La Iglesia Católica quiere, en este proceso electoral, promover el diálogo
y la participación ciudadana, pero sobre todo quiere contribuir a reforzar la confianza del país en sus autoridades e instituciones a favor de la democracia, señalaron los obispos de México a los candidatos a la presidencia del país que asistieron a la 105 Asamblea del Episcopado Mexicano a quienes también pidieron elevar la calidad del debate político.
Fernando Javier Vera Gloria
La Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) conminó a los candidatos a la presidencia de México a “ver por los mexicanos, sin distinción alguna, pero sobre todo por los descartados de las oportunidades de sustento y desarrollo, pues el México que queremos es posible, pero requiere fundamentalmente de un gobierno que trabaje con honestidad y eficacia de la mano de todas las instancias que conforman a la sociedad”.
El encuentro entre obispos y candidatos giró en siete ejes fundamentales:
*Respeto a los derechos humanos.
*Un México más justo, solidario y participativo, con un sistema económico humano, que trabaje en la reducción de la pobreza y la desigualdad social; capaz de impulsar a todos a través del empleo digno y la promoción humana.
*Un estado de Derecho fuerte, justo, promotor y defensor de la dignidad humana.
*La transparencia y la rendición de cuentas, que disminuya drásticamente la impunidad y la corrupción.
*El fortalecimiento y las condiciones de vida digna para las familias.
*Educación de calidad, para promover una cultura solidaria.
*Protección al medio ambiente.
En voz del Arzobispo de Guadalajara, Cardenal José Francisco Robles Ortega, presidente de la CEM, cuatro candidatos al Poder Ejecutivo Federal escucharon por separado (fueron recibidos individualmente) el mismo mensaje que enfatizó la urgente necesidad de reconocer que México es resultado de los esfuerzos cotidianos de todos sus habitantes “en la complejidad de nuestra muy plural sociedad”.
Ante esta realidad, recalcó el Episcopado Mexicano, el país no puede fragmentarse en juicios parciales o viscerales.
“Hoy, afirmamos que más que un jefe de gobierno, necesitamos de un jefe de Estado, capaz de orientar con firmeza y suavidad los esfuerzos de la sociedad y el gobierno, con una mirada de largo alcance, en este marco nacional e internacional que nos desafía. Además de estrategias y modelos de gestión, requerimos de la configuración de presupuestos civilizatorios capaces de impulsar un desarrollo humano, sostenible, integral y solidario”.
Los obispos mexicanos reconocen que en el país hay cosas en el ámbito de la economía, salud y educación que se han hecho bien y que son reconocidas en el concierto internacional que, sin embargo, nos deben motivar a mejorar más.
“Hay mucho que hacer todavía. Hay indignación y graves realidades de exclusión que nos sacuden y violentan. Sin embargo, éstos no pueden opacar nuestra mirada sobre el bien conquistado. La crisis ética, hay que decirlo, no es exclusiva del gobierno, ni de nuestra Nación, sino que es un cáncer presente en toda la humanidad, a combatir con audacia, prudencia y sabiduría. No podemos acostumbrarnos, ni dejarnos vencer por el mal, menos aún justificarlo”. Al recordar el llamado de San Pablo a vencer “el mal con el bien”, advierten que los desafíos que marca el mundo demandan a consolidar una reforma política que sea plataforma de estabilidad paras las instituciones de gobierno y de interacción con la sociedad civil.
“Es necesario proponer la corresponsabilidad como un nuevo paradigma civilizatorio. La gobernabilidad de cualquier sociedad requiere corresponsabilidad. El concepto moderno de “gobernanza” de las ciencias políticas, así como nuestra Doctrina Social, coinciden en afirmar que no hay un gobierno real, sin una sociedad participativa y organizada”, subrayan.
En su mensaje la CEM reafirma que las campañas políticas son ejercicios de reflexión sobre el futuro que podemos hacer juntos, anteponiendo el bien común al egoísmo, visiones reducidas o propuestas de mundos ilusorios que pueden detonar en mayor frustración social.
