Por Belén H, corresponsal de Infovaticana en Tierra Santa
A las once menos cuarto de la mañana, la plaza del Pesebre de Belén ha roto en aplausos, gritos de bienvenida y vivas al Papa.El papamovil entraba en la plaza, donde los fieles le esperaban desde tempranas horas de la mañana.
Venidos de todas partes de Tierra Santa y del mundo entero, algunos llevaban ya varios días en Belén. Otros, como los de Nazareth, han hecho camino por la noche para llegar de madrugada a la plaza donde se ha celebrado la Misa. Las banderas y los trajes, como los llamativos saris de las indias, nos han permitido ir adivinando procedencias de todo el globo, desde Cuba hasta Filipinas pasando por Etiopía, México y diferentes paises de Europa. También los árabes de Medio Oriente se han hecho presentes ondeando banderas de Líbano, Egipto y Siria.
La Misa que se ha celebrado ha sido la de Navidad, por encontrarnos en el lugar de la Natividad. La imagen que ha servido de retablo representaba precisamente la escena de la cueva de Belén, donde la Sagrada Familia recibiendo la visita de Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI.
También los cantos entonados por el coro iban a tono con este tiempo litúrgico. La ceremonia ha sido en varios idiomas, predominando el árabe y el latín en las partes oficiadas por el Santo Padre. Los fieles que no comprendían estas dos lenguas han podido seguir las lecturas a través de un libro con traducciones. Las peticiones se han formulado en diferentes lenguas, incluyendo el tagalo, haciendo honor a la gran cantidad de filipinos presentes en la ceremonia. La mayoría de ellos trabajan en Israel, donde son muy apreciados en el ciudado de personas mayores.
En sus últimas palabras antes de concluir la Misa, el papa ha ofrecido su casa del Vaticano a Abu Mazen y Peres, presidentes de la Autoridad Palestina y del estado de Israel respectivamente, para reaunudar las conversaciones de paz. Un gran aplauso ha seguido a estas palabras. En el momento de la bendición final, el moazin ha comenzado a llamar a la oración desde la mezquita que domina el lado opuesto de la plaza. Pero en ese momento, la creciente ebullición ha terminado de explotar: la despedida final ha sido tan ruidosa que no se le ha oído.
Al finalizar la ceremonia, la atmósfera reinante era de fiesta. Muchos hemos buscado sombras donde comer, haciendo tiempo mientras el Papa comía también para poder verle cuando saliera del recinto. Y así ha sido: sobre las tres y cuarto ha empezado a haber movimiento procedente de la Basílica. Ya antes los soldados, pieza clave en la organización de estas multitudes, habían cerrado el camino con vallas. El Papa ha pasado en coche cerrado, saludando a quienes le esperábamos. Detrás de él, coches y furgonetas llenas de sonrientes obispos que también saludaban.
La organización, las fuerzas de seguridad, ejército y policía, han contribuido enormemente con su trabajo a que este evento fuera posible. Las palabras de un soldado, musulmán, en las que expresaba su contento con la venida de Papa, han sido la mejor manifestación de diálogo interreligioso y de las esperanzas puestas en la visita del Santo Padre.
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