Artículos por "Cor ad Cor Loquitur"
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El título de este post es casi exactamente el mismo que D. Melchor Mateo dio a su artículo en el Diario de Cádiz, en el que comenta la asunción por parte de la Fundación Educatio Servanda de un colegio de religiosas en la Tacita de Plata -así se conoce a la capital gaditana-.

Dice don Melchor:

¿Qué es Educatio Servanda, la organización que desde ahora gestiona el colegio María Milagrosa de La Palma, el Santo Ángel en Puerto Real y también se hizo con el edificio del antiguo San Martín?

Esta organización está presidida por el aparejador y empresario Juan Carlos Corvera Córdoba y nace en Madrid. Desde siempre ha sido identificada como ultraconservadora dentro de la relación de poderes de la Iglesia. Con apenas diez años de vida y con Juan Pablo II como modelo a seguir, con el que nombran a diversos centros educativos, tuvo su bautismo de fuego al hacerse con un colegio en Alcorcón…

Como ven ustedes, a quien comete la osadía de tener a San Juan Pablo II como modelo a seguir es calificado como ultraconservador. Ya nos dirán qué tiene de malo elegir como referencia a uno de los mejores papas de la historia de la Iglesia, que murió en olor de santidad, que ya ha sido canonizado, y que es bastante probable que entre en el selecto grupo de los papas magnos.

Dice también el articulista:

La figura de Juan Carlos Corvera ha dado mucho que hablar. En un reportaje elaborado por Televisión Española dijo que “la principal preocupación del director de un colegio católico es procurar que el Obispado o la parroquia que le corresponda, le asigne un sacerdote para que se celebre la eucaristía diaria". 

¡¡Oh!! ¡¡Qué espanto!! ¡¡El director de un colegio católico pidiendo un sacerdote que oficie la Misa cada día!! ¡¡¿Habráse visto?!! ¡¡¿A dónde vamos a parar?!!

Y para completar el panorama, asegura:

La entrada de Educatio Servanda y el poder que están adquiriendo otros grupos como los neocatecumenales en la diócesis ha levantado ampollas entre muchos laicos y también entre parte del clero en un territorio que ha sido siempre progresista.

Ahí está el problema, señores. Los miembros del sector “progresista” (*) quieren Cádiz para ellos solos. Nada de católicos cercanos a Juan Pablo II o a movimientos que ellos consideran como ultraconservadores. Acostumbrados como estaban a controlarlo todo, a mangonearlo todo, a ocuparlo todo, ven con pavor que el actual obispo, pastor de toda la Iglesia en Cádiz, quiere dar paso a gente en línea con su forma de ver las cosas, sin que eso suponga, por otra parte, desechar a nadie. 

¿Y qué se supone que tiene que hacer un obispo? ¿dejar las cosas como estaban aunque crea que deben cambiar? ¿plegarse al sector “progre"? ¿negarse a ser pastor conforme a lo que el Señor pone en su corazón?

Desgraciadamente son cada vez más los colegios de órdenes y congregaciones religiosas que se quedan sin religiosos que puedan dirigirlos. La crisis de la vida religiosa, sobre la que ya he escrito días pasados, lleva esa circunstancia aparejada. ¿Qué deben hacer los obispos? ¿dejar que esos colegios dejen de estar bajo la guía de la Iglesia? ¿no será mejor buscar soluciones para garantizar, e incluso mejorar en algunos casos, su catolicidad? Hay obispos que procuran que los colegios pasen a ser diocesanos. Otros optan por ponerlos en manos de entidades cuya catolicidad es clara, como es el caso de la Fundación Educatio Servanda. Hacer tal cosa es un ejercicio de responsabildiad pastoral irrenunciable.

El problema está en que el sector progre-eclesial, incapaz de asegurar la catolicidad de nada, no soporta que haya pastores, sacerdotes y seglares que estén dispuestos a dar la batalla para que la escuela católica sobreviva en este país. Una escuela, dicho sea de paso, que va a ser objeto de un ataque brutal por parte de una izquierda política en connivencia con la “derecha” del PP. Para garantizar el derecho constitucional de los padres a que sus hijos sean educados conformes a su fe y sus valores, es necesario que exista una escuela católica. Es una cuestión, simple y llanamente, de libertad. Precisamente esa libertad es la que tanto detestan los “progres”. Y si no, no hay más que ver lo que el sindicato de extrema izquierda CGT, que ha pedido a la Junta de Andalucía que retire el concierto al colegio gaditano del que se va a encargar Educatio Servanda. A ese sindicato no le importa nada la suerte de los trabajadores del centro y no digamos nada la voluntad de los padres que llevan a sus hijos al colegio.

En conclusión, aunque D. Melchor Mateo ha querido escribir un artículo para criticar al obispo de Cádiz, Mons. Rafael Zornoza, en realidad le ha salido un elogio. Describe a un obispo preocupado por la suerte de la escuela católica en su diócesis. Ojalá todos sigan su ejemplo. 

Luis Fernando Pérez Bustamante

(*) A ver si nos dejamos ya de sectores y nos dedicamos a evangelizar.

La Comunión anglicana se ha encontrado ante la realidad de tener que afrontar un cisma debido a la cuestión del “matrimonio” homosexual. Aunque pueda parecer que se ha impuesto el sentido común, en el sentido de que han sido apartados los episcopalianos de EE.UU, que aprobaban esa práctica considerada como abominación por la Escritura, lo cierto es que ha primado más el pragmatismo. La otra opción era que toda el continente africano anglicano dijera adiós al resto de anglicanos del resto del mundo. Y da la casualidad de que el anglicanismo tiene mucha más fuerza en África que en su Inglaterra natal y en el resto de los países donde tiene cierta presencia.

Por tanto, entre elegir que unos pocos millones -cada vez menos- de anglicanos norteamericanos quedaran fuera o lo hiciera todo un continente, los primados anglicanos han optado por lo segundo.

De cualquier forma, el caso anglicano es realmente peculiar y demuestra por dónde no se ha de ir. Desde que esa comunión eclesial -no es Iglesia porque no conservan la sucesión apostólica- ha ido dando pasos en dirección a la teología liberal, ha ido perdiendo fieles, sacerdotes y obispos por el camino. Cuanto más se ha acercado al mundo, más claramente el mundo les ha dado la espalda. 

Primero aceptaron ordenar mujeres. Hace años, ordenaron como obispo en EE.UU a un señor que se había amancebado con otro señor. Hace poco decidieron que ordenaban obispas. Y de no ser por los africanos, que han puesto pie en tierra, en breve estarían celebrándose bodas gays en la Catedral de Canterbury. ¿Consecuencias? Pues que en Inglaterra hay menos de un millón de anglicanos que van al culto dominical cada semana. Eso supone que, en la práctica, el anglicanismo está al borde de la desaparición en el país donde nació. 

¿Puede ocurrir algo semejante en la Iglesia Católica? No solo puede. Está ocurriendo. Mons Johan Bonny sigue siendo a día de hoy obispo de Amberes (Bélgica). Hablamos de un obispo que, como los episcopalianos de EE.UU, quiere el reconomiento por parte de la Iglesia Católica de las uniones homoxesuales, ¿En serio se puede decir que el resto de obispos católicos, está en comunión con él? ¿se lo preguntamos uno a uno, sin que tengan que dar nombres? ¿alguien sabe si Roma le ha dicho algo a ese obispo?

No hace falta tampoco que les explique que la Iglesia Católica está hoy partida en dos -no de iure, sí de facto- porque un sector del episcopado quiere que se acepte conceder la comunión eucarística a los divorciados vueltos a casar, lo cual supone acabar con la doctrina católica sobre tres sacramentos. Es más, ambas circunstancias están muy relacionadas, tal y como advirtió el cardenal Pell, quien dijo en 2014 que «la comunión para los divorciados vueltos a casar es solo la punta del iceberg, el caballo de Troya», ya que «quieren cambios más amplios, el reconocimiento de las uniones civiles, el reconocimiento de las uniones homosexuales». O sea, tenemos nuestros “episcopalianos".

Hay otra cosa en común entre anglicanos y católicos. Y tiene nombre de continente: África. Los anglicanos africanos tienen también a sus Sarah, Napier, etc. Es decir, sus profetas, en palabras del cardenal Dolan. Ya dije en su día que África salvará de nuevo a la Iglesia. Pero no solo África. Los católicos también tenemos en Europa al menos un país con un episcopado que no piensa tolerar que se altere la fe. Me refiero a Polonia.

En realidad lo que está en juego es la gran batalla que Satanás lleva librando contra el cristianismo, y especialmente contra la Iglesia Católica, recrudecida desde hace siglo y medio. No es otra que la guerra entre el liberalismo teológico -modernismo en su versión católica- y la fe bíblica y tradicional. No es otra que la guerra entre los que quieren que la fe cristiana sea luz del mundo y los que quieren que el mundo ilumine a la fe cristiana. 

El protestantismo tiene relativamente fácil enfrentarse a esa plaga del liberalismo teológico. Echan de sus filas a las denominaciones que lo adopten. Acaba de pasar en Madrid, donde el Consejo Evangélico ha advertido a la IEE de que será dada de baja si sigue aceptando la legitimidad de las relaciones homosexuales y acaba de ocurrir en el seno de la comunión anglicana. Pero, siendo claros, la palabra cisma y protestantismo van unidas de la mano desde tiempos de Lutero, Zwinglio, Calvino y los anabaptistas. No afecta a su esencia. ES su esencia.

En el caso del catolicismo es muy diferente. Creo que si los modernistas -Kasper y cía- consiguieran su objetivo, la Iglesia saltaría hecha pedazos, dejando el Cisma de Occidente en un chiste y dándose una situación similar al Cisma de Oriente y la Reforma protestante. Sí, nosotros tenemos un Papa, sucesor de Pedro, Vicario de Cristo, Cabeza del colegio episcopal. Pero como dijo Joseph Ratzinger, siendo cardenal:

El Papa no es en ningún caso un monarca absoluto, cuya voluntad tenga valor de ley. Él es la voz de la Tradición; y sólo a partir de ella se funda su autoridad.
30 de septiembre de 1988, Cardenal Joseph Ratzinger, Prefecto de la CDF

Hoy hay demasiado ultramontano en la Iglesia que piensa que cualquier Papa, incluido el actual, puede cambiar la doctrina católica por el mero hecho de ser Papa. Pues bien, no puede. Pero si lo intenta, cosa que no ha ocurrido en 20 siglos de historia y no tiene por qué ocurrir ahora, el cisma, como en el caso de los anglicanos, será seguro. Dios no lo permita.

