Artículos por "Deo omnis gloria"
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7:47 a.m. ,

“Tú promulgaste tus mandamientos para que se cumplieran íntegramente”

Salmo 119, 4

Este salmo, en su totalidad, es un canto de reconocimiento de los preceptos divinos, una oración de súplica de la gracia para poder amarlos y cumplirlos celosamente ya que en ellos se encuentra todo el deleite y la felicidad de la que nos es posible gozar durante nuestra peregrinación por esta vida.

El todo el Antiguo Testamento se ve cómo la gracia ha inspirado a los hombres a buscar, amar y conservar las normas divinas como fuente de santificación y glorificación de Dios.

Los católicos, como los protestantes, encontramos dichas normas en la Sagrada Escritura pero, a diferencia de ellos, también en las enseñanzas de los sucesores de los apóstoles y en el Magisterio de la Iglesia el cual es el producto de razonar lo anterior habiéndolo articulado con una variedad de criterios tomados de la historia y la tradición; es decir, las enseñanzas de Cristo al día de hoy se han ampliado y profundizado gracias a que el Espíritu Santo ha derramado su gracia sobre quienes, por su fidelidad a la Palabra de Dios, tienen autoridad para enseñar sus preceptos.

Así es cómo un párroco nos enseña, por ejemplo, desde algo tan simple como las razones para guardar silencio antes de empezar la misa, hasta algo más elaborado como sería las razones por las que la Liturgia conserva normas cuyo contenido se adentra en la Palabra de Dios razonada desde la Tradición y el Magisterio.

Con lo anterior pretendo resaltar de la Liturgia la importancia de la adhesión que hemos de dar por ejemplo, a las rúbricas ya que son un aspecto visible de Cristo actuando como de pilar de su Iglesia.

Es la adhesión a la que nos mueve la gracia en el n. 10 de Sacrosanctum concilium cuando señala que “la Liturgia es la cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia y al mismo tiempo la fuente de donde mana toda su fuerza” debido a que “de la Liturgia mana hacia nosotros la gracia como de su fuente y se obtiene con la máxima eficacia aquella santificación de los hombres en Cristo y aquella glorificación de Dios, a la cual las demás obras de la Iglesia tienden como a su fin”

Tan solo un párrafo de dicha Constitución ofrece sentido a las normas establecidas desde el Antiguo Testamento por las que Zacarías bendijo “al Señor, Dios de Israel, por haber visitado y redimido a su pueblo suscitando una fuerza de salvación en la casa de David su siervo” dando cumplimiento a la promesa hecha desde antiguo por boca de los santos profetas. Salvación “que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian” y concedida para que, “libres de temor, arrancados de la mano de nuestros enemigos, le sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días”

Zacarías fue uno de los últimos sacerdotes del Antiguo Testamento a quien le resultó difícil fiarse de la promesa del Señor pero, por gracia, consiguió confiar y ser obediente a semejanza de su hijo, Juan el Bautista, quien con fidelidad defendió la norma establecida respecto al adulterio.

Y digo “aún en perjuicio propio” porque así es como se defiende la Verdad pero también el Bien y la Belleza. Se defienden de manera opuesta a lo que espera el mundo. Se defienden yendo en sentido contrario a la complacencia, a la condescendencia, a las siempre muy ambiguas (por lo fácil de malinterpretar) “razones pastorales”.

Por siglos la sacralidad del santuario hecho de piedra se defendió aun en perjuicio propio y, aunque en nuestro tiempo sus puertas están abiertas, no por ello, quienes penetran, lo que contiene o lo que allí se dice o hace, deja de ser menos sagrado.

No por ello se deja desprotegido.

Ya lo dijo Sacrosanctum concilium que “para realizar obra tan grande, Cristo está siempre presente en su Iglesia, sobre todo en la acción litúrgica” (n.7)

El santuario, como hechura humana, ha desaparecido.

Ahora Cristo es el santuario en el que penetramos en toda acción litúrgica.

El Santuario dentro del cual, por gracia, somos transformados en ofrenda al Padre por manos del santo sacerdote actuando en la persona de Cristo.

En estos días, cuando se conoce acerca de los niveles estratosféricos que ha alcanzado el incumplimiento de las normas litúrgicas, no se puede menos que reconocer la urgencia de suplicar piedad para quienes ostentan autoridad ya que, de seguir cambiando unas normas (que nunca se pretendió cumplir) para legalizar su incumplimiento, no se vislumbra en el panorama eclesial otra cosa que un resto fiel que habrá conservado con amoroso cuidado y diligencia los santos despojos de Cristo.

Acaso puede vislumbrarse otra cosa? 

8:43 a.m. ,

En innumerables ocasiones llamó el Señor apóstata a Israel por medio de los profetas.

El Señor me dijo: La apóstata Israel se ha mostrado más justa que la traidora Judá. Ve entonces a gritar estas palabras hacia el Norte: ¡Vuelve, apóstata Israel–oráculo del Señor– y no te mostraré un rostro severo, porque yo soy misericordioso –oráculo del Señor– y no guardo rencor para siempre. Pero reconoce tu culpa, porque te has rebelado contra el Señor, tu Dios, y has prodigado tus favores a los extranjeros, bajo todo árbol frondoso: ¡ustedes no han escuchado mi voz! –oráculo del Señor–. Jr. 3, 11-13

Entre lo dicho por Jeremías  y lo que regularmente leo en el fondo de muchos autores que publican en Infocatólica, yo –que soy más rústica que un felpudo de chapas- no noto diferencia.

Lo cierto es que ninguno de ellos se ha de considerar profeta y que, estrictamente, tampoco lo sea; sin embargo, desde mi punto de vista, encuentro cierto que la gracia los inspira, al igual que a los profetas, para anunciar, advertir y exhortar a la conversión al Pueblo de Dios.

Lo han de hacer debido a que, actualmente, tal como en el Antiguo Testamento, encuentran que muchos católicos se rehúsan a atender la gracia que les haría considerar dos hechos de vital importancia:

a. Dios castiga y, b. todo es gracia.

Si Dios castigó a Israel y, aunque nos resulte brutal el hecho del castigo divino, fue porque Israel apostató una y otra vez por lo que, cada vez, debió pagar las consecuencias.

Podría volver a suceder en nuestro tiempo un acto de castigo divino? Sin ser ningún experto, más bien alguien muy simple e ignorante, me parece que existen grandes probabilidades de que suceda. 

Ahora bien, lo interesante no es solo el hecho de que Dios castiga debido a que necesitamos conversión y, ¡vaya que la necesitamos!; lo interesante es sobre todo el hecho de que, antes, durante y después del reconocimiento de la culpa, ha existido la gracia.

Así es, no hace falta ser un avezado en Sagrada Escritura para darse cuenta que la gracia movió tanto a los profetas a lo suyo como, por ejemplo, a David al arrepentimiento, a la confesión de su culpa y a la enmienda.

La gracia se adelantó a los profetas, se le adelantó a David y también se adelanta cada uno de nosotros para inspirar lo conveniente; en un segundo momento nos mueve a elegirlo para, en un tercer momento, demostrarnos ser fiel compañía en el camino correcto.

Al final, tras todo castigo divino lo crucial es entender que la gracia ha existido siempre con el propósito de auxiliarnos. Hecho que fortalece la Fe, nos mueve a fidelidad y nos colma de Esperanza para, finalmente, hacer de nosotros testigos. 

Ahora bien, este es un punto que quería traer a colación: a ninguno de ustedes se le ocurriría llamar “fariseos” o “desesperados” a los profetas, cierto?; el caso es que no encuentro razón para llamar de la misma forma a ciertos autores de este portal cuando la historia demuestra que la gracia mueve a quienes elige para determinadas tareas.

Es la razón por la que tendríamos que seguir sus anuncios, exhortaciones y advertencias ya que, podríamos estar en medio de uno de esos períodos de la historia en que Dios castiga y, no darnos cuenta por preferir “andar como en las nubes".  

Por andar como en las nubes fue que Nabucodonosor pudo llevar a Babilonia a quienes –ante el anuncio de los profetas- no realizaron un juicio veraz sobre la realidad; muy probablemente debido a que su trabajo intelectual, apostolado, convicciones personales, diversos proyectos comunitarios e iniciativas de todo tipo los mantenían enajenados.

Cuarenta años debieron transcurrir para caer en la cuenta de su torpe elección.

Aunque, ¡Dios sea bendito!, para aquellos y para nosotros, existe la gracia.

