“De él tengo muchos hermosos recuerdos desde la época en que era un joven sacerdote, pero hay uno que me impresionó de manera especial y que quisiera hoy compartir con todos ustedes. Fue en la celebración de Pentecostés en Roma el año 1998. La Providencia quiso que estuviera sentado muy cerca de este gran y santo Pontífice durante la Santa Misa”, dijo el Prelado en la homilía de la Misa que presidió el domingo 17 de mayo.
“Después de la comunión, pude observar y oír como San Juan Pablo II, fijando fuertemente sus ojos en la muchedumbre reunida esa mañana en la Plaza de San Pedro, y desde ahí prolongando su mirada al mundo entero, repetía ésta oración de manera continua, en voz baja pero firme: ‘Ven Espíritu Santo, ven, ven’”.
Mons. Eguren dijo que “era una oración llena de piadosa unción y de súplica intensa a la vez, que traslucía su anhelo por un cielo nuevo y una tierra nueva donde las Bienaventuranzas del Reino fueran una realidad viva y operante en todo el mundo”.
En su homilía, el Arzobispo animó a preguntarse por algunas cuestiones fundamentales, especialmente ante la pandemia del coronavirus: “¿Amo al Señor y traduzco este amor a Él en amor a mi prójimo? ¿Cómo está mi vida de caridad para con los demás, especialmente con los que en estas horas pasan más necesidad, como son los enfermos, los encarcelados y los hambrientos? ¿He aprovechado este tiempo de ‘cuarentena’ para perdonar a quien me ha ofendido o para pedirle perdón a aquel a quien le he hecho algún daño? ¿Cómo está mi amor y solicitud por mi esposo, esposa, padres, abuelos, hijos, hermanos y amigos, conocidos y desconocidos?”.
El Arzobispo de Piura explicó que en toda esta tarea que le es propia a cada fiel, el Espíritu Santo guía y muestra el camino, ya que su misión es “la de defendernos y ayudarnos a comprender la Palabra del Señor para que conociéndola la amemos y vivamos”.
“¡Qué confortador es tener la certeza que en estos tiempos de pandemia, el Espíritu de Jesús, el Espíritu Santo, alma de la Iglesia, está con nosotros para defendernos y para obrar entre el Señor y nosotros una amistad íntima, profunda y total”, resaltó.
Para concluir su homilía, el Prelado peruano propuso rezar la oración que hizo San Juan Pablo II en Pentecostés de 1998:
“¡Ven Espíritu Santo, ven, ven!
Llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor.
Envía, Señor, tu Espíritu, que renueve la faz de la Tierra.
De esta Tierra hoy marcada por el dolor, el sufrimiento y la muerte.
Que tu Espíritu lo renueve todo;
que dé consuelo a los afligidos,
salud a los enfermos,
vida eterna a los fallecidos,
y a todos la esperanza en un futuro de vida.
¡Ven Espíritu Santo, ven, ven!”.

Publicar un comentario