Les dejo con el enlace a la mejor web para seguir la crisis anglicana:

http://www.standfirminfaith.com/

Luis Fernando Pérez Bustamante

Si Cristo ha enseñado algo, ya puede pararse el mundo, ya se le puede dar todas las vueltas que se quiera, ya puede quien sea intentar contradecirle, que la palabra del Señor permanece para siempre.

Y Cristo enseñó esto:

Entrad por la puerta estrecha. Porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos entran por ellos. ¡Qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que lleva a la vida! Y pocos dan con ellos.
Mt 7,13-14

Y:

Uno le preguntó: «Señor, ¿son pocos los que se salvan?». Él les dijo: «Esforzaos en entrar por la puerta estrecha, pues os digo que muchos intentarán entrar y no podrán.
Luc 13,23-24

Eso no lo dice quien tiene interés en que la gente se condene, sino Aquél que dio su vida en la cruz para que todos puedan salvarse

La puerta a la salvación tiene como jambas la conversión, la confesión y la penitencia. Nadie les equivoque con otra idea. Quien no se convierte de sus pecados, quien no hace propósito de enmienda, quien no se confiesa, quien no cumple la penitencia que le sea impuesta, está atrevesando la puerta ancha. Y lo peor de todo, puede creer que es la estrecha bajo la que está pasando. De hecho, en el evangelio de Mateo, justo de decir lo de las puertas, Cristo nos advierte:

Cuidado con los profetas falsos; se acercan con piel de oveja, pero por dentro son lobos rapaces.
Mt 7,15

En ese sentido, es altamente preocupante lo que un sacerdote italiano ha contado a Sandro Magister en una carta. Cada vez se confiesa menos gente y además, muchos lo hacen rematadamente mal. Y el colmo de los colmos, es que los que no quieren confesarse bien, usan como argumento la interpretación errónea de determinadas frases del papa Francisco. 

Estamos en pleno año de la Misericordia. El arzobispo de Sevilla acaba de pedir a los sacerdotes que se enganchen al confesionario. Pero me temo que habrá que pedir también que no cedan ante aquellos que están siendo engañados por la idea de que la puerta a la salvación es ancha. Sigue siendo estrecha. Lo que es anchísimo, enorme, imparable, es el poder de la gracia de Dios para transformar los corazones. La gracia no es salvoconducto para seguir pecando. Es instrumento de santificación. Y sin santidad, como dice la Escritura, nadie verá a Dios.

Santidad o muerte

Luis Fernando Pérez Bustamante

Hoy he escrito un post criticando lo que me parecía una proposición inaceptable del P. Raniero Cantalamessa. Pues bien, lo inaceptable es que yo escriba algo sin asegurarme al cien por cien de que aquello sobre lo que estoy escribiendo es cierto. Tanto más si lo que escribo es para criticar a alguien.

2. María Madre de los creyentes desde una perspectiva ecuménica

Lo que quisiera hacer es poner de relieve la importancia ecuménica de esta mariología del Concilio, es decir, cómo podría contribuir – y está contribuyendo- a acercar a católicos y protestantes sobre este delicado terreno y controvertido que es la devoción a la Virgen. Aclaro sobre todo el principio que está en la base de la reflexión que sigue. Si María se coloca fundamentalmente de la parte de la Iglesia, consigue que las categorías y las afirmaciones bíblicas de las que partir para alumbrar sobre ella son más bien las relativas a las personas humanas que constituyen la Iglesia, aplicadas a ella “a mayor razón”, en vez de las relativas a las personas divinas, aplicadas a ella “por reducción”.

Para comprender, por ejemplo, en la forma correcta, el delicado concepto de la mediación de María en la obra de la salvación, es más útil partir de la mediación de las criaturas, o desde abajo, como es la de Abrahán, de los apóstoles, de los sacramentos o de la Iglesia misma, que no de las mediación divino-humana de Cristo. La distancia más grande, de hecho, no es la que existe entre María y el resto de la Iglesia, sino es la que existe entre María y la Iglesia de una parte, y Cristo y la Trinidad de la otra, es decir, entre la criatura y el Creador.

Ahora sacamos la conclusión de todo esto. Si Abrahán, por lo que ha hecho, ha merecido en la Biblia el nombre de “padre de todos nosotros”, es decir de todos los creyentes “ (cf Rm 4, 16; Lc 16,24)), se entiende mejor porque la Iglesia no duda en llamar a María “Madre de todos nosotros”, madre de todos los creyentes. De la comparación entre Abrahán y María podemos recabar una luz aún mejor, que tiene que ver no solo con el simple título, sino también con su contenido o significado.
¿Madre de los creyentes es un sencillo título de honor o algo más? Aquí se ve la posibilidad de un discurso ecuménico sobre María. Calvino interpreta el texto donde Dios dice a Abrahán: “por ti se bendecirán todos los pueblos de la tierra” (Gn 12, 3), en el sentido de que che “Abrahán no será solo ejemplo y patrón, sino causa de bendición” . Un conocido exegeta protestante escribe, en el mismo sentido:

“Se ha cuestionado si las palabras del Génesis 12, 3 [“por ti se bendecirán todos los pueblos de la tierra”] pretenden afirmar solamente que Abrahán se convertirá en una especie de fórmula para bendecir, y que la bendición de la que él goza pasará en proverbio […]. Se debe volver a la interpretación tradicional que entiende esa palabra de Dios “como una orden dada a la historia” (B. Jacob). A Abrahán se le reserva, en el plano salvífico de Dios, el rol de mediador de la bendición para todas las generaciones de la tierra” .

Todo esto nos ayuda a entender lo que la tradición, a partir de san Ireneo, dice de María: es decir, que ella no es solo un ejemplo de bendición y de salvación, sino, de una forma dependiente únicamente de la gracia y de la voluntad de Dios, también causa de salvación. “Como Eva, escribe san Ireneo, desobedeciendo, se convierte en causa de muerte para sí y para todo el género humano, así María…, obedeciendo, se convierte en causa de salvación para sí y para todo el género humano” . Las palabras de María: “Todas las generaciones me llamarán beata” (Lc 1, 48) son para considerar, también, “¡una orden dada por Dios a la historia!”
Es un hecho alentador descubrir que los mismos iniciadores de la Reforma han reconocido a María el título y la prerrogativa de Madre, también en el sentido de Madre nuestra y madre de la salvación. En una predicación para la misa de Navidad, Lutero decía: “Esta es la consolación y la desbordante bondad de Dios: que el hombre, en cuando que cree, pueda gloriarse de un bien tan precioso, que María sea su verdadera madre, Cristo su hermano, Dios su Padre… Si crees así, te sientas verdaderamente en el vientre de la Virgen María y eres su querido niño” . Zwingli, en un sermón del 1524, llama a María “la pura Virgen María, madre de nuestra salvación” y dice que nunca ha “pensado y mucho menos enseñado o dicho en público nada malo, vergonzoso, indigno o malo” .
¿Cómo es posible que hayamos llegado a la situación actual de tanto desagrado por parte de los hermanos protestantes hacia María, al punto que en algunos ambientes se considera casi un deber disminuir a María, atacar en este punto a los católicos, pasar de largo todo lo que la escritura dice sobre ella?

No es este el lugar para hacer una revisión histórica, quiero solamente decir cuál camino me parece la salida de esta triste situación sobre María. Tal camino pasa por un sincero reconocimiento por parte de nosotros los católicos por el hecho de que muchas veces, en los últimos siglos, hemos contribuido a volver a María inaceptable a los hermanos protestantes, honrándola a veces de manera exagerada y desconsiderada, y sobre todo no colocando tal devoción dentro de un cuadro bíblico bien claro que dejara ver su rol subordinado respecto a la Palabra de Dios, al Espíritu Santo y al mismo Jesús. La mariología en los últimos siglos se había vuelto una fábrica continua de nuevos títulos, nuevas devociones, muchas veces en polémica con los protestantes usando a veces a María -¡nuestra madre común!- como un arma contra ellos.

Ante esta tendencia el Concilio Vaticano II ha oportunamente reaccionado. El ha recomendado a los fieles “sea en las palabras que en los hechos evitar diligentemente cualquier cosa que pueda inducir a error a los hermanos separados o cualquier otra persona, sobre la verdadera doctrina de la Iglesia”, y ha recordado a los mismos fieles que “la verdadera devoción no consiste ni en un estéril o pasajero sentimentalismo, ni en una cierta vana credulidad” .
Por parte de los protestantes creo que haya que tomar acto de la influencia negativa que tuvo en sus actitudes hacia María, no solamente la polémica anticatólica, sino también el racionalismo. María no es una idea, sino una persona concreta, una mujer y como tal no es fácilmente teorizable o reducible a un principio abstracto. Ella es el símbolo mismo de la simplicidad de Dios. Por esto ella no podía, en un clima dominado por un exasperado racionalismo, no ser eliminada del horizonte teológico.