“El verdadero gobernante, y candidato para serlo, debe vivir en una clara disposición de servicio para la gente, y no al revés. Esta capacidad empieza por la escucha, y ello sólo es posible a través del diálogo y el encuentro constante con la gente, capaz de suscitar compromisos bilaterales. Las campañas serán interesantes y útiles si son ricas en ideas, y no en el dispendio excesivo de recursos económicos”.
Al conocer diversos aspectos del Plan Pastoral 2031-2033 con el que la Iglesia Católica de México quiere celebrar los 500 años de las apariciones de la Virgen de Guadalupe y los 2 000 años del misterio de la Redención, los candidatos a la presidencia del país, se enteraron del riesgo que hoy en día tiene la Persona, citado en el numeral 24 de este documento episcopal.
“Vemos con alegría y esperanza todo lo bueno y positivo que esta nueva época trae para la humanidad, pero nos preocupa el arribo de esta nueva cultura que desdibuja y mutila la figura humana, y es aquí donde se encuentra el corazón de esta profunda transformación que se está dando y lo que nosotros identificamos y llamamos como el núcleo cultural fundamental: ¡La negación de la primacía del ser humano! (Cfr. EG 55), es decir, nos encontramos ante una profunda crisis antropológica que reclama sanar todas las relaciones básicas de la persona…”.
Finalmente, la CEM hizo hincapié en no olvidar a los miles de damnificados por los sismos del año pasado, a acelerar los trabajos de reconstrucción y a ser oportunos en la atención de quienes aún sufren en carne propia por ese lamentable suceso.
Transformar con
responsabilidad y esperanza
“Con mucha esperanza entregamos un Proyecto Global de Pastoral hacia el 2031-2033, elaborado arduamente y que hemos aprobado en esta 105 Asamblea.
“Nos hemos dejado interpelar por la realidad, contemplándola con ojos y corazón de pastores.
“Advertimos presentes diversos y complejos fenómenos propios de la sociedad global, así como manifestaciones de profundas transformaciones sociales y culturales, que en su conjunto caracterizan un cambio de época. Nos preguntamos cuáles pueden ser sus posibles causas, alcances, y la manera como afectan o benefician la vida y la dignidad de las personas.
“Vivimos un extraordinario giro histórico, en el que confluyen nuevos modelos antropológicos, por ello nos acercamos, desde nuestra misión pastoral, a la realidad de los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Para responder a los desafíos que nos presenta la cuestión antropológica nos planteamos la pregunta, ¿qué significa ser discípulo de Jesucristo en México después de los dos mil años de la Redención y de los quinientos años del acontecimiento de Santa María de Guadalupe?
“En el Proyecto Global Pastoral, agradecidos por el don de la Redención y el acontecimiento Guadalupano hemos hecho una reflexión de fe sobre estos dos misterios que iluminan nuestra vida y servicio. Profundizamos en el misterio de la Redención porque confesamos que, sólo identificada con Jesucristo e impulsado por el Espíritu Santo, la persona llegará a su auténtica plenitud.
“Jesús no sólo revela quién es Dios, sino que nos revela quiénes somos nosotros y a qué estamos llamados. Él es la opción y el camino que debemos seguir para ser personas auténticas y felices.
“Profundizamos en la presencia de Santa María de Guadalupe, la Virgen que forjó nuestra patria, porque con su ternura de madre y su fidelidad de discípula, nos acerca al misterio del verdadero Dios por quien se vive y nos enseña a reconocernos hermanos.
“En el Proyecto Global de Pastoral afirmamos que anhelamos y queremos ser una Iglesia que anuncia y construye la dignidad humana, comprometida con la paz y las causas sociales, renovando nuestra acción misionera y evangelizadora, para ser testigos compasivos de la misericordia de Dios”. (CEM)

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