Martha Elena Vallejo Macías*
Al mediodía del 19 de marzo del año que corre, 2019, quien esto escribe tomaba parte en una ceremonia muy concurrida, en la Sala de Cabildos de la Presidencia Municipal de Guadalajara, que convocó la Comisión Edilicia de Cultura, que preside el regidor Hilario Alejandro Rodríguez Cárdenas.
En el acto, se recordaron las hazañas que en su tiempo se echó a cuestas el obispo Alcalde para dejar cimentado el humanitarismo y el humanismo en la que entonces era capital del Reino de la Nueva Galicia y hoy lo es del Estado de Jalisco.
Casi al mismo tiempo y a escasos 50 metros al oriente de donde estábamos, en el espacio público que forman el Paseo Fray Antonio Alcalde y la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres, el escultor Alfredo López Casanova y las señoras Sofía Ávalos Ornelas y Virgilia García García, removían del retrato en bronce del fraile, apenas develado en ese lugar el 5 de diciembre del 2018, en el último acto como Gobernador de Jalisco de Jorge Aristóteles Sandoval Díaz, una capa que ocultaba las inscripciones “Jalisco tiene 6,503 desaparxcidos (sic)”, “Memoria, verdad y justicia”, “Porque vivos se los llevaron, vivos los queremos” y “No son 3 somos todxs (sic)”, respectivamente.
Deliberando lo ocurrido en una asamblea extraordinaria convocada el 22 de marzo, los Amigos del Paseo Fray Antonio Alcalde, A. C., me encomendaron entrevistar, en mi calidad de Presidente de la asociación, a uno de sus fundadores, don J. Guadalupe Dueñas Gómez, actor de la causa de canonización del Siervo de Dios, párroco del Santuario de Guadalupe y miembro del Cabildo Eclesiástico de Guadalajara.
El señor canónigo J. Guadalupe Dueñas Gómez nació en Tala, Jalisco, hace 71 años, es presbítero del clero de Guadalajara desde hace 42; luego de ser formador en el Seminario Conciliar atendió las parroquias de El Señor de los Milagros, en la colonia San Pedrito, la del Dulce Nombre de Jesús, de Santa María Magdalena, en la colonia Polanco y desde hace 6 años la del santuario de Guadalupe.
MV
¿Cuál es su opinión acerca de las inscripciones apenas descubiertas en la escultura de Fray Antonio Alcalde apenas instalada en la Rotonda de los Hombres Ilustres?
GD
Que forman parte de un acto que tiene muchas lecturas que resumiría en cinco sustantivos: impotencia, desconcierto, provocación, reacción y consecuencias.
Lo primero alude al malestar social que compartimos quienes somos testigos impotentes de la descomposición social que viene degradando la calidad de vida de los mexicanos desde hace varios años, provocada por la incapacidad de las autoridades públicas para sanear las corruptelas que atrofian la gestión de quienes tienen la encomienda de tutelar el sistema jurídico y administrativo del Estado, multiplicando con ello el ascenso del hampa y del crimen organizado.
El desconcierto proviene de la sensación común de sentirnos a la deriva, sólo esperando el momento en el que nuestra vida cambie para siempre si tiene la mala fortuna de toparse con los malhechores, y la parálisis que esto provoca en los órdenes económico, político y cultural.
Provocación fue lo que buscó y obtuvo el escultor Alfredo López Casanova con un gesto insólito para el ámbito y la personalidad involucrada, la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres y la figura del mayor benefactor que ha tenido Guadalajara en su historia.
Las reacciones han sido dos: de malestar por parte de quienes consideran el acto como oportunismo, pues con dinero público se financió un trabajo que ocultaba mensajes de reproche a quien lo solicitó y de reconocimiento a los que en el marco del primer aniversario de la desaparición de tres estudiantes de cine claman para que esto no siga pasando.
Las consecuencias nos interpelan a todos, de forma muy señalada a los que podemos o demos retomar el legado humanitario y humanístico de fray Antonio Alcalde.
MV
A ese respecto, y como actor de la causa de canonización de fray Antonio Alcalde, ¿Cuál es su postura?
GD
Los que señala en sus últimos tres párrafos el primer comunicado del escultor López Casanova, quien, ha dicho, nunca ha querido denigrar o hacer mofa de fray Antonio, sino apelar a su talante misericordioso para recordarlo como el actor social que no se cruzó de brazos ante las tragedias del pueblo.
Sus imputaciones, muy fuertes para quienes encabezan hoy el poder ejecutivo en Jalisco y el municipal en Guadalajara, son para que de inmediato actúen para frenar esa sangría: “Fray Antonio Alcalde desde hoy les cuestionará a ustedes su desdén, su indiferencia e irresponsabilidad por no hacer frente a la grave crisis de los derechos humanos (para mi es terrorismo de estado) por el que pasa Jalisco”.
Y añade luego una parte que nos involucra a todos, comenzando por él, que se define como luchador social: “A la sociedad, fray Antonio Alcalde nos cuestionará nuestra incapacidad para organizarnos y falta de solidaridad para caminar con las familias que buscan a los suyos que debemos hacer nuestros para que acabe esta pesadilla”.
Se trata, pues, de un estímulo a ser congruencia con un malestar social que no debemos seguir simulando solidarizándonos de forma activa con quienes lo sufren, como en su tiempo lo hizo fray Antonio, que dotó de vivienda a las personas en situación de calle, de educación a los niños y jóvenes, de comida a los hambrientos, de atención médica a los enfermos y trabajo a los desempleados.
Responder al desafío de López Casanova nos orilla a plantearnos todos y muy puntualmente la Arquidiócesis de Guadalajara: ¿Cómo afrontaría fray Antonio Alcalde una hecatombe como lo es la lista de 40 000 desaparecidos en México, las cientos de fosas clandestinas sembradas por doquier y los 26 000 cadáveres sin identificar bajo resguardo de los servicios forenses en el país? No se cruzaría de brazos, ciertamente.
*Presidente de Amigos del Paseo Fray Antonio Alcalde, A.C.

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