Una mujer luterana, fallecida hace algunos años, Madre Basilea Schlink, ha fundado en el interior de la Iglesia luterana, una comunidad llamada “Las hermanas de María”, ahora difundida en varios países del mundo. En un libro suyo, después de recordar diversos textos de Lutero sobre la Virgen escribe:

“Cuando se leen las palabras de Lutero, que hasta el final de su vida ha honrado a María, ha santificado sus fiestas y cantado cada día el Magníficat, se siente como nos hemos alejado, en general, de la actitud justa hacia Ella… Vemos como nosotros los evangélicos nos dejamos sumergir por el racionalismo… El racionalismo que admite solamente lo que se puede entender con la razón, difundiéndose ha echado afuera de las Iglesias evangélicas las fiestas de María y todo lo que a Ella se refiere, y ha hecho perder el sentido de cada referencia bíblica sobre María: y a esta herencia la sufrimos aún hoy. Si Lutero, con esta frase: ‘Después de Cristo Ella es en toda la cristiandad la joya más preciosa, nunca suficientemente alabada’ nos inculca esta alabanza, yo por mi parte tengo que confesar que estoy entre quienes por largos años de la propia vida no lo han hecho, eludiendo así también lo que dice la Escritura: ‘De ahora en adelante me llamarán beata’ (Lc 1,48). Yo no me había puesto entre estas generaciones” .
Todas estas premisas nos permiten cultivar en el corazón la esperanza de que, un día no lejano, católicos y protestantes podamos no estar más divididos, sino unidos por María, en una común veneración, diversa quizás en las formas, pero concorde en reconocer en ella a la Madre de Dios y a la Madre de los creyentes. Yo he tenido la alegría de constatar personalmente algunos síntomas de este cambio en acto. En más de una ocasión he podido hablar de María en un auditorio protestante, notando entre los presentes no solamente acogida, sino al menos en un caso, una verdadera conmoción, como cuando uno encuentra algo querido y una sanación de la memoria.

Hay un párrafo con el que no estoy de acuerdo, y que he señalado en negrita. Entre otras razones porque no se puede pretender reducir la devoción mariana a un cuadro estrictamente bíblico, ignorando que la Tradición es en gran medida fuente de esa devoción. 

Pero una cosa es no estar de acuerdo con esas palabras del predicador de la Casa Pontificia, dichas en un contexto que muestra avances hacia la devoción mariana en el seno del protestantismo, y otra acusarle de pedir a los católicos que veneren menos a la Virgen. Eso no lo ha hecho. Y yo no debí escribir el post que escribí esta mañana. Bien que lo siento. Pido disculpas a mis lectores y, sobre todo, al propio P. Cantalamessa.

Ayer se dio a conocer la creación por parte del CELAM del Centro Bíblico Teológico Pastoral para América Latina y el Caribe (Cebitepal), que unifica entidades que ya trabajaban en forma separada y cuya finalidad será “la formación, la reflexión, la investigación y el compromiso evangelizador hacia ‘una Iglesia en salida’“.

Conviene recordar que ya hay países iberoamericanos donde el protestantismo evangélico está a punto de superar o ha superado ya en número de fieles al catolicismo. Y en todos, sin excepción, se produce en mayor o menor medida el avance de dicho protestantismo, sobre todo en su versión pentecostal y todo tipo de sectas. Es decir, lo de la Iglesia en salida es literalmente cierto. La gente se larga de la Iglesia para irse a otros nidos religiosos.

Sin embargo, cuando se lee la información que el propio CELAM da sobre el CEBITEPAL, no aparece por ningún lado el elemento de formación de sacerdotes y seglares en el ámbito apologético. Sí habrá, sin embargo, “formación política y sindical para el compromiso y la transformación de la realidad". 

Habrá quien piense y diga que con una formación teológica adecuada, no hace falta una rama específica de apologética católica. Craso error. En una situación como la que se da en Iberoamérica, no basta con conocer la fe. Hay que saber defenderla. El 99% de los fieles y un altísimo porcentaje de miembros del clero no es capaz de mantener un debate doctrinal serio con un evangélico formado. No abundan los seglares como José Miguel Arraiz, que es de los mejores apologetas católicos en lengua española. Yo mismo me dediqué durante años a defender la fe católica en foros protestantes y me encontré con una carencia espantosa de medios en mi idioma materno, teniendo que acudir a lo que había en inglés.

A quienes crean que exagero, les pido que hagan la siguiente prueba. Cuando una pareja de Testigos de Jehová llame a su puerta, intenten mantener un debate doctrina con ellos, Biblia en mano, sobre la divinidad de Cristo. Si salen escaldados, es evidente que tienen un serio problema. Ni les cuento lo que puede pasar si un evangélico les empieza a citar la Escritura para negar al uso de imágenes -lo consideran idolátrico-, la comunión de los santos, sacramentos, etc.

Unas iglesias locales doctrinal y apologéticamente débiles son el pasto perfecto para el avance de todo tipo de cristianismo o pseudocristianismo no católico. Si es importante, nadie lo niega, la opción por los pobres en cuestiones materiales, ¿qué no lo será la opción por los pobres en formación espiritual, moral y doctrinal?

Mucho me temo que mientras la Iglesia Cattólica siga caminando en el continente de la esperanza por sendas de “interdisciplinariedad” e “interculturalidad”, de “rasgos propios de la teología y la metodología latinoamericana, centrada en la Palabra de Dios y practicando una exégesis vinculada estrechamente a la hermenéutica, en diálogo con la teología y pastoral a la luz del Magisterio latinoamericano", los protestantes se frotarán las manos y seguirán creciendo hasta convertirse en la religión mayoritaria de dicho continente. Eso sí, a los católicos se nos llenará la boca de palabras rimbombantes, de proyectos magnificos, de pastorales populistas, de semipelagianadas varias. Pues vale.

Luis Fernando Pérez Bustamante

Mucho me temo, aunque más bien me alegro, que el obispo de Córdoba, Mons. Demetrio Fernández, ha puesto en pie de guerra a quienes trabajan intensamente en el proceso de descristianizar la sociedad española. Proceso, dicho sea de paso, en el que han logrado grandes éxitos… y los que quedan por venir.

El obispo ha tenido la feliz idea de aprovechar la Navidad para hablar del papel del marido y la esposa en la familia. Papeles complementarios. Papeles iguales en dignidad pero necesariamente distintos. Es más, esa distinción viene de Dios, aunque la humanidad se haya empeñado en oscurecerla, distorsionarla y convertirla en instrumento de iniquidad. Incluso desde dentro del propio cristianismo, aunque no hay ninguna otra gran religión que, ni de lejos, haya dado a la mujer el papel que le corresponde, muchos de sus miembros no han sido, ni son, fieles al plan de Dios en esta materia.

¿Qué ha dicho el obispo? Esto:

La familia se constituye por la unión de los esposos que normalmente se convierten en padres. Varón y mujer, creados en igualdad de dignidad fundamental, son distintos para ser complementarios. Cuanto más varón sea el varón, mejor para todos en la casa. El aporta particularmente la cobertura, la protección y la seguridad. El varón es signo de fortaleza, representa la autoridad que ayuda a crecer. La mujer tiene una aportación específica, da calor al hogar, acogida, ternura. El genio femenino enriquece grandemente la familia. Cuanto más mujer y más femenina sea la mujer, mejor para todos en la casa. 

¿Y qué ha pasado cuando el obispo ha dicho eso? Que ha salido un Caifás socialista y laicista a rasgarse las vestiduras diciendo:

«Ha blasfemado. ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Acabáis de oír la blasfemia.
(Mat 26,25)

Efectivamente, la fe católica es blasfemia para la nueva religión, a la que llaman democracia. Dice el diputado socialista Hurtado:

«Afortunadamente, la democracia ha puesto por encima de la moral católica, dominante en otros tiempos, a los derechos humanos y a la libertad».

Es altamente significativo que ese señor oponga la democracia a la moral católica. Sin la menor duda aparecerán muchos católicos, mayormente liberales, a decir que tal cosa es una barbaridad. Que la democracia es perfectamente compatible con su fe. Sin duda hay países donde tal cosa es posible. Pero hagamos la prueba del nueve y preguntemos: ¿en cuántos países democráticos del mundo se respetan los principios no negociables marcados por Benedicto XVI?

Sabemos la respuesta. Y si preguntamos lo mismo en Europa, cuna de la democracia liberal, la respuesta es aún peor. San Juan Pablo II describe exactamente en qué se ha convertido la democracia que reina hoy en Occidente (negritas mías):

Una auténtica democracia es posible solamente en un Estado de derecho y sobre la base de una recta concepción de la persona humana. Requiere que se den las condiciones necesarias para la promoción de las personas concretas, mediante la educación y la formación en los verdaderos ideales, así como de la «subjetividad» de la sociedad mediante la creación de estructuras de participación y de corresponsabilidad. Hoy se tiende a afirmar que el agnosticismo y el relativismo escéptico son la filosofía y la actitud fundamental correspondientes a las formas políticas democráticas, y que cuantos están convencidos de conocer la verdad y se adhieren a ella con firmeza no son fiables desde el punto de vista democrático, al no aceptar que la verdad sea determinada por la mayoría o que sea variable según los diversos equilibrios políticos. A este propósito, hay que observar que, si no existe una verdad última, la cual guía y orienta la acción política, entonces las ideas y las convicciones humanas pueden ser instrumentalizadas fácilmente para fines de poder. Una democracia sin valores se convierte con facilidad en un totalitarismo visible o encubierto, como demuestra la historia.
San Juan Pablo II, Centessimus annus, 46

Lo acabamos de ver. Si, algo lamentablemente no demasiado habitual, un obispo católico osa proclamar la fe católica contra los dogmas laicistas que comparten la izquierda anticlerical de toda la vida y la derecha pagana, enseguida saltan los sumos sacerdotes de esa nueva religión que, bajo la apariencia de libertad y democracia, es el nuevo totalitarismo que una sociedad cada vez más entregada en manos de la apostasía consume con gusto.

Y si encima ese obispo, siguiendo los pasos de santos y profetas como san Juan Bautista, usa un lenguaje fuerte para describir algunos pecados infames, como es la concepción de seres humanos en laboratorios y no en el lecho conyugal, la sentencia que recae sobre él por semejante “blasfemia” es la misma que recayó sobre Cristo:

¿Qué decidís?». Y ellos contestaron: «Es reo de muerte».
Mt 26,66

De momento esa muerte pretende ser solo social, civil. Veremos cuánto tardan estos paladines de la democracia totalitarista en proponer que esa muerte civil tenga algún tipo de equivalente penal.

