Pbro. Lic. Armando González Escoto
Hoy hace 39 años murió el Papa Paulo VI, era el año de 1978. Concluía con la muerte del Papa la etapa crítica de la aplicación del Concilio Vaticano II, uno de cuyos objetivos principales era la actualización de la Iglesia y su conciliación con lo que entonces se llamaba “la modernidad”.
Muy probablemente el Papa Paulo VI fue el pontífice más grande del siglo XX, el más visionario, el más heroico, el que anticipó con mirada profética que el siglo por venir sería una época sedienta de la experiencia de lo sobrenatural más que de los muchos y ampulosos razonamientos teológicos.
Sobre la experiencia de vida de quién luego sería el Papa Paulo VI, pesó la realidad devastadora de dos guerras mundiales pero, sobre todo, la paulatina consolidación en Europa y en el mundo occidental de una nueva civilización, que ya Pío XII había identificado y caracterizado como “neo pagana”, y ante la cual Paulo VI buscó construir y oponer la nueva “civilización del amor”.
En el entretanto, poner en obra las enseñanzas del Concilio supuso la dolorosa realidad de miles de deserciones sacerdotales; nuevas divisiones dentro de la Iglesia, como fue el caso de la provocada por el obispo francés Marcel Lefebvre, defensor a ultranza de los estilos, ritos y conceptos anteriores no exentos de prolijos razonamientos teológicos, y el hecho de verse de pronto en el centro tenso, de quienes buscaban la apertura total o la cerrazón absoluta. Hacía mucho que un pontífice de la Iglesia no había sido apedreado, Paulo VI lo fue cuando se dirigía en auto a visitar una parroquia romana.
Nada, de todos estos avatares difíciles, lo distrajo de su deber pastoral y de la profundidad que siempre caracterizó su discurso. Será igualmente el primer pontífice en salir de Italia para visitar el mundo, algo que no ocurría desde el siglo XVIII, cuando por necesidad de los tiempos Pío VI debió hacer una visita pastoral a Austria. Paulo VI realizó visitas simbólicas, una a cada continente del mundo, y desde luego a la ONU; abrió las puertas, hasta entonces cerradas, para que el Papa fuera por los países de la Tierra llevando el mensaje evangélico. Buena parte de las estructuras actuales de la agenda de un Papa las estableció Paulo VI. Recordemos algunos conceptos de su último mensaje:
“En el mundo en que estamos, el estruendo de voces que quisieran atraer nuestra atención es tal, que no resulta fácil saber cuáles son realmente dignas de escucha; y entre las que escuchamos (por la radio, a través de la prensa, de la enseñanza, en la convivencia social, etc.) no es fácil dilucidar qué voces llegan al ciudadano del mundo para divertirlo o informarlo o instruirlo. ¿Cuáles son las voces que estamos obligados a escuchar, cuáles son las que merecen o pretenden no sólo que las conozcamos (por ejemplo la de la cultura), sino que exigen que las tomemos como guía de nuestro pensar y, sobre todo, que las hagamos norte de nuestra vida?”
Paulo VI, Audiencia del 2 de Agosto de 1978.

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