Cómo han cambiado las cosas













Hace tiempo me preguntó cierta profesora de la Universidad Autónoma de Madrid cómo afectaría el Brexit al Reino Unido. Mi respuesta la quiero compartir hoy con vosotros. Mi respuesta fue: En nada.
El Reino Unido compra más bienes a la Unión Europea de los que vende. El sector financiero aporta el 7,2% de los ingresos a la Gran Bretaña y esto es una tendencia que claramente va a seguir creciendo. Londres camina en la dirección de convertirse en la capital bancaria del mundo. Esa nación tiene un futuro mucho más promisorio como zona franca, como paraiso fiscal, que cultivando cualquier otro sector productivo.
Salir de la Unión Europea sólo le otorga ventajas. Por supuesto que el resto de Europa tiene mucho interés en que parezca que su salida suponga un desastre económico para los británicos. Repito: en que parezca. Pero más allá de los gestos, de las noticias impactantes, los números del PIB seguirán igual. Si hay una corrección en el próximo año, se debería a una devaluación de la libra a causa del Brexit, sólo a eso.
Por otro lado, a la Unión no le interesa que Londrés sufra una merma económica. El bien de Londres repercute en la Unión: ellos son compradores, no al revés. Así que toda esta disputa se quedará en discursos y en medidas teatrales, para parecer que se castiga a la Pérfida Albión. Pero los números son los que mandan y Londrés seguirá su camino ascendente. Salir de la Unión, en realidad, les beneficia. Ahora pueden hacer de su capa un sayo.
Gran Bretaña a nivel de ingresos, de números, de crecimiento económico, se ha convertido en una tierra alrededor de la capital. Londres es ya un emporio financiero y del lujo que lleva muchos años creciendo mucho más que Nueva York. El resto del país sufre como toda Europa la desindustrialización y todos los demás problemas provenientes de las economías emergentes.
Como es lógico la solución no está en que todos los países se conviertan en paraisos financieros. Habría que buscar una solución global, duradera, justa. Una solución que respirara honestidad y búsqueda del bien común. Pero estamos a años luz de comenzar a concienciarnos de eso. La solución parece o la ley de la selva económica o un régimen de izquierdas de tipo populista. Craso error, ningún país puede lograr la solución a un problema realmente global.
Mientras todo esto sigue así, Gran Bretaña va a seguir creciendo. Si todos hiciéramos como ellos, Europa dejaría de ser relevante en el mundo. Y no estoy hablando de querer imponer nuestra voluntad, sino de usar el poder para defender puestos de trabajo, la libertad, para proteger a países que, de otra manera, en la próxima década pueden caer enteros (atados de pies y manos) en poder de inmensos bancos orientales. 

En Asia hay verdadero miedo en varias pequeñas naciones, sabedoras de que bastaría una decisión de Pekín de manera para en seis o siete años de propaganda y maniobras poder dominar enteramente la economía y la política de esos países.

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