Luis Fernando Pérez Bustamante

San León Magno, Papa, Sermón I en la Natividad del Señor:

Hoy, queridos hermanos, ha nacido nuestro Salvador; alegrémonos. No puede haber lugar para la tristeza, cuando acaba de nacer la vida; la misma que acaba con el temor de la mortalidad, y nos infunde la alegría de la eternidad prometida.

Nadie tiene por qué sentirse alejado de la participación de semejante gozo, a todos es común la razón para el júbilo porque nuestro Señor,, destructor del pecado y de la muerte, corno no ha encontrado a nadie libre de culpa, ha venido para liberarnos a todos. Alégrese el santo, puesto que se acerca a la victoria; regocíjese el pecador, puesto que se le invita al perdón; anímese el gentil, ya que se le llama a la vida.

Pues el Hijo de Dios, al cumplirse la plenitud de los tiempos, establecidos por los inescrutables y supremos designios divinos, asumió la naturaleza del género humano para reconciliarla con su Creador, -de modo que el demonio, autor de la muerte, se viera vencido por la misma naturaleza gracias a la cual había vencido.

Por eso, cuando nace el Señor, los ángeles cantan jubilosos: Gloria a Dios en el cielo, y anuncian: y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor. Pues están viendo cómo la Jerusalén celestial se construye con gentes de todo el mundo; ¿cómo, pues, no habrá de alegrarse la humildad de los hombres con tan sublime acción de la piedad divina, cuando tanto se entusiasma la sublimidad de los ángeles?

Demos, por tanto, queridos hermanos, gracias a Dios Padre por medio de su Hijo, en el Espíritu Santo, puesto que se: apiadó de nosotros a causa de la inmensa misericordia con que nos amó; estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho vivir con Cristo, para que gracias a él fuésemos una nueva creatura, una nueva creación.

Despojémonos, por tanto, del hombre viejo con todas sus obras y, ya que hemos recibido la participación de la generación de Cristo, renunciemos a las obras de la carne.

Reconoce, cristiano, tu dignidad y, puesto que has sido hecho partícipe de la naturaleza divina, no pienses en volver con un comportamiento indigno a las antiguas vilezas. Piensa de qué cabeza y de qué cuerpo eres miembro. No olvides que fuiste liberado del poder de las tinieblas y trasladado a la luz y al reino de Dios.

Gracias al sacramento del bautismo te has convertido en templo del Espíritu Santo; no se te ocurra ahuyentar con tus malas acciones a tan noble huésped, ni volver a someterte a la servidumbre del demonio: porque tu precio es la sangre de Cristo.

 —

Feliz Navidad a todos los lectores de InfoCatólica.

Luis Fernando Pérez Bustamante

Ayer se celebraron elecciones generales en España. El resultado es, más o menos, el que se esperaba para los dos partidos, PP y PSOE, que han gobernado este país desde la llegada de la democracia -si equiparamos al PP con UCD, que es mucho equiparar-, mientras que la extrema izquierda de Podemos ha logrado un situarse a menos de dos puntos porcentuales de los socialistas y el centro-izquierda de Ciudadanos ha obtenido menos votos de lo que esperaban pero los suficientes como para ser considerado como uno de los partidos a tener en cuenta para el futuro de este país.

En España ocurre además algo tan curioso como que partidos independentistas que quieren partir el país en pedazos obtengan un número de diputados importante, que tal y como han quedado las cosas pueden ser decisivos.

En mi opinión, y dado el cainismo propio de este país desde hace mucho tiempo, elemento que fue fomentado indecentemente por el señor Zapatero, es casi imposible que se pueda constituir un gobierno estable. Para que el señor Rajoy gobierne, el PSOE tiene que abstenerse. Y ya han dicho que no van a hacer tal cosa. Para que el señor Sánchez gobierne, debe aliarse con un partido leninista-chavista-antisistema y con partidos que quiere romper la unidad de España. Eso sería un suicidio político. Conclusión. O la vieja guarda socialista fuerza las cosas para que el PSOE deje que gobierne el PP en minoría, o volveremos a tener elecciones en primavera.

Como curiosidad, hay que decir que el partido que más votos ha obtenido sin llegar a alcanzar un escaño es el PACMA (Partido Animalista Contra el Maltrato Animal). Ni más ni menos que 219.191 españoles les han votado. Casi cuatro veces más que VOX, que ha alcanzado 57.753. SAIn (izquierda provida) ha logrado 4.516. Los Falangistas de las JONS llegan a los 7594 votos. Familia y Vida, 714. Doy los datos de estos cuatro partidos porque se supone que defienden el derecho a la vida y la familia. Se vuelve a confirmar que no hay ni siquiera cien mil españoles que tengan en cuenta esas cuestiones a la hora de votar. Anteponen ante otros temas o la estrategia del mal menor. Hay más españoles que votan a los que no quieren corrdas de toros que a los que no quieren clínicas abortistas. Eso, señores, no va a cambiar.

En noviembre del 2014 pregunté quién arreglaba el desastre que se nos venía encima con el auge de Podemos. Me equivoqué al decir que ese partido podría incluso llegar a ganar las elecciones generales. Pero no me equivoqué ni creo que me equivoque si digo que Podemos puede llegar a estar en futuros gobiernos de España. Dije entonces:

No tengo la menor duda de que un triunfo de Podemos sería un cataclismo para España. Estamos hablando de la peor extrema izquierda. La más anticlerical, la más antisistema, la más demagógica, la más populista en el peor sentido del término. Quien tiene como referente a Hugo Chávez no puede ser una alternativa de futuro seria para este país. Podemos propone un modelo económico que solo puede llevar al país al abismo. Y su programa social convierte al del PSOE en el paradigma del conservadurismo reaccionario.

El voto conservador está muy harto de la traición constante del Partido Popular. Pero a la derecha del PP, al menos por ahora, solo hay un gran desierto electoral. Ni Falanges, ni Impulsos Sociales ni Vox parecen, a día de hoy, capaces de romper el monstruo del voto útil. A Dios gracias, la extrema derecha xenófoba no alcanza tampoco muchos votos. Puede que el partido de Mariano Rajoy se desplome en las próximas elecciones, pero o se logra construir una alternativa creíble en la derecha española o España quedará en manos de una izquierda tirada al monte. Todo ello en medio de un nacionalismo secesionista que quiere romper la unidad de la nación.

Sigo diciendo lo mismo, pero con el añadido de que creo imposible construir nada en la derecha provida de este país que pueda obtener representación parlamentaria, aunque sea mínima. 

Estas elecciones han tenido otra novedad en la que casi nadie ha reparado. Por primera vez desde la llegada de la democracia, la CEE no ha emitido ninguna nota previa “orientando” el voto. Sinceramente creo que en la práctica esas notas no valen de nada porque no se las lee casi nadie, pero esta vez ni siquiera se han molestado en sacarla. Lo que la CEE hace en política pasa sobre todo por la línea editorial de sus dos principales medios de comunicación: Cope y 13TV.

Mientras en España el catolicismo no pinta absolutamente nada en la arena política, en Europa hay países donde resulta fundamental. Es el caso de Polonia y es el caso de Eslovenia, que acaba de lograr algo que parecía imposible en el Viejo Continente: dar marcha atrás a una ley de “matrimonio” homosexual. Algo debe de hacer bien la Iglesia en esos países que aquí no se hace. Pero dadas las actuales circusntancias del catolicismo español, veo igualmente casi imposible que algo cambie esencialmente en los próximos años. Seguiremos pintando cada vez menos y siendo arrinconados hasta extremos que ahora nos pueden parecer inconcebibles. Por ejemplo, no duden ustedes que si la izquierda vuelve a gobernar este país, la asignatura de religión desaparecerá. Y los colegios católicos concertados, poco a poco, también. Sinceramente, es lo que nos habremos buscado.

Luis Fernando Pérez Bustamante

Lo saco de un librito de oraciones del Hogar de Nazaret. Me parece oportuna en vista de lo mucho que pueden cambiar las cosas en este país a partir de mañana:

Oh Dios, Padre nuestro, te alabamos y damos gracias, acompaña los pasos de nuestra nación, a veces difíciles pero llenos de esperanza, Haz que veamos los signos de tu presencia y experemintemos la fuerza de tu amor que nunca disminuye.

Señor Jesús, Hijo de Dios y Salvador del mundo, hecho hombre en el seno de la Virgen María, te confesamos nuestra Fe. Tu Evangelio sea luz y vigor para nuestra reflexiones personales y sociales. Tu ley de amor conduzca nuestra comunidad civil con justicia y solidaridad, con reconciliación y paz, con unidad y en libertad.

Espíritur Santo, amor del Padre y del Hijo, te invocamos con confianza. Tú que eres maestro interior, desvélanos los pensamientos y los caminos de Dios. Concédenos mirar los acontecimientos humanos con ojos limpios y penetrantes, conservar la herencia de santidad y civilización propia de nuestro pueblo y convertirnos en la mente y el corazón para renovar nuestra sociedad.

Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra, reina de misericordia, mira a este pueblo tuyo, a esta tierra denominada “de María", ayúdanos, muéstranos a Jesús y que contigo los pueblos y gentes de España hagamos lo que Dios quiere de nosotros, que siempre será lo mejor.


Me dijeron que es de un arzobispo de Toledo, pero no de cuál. 

Luis Fernando Pérez

Como bien sabrá el lector que tiene la sana costumbre de leer toda la Biblia, en tiempos del profeta Elías el pueblo de Israel andaba mayormente adulterando con falsos dioses paganos. Nada distinto de lo que vemos hoy en algunos sectores de la Iglesia -el actual Israel de Dios (Gal 6,16), que tienen como dioses paganos el modernismo, el buenismo, la secularización, etc.

Pues bien, leemos en el primer libro de Reyes lo que Dios dice a su profeta:

Y yo haré que queden en Israel siete mil, cuyas rodillas no se doblaron ante Baal, y cuyas bocas no lo besaron.
1ª Rey 19,18

Ustedes se darán cuenta de que:

1- Es Dios quien hace que un número concreto de israelitas permanezcan fieles.

2- Ciertamente, los elegidos permanecieron fieles, porque ya habían sido fieles antes.

