Pbro. Armando González Escoto
Durante varios siglos en el mundo occidental existió un sistema político denominado “estado confesional” por el cual el estado asumía como propia una determinada religión, y se comprometía a salvaguardarla y promoverla desde la estructura misma del gobierno, a lo cual se llamaba también “religión del estado”.
Este sistema mostró con el tiempo sus numerosas limitaciones y fue finalmente abolido y sustituido por el actual “estado laico”. El estado laico es aquel que se mantiene al margen de cualquier religión, renunciando a proteger, privilegiar o favorecer a ninguna, respetando sin embargo la libertad de todos los ciudadanos para elegir y profesar la religión que deseen, y de igual modo, avalando y respetando la libertad que los creyentes tienen para expresar su fe.
En México ha sido bastante difícil entender el significado del estado laico, pues se ha pasado de un estado confesional, típico de la época virreinal, a un estado perseguidor propio de los regímenes dictatoriales; con trabajo ha podido establecerse, de tiempo en tiempo, una sana relación entre el estado y las diversas confesiones religiosas. Lo ordinario ha sido la persecución activa o latente, y la doblez, en buena medida debido a la falta de honestidad del estado mexicano, pues la historia ha mostrado que dicho estado ha mantenido como telón de fondo una actitud permanentemente negativa hacia la Iglesia Católica, por lo cual ha favorecido discreta o abiertamente a cuanta nueva religión ha surgido, siempre y cuando esto ayude a debilitar al catolicismo. Una semejante conducta revela que el estado laico solamente existe en relación con la Iglesia, mientras que con las sectas lo que opera es un estado favorable y protector.
¿De qué otra manera podríamos entender el que una secta religiosa sea favorecida por el gobierno estatal, precisamente por ser una secta? ¿Con base en qué legislación los partidos políticos promueven las candidaturas a diputados procedentes específicamente de esa secta? ¿No viola abiertamente esa acción el pretendido estado laico? ¿Y qué hace en el Congreso estatal un diputado sectario, sino buscar la manera de usar la curul que le pagamos todos, para ir en contra de la Iglesia Católica bajo cualquier pretexto?
En la pasada contienda electoral, tanto el PRI como MC ofrecieron candidaturas a diputados a miembros de dicha secta; no era una acción nueva, el PRI lo venía haciendo habitualmente ¿A cambio de qué?, ¿de votos corporativos?, ¿de aportaciones económicas a las campañas?, ¿debemos pensar entonces que las sectas se prestan a semejantes actos de corrupción a pesar de su pretendida honestidad?
Si es así como las cosas han de manejarse, entonces que se reforme la ley y en delante los congresos se comprometan a otorgar curules “religiosas” para que todas las religiones tengan en el Congreso diputados que velen por sus intereses, como sucede ya con relación a esa secta, pero ¿no sería eso justamente un retroceso en el genuino concepto del estado laico? ¿O ya se legalizó, sin saberlo la ciudadanía, la “secta del estado”?.

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