El inicio de una empresa familiar

Miriam Bretón Mora

Un día José me comentó que aunque le gustaba su trabajo, su gran ilusión era poner una taquería, pero que no la había puesto porque tenía varios compromisos y no era el tiempo para emprender y… ¿Cuál sería el mejor momento para que emprendiera?. Un año después me encontré a José trabajando en su taquería, me comentó que poco tiempo después de vernos se quedó sin trabajo y la necesidad lo empujó a poner el negocio que tanto tiempo había anhelado.

A un año de distancia José me comenta con alegría que este proyecto logró involucrar a su familia y hacerla crecer ya que se pusieron en marcha una serie de valores que los fortalecieron. José los comenta así:

a)Trabajo en equipo: Sabíamos que cubrir nuestras necesidades básicas dependía de que el negocio diera frutos pronto, por lo que teníamos que involucrarnos en dos situaciones: Atender bien al cliente y ser eficientes con nuestros recursos. En ese momento a mis hijos les hizo sentido las palabras que su madre repetía: “No desperdicies agua, apaga la luz, no dejes comida”… entre otras. Analizamos para qué era bueno cada uno e hicimos que se especializaran buscando que fueran eficaces (cumplir con los objetivos fijados) y eficientes (aprovechar los recursos a su cargo). Como equipo aceptamos una regla fundamental: No se vale decir “no es mi trabajo”; el objetivo es que los clientes se vayan contentos.

b) Servicio al cliente: Como familia analizamos ¿por qué la gente preferiría venir con nosotros y no con la competencia?, identificamos 3 razones: buen sazón en los platillos, complementos que sean únicos (como las salsas) y el servicio al cliente, ya que la gente se quiere sentir invitada a regresar porque se sintió mejor que en casa. Así que fijamos un proceso para atenderlos lo más rápido posible, donde hubiera registro de lo que solicitaba el cliente y un responsable de darle seguimiento. Al final siempre le preguntamos al cliente como se sintió y si nos puede dar alguna sugerencia para mejorar el servicio.

c) Honestidad y confianza: Todos deben de sentirse en un ambiente donde la palabra cuenta, por lo que el mensaje fue: “Si te equivocas, no importa lo que cueste, acepta tu error ya que lo importante es que aprendas de él”.
José finaliza: “Bendito Dios que me hiciste ver en la adversidad, la mejor oportunidad de guiar a mi familia y cumplir un sueño…”

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