya de este modo: Dejen de entristecerse, invóquenlo, no teman nada. Nunca como ahora está en mejor disposición de pedir por nosotros y ayudarnos… Ahora no necesita nada, por la bondad y misericordia del Sagrado Corazón de Nuestro Señor, disfruta ya en el cielo de un hermosísimo trono. Desde que murió hasta que se enterró, su cuerpo tuvo que satisfacer a Dios de alguna negligencia que tuvo en amarle en la tierra (90).

Fue beatificado en 1929 y canonizado por el Papa Juan Pablo II el 31 de mayo de 1992. Su fiesta se celebra el 15 de febrero.

86 Gauthey, vol 3, p. 79.
87 Autobiografía, p. 83.
88 Autobiografía, pp. 84-85.
89 Decretales, p. 680.

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La sierva de Dios, como heredera de los tesoros del Sagrado Corazón, podía pedirle la salud para algunas personas y Jesús se la concedía. Entre ellas para su hermano Santiago, párroco de Bois-Sainte-Marie, que estaba ya desahuciado. Ella le escribió diciendo: He prometido (a Jesús) que tomarías durante nueve días en ayunas los papelitos que te envío, cada día uno, y que celebrarías o mandarías celebrar nueve misas durante nueve sábados en honor de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María y otras tantas misas de la Pasión en nueve viernes en honor del Sagrado Corazón de Nuestro Señor Jesucristo (84).

Ella misma le cuenta a la Madre Saumaise lo que pedía a los enfermos para sanarse. Dice: Varias personas que se hallaban en el último extremo han sido curadas de un modo milagroso, mi hermano sacerdote es uno de ellos. Se da a los enfermos cinco papelitos para que los traguen por las mañanas; en los cuales se escribe de un lado: “El Sagrado Corazón de Jesús te cure”, y por el otro: “Alabada sea para siempre la Purísima Inmaculada Concepción de María, Madre de Dios”. Todo ello en abreviatura, si se quiere (85).

Otro caso concreto de curación extraordinaria sucedió así: Una de nuestras hermanas (Ana María Aumonier), el primer día que entró en la Congregación, queriendo cortar leña con un hacha, se hirió gravemente en una pierna, lo que no se atrevió a decir, temiendo que la despidieran. Aguantó su herida durante tres semanas, sufriendo fuertes dolores que se aumentaron con un golpe que se dio que le volvió a abrir la llaga, lo que la afligió en extremo.

Como tuviera en gran estima la virtud de nuestra venerable hermana (Margarita María de Alacoque), a la que tenía en opinión de muy gran santa, se le ocurrió la idea de que, si pudiera acercarse a ella para que le tocase la pierna herida con su hábito, quizás se curaría; lo que hizo con éxito, quedando curada al día siguiente (86).

82 Gauthey, vol 1, p. 446.
83 Gauthey, vol 1, p. 454.
84 Carta a su hermano sacerdote del 22 de enero de 1687.
85 Carta a la Madre Saumaise de mayo de 1688.
86 Gauthey, vol 3, p. 79.

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Santa Margarita María tenía conocimiento de cosas y acontecimientos que sólo podía conocer por revelación especial de Dios. Veamos algunos ejemplos:

Vino a Paray el padre La Pereuse y habló con la venerable hermana. Algunos días después de la entrevista, vino a dar gracias a la Superiora, asegurándole que sin haber dicho nada a la santa hermana de sus disposiciones, ella le había hablado como si leyera su interior (76).

Otro día la llamaron al locutorio para hablar con una persona conocida suya, pero, al llegar a la puerta, se detuvo y dijo que no podía entrar, retirándose de allí. Se quejaron de su proceder a la Superiora, que le preguntó por qué motivo había hecho aquello, y le respondió que Nuestro Señor le había dado a conocer que en el mismo locutorio estaba otra persona que llevaba mala vida, lo que resultó ser cierto (77).

Una tarde se acercó una hermana que se hallaba hacía varios meses en una penosa disposición sin resolverse a hablar de ello ni al confesor ni a la Superiora. Ella le dijo en pocas palabras todo lo que le hacía sufrir, añadiendo que no encontraría alivio a sus penas hasta que no hiciese tal o cual cosa. Por el resultado se vio cuán cierto era lo que nuestra venerable hermana le había dicho y comprendió que aquello venía de Dios, puesto que ella no lo había revelado a nadie (78).