San Pablo lo explica así, en relación a los judíos que permanecen fieles al Señor aceptando a Cristo como Mesías:

Entonces digo yo: ¿es que Dios rechazó a su pueblo? ¡De ninguna manera! Porque también yo soy israelita, del linaje de Abrahán, de la tribu de Benjamín.
“No ha rechazado Dios a su pueblo", al cual eligió de antemano. ¿Es que no sabéis lo que dice la Escritura en el episodio de Elías, cómo dirige a Dios sus quejas contra Israel: Señor, “mataron a tus profetas, derribaron tus altares, y quedo yo solo, y buscan mi vida"?
Pero, ¿qué le dice la respuesta divina? “Me he reservado siete mil varones, que no doblaron la rodilla ante Baal".
Así pues, también en el tiempo presente ha quedado un resto según elección gratuita. Ahora bien, si es por gracia, no es por las obras, porque entonces la gracia ya no sería gracia.
¿Entonces, qué? Lo que Israel busca no lo consiguió, mientras que los elegidos lo consiguieron; los demás, en cambio, se endurecieron, conforme está escrito: “Les dio Dios espíritu de necedad, ojos para no ver y oídos para no oír, hasta el día de hoy".
Rom 11,1-8

De las palabras inspiradas por el Espíritu Santo a san Pablo, sabemos que de la misma manera que en tiempos de Elías Dios se reservó un remanente fiel, en tiempos de Cristo el Señor hizo que miles de judíos -entre ellos todos los apóstoles-, permanecieran fieles. Y desde ya les digo que si eso valía para tiempos de San Pablo, vale también para hoy. El verdadero judío no es el que permanece en la infidelidad de rechazar al Mesías sino el que, por pura gracia, le acepta como Señor y Salvador. Pues como dijo San Pedro, no hay otro nombre dado a los hombres, judíos y gentiles, en que puedan ser salvos (Hech 4,12). Quien diga o sugiera que un judío al que se predica el evangelio y lo rechaza, puede salvarse en base al Antiguo Pacto, convierte a Dios en mentiroso. Y si encima pretende hacerlo apoyándose en San Pablo, están negando las propias palabras del apóstol (negritas mías):

Digo la verdad en Cristo, no miento -mi conciencia me atestigua que es así, en el Espíritu Santo- siento una gran tristeza y un dolor incesante en mi corazón; pues desearía ser yo mismo un proscrito, alejado de Cristo, por el bien de mis hermanos, los de mi raza según la carne: ellos son israelitas y a ellos pertenecen el don de la filiación adoptiva, la gloria, las alianzas, el don de la ley, el culto y las promesas; suyos son los patriarcas y de ellos procede el Cristo, según la carne; el cual está por encima de todo, Dios bendito por los siglos. Amén.
Rom 9,1.5

Y es que siendo San Pablo el apóstol de los gentiles, lo primero que hacía cada vez que llegaba a una población donde había judíos era acercarse a la sinagoga para predicarles el evangelio. ¿A cuento de qué, entonces, podría alguien proponer que no hubiera hoy campañas de evangelización de judíos? ¿en qué cabeza cristiana pueda caber semejante barbaridad? ¿Es que no han leído el “Ay de mí si no predicara el evangelio” (1ª Cor 9,16? ¿es que los judìos del siglo XXI no tienen “derecho” a que se les predique la verdad sobre Cristo? Anatema sean los que así lo quieran. De hecho, enseña también el apóstol de los judíos:

Digo, pues: ¿es que tropezaron hasta caer definitivamente? ¡De ninguna manera! Al contrario, por su caída vino la salvación a los gentiles, para provocar su celo.  Pues si su caída es riqueza del mundo, y su fracaso riqueza de los gentiles, ¡cuánto más lo será su plenitud!
Pero a vosotros, los gentiles, os digo: siendo yo, en efecto, apóstol de las gentes, hago honor a mi ministerio, por si de alguna forma provoco celo a los de mi raza y salvo a algunos de ellos. Porque si su reprobación es reconciliación del mundo, ¿qué será su restauración sino una vida que surge de entre los muertos?
Rom 11,11-15

Y a los que no siendo judíos hemos creído, por pura gracia, en el Señor Jesucristo, nos advierte:

… no te gloríes contra las ramas; si te glorías, ten en cuenta que no eres tú quien sostiene la raíz, sino la raíz a ti. Dirás entonces: «Se han cortado las ramas para que yo fuese injertado». 
Bien, fueron cortadas por la incredulidad, tú en cambio te mantienes por la fe. No te engrías: más bien teme; no sea que, si Dios no perdonó a las ramas naturales, tampoco te perdone a ti. 
Considera, por tanto, la bondad y la severidad de Dios: con los que cayeron, la severidad; contigo, la bondad de Dios, con tal de que permanezcas en ella; de lo contrario, también a ti te cortarán.
También ellos, si no persisten en la incredulidad, serán injertados; pues Dios tiene poder para injertarlos de nuevo.
Pues, si tú fuiste cortado de un olivo silvestre, tu árbol natural, y fuiste injertado, en contra de lo que te es natural, en un olivo bueno, ¡cuánto más aquéllos serán injertados conforme a lo que les es natural en su propio olivo!
Rom 11,18-24

Ojo, mucho ojo con ir por la vida pensando que como eres cristiano, como Dios te ha concedido el don de la fe, ya puedes andar pavoneándote como si estuvieras entre los elegidos. Israel era un pueblo elegido y ya ves cómo acabaron buena parte de sus miembros. Más bien implora, suplica, clama a Dios por el don de la perseverancia final, para que se te pueda contar entre los siete mil, setenta mil o setenta millones que no doblan su rodilla ante los baales que hoy nos rodean. No vaya a ser que ante la pregunta “… cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?” (Luc 18,8), estemos por aquí y la respuesta sea no. Y recordemos también que esa fe debe de estar acompañada de las obras que Dios ha preparado para que andemos en ellas (Efe 2,10). Pues de lo contrario:

Así también la fe, si no va acompañada de obras, está realmente muerta.
Stg 2,17

Cuéntanos, Señor, entre tus elegidos.

Luis Fernando Pérez Bustamante

Seamos agentes de la misericordia del Señor. Pero de la verdadera misericordia. Por ejemplo, nos encontramos con alguien alejado de la Iglesia y de Dios, o que está en la Iglesia pero vive en pecado de forma clara y notoria. Le decimos:

- Querido amigo, tengo algo que decirte que puede cambiar tu vida.

- Dime, dime.

- Dios te perdona.

- Ah, qué bien, ¿y de qué me tiene que perdonar?

- De tus pecados.

- ¿Mis pecadooos? Oye, no me seas fundamentalista. Eso de hablar del pecado está pasado de moda. 

Hablar de misericordia a quien ni siquiera reconoce su situación de pecado puede ser contraproducente. Primero habrá que mostrar la realidad del pecado y sus consecuencias. Es más, esa es precisamente la primera tarea del Espíritu Santo:

Y cuando venga Él, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio.
Jn 16,8

Puede darse esta otra situación:

- Querido amigo, tengo algo que decirte que puede cambiar tu vida.

- Dime, dime.

- Dios te perdona.

- Ah, fabuloso. Pues nada, muchas gracias.

- Sí, pero escucha, no solo te perdona sino que te llama a no pecar más.

- ¿Cómo dices?

- Sí, que Dios quiere que te conviertas y dejes atrás los pecados que te alejan de Él.

- Anda, ¿entonces tengo que hacer algo? Es que no sé si quiero dejar atrás mis pecados. Sobre todo algunos.

- Bueno, pero es que Dios no solo te pide que dejes atrás tus pecados, sino que te lo concede por su gracia.

- No sé si me has entendido bien. Acepto el perdón pero no quiero dejar todos mis pecados. Sé que Dios me ama y me acepta tal y como soy, con mis defectos incluidos.

- Pero Dios quiere librarte de la esclavitud del pecado.

- ¿Esclavitud? Oye, no me faltes al respeto. Peco porque quiero. Y cuando quiera dejar de pecar, lo dejaré.

Como dice la Escritura:

Porque no quiero la muerte del que muere, dice el Señor. Convertíos y viviréis
Eze 18,32

EH, ¿HABÉIS LEÍDO? 

DICE ¡¡¡ CONVERTÍOS !!!

No dice ¡¡¡ Seguid igual !!!

Hay gracia suficiente para que te conviertas. Hay gracia suficiente para que dejes atrás tus pecados. Hay gracia suficiente para que hagas penitencia. 

Luis Fernando Pérez Bustamante

Cuando hace 30 años, por motivos que no vienen al caso y que de ninguna manera justifican lo que hice, me alejé de Dios y de su Iglesia, el Señor tuvo a bien no dejarme tirado en el abismo del que jamás habría podido salir con mis propias fuerzas. Su gracia empezó a operar llevándome de vuelta al cristianismo a través de un matrimonio protestante evangélico. Al poco, pasé a formar parte de una pequeña comunidad evangélica en Madrid, en la que pasé cerca de 7 años creciendo espiritualmente y, sobre todo, en conocimiento bíblico. 

Mas Dios no quería que me quedara allá. Por caminos que solo puedo calificar como providenciales, puso ante mis ojos la belleza de la Iglesia del primer milenio. Aquello supuso el fin de mi identidad protestante y, tras un breve periodo asistiendo a liturgias bizantinas/ortodoxas (las hay católicas), en medio del cual el Señor me concedió el regalo de la maternidad de María, la muerte de mi madre carnal acabó de abrir la puerta de regreso a la Iglesia Católica. De eso hace ya más de 16 años.Como ven ustedes, le debo tanto al Señor que ni mil vidas que viviera serían suficientes para darle gracias por tanto don inmerecido. Y aun así, bien sé que no puedo descuidarme lo más mínimo y debo implorar el don de la perserverancia final, pues como dice San Pablo “el que se crea seguro, cuídese de no caer” (1ª Cor 10,12).