Esto es a lo que llamo tener Esperanza.

La que, por ser don divino, es realista.  

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SALUDO DE NUEVO AÑO

Por cierto, una amigo me saludó de Año Nuevo deseándome grandes alegrías para el 2016.

No se si es porque las necesito que me pareció lindísimo el saludo por lo que he decidido compartirlo con ustedes. 


¡Les deseo Grandes Alegrías para el 2016!

7:17 a.m. ,

¿Cómo pasar la Navidad como María, José y el Niño?
Pues, para empezar, no pagues los servicios de agua, luz, cable TV e internet.

(jeje)  

La Navidad tiene dos aspectos que nos entusiasman:

Uno, el hecho de celebrar la Encarnación y Nacimiento del Hijo de Dios.

Dos, los recuerdos que nos esmeramos en conservar y provocar relacionados con la unión familiar, la generosidad, la solidaridad, el cariño y la ternura, así como con la alegría de gastar mucho dinero en grandes comilonas y regalos.

Desde niña, todas las Navidades, han integrado ambos aspectos; en la que se aproxima, solo el primero. 

Respecto al hecho he reflexionado lo siguiente:

Desde hace unos días he estado muy atareada recogiendo la mayor cantidad de dinero para que mi Navidad alcanzara el mínimo decente y, de esa forma –según yo- “pasarla bien” (uno, que por nada pierde la perspectiva de las cosas).

Por más esfuerzo, solo he podido recoger lo que necesito para pagar los recibos por servicios públicos y un restito con el que, estoy segura, comeré feliz; lo que está bien, ya que –de lo contrario—pasaría sin fluido eléctrico, sin agua, sin internet y sin televisión hasta fin de mes.

Claro, sería lo ideal para pasarla como María, José y el Niño, aunque –sinceramente- no me atrevo ya que tengo inquilinos ante quienes debo cumplir con mi responsabilidad; sin embargo, si estuviera sola quizá probaría lo que sería pasar la Navidad a oscuras, con la mínima cantidad de alimentos, sin contacto humano y necesitando buscar leña y agua para suplir mis más básicas necesidades.

Ahora bien, ya que este año no puedo pasarla de ese modo, lo que haré será que para el 24 compraré un par de piñas de tamales y, para compartir haré rompope y unas galletas de las que hacía mamá para, ante el portal, comer y celebrar con quienes me visiten en la Nochebuena; dormiré temprano para estar fresquita para asistir el 25 a la misa que, como los ángeles cantaron el Gloria a los pastorcitos, lo harán los Heraldos del Evangelio en la parroquia de San Vicente de Moravia.

Será lo más cercano que haya vivido a la primera Navidad de la historia y a lo que muchos, con mayores carencias que yo, de hecho, vivirán durante estas fechas.

Que el Señor me ofrezca esta oportunidad es invaluable.

Como a mi Padre le estoy profundamente agradecida ya que, en lo poco que estoy siendo privada, descubro lo mucho en lo siempre he sido y estoy siendo regalada.

Él sabe cuánto necesito de sus cuidados por lo que debo reconocer que, ni un instante, ha dejado de ser infinitamente generoso y bueno conmigo.  

Que la gracia me asista para que con mis pensamientos y acciones le honre. 

Es el único regalo que espero para mi esta Navidad.

Será el mejor regalo del mundo.

NOTA: Ya sé que muchos son muy generosos, aunque, por nada del mundo a nadie se le ocurra ofrecerme lo que me hiciera pasar una Navidad diferente a la que el Señor ha planeado para mí.  Estoy bien, feliz y contenta. En verdad lo estoy. 

Que mi sencilla experiencia sirva de testimonio acerca del inexorable poder de la gracia.

7:13 a.m. ,

Algunos que me conocen de hace poco se han de figurar que he sido siempre como ahora. 

Supongo que muchos, para bien o para mal, sufrirán desencantado al saber que no siempre he sido como soy.

Yo fui de los católicos para los que Dios es cosa de buenos sentimientos.  De los que tomaban las páginas de la Biblia al azar para que la suerte me indicara la novedad del día. De los que iban a misa los domingos y se aburría. De los que, como catequista de niños, cometió graves abusos en la liturgia. Fui de los que nunca tuvieron un buen confesor, ni conocieron a un sacerdote que les hablara del pecado ni de la gracia. De aquellos católicos que seguía entusiasmada la prédica de algunos pastores protestantes y de los que reclamaban que la Iglesia en su liturgia, cantos y prédica no se modernizara. De los que cometieron graves pecados mortales y los justificaron para tranquilizar la conciencia. De los que, en pecado, muchas veces comulgaron. Llegué a ser un tan mal católico que ni siquiera el papa Juan Pablo II me resultaba convincente. De hecho, cuando vino a mi país al principio de su pontificado, no quise conocerlo.

Llegué a ser una auténtica alma necesitada de la Misericordia de Dios; uno de esos a los que abraza o llama por teléfono el papa Francisco. De esos a los que ustedes, este año, se han propuesto mostrar el amor de Dios. 

Ahora bien, cómo es que todo esto empezó a cambiar?

El día en que un sacerdote, en confesión, me arrojara a la cara la frase: - “Pero, cómo? Es que tú, ¡no tienes moral!”

El asunto es que me dio la absolución y, entre lágrimas de vergüenza, salí a investigar en que rollo tremendo me había metido por ignorar algo que, de seguro, tenía que estar en alguno de los libros de papá o mamá; lo que, por supuesto, estaba, así como en otros muchos lugares, cosa que dejó en evidencia que solo era cuestión de que alguien, con misericordia, me llamara a conversión señalando con severidad la causa de mi pecado.

No estoy segura si fue de antes o desde entonces que me agradan las personas que me dicen la verdad.

Ahora bien, algunas predicas actuales confunden ya que no dejan claro si es que la conversión consiste en creer que Dios es amor o, por el contrario, en reconocer el pecado.

Creo que habría menos confusión si se predicara lo correcto, es decir, que lo primero es el llamado a conversión que remueve la conciencia de tal forma que la gracia, en una conciencia que se despertara, abriera la posibilidad de reconocer el pecado, diera lugar al arrepentimiento, a la enmienda y al deseo de no volver a pecar más.

En mi caso, por ejemplo, la salud la propició la gracia cuando, en primera instancia, reconocí que me remordía la conciencia.

A lo largo de todo el proceso fue que comprendí mejor la Misericordia de Dios y que esta no excluye el pasar vergüenza y malos ratos delante de uno mismo y de un confesor.   

De esta forma fue como, cerca de los 40, fui re-descubriendo el itinerario de fe que el Señor tenía trazado para mí del cual anduve alejada por veinte años.

Por gracia, pasé de nadar en aguas turbulentas a nadar en las aguas más seguras que jamás puedan existir y en las, obviamente, nado a mis anchas pero, además, persevero, ya que en este océano de amor entrañable que es Dios, la meta está todavía muy lejos.

En este Jubileo de la Misericordia, que la gracia nos impulse a nadar sin temor en aguas profundas, a lo largo y ancho de nuestras conciencias para hallar aquello en lo que “no tenemos moral” y así la gracia, nos de la salud que necesitamos para alcanzar la meta. 

6:29 a.m. ,

El Señor es tan grande que hasta nos dejó el medio que educa y sana la conciencia en el Sacramento de la Reconciliación.

No soy experta en moral pero puedo decir que mientras mi conciencia solo fue esa vocecita que se presentaba como un diablo o un angelito, anduve más perdida que “Pagola en reunión de lefebvristas” [cita de un amigo]

Traigo el tema porque he visto que muchos católicos hoy en día andamos así de perdidos, tal como anduve, por falta de quien me hablara de la conciencia, de moral, del pecado y de la gracia y me revelara el estado de mis sentimientos. 

Tendríamos que saltar de alegría y gratitud si, cuando llegáramos a confesarnos, el sacerdote nos dijera: - ¡No tienes moral!, ¡Has de educar la conciencia! o ¡Qué desmadre de sentimientos, caramba! 

Sería el principio de nuestra salud tan solo debido a que el sacerdote ha  llamado a las cosas por su nombre: - “Si, hombre, ¡que eres pecador!”, tal como, de un batacazo, solía decir el padre Pio quien, no obstante, tenía claro lo de la autonomía de la conciencia -como confesor- se reconocía como “el custodio de la justicia y el honor divinos” lo que, por defecto, le capacitaba como custodio de almas. 

