Al finalizar la Misa que presidió en la iglesia de Santo Spirito in Sassia de Roma, que el Papa San Juan Pablo II instituyó como Santuario de la Divina Misericordia, y antes del rezo del Regina Caeli, el Santo Padre subrayó que la misericordia debe traducirse en “el amor compasivo entre nosotros y hacia todos, especialmente hacia los que sufren, quienes más padecen, quienes han sido abandonado”.
“No es lástima, no es altruismo, sino compasión que procede del corazón. Y la misericordia divina viene del Corazón de Cristo Resucitado. Surge de la herida siempre abierta de su costado, abierta por nosotros, que siempre tenemos necesidad de perdón y de consuelo. La misericordia cristiana inspira también el justo reparto entre las naciones y sus instituciones para afrontar la crisis actual de manera solidaria”, concluyó.

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