La hermana Claudia Rosalía de Farges declaró en el Proceso: Le consultaron varias veces sobre el estado de los enfermos que encomendaban a sus oraciones y, después de haberlas hecho en presencia de Dios, contestaba a unos con seguridad que se curarían; y a otros que morirían de aquella enfermedad, lo que de ordinario sucedía como ella lo había predicho (79).

La hermana Catalina Billet declaró: La sierva de Dios dijo que, de las catorce pensionistas que había entonces, sólo dos se quedarían en la casa para ser religiosas, como sucedió en efecto (80).

Su hermano Crisóstomo testificó en el Proceso que, estando gravemente enfermo su hermano Santiago, cura de Bois-Sainte-Marie, había sido desahuciado por tres médicos. Ya no veía, ni oía, ni conocía, ni podía comer nada. Entonces él envió un mensajero para comunicárselo a su hermana Margarita María al convento de Paray. Ella, al recibir la noticia, se fue ante el Santísimo Sacramento donde permaneció algún tiempo y después volvió con aire tranquilo, diciendo que no moriría de aquella enfermedad, lo que se cumplió a la letra, porque se repuso en menos de ocho días contra lo que todos creían (81).

Sor Juana Dremière, de 54 años, religiosa hospitalaria de Paray, dio testimonio que, habiendo entrado en el hospital de Paray una señorita para servir a los pobres por todo el tiempo de su vida, algún tiempo después se cansó y salió. En el acto dieron cuenta de ello a la venerable hermana Margarita María, que dijo: “Se va, pero hará cuanto pueda por volver a entrar sin conseguirlo”. Y, de hecho, ha practicado desde entonces todos lo medios imaginables para alcanzar su entrada sin lograrlo (82).

Sor Juan María Contoi, de 77 años declaró que entró al convento una sobrina suya y tomó el hábito con gran contento y consentimiento de toda la Comunidad. Sólo la hermana Margarita María dijo, desde que entró en casa, que esta sobrina tomaría el hábito, pero no profesaría, como en efecto sucedió. Añadió que se casaría, pero no viviría mucho tiempo en ese estado. Y así fue, pues sólo vivió dos años casada y eso que el matrimonio se verificó apenas salida de la religión (83).

74 Carta a la Madre Saumaise del 2 de mayo de 1683.
75 Carta a la Madre Saumaise de abril de 1683.
76 Contemporáneas, p. 265.
77 Ibídem.
78 Ib. p. 264.
79 Gauthey, vol 1, p. 476.
80 Gauthey, vol 1, p. 493.
81 Gauthey, vol 1, p. 440.
82 Gauthey, vol 1, p. 446.
83 Gauthey, vol 1, p. 454.

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Eran sus amigas pacientes por quienes oraba frecuentemente para aliviarlas y liberarlas del purgatorio. Nos dice: Una vez vi en sueños a una religiosa fallecida mucho tiempo antes, y me dijo que padecía extremadamente en el purgatorio, pero que Dios le acababa de hacer sufrir una pena incomparable, que había sido la vista de una de sus parientas precipitada en el infierno.

Me decía sin cesar: “Ruega a Dios por mí, ofrécele tus sufrimientos, unidos a los de Jesucristo, para aliviar los míos. Cédeme todo cuanto hagas hasta el primer viernes de mayo, en que comulgues por mí”. Y así lo hice con licencia de mi Superiora. Pero mi sufrimiento se aumentó de tal modo que me abrumaba, sin poder hallar alivio ni reposo, porque habiéndome retirado por obediencia para descansar, no bien estuve en la cama cuando, me pareció que estaba a mi lado, diciéndome estas palabras: “Tú estás ahí en tu cama muy a gusto y mírame a mí acostada en un lecho de llamas, en donde sufro penas intolerables”. Y me mostró aquel horrible lecho que me hace estremecer cuantas veces pienso en él.

Me dijo: “Ahora me desgarran el corazón los pensamientos de crítica y de desaprobación contra mis Superioras. Mi lengua está comida por los gusanos en castigo de las palabras que he dicho contra la caridad. Tengo la boca toda ulcerada por mi falta de silencio. ¡Ah, cuánto desearía que todas las almas consagradas a Dios pudieran verme en tan terrible tormento! ¡Si pudiera hacerles sentir la magnitud de mis dolores y de los que están preparados a las que viven con negligencia su vocación, sin duda que caminarían con más fervor por el camino de la exacta observancia y cuidarían de no caer en las faltas que a mí me producen tan horribles tormentos!”.