Ya sabemos cuán poco le importaron al padre Pío los respetos humanos cuando de la salud de un alma se trataba. Sin el menor reparo entraba hasta lo más profundo de la herida. El sabía lo que de eso la gracia obtendría. Lo tenía clarísimo. 

Con esto quiero decir que un confesor, cuando observa que nuestra conciencia requiere educarse, que nuestra estructura moral anda chueca o que nuestros sentimientos son un caos, ha de ejercer su función judicial, es decir, debe juzgar “conforme a la Palabra de Dios transmitida por la Iglesia y custodiada por el Magisterio”  

De no ser así, “la “autonomía” de la conciencia del penitente estaría siendo juzgada únicamente por la “autonomía” de la conciencia del confesor lo que, más que ser ejercicio de la función judicial de Cristo, sería relativismo y complicidad” con el pecador.

Del ejercicio de su función judicial es que el confesor posee autoridad y tiene obligación de indicarnos que nuestro pecado es grave, que el daño provocado exige enmienda pero también movernos al compromiso con Dios de no volver a pecar más.

Dos confesores me ha concedido el Señor que actuaran conmigo de esa forma: aquél que, efectivamente, me dijera “No tienes moral” y aquél que, tomándome de la mano, me condujo hasta el consultorio del psicólogo.

Estos dos sacerdotes conocían bien el don de su ministerio lo que produjo que me iniciara en la educación de mi conciencia, en formar una estructura moral y poner orden en mis sentimientos lo que posibilitó que la gracia actuara a sus anchas para sanar concienzudamente mi culpa y mi pecado a lo largo de toda mi vida.  

En este sentido tengo una recomendación: en caso de dudar del nivel de educación de la propia conciencia, en caso de no tener claro en qué estado se encuentra nuestra estructura moral y la situación de los sentimientos, recurramos confiados al confesor que pueda y quiera ayudarnos ya que así estaremos colaborando con la gracia al consiguir admitir con humildad y sencillez el pecado, la culpa y las heridas emocionales.

Tomémonos como una verdad la eficacia de la gracia que derrama sobre nosotros el Sacramento de la Reconciliación ya que, relativizar la confesión tanto como el pecado, la gracia, la culpa, la estructura moral o el estado de los sentimientos… es lo que nos tiene tal y como estamos, sin conocer cómo colaborar con la gracia para darnos de baja del propio infierno personal.

NOTA: Con la cursiva estoy indicando lo que un confesor me confiara de manera privada.

9:08 a.m. ,

Quién presiona a los gobernantes y a la Iglesia para que descarten la Ley Natural y el Evangelio?

Existe una presión fortísima sobre los gobernantes para que introduzcan leyes contrarias a la Ley Natural y, por ende, que atentan contra la vida y la familia. Es la misma presión que ha sometido el entendimiento de una parte del clero y de los fieles católicos, quienes a la vez presionan a la Iglesia cuando pretenden que acepte el pecado sin pasar por el arrepentimiento y la enmienda.

“Pero, de qué presión se trata?”, más de uno se preguntará. Me explico.

La presión la ejerce una ideología, es decir, una estructura cerrada de pensamiento que ha llegado hasta el tuétano de la Iglesia sin que apenas nos hallamos dado cuenta.

Cómo reconocerla? Se reconoce en las consecuencias que arrojaría un cambio y/o actitud personal de los obispos y sacerdotes ante la doctrina.

Cuáles consecuencias? Las que algunos anticipamos leyendo los signos de los tiempos y la que todos veremos al dejar desprotegidos los sacramentos.

Es imperativo que se entienda que por no reconocer el pecado y dar cabida a la comunión a quienes no viven en castidad, sean divorciados o personas homosexuales, dejamos completamente vulnerables los sacramentos, sobre todo, el sacramento del matrimonio y con ello a la familia.

De qué manera? Si, por ejemplo, un sacerdote permite que comulgue una pareja de divorciados que no viven en castidad es porque, antes –al menos- debió confesarlos. Al actuar de ese modo ambos sacramentos quedan profanados. Un acto al margen de la doctrina los convierte en mero procedimiento debido a que les vacía de contenido. Se vuelven, nada más ni nada menos, que en el acto de un hombre colocado al margen de la doctrina.

La Redención, el sacramento del matrimonio y el mismo orden sacerdotal resultarán innecesarios, ya que, si no existe pecado, vano fue que muriera Cristo.

Se volverán innecesarios el sacramento de la Reconciliación, del Matrimonio, de la Eucaristía y del Orden Sacerdotal.

Qué deviene de lo anterior? Deviene el que, cualesquiera dos o más personas podrían pedir dichos sacramentos sin que existan razones para oponernos debido a que -por ejemplo- las tres mujeres cuya unión civil se realizó en Brasil recientemente, podrían pedir el sacramento del matrimonio ya que, así como para el Estado no existe pecado tampoco existiría para la Iglesia, por lo que tampoco que existen razones para negar el resto de los sacramentos o para oponerse a la adopción o a que recurran a la FIV.

La dignidad de la vida humana desde la concepción quedará completamente vulnerable.

Es que ni siquiera muchos de los sacerdotes y obispos miden las consecuencias, es decir, que se exponen a ser considerados por el Estado como meros funcionarios públicos.

Por influencia de dicha ideología muchos dentro de la Iglesia se han inventado su propia noción de misericordia basada en los sentimientos tal como las personas homosexuales, las abortistas, etc. se han inventado que el Derecho regula sus deseos.

Los primeros reclaman Misericordia a la Iglesia y, los segundos reclaman al Estado unos supuestos “derechos” que imponen y que, a la vez, despojan de sus derechos a quienes piensan de manera diferente. 

Llegados a este punto, nótese de qué manera, los católicos somos calificados de inmisericordes cuando denunciamos la presión ideológica y, nótese también que, cuando algunos católicos denuncian la presión que dicha ideología ejerce desde dentro de la Iglesia, para ellos el resultado es el mismo.

De esta circunstancia no me habría percatado de no tener años de ser activista provida en redes sociales ya que, cuando se trata de proteger la vida y la familia, se recibe la misma presión de parte de los promotores de la Cultura de la Muerte que de ciertos sacerdotes y fieles católicos.

Acaso, el que extremos (supuestamente) opuestos ejerzan el mismo tipo de presión no los convierte en cómplices?

Con esto solo pretendo dejar claro, una vez más, que el enemigo es uno y no está fuera de la Iglesia sino que está presente, en mayor o menor grado, en cada laico o ministro ordenado, sea cual sea la posición de autoridad que ocupe, mientras confunda Misericordia con la satisfacción de deseos o sentimientos

A los católicos que no temen ver la realidad de frente los exhorto a mantenerse firmes en la fe sostenidos por la gracia que les dará paz, confianza, sostendrá en la Esperanza, mantendrá cerca de los sacramentos y de la oración.  

Hagan su mejor esfuerzo para no perderla. Será lo único en lo que hallarán asidero.

A los católicos que, por enterarse de estas cosas tiemblan por temor a perder su fe les digo que, si encuentran que su fe es tan débil que no sirve para admitir que el pecado de la Iglesia es el pecado del mundo, para empezar pidan la gracia para reconocer su propio pecado ya que, una vez reconocido, no solo se comprende su gravedad, la de aquello a lo que nos enfrentamos sino también el sentido de la Misericordia.

Empiecen por ahí y verán que podrán, con la ayuda de Dios, hacerse cargo de su fe con toda responsabilidad.

Háganlo, porque, si bien en Occidente la presión sobre los cristianos ha tomado la forma de una ideología, en Oriente, la tiene en la figura del Estado Islámico.

Ellos están muriendo por mantenerse firmes en la fe.

Acaso no es lo mismo que se nos está pidiendo?

7:56 a.m. ,

Anoche asistí a misa de Requiem la que fue celebrada bajo el novus ordo en latín y ad orientem.

El Coro Lírico Herediano, de gran prestigio, engalanó la celebración.

Ha sido el padre Sixto Varela, de la Diócesis de Alajuela cuyo obispo es Monseñor Angel SanCasimiro, quien celebró bajo esa forma del rito latino.

Fue, Sebastián Camacho, un joven acólito y amigo, quien -para colaborar con el padre Sixto-buscó apoyo en el grupo de fieles que promovemos la celebración de ambas formas del rito latino; aunque, a decir verdad, creo que fue por la colaboración entre padre Sixto y Sebastián con la gracia, que la misa de Requien de 2 de noviembre del 2015, es hoy un hecho consumado.  

