Qué placer debe ser viajar con alguien como Alberto Manguel. ¿Cómo sería viajar con Marguerite Yourcenar, Robert Graves, Flaubert, Borges? Comer con ellos y comentar lo hecho en el día. Ver con ellos una estatua y escuchar sus comentarios.
Pero los grandes hombres, cuya compañía es el 90% del placer de un viaje, no abundan. Al final, tenemos (al menos eso) la capacidad de salir de nuestro mundo, de nuestro mundo de rutinas, de escritura, de recorridos habituales, y sumergirnos en otra burbuja, en otro microcosmos. Cada ciudad es un microcosmos, cada ciudad es un mundo.
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