Los presbíteros compartieron su reflexión sobre los escándalos de abusos al interior de la Iglesia en un mensaje dirigido a los fieles, que fue difundido el domingo 17 de marzo al final de las misas y en otras instancias.
Al comenzar su mensaje, los pastores expresaron su dolor y vergüenza por los casos de abusos, “por las personas que han sido heridas y abusadas y que muchas veces no han sido acogidas en su dolor”.
“Esperamos que todos los delitos sean sancionados oportunamente por la justicia civil como corresponde y que también se apliquen las sanciones canónicas más rigurosas. El abuso no puede tener cabida en el sacerdocio”, indicaron.
Afirmaron que viven su vocación sacerdotal como “una opción de seguimiento a Cristo y de servicio a los hermanos, y nos hace inmensamente felices. Hemos adherido con total libertad a ella y lo consideramos un regalo de Dios. Tenemos la responsabilidad de vivirla de acuerdo a lo que nos pide el Evangelio y la Iglesia”.
En ese sentido, señalaron que “nos avergüenza que hermanos sacerdotes, en quienes nosotros también habíamos puesto nuestra confianza, hayan cometido distintas formas de delitos y abuso”.
“Nos duele por las víctimas y nos decepciona ver cómo degradan el sacramento del orden sacerdotal y también banalizan otros sacramentos como la confesión y el matrimonio. Sentimos, como tantos laicos, laicas y consagrados, dolor, rabia y decepción”, agregaron.
Mencionaron que a muchos les ha tocado “escuchar, acoger y acompañar a víctimas de abusos, y nos impresiona y desgarra hondamente el dolor causado”. Por eso se comprometieron “en primer lugar con ellos, para que encuentren en nosotros siempre una disposición de acogida y de ayuda”.
Asimismo, “queremos trabajar la prevención de abusos en nuestras comunidades y así hacer de ellas lugares de encuentro, seguros y transparentes, donde todos se sientan acogidos y respetados. Buscaremos estar más cerca entre nosotros, los sacerdotes, atentos a las señales que indiquen cualquier atisbo de abuso, de manera de poder prevenirlos y ayudarnos”.
Con la “cercanía y apoyo de los laicos”, los sacerdotes manifestaron su disposición a colaborar con la justicia civil, “ayudando a que se logre transparencia y se apliquen las sanciones correspondientes”.
Los sacerdotes de la Arquidiócesis de Santiago esperan “que este tiempo de purificación nos convierta en una Iglesia menos poderosa a los ojos del mundo, pero, a los ojos de Dios, más cercana y misericordiosa, menos envuelta en el poder y más en el servicio”.
“Necesitamos, junto con laicos y consagrados, colaborar en el cambio tan necesario para poder dedicarnos con libertad a lo más nuestro, que es el anuncio del Evangelio y el servicio a los hermanos”, concluye la misiva.

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