Como pocas veces en mi vida estuve absorta durante toda la celebración pero, cómo no estarlo si, desde la procesión de entrada, estuvo colmada de belleza?

En cierto momento, durante la plegaria eucarística, me di cuenta que había permanecido inmóvil durante mucho tiempo. Fue cuando también noté el apaciguado ritmo de mí respiración y el hecho de que estaba, muy pero muy en paz. 

Y cómo no estarlo si, ante mi estaba el padre Sixto - in persona Christi-  de cara al Padre?

Mientras tanto, arriba -en el coro- los ángeles cantaban.

Una y otra vez, el padre Sixto entregaba sus oraciones junto a las nuestras. Nuestras alegrías, nuestros fracasos. Nuestros temores y tristezas. Nuestra súplica vehemente pero, también, nuestra alabanza y nuestra gratitud…

Muy pero muy cerquita del Padre, literalmente, ofrendándose por Cristo, con El y en El.

Presentándonos como un ramillete puesto a los pies de la Cruz.

El querido padre Sixto también al lado de María. Mi entrañable “María de la Cruz”. Yo misma, ahí estaba y estaban mi padre y mi madre. Mis abuelitos. Teresita y Teresa, también Benedicta de la Cruz. Ahí estuvimos todos. En medio del coro celestial cantando Sanctus, Sanctus, Sanctus, ¡Deus sabaoth!

Cómo podría alguno no quedar absorto pero, principalmente, transformado?

Por mi mente pasaron las palabras de Pedro durante la Transfiguración: - “Qué bien se está aquí!”

Aunque, supe de inmediato que aquello no sería para siempre, que era lo justo que fuera de ese modo ya que, tan solo de estar en contacto con la gracia abundantemente prodigada en la misa, quedaríamos capacitados para regresar a cumplir lo encomendado.

Sea lo que fuere y adonde fuere. Del modo que fuere.

No creo que nunca antes me haya quedado tan claro.

¡Qué pedazo de cielo fue esa misa!

La recordaré por siempre.

Gracias, padre Sixto y agradezca por mí a su obispo.

Gracias Sebastián, Dios te guarde; también a usted, querido José Pablo y, por supuesto, a don Didier querido.

Gracias, Señor, por haberme dado a entender tantas cosas a través de la Liturgia.

Tu amada Liturgia.

Que tu generosidad de Padre tiene a bien compartir con nosotros.

Gracias, Padre.   

3:55 p.m. ,

Queridos lectores:

A continuación copio el correo que me ha enviado la Universidad Libre Internacional de las Américas de quienes me consta, ya que llevé el curso el año pasado, posee un amplio y de primera categoría cuerpo académico del que, al igual que yo, muchos de ustedes podrían estar sacando ventaja para su vida profesional y de fe para estos tiempos duros que corren. 

Me he tomado la libertad de publicarlo aquí a manera de retribuir a la universidad su esfuerzo que no es poco dada la altisima calidad del profesorado, el cuerpo técnico y los contenidos. 

Espero que, de anotarse en algún curso, me lo hagan saber. Me dará mucha alegría.

De mi parte, nada más recomendar que, por ser intensivos, necesitarán disponer de al menos dos horas diarias para el estudio, de lunes a domingo, y que -además- les guste estudiar asi como la temática propuesta. Sería ideal que tuvieran, al menos, estudios de escuela y colegio completos.  

Los invito a leer y a recurrir a los enlaces por mayor información. 


 

Tercera edición del Curso de Experto en Comunicación Católica, ECC, auspiciado por CATHOLIC VOICES ESPAÑA y la Universidad Libre Internacional de las Américas, ULIA, que lo oferta como título propio. El curso está coordinado por los profesores Ignacio Gil Pechuán y José Pérez Adán.

Va dirigido a periodistas y divulgadores católicos; jóvenes comprometidos mediáticos y activos en redes sociales, potenciales comunicadores, difusores, y portavoces no oficiales de la fe católica en medios de comunicación que reclamen el testimonio de vida de personas comprometidas. Se oferta para alumnos de todos los países de habla española.

FORMATO:

El curso consta de 23 sesiones semanales en total. Cada sesión comprende 3 partes:

1.- El video del experto (sobre 15 minutos)

2.- Un/os textos de estudio a propuesta de la dirección del curso y/o del experto

3.- Un control de 3 preguntas de desarrollo sobre la comprensión del video y los textos que elabora la dirección del curso y que el alumno deberá responder semanalmente.

Para la obtención del título de experto además del control semanal se exige al alumno la elaboración de un video final de diez minutos con una comunicación propia acerca de un tema relativo al curso.

CONTENIDOS:

18 temas de actualidad y de interés mediático entre los que figuran:

Aborto 

Abusos sexuales por sacerdotes y pederastia 

Anticoncepción de emergencia 

Clericalismo  

Divorcio 

Educación de la sexualidad

Eugenesia

Eutanasia y “muerte digna”

FIVET 

Homosexualidad  

Laicismo

Libertad 

Libertad religiosa  

Matrimonio 

Matrimonio homosexual  y multifamiliasmo

Moral social 

Reconocimiento de la fertilidad 

Transhumanismo

Y 5 temas propios sobre la actitud y enfoque de la comunicación católica en base a la experiencia de Catholic Voices.

Cada tema cuenta con un experto profesor universitario que interviene en el video. Los profesores expertos, todos de renombre y experiencia, colaboran específicamente en el curso con intervenciones inéditas grabadas para este propósito. Más información en www.ulia.org/ecc

Le rogamos pase la información a sus recomendados. El tope de alumnos por curso es de 20 personas. El plazo de aceptación de solicitudes de matrícula se cierra cuando se llena el cupo.

Considere por favor la idoneidad de las personas a las que hace la recomendación.

Quedamos a su servicio. Muchas gracias

6:40 a.m. ,

Dedicado a Ana Lau

El otro día una conocida, hablando con ella de la castidad, me decía que nunca querría pertenecer a una religión como la nuestra, tan inhumana y opresora.

No deja de tener razón en el sentido de que Cristo exige mucho de nosotros tanto en el aspecto físico como emocional e intelectual.

Aunque, valdría la pena mencionar que -si uno se toma en serio- resulta ser lo más estimulante que criatura humana podría conocer el tener delante a Cristo desafiándole, ya no digamos a ser “santo” sino a ser “la mejor persona de la historia”, es decir, aquella persona que ni siquiera imaginas podrías llegar a ser.

Un héroe. El héroe que, muy en el fondo de ti, siempre has intuido podrías ser.

O, es que, acaso, de una persona de la magnitud de Cristo, rechazarias un reto semejante?

Pues, qué diré, lo rechazaría solo alguien que no quisiera salir de su “zona de confort"; es decir, alguien que está satifecho con el ser humano que es, con lo que hace, dice y piensa. No crees?

Bromas aparte, y para aliviar un poco la tensión acerca del Sínodo, no les parece que gran parte del desacuerdo que existe es debido a que muchos (católicos, entre ellos) no quieren, no pueden o no detectan el desafío que plantea Cristo?

Quizá por esa razón es que hemos escuchado a varios padres sinodales decir, tal como mí conocida, que la Iglesia espera demasiado de las personas ya que, por ejemplo, alguno por ahí ha dicho que solo “héroes” vivirían en castidad.  

Por supuesto, podría ser que Cristo no es para ellos quien es para nosotros. Eso podría ser.

Podría ser que, unos estaríamos ante Cristo, el Logos, origen y fin de todo lo creado y, otros, ante alguien que es como uno de nosotros o, quizá, tan solo una idea salida de su propia cabecita.  

Y es que nuestra cabecita puede llegar a tener ¡cada idea!; muchas de las que, ya lo sabemos, son considerablemente inhumanas y opresoras.  

Así es, lo reconozco, y parecerá el colmo, pero existen padres sinodales y muchos (no cristianos, entre ellos) que no se enteran (o no quieren enterarse) del desafío que tienen por delante: ser “la mejor persona de la historia”

Es lo que, de manera simple, planteó Cristo a los discípulos.

Lo que nos plantea a cada instante.

Por eso seguir a Cristo es exigente pero a la vez fascinante.

Lo único humano y liberador.

7:40 a.m. ,

Habiendo dicho el Señor que “donde haya dos tres reunidos en mi nombre yo estaré en medio de ellos” y habiendo con frecuencia experimentado lo difícil que es que dos o tres nos llevemos bien aun cuando la intención sea reunirse en su nombre, me pregunto qué será lo que estamos haciendo mal.




