Una añadidura al ciclo de inicio de pontificado de un obispo

En la foto, aparece la entrada en El Pilar del arzobispo de Zaragoza, cuando tomó posesión de la sede. Toma de posesión que sigue ciertas particularidades de ese lugar. 

Aunque no fue un escrito improvisado, percibí que el ciclo de toma de posesión de un obispo (ese escrito de mi cosecha), dividido en tres días, quedaba demasiado bajo de entidad en su tercer y último día.
El presente post sirva para completar esas disquisiciones que a tantos aburrirán, pero que estoy convencido de que esta es una ceremonia que tiene muchas posibilidades de hacerse, bien con mis sugerencias, bien con las de otros mucho más preparados que yo. Muchas otras cosas que sugiero, reconozco que tienen poquísimas posibilidades de llevarse a cabo. Pero mi ciclo de toma posesión (con los cambios que se consideren pertinentes) sí que pienso que se tomarán en consideración en una futura reforma de ese rito. O, por lo menos, me alegra pensar que alguien la tendrá en cuenta.
Aunque los que tengan buena memoria recordarán que en mi escrito distingo entre la ceremonia de toma de posesión (que sucede al entrar en la catedral por primera vez) y el ciclo de toma de posesión (que se divide en tres días).
La ceremonia de ese último día quedaría como sigue:

Solemne oración de los fieles por el obispo
El obispo, el primer día, antes de la toma de posesión ha orado en tres capillas de la catedral: adorando al Santísimo Sacramento, venerando a la Virgen María y pidiendo la intercesión de los santos. En esta última ceremonia del tercer día, las oraciones se realizan en cuatro capillas para completar así el número siete, que representa que el obispo ha orado en toda la catedral, pidiendo ayuda a todos los santos. Y es que cada capilla tiene el simbolismo de pedir en concreto la ayuda de un santo o de varios. Lo lógico es que estas siete capillas, más ricas o más sencillas, se hallen todas en un estado digno.
Esta ceremonia tiene un carácter nocturno. Su momento adecuado es entre la cena y el descanso nocturno. La procesión sale de la sacristía y se dirige a la primera capilla. La procesión muestra a unos clérigos revestidos con capa pluvial, a otros con alba y estola; y a otros con sotana y roquete. Los canónigos irán revestidos con sus hábitos propios.

En la primera capilla, el obispo vuelto hacia el clero y el pueblo fiel allí congregado, con el báculo en la mano, les dirige estas palabras, leyéndolas o improvisándolas:

–Hermanos, os pido humildemente que oréis por mí, para que el Señor me haga más digno para este oficio que voy a desempeñar. Orad para que me conceda las virtudes y aptitudes convenientes para ejercer esta función.

Tras esto se volverá hacia la imagen que preside la capilla y se recitan las primeras siete peticiones por el obispo. Se recitan, pero la contestación es cantada. Tras las peticiones, unos veinte laicos se colocan alrededor del obispo y poniéndole la mano sobre la espalda, hombros y pecho, no sobre la cabeza, oran en silencio por él. En ese momento, el obispo lleva la mitra y el báculo.

Se dirigen a la segunda capilla, donde se hacen otras siete peticiones por el obispo. Todos orando en la misma dirección, hacia el santo que preside la capilla. Tras ellas, el obispo se vuelve hacia los congregados. Esta vez son los religiosos designados los que se ponen alrededor de él y oran del mismo modo que en la primera capilla.

En la tercera capilla, tras otras siete peticiones por el obispo, oran los diáconos. Todo igual que las veces anteriores. Si faltaran diáconos, lo cual puede suceder en algún lugar, pueden unirse las personas dedicadas a la caridad.

En la cuarta capilla, oran los presbíteros. Aquí puede no haber peticiones para no alargar la ceremonia. Tras ella, el obispo, vuelto hacia el santo titular de la capilla, hace la oración final por parte del obispo. Desde allí, en procesión, se dirigen hacia el coro de canónigos, donde tendrá el rezo de completas. Los presentes pueden dirigirse procesionalmente hacia una imagen de la Virgen María, para cantar allí el cántico final a la Virgen María. Allí acaba todo y el clero se dirigirá en procesión a la sacristía.

Por si a alguien le interesa, todas estas ceremonias están en mi libro Ex Scriptorio.

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