La gran diferencia entre ser católico y protestante consiste en aceptar el lugar que Dios ha dado a su Iglesia en el plan de la salvación. El protestante puede leer mucho la Biblia -de hecho habitualmente la lee más que el católico-, puede rezar como el que mas, pero no acepta la autoridad de la Iglesia de Cristo, de quien la Escritura dice que es la columna y baluarte de la verdad (1ª Tim 3,15), su Cuerpo y su plenitud (Ef 1,23), aquella que da a conocer la multiforme sabiduría de Dios ni más ni menos que los principados y potestades celestes (Ef 3,10). No en vano los padres de la Iglesia decían que no puede tener a Dios como Padre quien no tiene a la Iglesia como madre

Precisamente el Señor quiso que dejara de ser protestante cuando recibí el consejo de que estudiara para ser pastor o, como poco, maestro bíblico. Recuerdo como si fuera hoy mismo la reacción de Fray Nelson Medina cuando en un foro protestante un cristiano reformado (calvinista) me animó a hacer tal cosa. El fraile dominico, instrumento en manos del Señor para traerme de regreso a casa, me dijo: “¿Tú también vas a contribuir a la división de la Iglesia?". Fue la primera vez que se enfadó en serio conmigo. Tenía razón. Por aquel entonces, cuando por razones laborales y “logísticas” había dejado de formar parte de mi anterior comunidad eclesial, era arminiano en relación a la predestinación y la gracia, cada vez más universalista (herejía origenista sobre la apocatástasis) y preterista en cuanto a escatología; además, bastante menonita, con un buen toque cuáquero, en eclesiología y teología “sacramental". Todo ello sin renunciar a un pentecostalismo moderado, lejos de los histerismos presentes en el mundillo evangélico pentecostal. Cosas del libre examen, estimado lector. Quizás podría haber “fundado” una “iglesia luisfernandina", quizás podría haber fracasado en el intento. En todo caso, Dios no quería que fuera pastor de almas sino que mi alma fuera pastoreada por aquella que es Madre y Maestra: su Iglesia.

Aunque había sido bautizado de niño como católico, aunque, gracias a mis padres, fui a un colegio católico, aunque había tenido una relación muy especial con Dios en mi infancia, la Iglesia era para mi una gran desconocida. Al regresar a ella vi su belleza -incluso en medio de las miserias de muchos de sus miembros y la mía propia-, su condición de desposada con Cristo, su valor como guía en medio de un mundo que siempre ha luchado por domarla y separarla de su Creador. La vida de los santos, y especialmente de los mártires, era a mis oídos como una sinfonía interminable tocada por el Señor. Su sana doctrina, lejos de ser un peso sobre los hombros, me libraba de la soberbia de creerme el verdadero intérprete de la Revelación para pasar a ser un mero discípulo.

Tanta belleza, tanta verdad, tanta gracia no puede verse empañada por la actividad de los que, hoy en día, quieren convertir a nuestra Madre y Maestra en una señora entregada a satisfacer los oídos de un mundo que no quiere oír hablar de santidad, de conversión, de gracia transformadora, de pecado. Hay quienes creen que la Iglesia lleva siglos siendo una madrastra que ha tatado mal a sus hijos y se ufanan en vendernos una nueva Iglesia que, según ellos, es más samaritana, misericordiosa, dulce, comprensiva, inclusiva, etc. Curiosa madrastra la que parió tal miriada de santos a lo largo de los siglos. Curiosa madrastra la que llevó el evangelio por todas partes. Y curiosa “nueva madre” la que recibe el aplauso del mundo y de los que creen que ser cristiano consiste meramente en sonreír y llevarse bien con una sociedad que mata a sus hijos antes de nacer, aplaude el adulterio y quita a Dios de sus leyes, sus costumbres y sus raíces.

Que María, Madre de la Iglesia y Madre nuestra, interceda ante Dios Padre en su Hijo para que la Iglesia la imite en todo, porque solo así podrá ser fiel a su llamado. Ella sigue diciéndonos hoy: “Haced lo que Él os diga” (Jn 2,5). No estamos para servir al mundo en sus errores. Estamos para servir al mundo sirviendo al Señor, proclamando y viviendo su evangelio y siendo pescadores de hombres.

Y aunque todos, en cuanto bautizados, tenemos el deber de contribuir a que la Iglesia cumpla su misión, son los pastores quienes tienen la mayor responsabilidad. Como bien dijo el papa Pio XI a los obispos en su encíclica Qui Pluribus:

En primer lugar sabéis muy bien que os incumbe a vosotros defender y proteger la fe católica con valentía episcopal y vigilar, con sumo cuidado, porque el rebaño a vos encomendado permanezca a ella firme e inamovible, porque todo aquel que no la guardare íntegra e inviolable, perecerá, sin duda, eternamente. Esforzaos, pues, en defender y conservar con diligencia pastoral esa fe, y no dejéis de instruir en ella a todos, de confirmar a los dudosos, rebatir a los que contradicen; robustecer a los enfermos en la fe, no disimulando nunca nada ni permitiendo que se viole en lo más mínimo la puridad de esa misma fe. 

Que así sea.

Laus Deo Virginique Matri

Luis Fernando Pérez Bustamante

He recibido algunos emails preguntándome si íbamos a dar, como otros años, alguna guía de voto para las elecciones del próximo 20 de diciembre en España. Pues no, no tenemos intención de hacer tal cosa. La realidad es que no existe la más mínima posibilidad de que en el próximo parlamento español haya un partido que defienda los principios no negociables que en su día marcó Benedicto XVI. De hecho, dentro de la propia Iglesia no está precisamente de moda defender dichos principios como motor de la acción política.

Más allá de declaraciones generalistas que sirven para cubrir el expediente, no se ve por ningún lado que la Iglesia en España quiera ayudar lo más mínimo a que haya una opción política que tenga la capacidad de lograr un resultado que vaya más allá de lo testimonial. Y hablo de la Iglesia en general, no solo de la jerarquía que, de hecho, no está para hacer política.

Cuando el señor Rajoy decidió burlarse de sus votantes retirando la pseudo-reforma de la ley del aborto que proponía el ex-ministro Gallardón, despejó toda duda que, increíblemente, pudiera haber sobre la condición abortista de un partido que cuando gobernó por primera vez vio sin inmutarse como el número de abortos en España llegaba a los cien mil al año. La ingenuidad candorosa de muchos provida, que todavía creían que se podía hacer algo con las siglas del PP, se enfrentó de bruces contra la realidad. Pero da lo mismo. ¿Cuántos españoles creen ustedes que votan teniendo en cuenta como primera, segunda, tercera, cuarta o incluso quinta derivada el aborto? Y si a eso le añadimos la institución familiar, ¿cuántos más?

Y de todos esos, ¿cuántos creen que superarían la tentación de dejar a un lado el mal menor para votar un bien objetivo, aun a costa de que ese bien sea porcentualmente irrelevante?

Además, se da otra circunstancia. Resulta que para poder presentarse en una provincia, hace falta tener la firma de un número de ciudadanos que alcance el 1% del censo total. Eso es muy fácil para los grandes partidos, pero para los pequeños, para los que no aparecen en los medios de comunicación salvo que sean protagonistas de una noticia “llamativa", es una tarea muy difícil, por no decir imposible. De los partidos o coaliciones a los que voté en pasadas elecciones, ninguno se presenta allá donde puedo votar ahora. Y la opción más cercana -que no idéntica- a ellos, caso de VOX, tampoco. El Partido Sain, menos aún. Conclusión; me quedaré en casa, pues no tengo la menor intención de apoyar con mi voto estructuras de pecado, tal y como les definió Mons. Reig Pla.

¿Significa eso que me da lo mismo quién gobierne España en los próximos años? Pues sí y no. Me da igual que gobierne el PP, que el PSOE, que Ciudadanos. No me daría igual que gobernara Podemos, porque no me apetece ver a mi país convertido en una sucursal del moribundo chavismo, pero al mismo tiempo tengo la convinción de que la democracia tiene la virtud de dar a cada pueblo los gobernantes que se merece. Así que si los españoles deciden que al frente de este país estén el señor Iglesias y sus camaradas, todo lo que nos venga después lo tendremos bien merecido.

De hecho, pienso que el catolicismo “conservador” de este país se merece una derecha como la del PP y el “progresista” una izquierda podemita. Cuatro décadas haciendo dejación de funciones en cuanto a la acción política de los católicos, acaban pagándose.

Así que mi recomendación a todos es que voten en conciencia, y si en conciencia no pueden votar a nadie, quédense en casa tranquilamente.

Luis Fernando Pérez Bustamante

He estado esperando unos días porque parece que había otro vídeo de más calidad pero finalmente no se ha subido a Youtube. El sonido, que es lo que importa, se escucha más o menos bien.

La asistencia no fue muy numerosa entre otras razones porque yo anuncié tarde el acto. De hecho, algunos de los asistentes fueron porque leyeron mi post ese mismo día y algunos lectores me dijeron que se enteraron después. Mea culpa.

Básicamente sostuve las mismas tesis que llevo defendiendo en este blog desde hace años. Cristina Pelaez, por su parte, estuvo brillante. Es una de tantos españoles que votaron en su día al PP y ya no le compran su mercancía adulterada. Además dio un paso para implicarse en la política y fue candidata de VOX a la alcaldía de Sevilla.

En breve podré anunciar una inciativa la mar de interesante que va a tener lugar durante los próximos meses, y espero que años, en Cádiz capital. Algunos católicos de por acá estamos empeñados en hacer lío del bueno.

Luis Fernando Pérez

Aviso al lector. Al que le cause grave desazón lo que yo he escrito en posts pasados sobre el tema de la predestinación, la gracia, etc, mejor que no siga leyendo. No pretendo, ni mucho menos, dar una última palabra sobre estas cuestiones. Sería absurdo que así lo hiciera. Ni pretendo que sea heterodoxo el que acepta tesis que la Iglesia no ha condenado. Pero sí doy mi parecer, que es claramente a favor del tomismo, escuela de la que soy un simple aprendiz. Esa condición de aprendiz es la causa de cualquier posible inexactitud en mi lenguaje, por la que desde ya pido disculpas.