Tenía muchos años de no pertenecer a un grupo parroquial; ahora pertenezco a la comisión de comunicación y vaya montón de obstáculos nos estuvimos poniendo para hacer cualquier cosa que, por más pequeña que fuese, se volvía una escalada al Kilimanjaro.


Otro ejemplo, acabo de leer una entrada en el “Blog de los Lectores” y ¡madre santa!, pero, ¡qué fue aquello! No me refiero a la entrada del generoso colaborador sino a los comentaristas. ¡Cuánta crueldad! ¡Vaya por Dios!


En fin, que así somos y así estamos; pero bien, regresemos al tema que me trajo.


Qué es lo que estaremos haciendo mal para que no podamos funcionar como la Sagrada Familia o como los Doce? De qué carecemos o de qué estamos sobrados para que nuestra vida comunitaria no sea como la de algunas congregaciones religiosas o pequeñas comunidades de laicos que viven ya su fe como si fuera el cielo en la tierra?


Todos estamos en camino de conversión, la primera yo, por lo que me sobra experiencia en pecados de todo tipo como para que cualquier cosa que diga para echar luz sobre el tema me descalifique de inmediato, pero el caso es que así como de pecadora soy, me vengo manejando tal como Pedro por su casa, en las cuestiones que tienen que ver con atender a la gracia cuando se propone echar luz sobre mi propia oscuridad. Así fue como ella echó luz:


En esa comisión de comunicación no habían pasado dos semanas y ya me estaban aislando. No lo comprendí hasta que, en privado, tuve que ir ofreciendo confianza a los miembros para que me indicaran en qué podría estar fallando. De ahí concluí lo siguiente:


Primera cosa:

1. Si lo aíslan no debe ser porque los demás sean un incordio sino porque, muy al contrario, hemos de serlo nosotros.

Segunda:

2. Esos otros también tienen sus pecados ya que lo lógico habría sido que hubieran hablado conmigo antes que haberme aislado.

Tercera:

3. Incordio e incordiados somos todos pecadores.


Ahora bien. Cuál es el remedio a todo esto?

1. Atender a la gracia. Punto.


Miren, me hubiera alejado definitivamente del grupo si no hubiera clamado con vehemencia y esperado contra toda esperanza la ayuda del cielo; eso hice y funcionó magníficamente ya que, luego de haber puesto nuestras diferencias en claro con humildad, total sinceridad, respeto y honradez, jamás se hubiera hecho justicia ante la cual, finalmente, respiramos todos aliviados.


Eso digo, de algo carecemos (de la urgentísima necesidad de atender a la gracia) y de algo estamos sobrados (de la augusta soberbia) para que, cuando “nos reunimos en su nombre” no pareciera que esté Jesús en medio nuestro ya que no conseguimos comportarnos como Jesús, María y José o como los Doce.


Pues eso.


Señor, ¡que tu gracia nos ilumine como nos ilumina el sol!. Amen.




6:26 a.m. ,


«No poder estar satisfecho por cosa terrena. Ni siquiera, por el mundo entero. Considerar la inmensidad inabarcable del espacio, el número y la mole de estrellas y encontrar que todo es poco, pequeño para la capacidad del alma. Imaginar el número de mundos infinitos, y el universo infinito y sentir que nuestro ánimo y nuestro deseo son más grandes que el universo; y acusar siempre la insuficiencia y nulidad de las cosas, y padecer carencia, vacío, y aburrimiento, paréceme el mayor signo de grandeza y de nobleza que se puede ver en la naturaleza humana».

Giacomo Leopardi, Zilbadone



Cuando se encuentran la grandeza y nobleza de la naturaleza humana con la gracia esto es lo que sucede.


Deseo de los collados eternos

Trata, entre otras cosas, sobre la castidad en las personas homosexuales católicas.

(Con subtítulos en español)



10:26 a.m. ,


Han notado que al ingresar a un grupo apostólico bien pueden pasar días o semanas para ser admitido sin reservas? Y, para cuando nos admiten, parece que antes que amarnos, apenas nos toleran? Quizá algún miembro te ha llamado aparte para hacerte corrección fraterna que lo que menos tiene es de fraternal? O al contrario, te has percatado de las ocasiones en que has actuado de la misma forma?



Yo, por ejemplo, aunque estoy tirando la primera piedra lo hago porque antes debí darme una reprimenda ya que, reflexionando en todas las ocasiones que he recibido mal trato de mis hermanos católicos, laicos y sacerdotes, he caído en la cuenta de las veces que he hecho lo mismo.


A qué se debe esta conducta? Pues bien, no es que daré una opinión de experto ya que todos saben que no lo soy pero habiendo leído de algunos de ellos sobre el origen y consecuencias del narcisismo de nuestra época, revisando mi conducta y el trato que doy y recibo de los demás, me doy cuenta que una gran parte de todo el problema se debe al narcisismo.


Quién es narcisista? Narcisista es alguien que piensa y actúa demandando atención hacia su persona sin importarle apenas los sentimientos o pensamientos de los demás. Un narcisista por eso actúa como si los demás fueran competencia: censura, descalifica, corrige, da órdenes, arruina reputaciones, manipula, miente y lastima con el único afán de que su persona, opiniones, forma de comprender la vida, la piedad, la política, la liturgia, el fútbol, etc. prevalezcan de frente a su modelo de autoridad (el que puede ser incluso auto-referencial) ya que desea con vehemencia de éste recibir su aprobación. Estoy hablando de un narcisismo que no llega a patología pero si de uno que como un verdadero agresor nos deja heridas que a la larga, sin sanar, supuran y apestan por lo que las personas se alejan de nuestro lado o nosotros del suyo.


Porque no es a otra cosa que a nuestras heridas se debe todo.


Heridas de qué tipo? Heridas tal como las que produce un padre ausente ya sea por abandono o por incapacidad así como una madre autoritaria y controladora. Haber tenido un padre o una madre que no hayan sabido o podido favorecer un desenvolvimiento sano de nuestro sentido de responsabilidad pudo habernos causado heridas que provocan el que andemos por la vida buscando aprobación de las personas o instituciones que constituyen para nosotros modelos de autoridad: la Iglesia, el carisma de nuestro grupo apostólico o movimiento, del sacerdote, del presidente de la compañía, de tal teólogo o filósofo, etc. Cuando los mismos nos rechacen sucederá que nos sentiremos igual de abandonados que lo que nos sentimos de parte de nuestros padres, por lo que –para proteger los sentimientos- nos afianzaremos en nuestro ego cosa que dará origen al narcisismo ante el cual, fiarse de la gracia será vital ya que no quiere el Señor otra cosa que ayudarnos a sanar en lo que sea posible ya que, cierto es: habrá heridas que como una cruz nos acompañarán siempre. Sea Dios bendito!


Qué puede hacer un narcisista para mejorar si es que llega a darse cuenta del grave problema en el que se encuentra? Como dije, no soy experto, pero puedo pensar que la salud empieza por la confesión de los pecados, sigue por el cumplimiento de la penitencia y un serio espíritu de enmienda. Mucha oración y vigilancia sobre los impulsos, los sentimientos, las emociones. Misa y comunión frecuentes. Actos de misericordia y mucho de negarse a sí mismo lo que implica recibir humillaciones que recibimos de otros narcisistas o a las que nos exponemos por serlo y hacerlo con gratitud para ofrecer todo ello por nuestros pecados y los ajenos. Esto último es primordial ya que combate directamente nuestro afán por prevalecer. [1]


Bien, eso es lo que tengo que decir respecto a lo difíciles de tratar que, entre nosotros, somos los católicos y por lo que, con regularidad, solemos llevarnos mejor con ateos y renegados, como dijo alguna vez León Bloy.


No sé ustedes pero, por lo que a mí respecta, me pondré hoy mismo a pedir al cielo su ayuda.


Pasen buen día. Bendiciones,


[1] De todo esto no excluyo la ayuda de un profesional en psicología católico o buen psiquiatra que medique los casos graves.



8:37 a.m. ,



El viaje del papa a Corea del Sur desde ahora está dando frutos en quienes vemos las noticias.


