Haciendo ciudad con historia

Trini Rodríguez Ledesma

Vivir nuestra ciudad es recorrerla calle por calle, respirar su aire, rozar los hombros entre quienes van y vienen. En nuestras actividades cotidianas, acostumbrados a resolver lo apremiante, damos pasos sin observar la cantera de los edificios del centro histórico de Guadalajara que nos cuentan en cada amanecer, quienes los habitaron años atrás.
Podemos mencionar algunos como el antiguo Hospital Civil de Guadalajara Fray Antonio Alcalde, el Santuario de Guadalupe, el Sagrario Metropolitano a un costado de la Catedral de la capital jalisciense, que tienen en común a Fray Antonio Alcalde.

Hacer ciudad con historia, nos lleva a recordar que en 1760, los monjes Betlemitas, quienes administraban el Hospital de San Miguel, ya habían advertido sobre la necesidad de un espacio más amplio y por tal motivo les fueron aprobados los planos de construcción con ideas del arquitecto Leonhard Christian Sturm, con un crucero donde se desprenden 6 salas, como si fuera una réplica de la cruz de la bandera inglesa, relata Mario Paredes en su libro “La Familia Alcalde”. Sin embargo la construcción del nuevo hospital, esperó hasta la aparición de epidemias que golpearon a los indios de la región, y en 1787 comenzaron a levantar la obra del Obispo de Guadalajara.

Pero no era solo un hospital, también se construyó el panteón de Belén y alrededor 16 manzanas con 158 casas que formaron las “cuadritas” Todo con el afán de proteger física y espiritualmente a los más desvalidos. Su constructor, Fray Antonio Alcalde y Barriga, de la Provincia de Castilla la Vieja en la pequeña villa de Cigales cerca de Valladolid, España, se ordenó sacerdote en 1725. El también monje de la calavera, como le llamó el rey Carlos III, fue enviado a la Arquidiócesis de Yucatán, México, donde realizó una gran labor humanitaria con la población maya, en Mérida, Campeche, Valladolid, Bacalar y Tekak.
El 12 de diciembre de 1771 llegó a nuestra ciudad nombrado obispo de la diócesis de Guadalajara de Indias. Un hombre noble y tierno de corazón, un corazón que aún permanece intacto bajo la protección del claustro del Templo de las Capuchinas y que las imágenes podremos ver en un trabajo especial que será transmitido por C7 Jalisco, justo en su 225 aniversario luctuoso, el 7 de agosto, recordando su vida y obra, y aportando nuevos elementos sobre su proceso de canonización.

Cabe mencionar que, por costumbres de la época, así como su corazón, otros órganos como la lengua, los ojos y el hígado del Siervo de Dios, fueron depositados en los templos de Jesús María, Santa Teresa, y el Beaterio de Santa Clara (hoy Palacio Federal). Su cuerpo yace en el Santuario de Guadalupe. Quizás de ahí surge la oración que comienza diciendo: Oh, señora mía, oh, madre mía, me ofrezco enteramente a ti y en prueba de mi filial afecto te ofrezco en este día mis ojos, mis oídos, mi lengua y mi corazón…”

Fuentes: Fray Antonio Alcalde, un tiempo y una vida. Dr. Horacio Padilla Muñoz y Jaime Olveda (1995)
La Familia Alcalde (2da edición 2002) Mario Paredes y María Ramírez.

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