Mtro. Juan José Esquivias
La felicidad no es ausencia de dificultades, sino enfrenarlas sin desfallecer. Por eso requerimos formar personas con resiliencia, con habilidades para hacer frente a la frustración propia de la condición humana y del contexto social que nos rodea. En este saber “enfrentar” la realidad es lo que pone a la persona en camino de realización o de frustración humana.
Desde nuestra experiencia en el trabajo con adolescentes en contextos escolares, nos topamos con “hijos sin resiliencia”, en donde los padres de familia no quieren que sus hijas e hijos sufran lo que ellos sufrieron, que tengan una vida acomodada, que no batallen para conseguir lo que a ellos les ha costado tanto. Todos son buenos deseos, cariñosos y entrañables. Sí, pero surgen preguntas: ¿Qué los hará madurar? ¿Llegarán a ser realmente libres? ¿Cómo formarán su carácter? o ¿A caso los padres serán eternos para solucionarles la vida? ¿Estarán ahí para recibir de los hijos los reclamos ante su inutilidad?
Hay un misterio en la existencia humana “uno crece solo en tiempos de crisis” ¿Por qué? No lo sé, pero nadie podrá negarlo. Nuestros niños y adolescentes requieren que los eduquemos para saber enfrentar las dificultades de la vida, no que las resolvamos por ellos o que queremos evitar que se topen con ellas, sino que los dejemos experimentar, estar a la intemperie de ciertas situaciones tales como el esfuerzo que deben hacer para conseguir sus deseos, aún sus caprichos; que vivan las consecuencias de sus acciones, que vivan el enojo de no poder tener o conseguirlo todo. Eso los prepara para la vida, a vivir sin codependencias umbilicales, sin grandes apegos y así poder algún día tomar su propio destino.
La verdadera educación para la vida está en enseñarlos y dejarlos aprender de las mayores oportunidades que se encuentran en los errores, en las caídas y en las dificultades cotidianas. Esto es realmente dejarlos que crezcan como seres humanos aceptando y manejando los altibajos de la vida, les ayudará a formar su carácter, su psicología, su búsqueda de sentido y trascendencia. ¿Por qué negarles ese verdadero privilegio?
Volvamos la mirada a las grandes mujeres y hombres que han construido historia, en los que podemos encontrar no “ídolos” sino testimonio de que “cuando la vida se hace dura, los duros hacen camino”. La compleja realidad que vivimos nos exige educar para soltar amarras, en el asombro, en el saber levantarse en cada caída.
La sociedad y en especial los padres de familia, tenemos mucho que aprender para formar hijos con resiliencia, a vivir las crisis sin derrumbarse.
*Decide Vivir México, A.C.

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