Aquí encontró la fuerza Cardenal en dura época como misionero en Colombia

, 08 Sep. 21 (ACI Prensa).- El Cardenal Gerald Cyprien Lacroix, Arzobispo de Quebec (Canadá) intervino el pasado 7 de septiembre en el Congreso Eucarístico Internacional que está teniendo lugar en Budapest (Hungría).

En su exposición, el Cardenal aseguró que es más apropiado decir “¿quién es la eucaristía?” más que "¿qué es la Eucaristía?” También animó a reflexionar sobre su poder como educador y fuente de paz y reconciliación en nuestras vidas.

En ese sentido, el Cardenal sugirió “colocar a Jesús en el centro de nuestra meditación designándolo como ‘Cristo Eucaristía’”.

“Jesús ofrece su propio Cuerpo y Sangre como alimento que da vida porque brota de lo más profundo de su propio corazón divino y del amor infinito y misericordioso de Dios nuestro Padre. Es inagotable, interminable, eterno y se ofrece gratuitamente a todo aquel que tenga hambre y sed de paz. Por naturaleza, la Eucaristía es el sacramento de la paz”, aseguró en su catequesis el Cardenal. 

Por eso, destacó “el encuentro con Cristo en la Eucaristía es fuente de paz, ya que nos permite aprender a experimentar la Eucaristía como una gran escuela de paz. Nuestra comunión con Cristo en su Palabra, en el pan eucarístico, aviva el amor necesario para sanar la brechas con nuestros hermanos y hermanas. También activa la energía para emprender la misión y construir un mundo de paz”. 

El Cardenal explicó su experiencia como misionero en Colombia, en donde estuvo 9 años. 

“El primer año que fui pastor, 35 feligreses fueron asesinados en el pueblo principal de 1700 personas”, aseguró.

Ante esta tremenda situación, el Cardenal aseguró que “durante muchos años de mi ministerio me sentí abrumado por la situación y me pregunté cómo podía vivir en medio de tanto estrés y tensión”. 

“En la celebración de la misa diaria encontré la paz interior y la fuerza para seguir sirviendo y amando a los fieles que me habían sido confiados. Orar con los fieles, escuchar juntos la Palabra de Dios, recibir la Santa Comunión me renovó, nos renovó cada día y nos dio la fuerza y el coraje para continuar nuestro camino”, destacó.

Además subrayó que “sin una relación personal y comunitaria con Jesús no podría haber sobrevivido y lo más probable es que me hubiera rendido y escapado”. 

“Recuerdo muchos días viniendo a la Eucaristía abrumado e imponente, sin saber cómo seguir mi ministerio y saliendo renovado y lleno de la fuerza que sólo puede venir del Señor. ¡Todas nuestras fuentes están en Él! La presencia del Señor entre nosotros es en lo que confiamos para vivir y dar testimonio del Evangelio y enfrentar los desafíos que la vida nos presenta”, afirmó el Cardenal Lacroix.

“El Espíritu de Jesús no cae sobre nosotros como en la conmoción de una ráfaga de viento. En cambio, elige habitar discretamente nuestros corazones y delicadamente se invita a sí mismo a nuestro mundo”, explicó el Cardenal.

Y destacó que a medida que desarrollamos la historia de nuestras vidas, todos podemos reconocerlo en muchos de esos momentos en los que silenciosamente desempeñó el papel principal.

“Gracias a Él, personas inspiradoras se han cruzado en nuestros caminos, se han resuelto problemas graves, se han reevaluado las prioridades, se han revalorizado nuevas avenidas hacia más alegría y amor, la serenidad ha llegado a anidar donde abundaban las ansiedades. Esa es la obra discreta pero eficaz del Espíritu Santo en nuestras vidas”, afirmó.

“El mayor premio de reconocimiento que podríamos conferir a Cristo en la Eucaristía por el calor de su presencia y la perseverancia de su apoyo es dejarlo guiarnos en todas las regiones donde esperamos y necesitamos”, animó.

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