Cuestión aparte de las evidentes diferencias entre el catolicismo y el protestantismo, la polémica doctrinal más grande existente en el cristianismo “occidental” desde el siglo XVI es de carácter interno. Afecta por igual a católicos y protestantes en la cuestión de la predestinación. En el “bando” católico es la que enfrenta a las tesis molinistas con las tomistas. En el “bando” protestante enfrenta a las tesis arminianas con las calvinistas.

En mi opinión, bíblicamente hablando, no hay color. Tanto el tomismo como el calvinismo -salvo obviamente en la parte herética de su TULIP- tienen la Escritura de su parte de una manera aplastante.

Desde el punto de vista de la Tradición -con minúscula en el área protestante-, tampoco creo que debería de haber mucho debate. Santo Tomás asume y desarrolla la enseñanza de San Agustín, siendo ambos auténticas columnas de la fe cristiana (*). Molina reconoció abiertamente que se apartaba de ellos en aspectos relacionados con la forma en que se produce la predestinación, con lo cual no hay mucho que discutir al respecto. Ciertamente los jesuitas aguaron mucho las novedades y heterodoxias de Molina, para no incurrir precisamente en una condena magisterial. Lo lograron. 

Y los principales teólogos protestantes han sido de forma muy mayoritaria de corte calvinista, con alguna excepción notable, caso de John Wesley.

Sin embargo, aunque la Biblia, la Tradición y el Magisterio están en mi opinión claramente de parte del tomismo (*), el 90-95% de los católicos de hoy en día, y un porcentaje similar en siglos pasados, son esencialmente molinistas… aun sin saberlo. Al contrario, la mayor parte de los protestantes, al menos hasta la aparición del pentecostalismo, que lo ha revuelto todo, son o eran de tendencia calvinista.

Una de las razones, probablemente indirecta, de ese lamentable “triunfo” del molinismo en el catolicismo vino dado precisamente como reacción a que en el protestantismo se corrompió la enseñanza bíblica y tradicional -agustiniana y tomista-, presentando a Dios como autor real -y por tanto “culpable"- de la condenación de los réprobos, vía doble decreto de predestinación. Algo condenado magisterialmente por la Iglesia desde siglos antes de que aparecieran Lutero y Calvino.

Pero el error no se combate con otro error o con medias verdades. A Calvino no se le derrota con Molina -el original y el aguado-, sino con Santo Tomás, los Papas y concilios que han tratado el tema de la gracia y la predestinación.

En mi opinión, mientras el catolicismo no se libre del molinismo y sus derivas pelagianas y semipelagianas, pasarán generaciones y generaciones espiritualmente débiles. Que a pesar de ello Dios siga operando por medio de su gracia para dar a la Iglesia miriadas de santos, cuyas vidas son gloria suya, es precisamente una prueba de que la gracia eficaz… es eficaz.

Soli Deo gloria

Luis Fernando Pérez Bustamante

(*) Que Santo Tomás es la referencia obligada para comprender estas materias no lo digo por decir, sino porque así lo decreta el Concilio Vaticano II de forma clara y contundente:

“Para explicar de la forma más completa posible los misterios de la salvación, aprendan los alumnos a profundizar en ellos y a descubrir su conexión, por medio de la especulación, bajo el magisterio de Santo Tomás
Decreto Optatam totius sobre la formación sacerdotal, n. 16.

Palabras de San Pablo a los fieles que estaban en Éfeso y que valen igualmente para nosotros hoy:

Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en Cristo con toda bendición espiritual en los cielos. (Ef 1,3)

Somos bendecidos en Cristo, nuestra Redentor. Y no cortamente, sino con TODA bendición espiritual. No hablamos de bendiciones mundanas, carnales. La bendición es de orden espiritual. Se entiende entonces que es para aquellos que viven en y por gracia.

ya que en Él nos eligió antes de la creación del mundo para que fuéramos santos y sin mancha en su presencia, por el amor; (Ef 1,4)

Pensemos por un momento en lo que indica el apóstol, inspirado por el Espíritu Santo. No es que Dios elija a sus fieles antes de nacer, antes de ser concebidos. Los eligió antes de crear siquiera el mundo. Cuando las tres personas de la Trinidad estaban en esa perfecta comunión sin una creación a la que manifestarse, Dios ya pensó en todos y cada uno de aquellos a los que habría de salvar. Y en la elección iba la obra que habría de hacer en ellos: convertirlos en santos y sin mancha en su presencia. Y ello por el amor. 

Santos y sin mancha, no llenos de pecado sin arrepentimiento y conversión. Pecados cometen todos. Arrepentimiento, conversión, penitencia, no todos.

nos predestinó a ser sus hijos adoptivos por Jesucristo conforme al beneplácito de su voluntad, (Efe 1,5)

Predestinados a ser hijos de Dios en Cristo, no por voluntad humana, no por nuestra voluntad, sino por la suya. Si llegamos a ser salvos es porque Dios así lo ha dispuesto. Incluso el mero deseo de ser salvados es obra suya en nuestra alma.

para alabanza y gloria de su gracia, con la cual nos hizo gratos en el Amado, (Ef 1,6)

Para alabanza y gloria de su gracia. Repítelo. Para alabanza y gloria de su gracia. No para tu gloria, sino para la suya. No para alabanza de tu capacidad de ser santo, sino para alabanza de la gracia que te capacita para andar en santidad. Por ello dice San Agustín: «Manifiestas tu gloria en la asamblea de los santos, y, al coronar sus méritos, coronas tu propia obra»

en quien, mediante su sangre, tenemos la redención, el perdón de los pecados, según las riquezas de su gracia, que derramó sobre nosotros sobreabundantemente con toda sabiduría y prudencia. (Ef 1,7)

En la cruz somos redimidos, perdonados, salvados. Es la sangre de Cristo la fuente de gracia. Es la Cruz de Cristo el trono de gracia

No en vano, también enseña el apóstol:

Sabemos que todas las cosas cooperan para el bien de los que aman a Dios, de los que son llamados según su designio. (Rom 8,28)

Pide al Señor que en su gracia hagas de esa verdad el motor de tu vida y no habrá nada ni nadie que pueda derrotarte. Ni cruz, ni tribulación, ni sufrimiento, ni pérdida, ni enfermedad. Nada. Ve en todo una oportunidad que Dios te da para tu bien.

Porque a los que de antemano eligió también predestinó para que lleguen a ser conformes a la imagen de su Hijo, a fin de que él sea primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó también los llamó, y a los que llamó también los justificó, y a los que justificó también los glorificó. (Rom 8,29-20)

Elegidos, predestinados, justificados, glorificados. Por ese orden. Ese el designio divino de Dios para sus santos. No puede faltar nada. En la justificación incluye la santificación (2 Tes 13), obra del Espíritu Santo en tu alma, paso previo a la glorificación. Recreados conforme a la imagen de Cristo. Recreados en santidad, no en pecado, no en concupiscencia. Nadie te engañe diciéndote que puedes alcanzar la glorificación si no andas en santidad. Nadie te engañe diciéndote que tus pecados actuales te impedirán alcanzar la glorificación, si en verdad permites que la gracia de Dios obre tu conversión.

Deja de vivir en temor, en oposición a la voluntad de Dios. Vive ya en aquello que Él te ha concedido ser. Que Cristo se apodere de tu alma.

Cuéntanos Señor, entre tus elegidos.

Luis Fernando Pérez Bustamante

Muchos contemplan la obra de la gracia de Dios en sus vidas como si fuera sobre todo obra propia.

Si todo lo bueno que hay en ti se lo debes a Dios, no des lugar al orgullo y la vanagloria.

No eres tú quien ayudas a la gracia de Dios a salvarte. Es la gracia divina quien te ayuda eficazmente a ser salvo.

Tus pecados te alejan de Dios. Dios te quiere a su lado. ¿Cómo no va Dios a darte su gracia para dejar atrás tus pecados?

Con el pecado no se dialoga. Se le vence por la gracia de Dios. Esa es la verdadera misericordia.

Quien te dice que la respuesta al pecado es un camino en el que no acabas deshaciéndote del mismo, es enemigo de la gracia y sirve a Satanás, padre de toda mentira.

Engañoso es el propio corazón, más que todas las cosas. Deja por gracia que Cristo te done el suyo para vivir en libertad.

Pide a la Madre que interceda para que su Fiat sea tu Fiat, y concebirás en tu alma al Verbo de Dios. 

La vida del santo es predicación viva del poder de la gracia de Dios y testimonio de la victoria de Cristo en la Cruz.

No desperes ante los pecados que parecen atarte al viejo Adán. Confía en que junto con la misericordia del perdón, llegará la misericordia de la liberación. Estás en el camino, no al final del mismo.

Los talentos que Dios te ha dado se riegan con la oración, se abonan con la meditación en las Sagradas Escrituras y se limpian con la vida sacramental. Solo así dan buen fruto.

Dios te ama. Por eso le amas. Y en el amor que te da y tú le devuelves está la vida eterna y la participación en su naturaleza divina.

En las cruces que te encuentras en tu vida es donde más te acercas a Aquél que dio su vida por ti en la Cruz. No las rehúyas. Pide al Señor que sea tu Cireneo.

Anhela, ruega, implora, suplica por el don de la perseverancia final. Es la puerta a la eternidad con Dios.

Pide a Dios compañeros de peregrinación en tu sendero hacia la santidad. No hay mayor amistad que la que nace de de compartir la alegría de caminar hacia el Padre.

Que las obras que realizas por la gracia de Dios muestren el ¡Viva Cristo Rey! que dicen tus labios.

Llena tu ocio de las cosas de Dios y hallarás verdadero descanso para tu alma.

El pobre que está a la puerta de tu parroquia es el Cristo que espera tus monedas y tu mirada de afecto.

Luis Fernando Pérez

Breves reflexiones (VIII)
Breves reflexiones (VII)
Breves reflexiones (VI)
Breves reflexiones (V)
Breves reflexiones (IV)
Breves reflexiones (III)
Breves reflexiones (II)
Breves reflexiones (I)

Debate real con un calvinista sobre la seguridad de la salvación propia. No pongo el nombre del hermano separado porque no creo que haga falta. En mis citas de la Escritura uso la Reina Valera del 60, que es la más conocida entre los protestantes de habla española. De hecho, junto con la Nacar Colunga católica, es la Biblia que más fácil me resulta de consultar. Me facilita bastante las cosas cuando hablo con ellos:

Calvinista:
La mayor motivación que tenemos para andar el camino asidos de la mano de Cristo es que Él no nos soltará si nuestros dedos aflojaran.

