Obispos anuncian Año Jubilar por 500 años de la conversión de San Ignacio de Loyola

, 30 Jul. 21 (ACI Prensa).- 15 obispos en España publicaron la carta pastoral “Hago nuevas todas las cosas”, por los 500 años de la conversión de San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús (Jesuitas), y en la que llaman a los fieles a convertirse al Señor y anuncian un Año de Conmemoración Jubilar del 1 de enero al 31 de diciembre de 2022.

Los obispos firmantes lideran las diócesis que están en el camino que hizo San Ignacio entre Loyola y Manresa hace cinco siglos. 

Entre los firmantes están el Cardenal Juan José Omella, Arzobispo de Barcelona; Mons. Francisco Pérez González, Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela; Mons. Carlos Manuel Escribano Subías, Arzobispo de Zaragoza; Mons. José Ignacio Munilla Aguirre, Obispo de San Sebastián; Mons. Eusebio Hernández Sola, Obispo de Tarazona; y Mons. Ángel Pérez Pueyo, Obispo de Barbastro Monzón.

“Como pastores de las archidiócesis y diócesis por las que pasa el Camino Ignaciano, queremos hacernos eco de la celebración que está realizando la Compañía de Jesús desde el pasado 20 de mayo, fecha en la que arrancaba el Año Ignaciano y que se prolongará hasta el 31 de julio de 2022”, afirman los obispos al iniciar su carta.

“Su fin no es otro que el de conmemorar los 500 años de un momento decisivo de la vida de San Ignacio de Loyola: su conversión acaecida durante su convalecencia y recuperación, tras ser herido en una pierna en la defensa del castillo de Pamplona, así como su peregrinación y estancia en Manresa”.

El 25 de marzo de 1522, Ignacio de Loyola bajó de Montserrat a Manresa donde vivió 11 meses, que fueron para él una especie de noviciado. Por ello, la expresión "ir a Manresa" significa para los jesuitas una peregrinación a las fuentes de su historia y espiritualidad. Ellos consideran a esta ciudad como la cuna de la orden jesuita. 

“Recordar la conversión de San Ignacio puede ser una oportunidad para acercarnos a Dios que escribe recto, por más que los renglones se rebelen y a veces se nos tuerzan. Él sabe hacer nuevo todo, incluso nuestras vidas”, destacan los obispos en su carta pastoral.

Los obispos indican que la herida que el santo tenía en la pierna “le abrió los ojos a Ignacio para poder percibir otra herida aún más profunda; la herida que el pecado ha generado en el corazón humano y que solo puede ser cauterizada por el fuego del Espíritu Santo”.

Los prelados señalan que “en el momento más humanamente difícil de su vida es cuando, por primera vez con plena consciencia, San Ignacio descubre a Cristo. Un Cristo que le ayudará a discernir el valor y el sentido de su vida y a cambiar la espada por la Palabra, el ardor en la lucha por el amor entrañable y fraterno, la armadura por la fuerza de la fe, el brillo fugaz de la fama por la llama de amor viva”.

“La conversión de san Ignacio nos recuerda que Dios quiere invitarnos a conversiones diversas, tocadas de sorpresa e imprevisión. Lo ha hecho hasta ahora y lo seguirá haciendo. Dios sale como el sol cada mañana a mostrarnos la vida que se estrena como estrena su amor. ¿Cómo negarnos a un amor así?”, prosiguen.

La conversión de cada uno

En su carta pastoral, los obispos afirman que al mirar hacia adelante en el mundo actual “nos vamos poco a poco convenciendo de que depende solo de nosotros aquello que nos conduce a un futuro mejor. La tecnología actual, inimaginable para generaciones pasadas, genera el espejismo de que ningún proyecto es ya inalcanzable”.

“Participamos de la opinión extendida de que cambiaremos el mundo no solo parcial, sino totalmente, en la medida en que nos proveamos de los medios adecuados. Se nos olvida la primera parte del ‘a Dios rogando y con el mazo dando’ de nuestro viejo refrán popular”.

Los obispos explican que el proceso de “conversión interior no es cómodo; exige sacrificio, implica que no estemos centrados exclusivamente en nosotros mismos. Pero nos resistimos a abandonar el área de nuestro interés y confort para aproximarnos gratuitamente al otro”.

“La experiencia ignaciana pone el acento en lo que es característico de toda conversión cristiana: una transformación que se despliega desde dentro, desde lo más íntimo, que nos afecta integralmente, que nos implica a fondo y para siempre”.

Los obispos recuerdan luego que “solo desde esa transformación interior en Cristo podemos ser sal de la tierra y luz del mundo, un mundo que padece hambre y sed de justicia, de fraternidad, de trascendencia, de esperanza”.

“Jesús no es una consigna, ni una ideología, ni un programa abstracto. Jesús es una Persona que nos propone una relación que puede transformar radicalmente nuestra existencia y nuestra condición”, aseguran.

“Cristo es la luz y es la mirada limpia, es quien ve y quien nos ayuda a ver las cosas, las personas en su realidad más pura y más auténtica. Él mira con amor y solo el amor ve y ayuda a ver con transparencia. Y nos envía a ser, como Él, luz en el mundo, un mundo que es la casa de todos, nuestra casa”.

Año Jubilar

En comunión y como continuación del espíritu que alienta la celebración del Año Ignacio entre el 20 de mayo de 2021 y el 31 de julio de 2022, los obispos anunciaron un Año Jubilar todo el 2022.

“Para subrayar vivencialmente esta dimensión del San Ignacio peregrino, hemos dispuesto que se celebre en 2022 un Año de Conmemoración Jubilar a lo largo del Camino Ignaciano, entendido como experiencia continuada de los Ejercicios Espirituales, que transcurrirá del 1 de enero al 31 de diciembre del año 2022”.

Los prelados resaltan que “creer es peregrinar, partiendo de cuanto sucede a nuestro alrededor, de cuanto está reclamando cambio; pasando también y principalmente por las transformaciones interiores de nuestra persona, para poder ser cada día un poco más ese fiel reflejo de Cristo que llena de esperanza el mundo que habitamos y lo abre a la esperanza de la Vida eterna”.

“Creer es compartir lo que creemos, vivimos, celebramos: el amor de un Dios Padre que nos ha hecho sus hijos en Jesús, nuestro hermano. Y esto exige vivir y crecer amorosamente cada día, en esta gran familia universal”.

Para concluir, los prelados afirman que “quizás por esa razón san Ignacio tuviera una especial devoción a la Virgen de la Estrada, la del Buen Camino. Nuestra Señora estuvo presente en los albores de su conversión en Loyola y Montserrat susurrándole al oído lo que canta el salmista: ‘Encomienda al Señor tu camino, confía en Él, que Él actuará’”.

Puede leer la carta completa AQUÍ.

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