Me han pedido que comente en el blog un artículo reciente de D. Jairo del Agua en Religión Digital, en el que ese ilustre bloguero despotrica contra el Antiguo Testamento. Francamente, mi primer impulso habría sido reírme de tanto despropósito y olvidarme de ello, pero parece ser que conviene que alguien lo rebata y lo ridiculice como se merece.
Como siempre, mis comentarios están en rojo. Esos comentarios, necesariamente, son bastante duros, porque el artículo original no sólo está lleno de errores, sino que también rebosa rencor contra la Iglesia y desprecio por su enseñanza. Pocas cosas hay que resulten tan patéticas como el profetismo de tres al cuarto que se erige en maestro y doctor por encima de la Iglesia y contra ella, sin basarse en nada más que en las modas del momento y en la propia ignorancia.
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¿Por qué nuestra Iglesia nos miente? - (Indignación de un católico en busca de conversión)
[Para evitar malentendidos, conviene señalar que el “en busca de conversión” del título significa conversión de la Iglesia, no del interesado, como siempre sucede en las argumentaciones heterodoxas. En lugar de aprender de la Iglesia, Madre y Maestra, se le explica a la Iglesia que tiene que cambiar sustancialmente, para ajustarse a la última moda del momento]
Quizás nunca haya empezado a escribir con tanta desgana, tanta vergüenza y tanto dolor. Porque sé que me calumniarán, me apedrearán, [Éste es el conocido argumento victimista: se intenta evitar cualquier crítica descalificando a priori a cualquier persona que opine distinto que el autor, acusándola directamente de calumniadora, apedreadora, etc., sin que haya hecho nada para merecerlo] querrán sacarme fuera de la Iglesia que amo, a pesar de sus andrajos [Yo no dudo que Jairo del Agua crea subjetivamente que ama a la Iglesia, pero parece evidente que alguien que ama a la Iglesia tiene que amar su doctrina, porque de otro modo parece más bien que ama una iglesia imaginaria que sólo existe en su cerebro. De todas formas, no tiene que preocuparse, porque nadie puede sacarle de la Iglesia. A fin de cuentas, es una imposibilidad metafísica sacar a alguien que ya se ha salido él mismo con sus palabras]. Pero tengo todavía muy cerca el ejemplo de coherencia de Aquél que no huyó de ser crucificado. Por eso no puedo, no debo callar [Teniendo en cuenta que lo que hace este texto es crucificar a la Iglesia, llamándola mentirosa, andrajosa, proclamadora de patrañas, provocadora de náuseas, sacrílega, ciega, incoherente, esclerótica, atrapada en las sombras del pasado, que vive en la tiniebla… no se entiende por qué es el autor quien se identifica con Cristo crucificado].
Celebré la Vigilia Pascual en una pequeña parroquia en la que no faltaron tantas campanillas como asistentes y una ejemplar fraternidad. Regresé a casa pronto, puse la televisión y me encontré con “el directo” de la Vigilia en la catedral madrileña. Toda una legión de concelebrantes y el Arzobispo al frente con su corona, su cetro y su trono [Los católicos llamamos a eso “mitra” episcopal, “báculo” pastoral y “sede” para enseñar en nombre de Cristo. Cuando uno lo interpreta todo erróneamente en términos de poder es que usa los criterios del mundo y no los de Dios]. Hasta ahí casi todo alegría y gozo apoyados por un estupendo coro.
Pero cuando escuché la potente voz del lector que proclamaba: “Dios le dijo: Toma a tu querido hijo único, a Isaac, y vete al país de Moria y ofrécemelo allí en sacrificio en uno de los montes que yo te indicaré…” (Gen 22,2), no pude contenerme y grité: ¡Mentira, mentira, mentira! [Lo que decimos los católicos después de una lectura del Libro del Génesis es “Palabra de Dios. Te alabamos, Señor”. Los que no son católicos pueden decir lo que quieran, claro] Con razón, en la humilde parroquia a la que asistí, omitieron esa lectura.