Fíjense nada más la fotografía y recurran al artículo ya que, además de revelador, menciona a una misionera costarricense que ha vivido en Corea del Sur por veinte años quien narra su experiencia entre lo cual destaco:

“los cristianos tenemos que vivir un poco incómodos, viendo quien esta incómodo para ayudar a los que están así, para salir a buscar a los demás”


Qué gran verdad! Estando cómodos nos es difícil, casi imposible, identificar la situación incómoda que viven los demás.


No es casualidad que leyendo esta noticia recordara que tengo un vecino coreano que es de las personas más prudentes, delicadas, generosas, acogedoras que conozco.


Es un hombre sencillo y humilde que se mezcla con el resto de nosotros, gentes también sencillas, a pesar de que su trabajo es de muy alto nivel ya que es asesor en comercio internacional.


Dijo el otro día en una reunión algo que me llamó la atención: “Me gusta participar en las reuniones parroquiales porque en ellas encuentro mucha gente buena”


Yo sé que no se pierde reunión y que participa en todo tipo de grupos. Lo hace silenciosamente y me sospecho que ha de estar de colaborando discreta pero intensamente con el sacerdote de parte de quien veo le profesa gran respeto el cual, dicho sea de paso, se nota que es recíproco.


Eso me gusta y me gusta darme cuenta de que tengo un vecino coreano convertido pero a la vez comprobar lo que afirma la noticia: que los coreanos, cuando se convierten, lo hacen verdaderamente.


Claro, es natural, ellos en sus países y luego como inmigrantes, han vivido una situación incómoda por lo que han aprendido a estar atentos a los demás.


Cuánto estamos aprendiendo de la visita del papa a Corea del Sur!


Cuánto podríamos aprender de nuestros vecinos coreanos a los que apenas prestamos atención!


Cuánto nos convendría la incomodidad!


Que María Santísima,quien vivió gran incomodidad, nos alcance del cielo el que aprendamos a valorarla.



7:09 a.m. ,


“El Señor nos deja vacíos, para llenarnos” Alonso Gracián



El invierno en el trópico suele ser abrumador incluso para quienes hemos vivido aquí toda la vida.


Suele llover sin cesar días y días. Rayitos de sol apenas se escapan detrás de las nubes de vez en cuanto durante meses enteros.


Pues bien, bajo un temporal de este tipo me disponía a hacer una diligencia cerca de mi casa por lo que le pedí a un familiar que, ya que mi automóvil está dañado, me hiciera el favor de prestarme el suyo. Se negó. Lo hizo sabiendo que soy asmática y que la humedad y el frío exacerban mis otras enfermedades.


Pues así me fui, un poco dolida pero contenta bajo la lluvia ya que mojarme, de todas formas, ha sido siempre de mis cosas preferidas.


Cuando venía de vuelta medio rezando y medio cavilando en mis asuntos, me encontré con Mireya.


La querida Mireya es una mujer mayor que yo, también soltera y sin hijos, cuida de su madre desde que se pensionó ya que trabajó en una fábrica de chocolates toda su vida.


Mireya, desde que murió papá, ha estado pendiente de mí. Siempre que se encuentra conmigo me pregunta cómo van las cosas y nunca, la pobre, recibe buenas noticias.


Ese día, cruzó la calle para saludarme por lo que ambas, con nuestros respectivos paraguas, nos quedamos conversando un ratito.


No más verla y debido a lo mucho que me quiere, pensé en lo mal que la estaría haciendo sentir al verme en aquella figura.


Pues qué les diré, al momento se me llenaron los ojos de lágrimas y fue cuando a su saludo respondí: -“Mireyita, pues nada, las cosas parecen mejorar, aunque no estoy muy segura. Si lo hacen, lo hacen pero muy lentamente. Lo que sucede es que cuanto te veo y pienso en las cosas que ustedes han de haber pasado, lo que me pasa, se me vuelve nada”


Ella respondió: - “Ni le cuento, cuando vivíamos en La Trinidad, éramos tan pobres que ni zapatos teníamos y nos echaban de las casas porque no podíamos pagarlas”.


“A eso me refiero, Mireya y no solo eso, sino el que hayan salido adelante y que todos en tu casa sean tan bondadosos, se tengan tanto respeto y se quieran tanto”


Mireya nada más sonrió y nos dimos un abrazo. Me echó mil ánimos y bendiciones.


Nos despedimos queriéndonos un poco más.



“Con las manos llenas de tus cosas no podrás tomar lo que el Pobre de los Pobres quiere darte. Por eso el Espíritu Santo te despoja de todo, hasta de ti mismo, para que la plenitud del Hijo del Hombre te haga rico y seas tú mismo” Alonso Gracián



NOTA: Escogí la fotografía que publicó mi amiga Priscilla Mora Castillo en su facebook. La tomó en La Fortuna de San Carlos, un lugar donde -me parece- llueve todavía más que en el lugar donde vivo. La tituló “Aguacero cerrado". Para animarla en su trabajo es que he titulado de esta forma la presente entrada.


Gracias, Pri. Te dije que esa foto me pareció maravillosa.




Hoy trataré un tema algo delicado relacionado con la actitud que muchos tenemos hacia los pobres y hacia la pobreza la cual, en el fondo, es una actitud ante la gracia.


Primero que todo les daré antecedentes de mi vida familiar para que conozcan las razones de mi actitud.


Tuve, gracias a Dios, el ejemplo de dos mujeres extraordinarias: mi abuela materna y mi madre.


La primera, de cuna pobre, se casó con un español quien, habiendo estudiado Economía en los Estados Unidos, regresó a Costa Rica, país en el que se habían establecido sus padres al salir de España. Aquí estableció un imperio financiero del que vivieron holgadamente no solo mi abuela, mi madre y mis tíos sino los parientes que trajo de España huyendo de la Guerra Civil.


De la generosidad de mi abuela debe haber aprendido gran cosa el abuelo ya que le regalaba todo lo que necesitó para el taller de costura y para criar, educar y llevar a casamiento a tantas jovencitas que sus madres pobres le encargaron.

Esa fue su vida hasta pocos años después de la muerte del abuelo quien falleció a la edad de 45 años por un infarto fulminante.


Con ese ejemplo y dentro de esa holgura creció mi madre, quien –por cosas de la vida- se vio obligada a trabajar muy poco después de los 18 años pero quien, con mucha creatividad, esfuerzo y confianza en Dios, de adulto pudo cuidar holgadamente de sí misma y de su madre. Más tarde –cuando se casó- lo hizo del resto de nosotros junto a mi padre.


Ambas mujeres, por motivos diferentes, no solo conocieron de la pobreza y de la riqueza en sus extremos sino que tuvieron una determinada actitud ante la gracia, por lo que, me parece, han de haber desarrollado la sensibilidad que me heredaron y por la que, desde niña, comprendí que cuando una persona necesitada insinúa o pide directamente ayuda es porque la necesita.


Esa es la razón por la que nunca nadie se va de mi lado sin que le haya echado una mano. Y, si alguno -por mi descuido- se ha ido, que me lo reclame.


Miren, cosas tan aparentemente insignificantes como escribir una carta de recomendación, no sin sorpresa, he comprobado que les han cambiado la vida a varias personas.


Sin embargo, cuántas personas necesitadas se aproximan pidiendo ayuda y porque no nos resultan “convincentes” resolvemos hacernos los tontos? O, cuántas de ellas, se van de nuestro lado con una ayuda ofrecida con recelo, de mala gana o tan ridículamente tacaña que cualquier santo vomitaría al verla?


Vaya cosas! Qué fácil juzgar y qué fácil anteponer nuestro juicio a la necesidad de las personas. Verdad?


Varias personas verdaderamente necesitadas en las que no he tenido mucha esperanza me han dejado boquiabierta cuando luego de un empujón cariñoso, generoso y desinteresado se han superado maravillosamente.


Esa es la actitud: ayudar sin juzgar para poder ofrecer auxilio de forma generosa y desinteresada al mejor estilo de Jesucristo.


Esa es la actitud ante la gracia que debe acompañarnos a lo largo de nuestra vida para que, movidos por ella nuestras acciones redunden en beneficio para las almas.


Abuela Merce muchas veces me envió a la gaveta donde guardaba lo que le habían regalado y me hacía llevárselo a quien sabía lo necesitaba; cierto, aquellas cosas eran regalos pero era lo único que tenía.


De mamá ni se diga, en toda ocasión entregó la ayuda que prometió como fue, entre otros, el haberle construido su casita a una mujer soltera y con dos hijas.

Amigos, ante los pobres y la pobreza nos falta mucho por aprender.