Yo:
Tan cierto es eso como que “el que piensa estar firme, mire que no caiga” (1ª Cor 10,12) y “así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire, sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado” (1ª Cor 9,26-27). Más quiera Dios que podamos decir que “nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma” (Heb 10,39)

Calvinista:
La caída puede sobrevenirle al confiado en sí mismo pero nunca por confiar en aquel de cuya fuerte mano va.

La certeza y seguridad de la salvación nos hace avanzar rectamente, y la indecisión e inseguridad provocan el tropezón y el retroceso.

No preservo mi alma sino confío en aquel en quien he creído y es poderoso para guardar mi depósito para aquel día (2Ti 1:12).

Yo:
Precisamente San Pablo dice que los que se crean muy ciertos de su salvación, pueden caer. Pero sí, podemos confiar en que Dios no nos dejará caer fatalmente.

Calvinista:
Entiendo que hay un válido matiz entre estar ciertos y saberse seguros de la salvación con lo que Pablo sugiere como más bien ufanarse en la propia firmeza.

Yo:
Es que eso de estar cierto y saberse personalmente salvo para la eternidad, como norma general, no aparece por ningún lado en la Escritura. Podemos intuir que estamos entre los elegidos, pero la certeza absoluta, salvo revelación especial de Dios, no es para todos los salvos.

Bien sabes que no pocos que parecían estar totalmente el camino de la salvación, luego ha resultado que se perdieron. Si les hubieran preguntado, podrían haber dicho que tenían la certeza de estar entre los elegidos. Pero luego resultó que no era así, aunque obviamente solo Dios sabe al cien por cien si alguien muere en gracia o no.

No hace falta que me digas que esos en realidad nunca estuvieron entre los elegidos porque ya lo sé. Dios ha decretado desde antes de la fundación del mundo quiénes habrían de salvarse y les ha dado la gracia para que se salven. Y como has dicho en otro comentario, los condenados no se condenan por decreto de Dios -ahí Calvino yerra- sino por sus pecados, falta de arrepentimiento y rechazo de la gracia.

Calvinista:
Mi apreciación al respecto es que hay más que suficiente y contundente testimonio escritural, principalmente en el NT.

En la teología paulina, relacionando la fe con la salvación.

En las enseñanzas del mismo Jesús, en el creer y tener la vida eterna.

Quien pasa por una auténtica experiencia de conversión no tiene por qué dudar o temer en cuanto a su eterna salvación, pues la gracia que obró desde un principio no cejará en completar la buena obra que Dios empezó en la persona alcanzada y recibida a misericordia.

Esta certeza y seguridad no se fundamenta en la fidelidad de la que se pueda ser capaz, sino en la fidelidad de Dios que no renunciará al botín obtenido al precio de la sangre de su Hijo.

No podemos tampoco adaptar la soteriología a las experiencias de fracasos tan comúnmente alegadas, pues siempre nos surge el pensamiento que quien daba tantas muestras de ser un cristiano auténtico, pudo haberse dejado engañar él mismo, y con su simulación también a otros.

Yo:
O sea, reconoces que uno se puede engañar a sí mismo y con su simulación a otros. Pero no es un engaño necesariamente buscado. Es decir, esa persona pudo realmente creer que se había convertido y el resto creerlo de la misma manera. Sin embargo, al final, se condena. Por eso digo que la certeza absoluta, salvo casos concretos (tal y como indica Trento), no existe.

Dicho eso, no es menos cierto que la gracia eficaz, que es previa al acto de la voluntad, no depende en su eficacia del receptor de la misma sino del que la concede. No debe ser confundida con las gracias actuales, que pueden ser rechazadas. Como dice el P. Ch. Baumgartner, s.j: “Si la gracia de Dios es eficaz, la razón última de esta eficacia no puede venir del consentimiento del hombre, sino de la voluntad y del amor de Dios“. San Roberto Belarmino, doctor de la Iglesia, condena como gran error pensar que “la eficacia de la gracia se constituye por el asentimiento y la cooperación humana“. Y San Alfonso María de Ligorio afirma igualmente la existencia de “la gracia intrínsecamente eficaz con la que nosotros infaliblemente, aunque libremente, obramos el bien… No puede negarse que San Agustín y Santo Tomás han enseñado la doctrina de la eficacia de la gracia por sí misma y por su propia naturaleza” (Tratado de la oración… II p., cp. IV).

Calvinista:
Advertirás que en mi última línea asocio al autoengaño la simulación.

Con esto no me estoy refiriendo a quien se equivoca sinceramente, sino al que se contenta con un convencimiento a medias que le permite pasar por sincero sin estar realmente convencido.

En mi óptica personal, creo que haya sido ese el caso de Simón el mago de quien se dice que también “creyó” (Hch 8:13).

Yo:
Como creer, hasta los demonios creen. Pero hay muchos que se “equivocan” sinceramente.

Te pongo un ejemplo real sin dar nombre. Un hombre, pastor calvinista durante prácticamente toda su vida. No había nada en él que hiciera pensar que no estaba entre los elegidos para la salvación. Sin embargo, en la etapa final de su vida comete y vive en adulterio. No tengo ni idea de si muere en esa condición o no. Pero si muere así, evidentemente se condena. ¿Vas a comparar su caso al de Simón el mago?

Antes de cometer ese pecado de muerte, si hablas con él puedes dar por hecho que tiene la “certeza” de ser salvo.

Calvinista:
Todos los demonios y muchos hombres creen, pero no para salvación; nunca como nosotros por gracia de Dios hemos creído.

Los hipotéticos casos que se puedan presentar no ayudan mucho a dilucidar la cuestión, ya que solamente Dios y la persona saben lo genuino de su experiencia de conversión, y si su situación actual es una caída transitoria de la que se arrepentirá sinceramente antes de morir.

Especular con lo que pueda realmente acontecer en una u otra eventualidad no está reservado a nuestro juicio por insuficiente evidencia del caso.

Yo:
La persona puede “intuir” lo genuino de su conversión. Pero saberlo, solo lo sabe Dios.

Calvinista:
Sí, es posible que sea como dices, entendiendo que la intuición puede parecer certera y sin embargo prestarse a equívocos.

Creo que la conversión está relacionada con la forma que se es evangelizado, pues la fidelidad a Dios, a su Palabra y al mismo Evangelio no siempre es la misma.

Yo fui convertido durante una campaña de evangelización en una carpa.

Aquellos evangelistas eran de estilo puritano: primero buscaban que el Espíritu Santo por la predicación de la Palabra produjera en los oyentes convicción de pecado; de ahí la contrición con el sentimiento de culpabilidad por haber ofendido a Dios; entonces nos dirigían a mirar a Cristo en la cruz sufriendo y muriendo por nuestra redención y resucitando luego para nuestra justificación; de ahí seguía la exhortación a dirigirnos a Dios en oración confesándonos pecadores perdidos necesitados de su gracia y ser recibidos por Cristo a misericordia. En fin, teníamos de vez en cuando algún fracaso o recaída pero luego ya no fuimos los mismos.

Otros jóvenes amigos nuestros fueron evangelizados de una manera más light, y ahí sí fueron más inconsistentes y algunos hoy no perseveran.

Yo:
La conversión es siempre obra de Dios. A veces usa predicaciones excelsas, a veces usa una simple puesta de sol que conmueve el alma que empieza a retornar al Señor. Pero es obra suya en cualquier caso.

Como dices, después de la conversión se tienen caídas. Vamos a llamarlas por su nombre. Son pecados. Y sabemos cuál es la paga del pecado. Por eso necesitamos arrepentirnos de nuevo. Lo cual demuestra que la conversión no es solo un hecho puntual -aunque alguna vez empieza- sino un proceso.

Los católicos tenemos una plegaria eucarística que dice así:

Acepta, Señor, en tu bondad, esta ofrenda de tus siervos y de toda tu familia santa; ordena en tu paz nuestros días, líbranos de la condenación eterna y cuéntanos entre tus elegidos.

Si tuviéramos la certeza absoluta de estar entre los elegidos, no se lo pediríamos. Simplemente mostraríamos nuestra gratitud, que por otra parte también lo hacemos. Pero en su divina Providencia, Dios hace que incluso sus elegidos le rueguen ser parte de esa elección, aunque la misma tuvo lugar antes de la fundación del mundo. No es que Dios “necesite” que se lo pidamos, pero quiere que lo hagamos para que nuestra gratitud sea aún mayor si cabe. Al fin y al cabo, el padrenuestro es una oración de petición de cosas que Dios nos concedería incluso aunque no se las pidiéramos, porque es parte de su naturaleza darnos lo mejor. Y sin embargo, Cristo nos la dio como oración fundamental.

Todo esto lo resume bien San Agustín al decir que “el Dios que te creó sin ti, no te salvará sin ti“. Obra en nosotros la obra de la salvación, pero no somos receptores pasivos de ese obrar sino actores del mismo, por pura gracia. Es más, como afirma San Pablo, podemos ser colaboradores con Dios en relación a la salvación del resto de los elegidos. Eso, y no otra cosa, es lo que hacen los que predican el verdadero evangelio. Por eso el apóstol dice “aunque tengáis diez mil ayos en Cristo, no tendréis muchos padres; pues en Cristo Jesús yo os engendré por medio del evangelio” (1ª Cor 4,15). Cristo, único mediador, hace partícipe de su mediación a la Iglesia. Cosa lógica, porque ella es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo. De ahí se derivan otra serie de doctrinas que se escapan al tema de este debate. De hecho, este comentario ya se ha escapado, ;)

Calvinista:
Estimado Luis Fernando, con la sola excepción de la plegaria eucarística que jamás oraría, todo lo demás que escribes lo comparto con sumo agrado, mayormente lo que viene de Agustín.

 Luis Fernando Pérez Bustamante

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