¿Cómo es posible que, a estas alturas, se proclamen ante el Pueblo de Dios estas palabras blasfemas? [¿La Palabra de Dios es “palabras blasfemas”? Lo que hay que oír] ¿Hay algo más blasfemo que equiparar al Dios de los cristianos con un “ídolo tentador y parricida"? [Llamar a Dios, tal como aparece en el Antiguo Testamento, ídolo tentador y parricida no es algo nuevo, aunque D. Jairo se sienta innovador y progresista cuando lo dice. Es algo que defendió ya uno de los herejes más antiguos, Marción, para el cual había que distinguir el “Dios misericordioso” del Nuevo Testamento y el “malvado demiurgo” del Antiguo Testamento. Para entender la barbaridad de lo que defendía este hereje, creo que basta recordar que San Policarpo de Esmirna, discípulo directo de San Juan, le amonestó públicamente como “primogénito de Satanás”] ¿Cómo es posible que en una Iglesia con tantos varones eminentísimos, ilustrísimos, excelentísimos, doctores y monseñores se nos hagan tragar estas patrañas del AT? [Veamos qué dice el malvado y oscurantista Concilio Vaticano II sobre el tema: “La santa madre Iglesia, según la fe de los Apóstoles, reconoce que todos los libros del Antiguo y del Nuevo Testamento, con todas sus partes, son sagrados y canónicos, en cuanto que, escritos por inspiración del Espíritu Santo, tienen a Dios como autor, y como tales han sido confiados a la Iglesia” (DV 11). Pero claro, para D. Jairo son patrañas] ¡No lo entiendo, no lo puedo entender! [No me extraña, la verdad, que no lo entienda. Pero cuando uno no entiende algo por falta absoluta de formación y por no compartir la fe de la Iglesia, quizá lo que tendría que hacer es reconocer la propia ignorancia y aprender de la Iglesia de Cristo, en lugar de pretender enseñar a la Iglesia lo que debe creer]
Hace unos días, se ha producido un horrendo parricidio en mi ciudad. Un padre ha matado a su bebé de 19 meses (con parecido cuchillo al de Abraham) y ha herido al otro hijo de 5 años. ¡Qué coartada más sublime tiene este monstruo y su abogado! (Es que oyó la voz de “dios” para que le ofreciera a sus dos hijos. Se trata de un hombre muy religioso, muy fiel y virtuoso que solo pretendía cumplir la “voluntad de dios"). [Es una vergüenza contar esto así. No se trata de una historia de un hombre religioso, fiel y virtuoso, al que los engaños de la Iglesia y de la lectura bíblica del sacrificio de Isaac han llevado al asesinato, sino de un pobre enfermo mental, probablemente esquizofrénico, que ha matado a su hijo en un brote de locura. Pretender que esto tiene algo que ver con Abraham es absurdo].
¿Pero nos damos cuenta de las barbaridades que proclamamos en nuestras iglesias? [No, pero me doy cuenta de las barbaridades que se proclaman a la ligera en algunos blogs] Es contrario a la esencia del Dios único y verdadero que pueda ser inductor de un parricidio. El Dios de la Creación que proclamamos en la Vigilia Pascual no puede ser el mismo que, a renglón seguido, se convierte en un “dios tentador” que exige la vida del hijo, del único hijo. [Je, je. El “Dios de la Creación” es literalmente el “Dios de Abraham, Isaac y Jacob”, porque tanto la creación como el sacrificio de Isaac se relatan en el mismo libro, el Génesis, pero D. Jairo acepta las partes que le gustan del Libro del Génesis y rechaza las que no le gustan]
Y lo hemos proclamado a todos los vientos y en todos los países. Y lo hemos divulgado por televisión para que se entere el mundo entero de cuál es nuestra fe y nuestro “dios". No puedo siquiera recordarlo porque se me revuelve el estómago y la cabeza se me voltea. [Un poco de bicarbonato y arreglado]
Si un “dios de esa calaña” [y otra blasfemia de D. Jairo] fuera el de los católicos yo saldría corriendo hasta el infinito [pues permítame que le aconseje comprar unas buenas zapatillas de deportes, porque digo yo que más sabrán la Iglesia, la Tradición, la Escritura, los Apóstoles, los Padres de la Iglesia, los Doctores y los Santos sobre quién es Dios que D. Jairo]. Pero NO, el Dios amante y amado NO se parece en absoluto a ese monstruo. ¿Entonces por qué nos mienten? ¿Por qué nos escandalizan? [En el caso de D. Jairo, la Iglesia le escandaliza constantemente siguiendo el ejemplo de Cristo, que fue “piedra de escándalo” para los que iban por el camino de la perdición. Y la Iglesia le escandaliza para que deje de una vez ese camino que aleja de la auténtica fe y vuelva al camino de la vida] ¿Por qué niegan al Dios verdadero? ¿Quién o quiénes son los responsables? [No sé, ¿el Espíritu Santo que inspiró a los autores sagrados quizá?]