Me deshacía en lágrimas al oír todo esto. Quisieron darme algunos remedios y ella me dijo: “¡Mucho piensan en aliviar tus males, pero nadie piensa en aligerar los míos! Un día de exactitud al silencio en toda la Comunidad curaría mi boca ulcerada. Otro pasado en la práctica de la caridad, sin hacer ninguna falta contra ella, curaría mi lengua; y otro en que no se dijese ninguna palabra de crítica, ni de desaprobación contra la Superiora, curaría mi corazón desgarrado”. Después de haberle aplicado la comunión que me pedía, me dijo que sus horribles tormentos habían disminuido mucho, pero que estaría aún por mucho tiempo en el purgatorio, donde sufría las penas debidas a las almas tibias en el servicio de Dios. Yo me vi libre de las mías, las cuales me había dicho que no disminuirían hasta que ella recibiese alivio (72).

En otra ocasión, estando en presencia del Santísimo Sacramento el día de su fiesta, se presentó delante de mí una persona hecha toda fuego, cuyos ardores me penetraron tanto que me parecía abrasarme con ella. El deplorable estado en que se hallaba en el purgatorio, me hizo derramar abundantes lágrimas. Me dijo que era el religioso benedictino que me había confesado una vez y me había mandado recibir la sagrada comunión, en premio de lo cual Dios le había permitido dirigirse a mí para que le alcanzase algún alivio en sus penas. Me pidió que ofreciese por él todo lo que pudiera hacer y sufrir durante tres meses. Habiéndoselo prometido, después de haber obtenido para esto el permiso de mi Superiora, me dijo que la causa de sus grandes sufrimientos era ante todo que había preferido el interés propio a la gloria Dios, por demasiado apego a su reputación; lo segundo por la falta de caridad con sus hermanos, y lo tercero por el exceso de afecto natural que había tenido a las criaturas, y las desmedidas pruebas que de él les había dado en las conversaciones espirituales, lo que desagradaba mucho a Dios.

Muy difícil sería poder explicar cuánto tuve que sufrir en estos tres meses, porque no me abandonaba ni un momento y el lado donde él se ponía me parecía tenerlo todo abrasado, y con tan vivos dolores que gemía y lloraba casi continuamente. Movida a compasión, mi Superiora me ordenó que hiciera grandes penitencias.

Al cabo de tres meses lo vi de muy diferente manera; colmado de gozo y de gloria, iba a gozar de su eterna dicha, y dándome las gracias me dijo que me protegería en la presencia de Dios (73).

Recibí una gran alegría en la mañana del domingo del Buen Pastor (2 de mayo de 1683), dos de mis buenas amigas pacientes han venido a decirme adiós en el momento de despertarme, y que era éste el día en que el soberano Pastor las recibía en su redil eterno, con más de un millón de otras almas, en cuya compañía marchaban con cánticos de alegría inexplicables. Una es la buena Madre de Monthoux, la otra mi Hermana Juana Catalina Gascón, que me repetía sin cesar estas palabras:

El amor triunfa, el amor goza.
El amor de Dios se regocija.

La otra decía: “¡Bienaventurados son los muertos que mueren el Señor, y las religiosas que viven y mueren en la exacta observancia de su regla!”. Quieren que yo le diga de su parte que la muerte puede separar a los amigos, pero no desunirlos.

¡Si supiera cuán trasportada está mi alma de alegría! Cuando les hablaba me parecía que las veía poco a poco abismadas y como sumergidas en la gloria. Le piden que rece, en acción de gracias a la Santísima Trinidad, un “Te Deum”, un “Laudate”, y cinco “Gloria Patri”. Yo les rogué que se acordasen de nosotras y me han dicho por últimas palabras que la ingratitud jamás ha entrado en el cielo (74).

Nuestra Madre me permitió en favor de las almas del purgatorio pasar la noche del Jueves Santo (15 de abril de 1683) delante del Santísimo Sacramento y en donde una parte del tiempo estuve rodeada de estas pobres almas con las que he contraído una estrecha amistad. Nuestro Señor me dijo que Él me ponía a disposición de ellas durante este año para que les hiciera todo el bien que pudiese. Están frecuentemente conmigo y las llamo mis “amigas pacientes”. Hay una que me hace sufrir mucho y no la puedo aliviar todo lo que desearía. No puedo decirle su nombre, pero sí pedirle socorro para ella, que no será desagradecida (75).

72 Escritos de la Madre Saumaise, Gauthey, vol 2, p. 142-143.
73 Autobiografía, pp. 94-95.
74 Carta a la Madre Saumaise del 2 de mayo de 1683.
75 Carta a la Madre Saumaise de abril de 1683.

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