Quiera el Señor que su gracia nos ayude a cambiar este corazón de piedra.


PD.Disculpen mi lejanía del blog pero estoy sin servicio de internet. Cuento con el cuando mi hermana me presta su móvil desde donde puedo enviar estos mensajitos. Esa es la razón por la que me será difícil responder sus comentarios. Saludos y bendiciones,


Maricruz




Les seré sincera. Nunca he tenido claro qué fue lo que me inspiró a abrir un blog.


Siempre que busco la razón lo único en lo que pienso es que lo hice para canalizar mi sed de Dios. Bajo este impulso lo abrí como quien inicia un diario, es decir, para dejar constancia de lo sucedido.


Poco después me empezó a seguir Juanjo Romero y muy poco después fui invitada a publicar en este portal en donde muchas veces no tengo idea de qué estoy haciendo ya que, si me comparo con el resto de los blogueros, lo que digo en mi blog es de lo más simple y de lo menos útil.


En realidad, compararme con el resto de los blogueros no sirve para nada ya que, para empezar, siempre triunfa sobre mi la soberbia, la que me quiere hacer pensar que comunicar sobre de mi sed de Dios no tiene sentido, lo que hasta me ha hecho pensar que mejor cerrarlo o abandonarlo por largo tiempo.


Es claro que no lo consigo ya que, mi sed de Dios (o la gracia, me inclino a pensar) claramente es más poderosa que mi voluntad por lo que, tarde o temprano, regreso y siempre bajo la influencia de un impulso (o de la gracia, me inclino a pensar)


Hoy, por ejemplo, me decía: - Hace tiempo no escribo en el blog. Lo que pasa es que mi vida anda algo oscurecida por lo que cuál luz podría echar si la que tengo apenas alcanza para mi?


Pensado de este modo desde hace días no escribo, pero hoy lo hago ya que, andando de aquí para allá leyendo noticias, me ha llamado la atención el video del padre Núñez contando sobre lo que le sucedió cuando se encontró con el conductor de un automóvil que tenía una calcomanía que decía: “Pregúntame sobre Jesucristo”.


Pues verán, el testimonio del padre ha sido también para mí.


Espero que el mío lo sea para quienes lo necesiten.



“Nos visitará el sol que nace de lo alto para iluminar a los que viven en tinieblas y sombra de muerte para guiar nuestros pasos por el camino de la paz” Cántico de Zacarías



“Jeje” (como diría un amigo) creo que, como el padre Núñez, a veces olvido que no soy la luz (ni siquiera la vela) sino tan solo el candelero.


¡Deo omnis gloria!





“Cuando estés con una persona, has de ver un alma: un alma a la que hay que ayudar, a la que hay que comprender, con la que hay que convivir y a la que hay que salvar".

San Josemaría Escriva, Forja, 573



Vaya! Uno, como cristiano, lee esto y la primera reacción es la de sentir el peso de mucha responsabilidad, no es cierto? Cierto, porque los cristianos de un tiempo para acá, pensamos que la salvación, propia y ajena, depende de nuestra voluntad.


Ajá! Eso pensamos pero nos engañamos.


Lo cierto aquí es que la gracia mueve nuestra voluntad a sentir responsabilidad pero el ego nos hace perder de vista que la última responsabilidad es de Dios.


Pero, entonces, qué hacemos con esa responsabilidad que nos abruma? Lo siguiente: sabiendo que hemos sido movidos a ella por la gracia, le damos gracias al Señor por el don recibido pero, de inmediato, nos ponemos a su disposición cumpliendo con la responsabilidad de nuestro estado entre las que está el ser realistas.


Seamos realistas, yo -por ejemplo- como mujer soltera y sin hijos, hermana y tía, tengo como responsabilidad, ante todo, agradar a Dios desde lo que me aconseje la gracia que ilumina mi conciencia la que me indica que existen límites en la responsabilidad de ser tía y hermana por lo que, para agradar a Dios, debo conocerlos y respetarlos.


Situándome ante la realidad, es decir, teniendo claro lo que implica mi estado de vida y sabiendo que al esfuerzo por cumplir con ello me mueve la gracia, podré tener una convivencia sana con toda alma con la que me encuentre.


A qué viene esta aclaración aparentemente innecesaria? Viene a que, por lo regular, equivocamos la responsabilidad de nuestro estado, por ejemplo, siendo casados nos comportamos como solteros, siendo solteros como si fuéramos casados, siendo padres o madres nos comportamos como amigos o siendo hermanos y tíos como si fuéramos padres o madres.


A qué viene tanta confusión de nuestra parte? Viene a que la humanidad está tan influenciada por el individualismo que nos hacer ver como cosa natural el que tenemos responsabilidades que no nos corresponden.


Nos damos cuenta de cuán equivocados estamos? No, por lo regular, no nos damos cuenta hasta que nuestras relaciones son un verdadero desastre.


De mi parte nada más decir que ha sido valioso, para una sana convivencia, conocer con certeza la responsabilidad propia de mi estado pero, sobre todo, conocer que sin la gracia que mueve mi voluntad a todo lo bueno, bello y verdadero, mi esfuerzo será en vano.


Parece mentira pero es la gracia la que, verdaderamente, crea la comunión ya que en la medida en que cada uno comprende que es movido por la gracia para cumplir con lo propio de su estado, concluye que el intervenir en la vida de los demás tal como si fuera Dios, es innecesario.


Ojo! Aquí hablo de “intervenir", no me refiero a la “corrección fraterna” ni a “dar consejo a quien lo pide” ya que son obras de misericordia a las que nos mueve la gracia por amor a nuestros semejantes.


Claro, esto de las obras de Misericordia, es otro tema.


La cosa fundamental aquí, como dijo san Josemaría, es que “Cuando estés con una persona, has de ver un alma".


Tal como la ha visto Jay en Samaras y viceversa.




Existe una enfermedad singularmente ingrata y es la fibromialgia.


La detona una situación traumática.


La enfermedad consiste en que el cerebro le indica a todo punto de dolor que existe amenaza por lo que todos se mantienen en alerta, es decir, reaccionando ininterrumpidamente con dolor ante una amenaza inexistente de no ser por la que produce el dolor que cada uno de los puntos provoca por estar en alerta.


Digo que es ingrata porque así como de absurda parece al describirla lo mismo muchos médicos la atribuyen a un estado psicosomático del paciente.


A lo ingrato que es el que los médicos descalifiquen su dolor se le añade el que los parientes tampoco lo consideran persona enferma. Para rematar, la enfermedad la sufren muchísimas mujeres por lo que resulta mucho más fácil descalificar sus quejas.


Así como es de ingrata posee la cualidad de exacerbarse con el estrés, una alimentación inadecuada, el frío y la humedad.


Existe alivio? Existe. Lo proporcionan los medicamentos, el mínimo de estrés, una alimentación adecuada, ejercicio, vivir en clima caliente y seco. De no converger todas y cada una de estas variables, a veces, ni siquiera los medicamentos consiguen disminuir el dolor lo que resulta física, mental y emocionalmente extenuante.


Empecé a sufrir de fibromialgia tras una neumonía y mientras seguía una intensiva rutina de ejercicio la cual, dicho sea de paso, fue la que aceleró el daño en el sistema nervioso provocado por la presión que sobre algunos nervios ejercen mis vértebras lumbares 4° y 5°. Sufro, a la vez que por la fibromialgia, por el dolor que provoca una hernia discal.


Desde el momento en que sentí adormecida mi pierna derecha supe que algo andaba mal y que, probablemente, mi vida no volvería a ser la misma.


Y, así fue, mi vida cambió desde el año 2008 en que, con una resonancia magnética, los médicos me enteraron del daño en mi sistema nervioso.


Bajo estas condiciones entré como encargada de cultivos en nuestro proyecto de hidroponía el cual requería enorme esfuerzo físico, sin mencionar el que requirió mi padre anciano y enfermo hasta el día de su muerte.


Ahora bien, desde hace poco más de un año, el estrés se ha incrementado a la enésima potencia debido a sucesos relacionados con la dificultad que existe para cubrir mis gastos básicos; es decir, si había venido sufriendo dolor físico teniendo mis gastos cubiertos, el mismo se ha incrementado al verme luchando a diario para cubrirlos.


A qué viene que les narre semejante drama? Viene a que, dada la discusión sobre que si Dios castiga o no castiga, el caso es que castiga.