Desde hace muchos años los mejores exégetas cristianos y judíos [je, je, je. Tiendo a pensar que D. Jairo no reconocería un buen exegeta aunque le estuviera golpeando en la cabeza con un códice miniado] vienen explicando que Abraham se sintió influenciado por las religiones de pueblos que ofrecían sacrificios humanos a sus “dioses". Pudo suceder -si esta leyenda no es puro mito- que Abraham imaginara que el sacrificio de lo más querido era la prueba suprema de sumisión al Dios único. [Interesante teoría, salvo por el pequeño detalle de que no tiene absolutamente nada que ver con el texto bíblico y se apoya, únicamente, en la imaginación de D. Jairo. Como es lógico, Dios tuvo en cuenta el contexto en el que vivía Abraham y su historia de salvación con él, entre otras cosas, le diferencia de los ídolos, pero de ahí a afirmar que la historia de Abraham es mera leyenda o puro malentendido hay un abismo]
Los sacrificios humanos han sido costumbre permanente de una humanidad bárbara. ¡Pero si hasta hace menos de quinientos años se ofrecían crueles sacrificios de niños y vírgenes en el continente americano! ¡Si, hoy mismo, hay religiones en las que matar a un enemigo es pasaporte seguro para el cielo! [Y, curiosamente, quien hizo que dejaran de ofrecer esos crueles sacrificios en el continente americano fue la misma Iglesia que proclama periódicamente el texto de Abraham y el sacrificio de Isaac. Según la teoría de D. Jairo, al llegar a América, los misioneros habrían tenido que remangarse la sotana y preguntar si había cuchillos de sobra para participar ellos también en la matanza. Que sucediera exactamente lo contrario nos indica, quizás, que la teoría de D. Jairo no pasa de ser un despropósito]
Por eso no culpo a Abraham por dejarse influenciar del “ambiente humano” de su tiempo y tener imaginaciones tétricas. Denuncio a los que hoy, después de la revelación de nuestro Señor Jesucristo, nos obligan a proclamar “mentiras” y nos ponen como ejemplo de vida monstruosos errores de personajes del AT. [Ya que a D. Jairo no le gusta el Antiguo Testamento, veamos que dice el Nuevo Testamento sobre el tema, “después de la revelación de nuestro Señor Jesucristo”. Por ejemplo, la carta a los Hebreos: “Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito” (Hb 11,17). ¡Vaya! Cualquiera diría que el Nuevo Testamento también piensa que el Antiguo Testamento es Palabra de Dios, igual que enseña la Iglesia. Cualquiera diría que la Iglesia de todas las épocas habría considerado blasfemas y heréticas las afirmaciones que hace D. Jairo sobre el AT. ¿O es que el Nuevo Testamento también “proclama “mentiras”” y nos pone “como ejemplo de vida monstruosos errores de personajes del AT”.]
La gran lección que recibió Abraham ese día fue: “El Dios único al que honras no admite sacrificios humanos, como los ídolos de los pueblos que te rodean". [En realidad, es lo contrario. Lo que aprendió fue que Dios proporcionaría el Cordero para el sacrificio, porque todo sucedió como imagen para nosotros, a los que nos ha tocado vivir en la última de las edades. El sacrificio de Isaac anuncia que Dios, para liberar al esclavo, sacrificaría a su Hijo. Es decir, prefigura el núcleo de nuestra fe. Pero me parece recordar que a D. Jairo, según indicó en otro artículo, tampoco le gusta nada el núcleo de nuestra fe, así que no es extraño que rechace indignado su prefiguración] Cometió un gravísimo error, lo supo reconocer [De nuevo, algo ajeno al texto bíblico y basado únicamente en la imaginación de D. Jairo] y no lo volvió a intentar. Lo dicen hasta rabinos judíos muy ilustres. ¡Es de puro sentido común! ¿Qué “dios” puede ordenar un parricidio más que un “ídolo fantasmal"? [Abraham es “nuestro padre en la fe” porque se fió de Dios y le obedeció, “¿No fue nuestro padre Abraham justificado por sus obras, y por las obras su fe se hizo perfecta?” (St 2,22). En el episodio del sacrificio de Isaac, Dios enseña algo fundamental a Abraham (y a nosotros): la vida es de Dios y todo en ella, incluido lo que uno más ama, como los hijos, también le pertenece a Dios. Para la mentalidad pagana (y, me atrevería a decir, para la de D. Jairo), eso es una barbaridad, porque nadie me puede decir lo que tengo que hacer con mi vida y los dioses, si existen, están para servirme de ellos y comerciar con ellos para obtener lo importante a cambio de otras cosas secundarias (como, por