Necesitan un cónclave, no un sínodo

Una de las especulaciones, que con el tiempo ha cobrado fuerza, es la tésis de que Benedicto XVI renunció por no poder parar “lo que había dentro” en la Iglesia. Con el Sínodo de la familia se ha abierto la Caja de Pandora.


Los obispos alemanes se han retratado. También los polacos (estos para bien), pero la pregunta de Monseñor Aquila, de Denver es muy pertinente: ¿Acaso la muerte de Tomás Moro y Juan Fisher fue en vano?

La respuesta es no. Porque la Iglesia fiel no piensa cambiar las enseñanzas que le ha legado el magisterio infalible. Pero hay una parte de la Iglesia que ha decidido darle la espalda, y en vez de salirse, ha pretendido ser un cáncer en el Cuerpo Místico.

Y los cánceres se extirpan.

Kasper, Schöborn, Marx y cia no tienen cabida ya en la Iglesia. O por lo menos no la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana. Si quieren ser la NeoIglesia Superguay del Rhin, bienvenidos sean, pero dejen de engañar y malmeter. Todo cuanto hacen para dividir no ha sido nunca más que obra del Demonio.

Creo que partidarios no les faltarían, y creo que ellos mismos serían más felices que intentando cambiar lo que es inmutable.

Han pedido un Sínodo, pero lo que les hace falta un Cónclave, para elegir su antipapa y dejarnos vivir a los Católicos.

Se puede echar en falta un pronunciamiento más firme del Santo Padre, pero no han sido pocos los cardenales y obispos que sí han reafirmado a los fieles en la fe. Sin embargo no es otro que el Papa el que tiene que hacerlo. Los obispos no actúan sino como sucesores de los apóstoles, y es Pedro quien los rige. Pero ¿Qué ocurre cuando Pedro calla?

Pues que los fieles nos acobardamos. Una sensación que me recuerda horrores a los apóstoles en las horas de la Pasión. Solos, sin esperanza, sin nadie que te guíe más que tu fe, que es poca y tenue.

Por eso es importante, en primer lugar que Pedro nos reafirme en la fe. Y en segundo lugar, que se separe el trigo de la paja. Y es mejor que se vayan solos. Un cruce de excomuniones no iba a servir de mucho (fíjense con los Cristianos orientales…) pero que se vayan y funden su club, pues no es solo deseable, además es la única solución para que el depósito de la fe no sea amenazado.

Al menos no por esta clase de individuos, tan dispuestos a plegarse ante el mundo, irónica metáfora del Saruman tolkieniano, vendido al señor oscuro habiendo sido un sabio en el que se confiaba.

+Pax et bonum+

Miguel Vinuesa

 

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