Pbro. Tomás de Híjar Ornelas
La mañana del viernes 21 de diciembre de este año que termina, 2018, ante un nutrido corrillo, el Presidente Municipal de Guadalajara Ismael del Toro presentó el Operativo Navideño 2018 del Paseo Fray Antonio Alcalde, primera fase de un proyecto que de forma gradual irá brindando no sólo de los vecinos, locatarios y viandantes, sino también de las personas en situación de calle, seguridad integral, a través de un equipo permanente de aseo, vigilancia y atención humana, como parte de un plan integral que vaya borrando las huellas dejadas a su paso por construcción de la línea tres del Tren Ligero, en lo que se pretende sea, enfatizó, el mayor corredor cultural de Guadalajara gracias mediante el uso del espacio público a actividades educativas y culturales sin fines de lucro. La cita fue por ello en la intersección norte del Paseo Fray Antonio Alcalde con la calle de Independencia.
Le acompañaron en el presídium Violeta Parra García, Encargada del Despacho de la Dirección de Cultura del municipio de Guadalajara, el Regidor Jesús Hernández Barbosa, Presidente de la Comisión Edilicia de Centro, Barrios Tradicionales y Monumentos; Óscar Villalobos Gómez, Coordinador de Servicios Municipales y Xavier Orendáin de Obeso, Presidente de la Cámara de Comercio de Guadalajara, quien al hacer uso de la palabra enfatizó que en el año 2019 se cumplen 250 años del arribo del obispo dominico cuya memoria honra dicho Paseo.
El legado vivo del Fraile de la Calavera
En efecto, el 12 de diciembre de 1771, luego de haber ceñido 8 años la mitra de Yucatán, fray Antonio Alcalde arribó a Guadalajara. Quiso tomar posesión de su encomienda el día de la Virgen de Guadalupe pero se lo impidió un terremoto que ese día hizo estragos en la capital, al grado que el Ayuntamiento tapatío pidió al nuevo Prelado construyera un templo en terrenos municipales dedicado a este título mariano, que él convertirá en el corazón de un proyecto urbano integral a favor de la gente pobre y sin vivienda.
Muy relevante será, pues, que en el aniversario 250 del arribo de este siervo de Dios, su herencia la perpetúe, junto con el Paseo que lleva su nombre, un reglamento y una fundación que rescaten el rango humanitario y humanístico con el que él dotó de calidad de vida al vecindario del Valle de Atemajac de hace dos y medio siglos.

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