ejemplo, sacrificando a mis enemigos o animales). En cambio, Dios revela a Abraham que su majestad es absoluta. La adoración de Dios se justifica en sí misma y no es un medio para conseguir otras cosas. Somos suyos y estamos llamados a amarle con todo el corazón, con toda el alma y con todas las fuerzas. No es otro idolillo más con quien podamos negociar. Sin embargo, una vez que Dios revela que Él es el Dios único y verdadero, Señor de todas las cosas, no se queda ahí y también le muestra a Abraham que esa soberanía absoluta sobre el hombre, obra de sus manos, la usa para el bien del hombre, para darle vida y no para quitársela. Nuestra vida es suya, sin condiciones, pero él nos la regala porque nos ama como a hijos, porque Dios amaba a Isaac mucho más de lo que Abraham pudiera amarlo. Es decir, Dios no es un ídolo más, pero benévolo, que en lugar de pedir sacrificios no los pide, sino que es mucho más que los ídolos: es el único que tiene auténtico derecho a la entrega de la vida por parte del hombre y también es el único que puede darle al hombre la verdadera vida. Por eso, el sacrificio de Abraham prefigura el sacrificio de Cristo en la Cruz, por eso Isaac, que va voluntariamente a donde le lleva su padre, prefigura a Cristo, que da la vida voluntariamente, por eso el cordero proporcionado por Dios es imagen del Cordero sin mancha que quita el pecado del mundo].
El AT está lleno de inspiraciones divinas, sin duda. Pero también de errores, horrores, mentiras y perversiones. Eso de la “inerrancia” de la Biblia es insostenible para el que solo la haya hojeado. [En efecto, se nota que sólo la ha hojeado. Vamos a ver de nuevo qué dice el retrógrado Concilio Vaticano II sobre el tema: “Como todo lo que los autores inspirados o hagiógrafos afirman debe tenerse como afirmado por el Espíritu Santo, hay que confesar que los libros de la Escritura enseñan firmemente, con fidelidad y sin error, la verdad que Dios quiso que se consignara en las sagradas letras para nuestra salvación” DV 11] Y eso no le quita ni un ápice de su valor porque se ve, con meridiana claridad, el contraste de un pueblo bárbaro con el Dios único y amante. No hay más que dejarse sentir, por ejemplo, las lecturas de los Profetas en esa misma Vigilia Pascual [Es decir, D. Jairo, por la autoridad divina que le ha sido conferida, decide qué partes de la Biblia son buenas y qué partes no, porque él lo vale. En vez de recibir la Revelación de Dios en la Escritura y la Tradición, lo que hace D. Jairo es revelarle a Dios cómo debe comportarse].
Los escritores bíblicos no tuvieron seguramente intención de mentir [¡Qué majete es D. Jairo, que reconoce que los autores sagrados no eran tan malos!], aunque sí exageraron lo que convenía para movilizar a un pueblo “duro de cerviz” [Vaya, qué poco ha durado. “Exagerar para” es lo que, en lenguaje normal, se llama mentir. O sea, que para D. Jairo la Biblia miente, la Palabra de Dios miente, la Iglesia miente… vamos, que todo el mundo miente menos él]. La ignorancia de su época y su cultura teocrática les indujo a pensar que todo era mandato de Dios o eso era lo que convenía hacer creer al pueblo. [Oír hablar a D. Jairo, que aparentemente cae en todos los errores de su época, hablar despectivamente de la “ignorancia de su época” resultaría cómico, si no fuera tan triste. Por no hablar de que, de nuevo, acusa a la Escritura de mentir, porque “eso era lo que convenía hacer creer”]
Nosotros sabemos hoy mucho más sobre Dios y la Creación [Impresionante este tic de mirar por encima del hombro a las épocas anteriores. Por supuesto, donde dice “nosotros” hay que entender “yo”, es decir, D. Jairo, porque todo el que no coincide con él, incluida la Iglesia, miente, es un ignorante, engaña, yerra, está pervertido y blasfema]. No podemos excusar nuestra responsabilidad sobre lo que se puede difundir y lo que hay que olvidar. En la Biblia no todo es comestible, especialmente para la mayoría que no sabe cocinar y se traga la letra sin masticar. Lo vieron claramente nuestros antepasados que la tuvieron prohibida muchísimo más tiempo del que lleva abierta [Es gracioso ver a D. Jairo mostrarse partidario del índice de libros prohibidos. Desgraciadamente, en lugar de como una herramienta para advertir sobre los libros contrarios a la fe, le gustaría imponerlo como una censura de cualquier cosa que, esta semana, sea políticamente incorrecta].