Así se lo han señalado, Sagrada Escritura y doctrina en mano, al estimado Alejandro Bermúdez quien pidió a Fray Medina por Twitter le indicara el ejemplo de un castigo específico.


El castigo específico ha quedado aquí expuesto. No solo con el dolor que padezco provocado por causas internas sino por el que se añade por condiciones externas fuera de mi control.


Dios castiga. Me queda clarísimo sobre todo cuando el clima es húmedo y frío.


Dios castiga, sin embargo, en ello me veo no solo participando en “el misterio de un castigo saludable que educa” sino, sobre todo, reconociéndome absoluta e incondicionalmente amada.


En este sentido no pudo haberlo expuesto mejor Fray Nelson Medina:



“También cada uno, en la propia vida, y con un don especial, en la vida de nuestros pueblos, puede en ciertos momentos llegar a reconocer una participación en el misterio de ese castigo saludable que educa pero que además restablece un orden de sabiduría superior. A través de un discernimiento humilde y cuidadoso la persona descubre: su responsabilidad, las consecuencias de sus actos y la providencia divina. Quizás algo de eso vivió el salmista que escribió: “Me estuvo bien el sufrir; así aprendí tus justos mandamientos” (Salmo 119 [118], 67)”





Vi lo que sucedió en las elecciones europeas en las que ganó la extremísima izquierda y me pregunto adónde fue a parar el voto de aquellos cientos de miles de católicos provida que veo en las fotografías de las marchas. Adónde fue a parar?


Pues debe haber ido a donde fue el voto de miles de católicos costarricenses a los que también veo en las fotografías de las marchas.


Claro, luego me pregunto por qué razón los católicos votan por partidos que abiertamente se declaran en contra de las enseñanzas de Cristo en la Iglesia en materia de justicia social y dignidad humana?. Por qué votan por quienes, tarde o temprano, más temprano que tarde, nos pondrán la soga al cuello?.


Eso me pregunto y la única respuesta que obtengo es que votan por temor.


Si, votan por miedo y votan como cobardicas; todos ellos, que tan convencidos están de lo que hacen, votan por temor. Se los voy a probar.


Cuál es el contenido subliminal del cualquier producto que nos ofrecen por televisión?


El contenido es meternos irremediable temor a vivir sin consumir lo que ofrecen. Irremediable desde el punto de vista mundano más no cristiano.


Así es como los publicistas nos van lavando la voluntad para vivir corajudamente ejercitando las virtudes de la justicia, la templanza, la fortaleza, etc.


Nos meten miedo a vivir como hijos de Dios validos de su Providencia.


El mismo recurso lo utilizan los partidos políticos.


Qué fue lo que hizo en Costa Rica tanto el Frente Amplio como el PAC para ganar adeptos?


El mínimo esfuerzo, a decir verdad, ya que lo único que hicieron fue resaltar todo lo negativo del anterior gobierno para convencerlos de su capacidad para hacerlo infinitamente mejor. Lo cual no es cierto porque ninguno de ellos ha probado nada todavía.


La prueba del engaño quedó en evidencia desde los primeros días de gobierno, por ejemplo, con el nombramiento del gabinete y con la forma en que no han resuelto la huelga de maestros, etc.


Ah, pero los católicos que les entregaron su voto, en lugar de admitir que se equivocaron, persisten en justificar el que convirtieron en presidente a quien no tardó en colocar la bandera multicolor a lado del pabellón nacional en casa presidencial y en vicepresidente, a una mujer que apoya el aborto y que, ni por un momento, duda en desfilar como mariscal en la Marcha por la Diversidad.


Por miedo votaron y engañados vivirán estos cuatro años mientras que el resto de nosotros tendrá que apechugar con una realidad hostil para los cristianos entre los que, por gran casualidad, están todos ellos incluidos.


Pues sí, votaron por un gobierno que ha inoculado suficiente inseguridad que da para preocuparse y, al resto de nosotros, que por gracia de Dios hemos discernido correctamente nuestro voto, nos corresponderá velar para que nuestro país no se convierta en un lugar semejante a tantos otros que han tomado por el mismo camino gracias al voto de católicos.


Es que, por favor, respondan: cuál era el drama de continuar defendiendo la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural? Cuál el drama de posibilitar el que las personas homosexuales obtuvieran la protección del estado sin menoscabar el papel la familia ante la ley? No es, acaso, esa la defensa de la vida y de la familia la primera defensa que debe hacer un cristiano?


No existía drama. El único drama existente fue el que muchísimos católicos “cambiaron” la posibilidad de continuar protegiendo la vida y a la familia por la falsa seguridad que les vendieron de la misma forma que les hacen consumir hamburguesas, automóviles del año, seguros de vida, zapatos de marca y productos de belleza.


Ese es el “cambio” que buscaban con el PAC? Pues ahí lo tienen. Se lo han ganado a pulso, tal como se lo han ganado los católicos españoles con la extremísima izquierda en el poder.


Habrá forma de remediarlo? Si, conociendo la fe que profesan y viviendo de acuerdo con ella. Así de simple.


Qué seguirá después que el PAC demuestre su incapacidad para gobernar? Comprarle al Frente Amplio la idea de que lo harán infinitamente mejor? Parecernos cada vez más a Argentina o a Venezuela?


No sería eso votar como paganos antes que como cristianos?


NOTA: Me he dirigido a laicos católicos pero bien podría haberlo hecho a nuestros obispos y presbíteros quienes, considero, tendrían que ser la voz cantante en estos temas.




Este blog es, en mucho, reflejo de mi itinerario de conversión, es decir, del camino que transito hacia el cielo adonde anhelo y espero llegar por gracia de Dios.


En esta ocasión traigo un tema que me ha rondado por largos días en la cabeza y que trata sobre la dificultad que tenemos para situarnos ante quienes no son de nuestro gusto.


Al respecto, san Francisco de Sales ha dicho: “El más alto grado de humildad consiste en ver, servir, honrar y tratar amablemente a los que no son de nuestro gusto que se muestran hostiles, ingratos y molestos hacia nosotros”


Claro, porque esto siempre funciona así: quienes no son de nuestro gusto son siempre los demás ya que, por lo regular, estamos muy complacidos de nosotros mismos, no es verdad?


Deseo enfatizar que, cuando digo que es imperativo cambiar de actitud hacia los demás es porque, de no hacerlo, estaremos añadiendo división sobre la división existente.


Estoy enterada del difícil tiempo que corre para los cristianos el que nos obliga a defendernos pero estaremos perdidos si para sobrevivir elegimos el ataque.


Sobreviviremos, si, pero como cristianos habremos perdido ya que con estrategia de paganos habremos ganado.


La gracia sobreabunda allí donde abundó el pecado por lo que, si llegáramos a caer en la cuenta de que hemos convertido el ambiente que nos rodea en un campo de batalla, consolémonos con que, una vez arrepentidos, la gracia abundará en paz para nuestras almas.


Paz, porque si algo que necesitamos es la paz que da la gracia, la que, lamentablemente, muchos desconocen, quizá, porque no la piden.


Pidamos paz ya que únicamente en sosiego es posible elegir lo conveniente.


Consideremos lo que ha dicho san Josemaría: “Tenemos que actuar de tal manera que los demás, al vernos, puedan decir: éste es cristiano, porque no odia, porque está dispuesto a entender, porque no es un fanático, porque está dispuesto a hacer sacrificios, porque muestra que es un hombre de paz, porque sabe amar” [1]


Bien, para terminar les hago saber que he sido siempre persona de perros, no de gatos, ya que los gatos siempre me han parecido molestos, hostiles e ingratos.


Siempre elegí perritos para que me hicieran compañía ya que son incondicionales.


De la misma forma en que, como amigos, he elegido perros he despreciado rotundamente a los gatos y a ciertas personas.


Pues bien, un gato –recientemente- ha decidido que soy buena compañía.


He debido cumplir con sus demandas de alimentación y exigencias de cariño que parecen ser infinitas y muy frecuentes.


He debido adaptarme no solo para que el pobrecito sobreviva sino porque he notado que me conviene tenerlo de mascota ya que, este gato –creación de Dios-, ha aparecido en mi vida justo en el momento en que necesito tener claras tantas cosas sobre cómo actuar ante mis congéneres que no son lo que se dice “incondicionales” ni precisamente “de mi gusto”.


“El más alto grado de humildad consiste en ver, servir, honrar y tratar amablemente…”


Pidamos la gracia de la humildad.


[1]San Josemaría Escrivá, CPB 122



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