¿Se puede hoy pensar que la “ley del exterminio” era orden del Padre de Jesús, que la tierra es plana o que el sol gira alrededor de la tierra? [¿Qué tendrán que ver la tierra y el sol con nada? Y si estudiara un poquito en vez de tanto discursear sobre lo que ignora, D. Jairo se enteraría de que la ley del exterminio, como él la llama, era una fórmula estereotipada de la época, que no se entendía literalmente, como muestra claramente el hecho de que los pueblos vencidos consagrados al exterminio vuelven a aparecer posteriormente en la Escritura]
¿Acaso no es hoy [Je, je. “Hoy”. Por si no había quedado bastante clara la cronolatría del autor] incoherente y blasfemo equiparar al “padre del hijo pródigo” con el “dios de la ira", el “dios de la cólera", el “dios de la venganza", el “dios del exterminio", el “dios del castigo” e, incluso, el “dios del infierno"? [Entiendo que uno pueda pensar tonterías, pero ¿es absolutamente necesario proclamarlas a los cuatro vientos? Por ejemplo, si Dios no es el “dios del infierno”, será que Jesucristo, que habló con palabras durísimas del infierno, no sabía quién era su Padre, sin duda debido a la ignorancia de su época y su cultura teocrática… Menos mal que ha venido D. Jairo del Agua a explicárselo]
Junto a la inspiración del Dios único y verdadero conviven en la Biblia multitud de ídolos, mitos, errores, ignorancias… Incluso en el NT perviven alusiones míticas, como la del “demonio tentador” o el “demonio enfermo", por ejemplo. [Menos mal que aquí D. Jairo deja las cosas claras. Para él, no sólo el AT está lleno de errores, sino también el Evangelio y el Nuevo Testamento. ¿Y quién nos puede decir qué cosas son buenas y qué cosas son malas en el Nuevo Testamento? ¡Claro! D. Jairo del Agua. No sé cómo no se me había ocurrido antes. ¿Para qué necesitamos a Papas, Obispos, Apóstoles, Santos, Biblia, Concilios, Padres de la Iglesia o monaguillos si le tenemos a él, que une todo eso en una sola persona?]
Estas barbaridades proclamadas hoy -siglo XXI de la era del Señor- en las iglesias católicas es un escándalo mayúsculo. El Pueblo de Dios, especialmente en determinados países, es un pueblo ingenuo, con grandes lagunas, muy clericalizado, totalmente pegado a la letra y muy influenciado por sus supersticiones originarias [hombre, yo diría que las supersticiones de D. Jairo, todas ellas políticamente correctas, harían reírse a carcajadas a cualquier miembro de ese pueblo ingenuo, con grandes lagunas y muy clericalizado, pero qué voy a saber yo, que soy parte también de ese Pueblo de Dios, en lugar de formar parte de los cathari, como D. Jairo]. (¡Qué bien lo saben los misioneros!) ¿Cómo pueden darnos a beber barro, es decir, agua limpia mezclada con mentiras? [Digámoslo con claridad. Si hay algo que sea barro es lo que “enseña” D. Jairo, como una mezcla de gnosticismo, marcionismo, docetismo, adopcionismo y simples tonterías y despropósitos. El que beba de ahí pensando que es agua pura, ya puede llevarse buena literatura al cuarto de baño, porque va a pasar ahí las próximas dos semanas].
Si la forma de servir a este Pueblo es ordenarle repetir sacrílegamente que somos adoradores de un “dios parricida", entonces es que necesitamos una urgentísima conversión, es que vivimos desterrados en Babilonia, es que nuestra religión no merece credibilidad alguna para la humanidad de hoy. ¡No exagero un ápice! Oigo a muchos católicos quejarse de la lentitud de los avances en nuestra Iglesia “oficial", de su ceguera ante los “signos de los tiempos", de su falta de ejemplaridad en muchos ámbitos, de su incoherencia con el Evangelio… ¡Qué dolor Señor! [Es característico del profetismo de tres al cuarto mostrar una actitud de superioridad sobre la Iglesia y mostrarse dolido no por el pecado, sino por la osadía de la Iglesia en no coincidir con el supuesto profeta en su última obsesión]
La mayoría no se atreve a decirlo en público, ni existen canales de comunicación para hacer llegar sus quejas a quien correspondería estudiarlas [Se inventaron esos canales hace mucho tiempo, a pesar de la “ignorancia de la época”. Por ejemplo, existe una cosa llamada “correo”, por la que, poniendo un sellito en la carta, mágicamente llega a su destino en el obispado, en Roma o donde sea. Otra cosa es cuando el interesado no dice más que tonterías. Pero ahí el problema no es el canal de comunicación, sino la ausencia de algo interesante que decir]. Nos hemos convertido en “masa sin fermentar". Menos mal que el Espíritu Santo sigue haciendo su tarea entre los más humildes [como D. Jairo], olvidados y ninguneados [como D. Jairo, el pobre, que aún no ha sido nombrado Doctor de la Iglesia por culpa del oscurantismo del Papa y los obispos]…
Hoy existe más cultura intelectual en nuestra Iglesia que en toda su historia. [No puedo evitar reírme cada vez que leo estas cosas. Muestran una ignorancia tan amplia, planetaria, cósmica y universal que uno se queda boquiabierto]¿Qué nos está pasando? ¿Por qué estamos paralizados? En mi ignorante opinión [en esto coincidimos] estamos dando más importancia a la sacralización, a la uniformidad, a la falsa tradición, a los ritos, signos y normas, que a nuestro Jesús Maestro vivo entre nosotros. La esclerosis del “sábado” sigue paralizando a los católicos, cuando el “sábado” se instituyó para liberarnos.
Nos hemos olvidado que Él es la Luz, como resalta Juan al inicio de su Evangelio. Si abandonamos la Luz, nos movemos en las tinieblas, aunque presumamos de Pueblo muy religioso, muy verdadero y muy unificado. No hemos sabido salir del cenáculo del AT, no hemos integrado el Evangelio, ni los “signos de los tiempos". Seguimos atrapados en las sombras del pasado.
Por eso, en el día que escribo, se me ha clavado en el corazón como saeta la primera lectura de la santa Misa: “Os anunciamos el mensaje que hemos oído a Jesucristo: Dios es luz sin tiniebla alguna. Si decimos que estamos unidos a Él, mientras vivimos en las tinieblas, mentimos con palabras y obras” (1Jn 1,5). ¡Esto es precisamente lo que nos está pasando! Y, como presumimos de muy religiosos, mentimos con la Biblia en la mano.
¡Por favor, hermanos presbíteros, no permitáis que se proclamen mentiras en vuestras iglesias! [De nuevo, en esto coincidimos, aunque en boca de D. Jairo suena un poco autodestructivo]El Leccionario no es dogma de fe y, con toda seguridad, será modificado [Esta afirmación no tiene respuesta. Igual que no tendrían respuesta las afirmaciones de que “el verde no es dogma de fe” o de que “mañana por la tarde no es dogma de fe”. El leccionario ni es ni deja de ser dogma de fe, porque los dogmas de fe son otra cosa. En cambio, sí son dogmas de fe la inerrancia de toda la Biblia, la identificación del Dios del AT y el Padre de Jesús, la existencia del infierno, doctrinas todas ellas negadas por D. Jairo en este mismo artículo] El problema es el “cuándo” ya que nos hemos convertido en “estatuas de sal” de tanto mirar hacia atrás.
Algunos me acusarán por atreverme a escribir estas cosas [No, el problema no está en atreverse a escribir esas cosas, sino en atreverse a hacer gala de una ignorancia cósmica en público]. Pero nadie me podrá acusar de no haber escrito lo que se me ordenó escribir. Cuando lleguemos a la Luz, todo se sabrá [Para saber estas cosas, no hace falta llegar al cielo. Tenemos la Revelación de Dios, conservada precisamente en la Escritura y en la Tradición y custodiada por el Magisterio de la Iglesia. Pero D. Jairo prefiere decir “todos (incluida la Iglesia) están equivocados menos yo, y ya lo veréis en el cielo”. En fin, hay ignorancias tan aparentemente invencibles que pueden cubrir todo tipo de disparates. Que Dios tenga piedad de todos nosotros y nos conceda el amor a la Iglesia, la humildad necesaria para aprender de ella y la verdadera fe.].


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