Pbro. Tomás de Híjar Ornelas
El 7 de marzo del año 2000, el entonces Cardenal Joseph Ratzinger, presentó en Roma, bajo el título que lleva esta columna, un documento redactado por la Comisión Teológica Internacional en el marco del año jubilar por el segundo milenio de la era cristiana. La forma en la que se planteó, la purificación de la memoria histórica, nos mueve a preguntarnos si más que ‘purificar’ la memoria histórica lo que podemos hacer es asumirla…
El documento aludido, disponible en la red, lo retomamos aquí a propósito del dato revelado por el Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, de haber solicitado por escrito y vía oficial, la Cancillería, al Papa Francisco, que ofrezca una disculpa por las implicaciones que tuvo la Santa Sede en la justificación usada desde el 14 de marzo de 1519 para expandir las fronteras del reino de Castilla en lo que hoy denominamos República Mexicana.
Los retos para la Iglesia en México
Tal cosa da pie para que la Conferencia del Episcopado Mexicano tenga ante sí el desafío de ofrecer, en el tiempo que nos separa del 2021, cuando se recordarán los 500 años de la caída de la Gran Tenochtitlán y los 200 de la firma del Acta de la Independencia, un balance sereno e interdisciplinario, inspirándose en el documento aludido, que sugiere, como implicaciones pastorales, hacer una valoración renovada del pasado capaz de incidir en no pequeña medida en el presente; promover la perenne reforma del pueblo de Dios y su servicio y contribución para superar los males del presente.
También eclesiales: no olvidar que los procesos de recepción de los gestos de arrepentimiento eclesial varían en función de los contextos religiosos, culturales, políticos, sociales y personales; precisar el sujeto adecuado que debe pronunciarse respecto a culpas pasadas, identificando las víctimas con suficiente discernimiento histórico y teológico; calibrar que los posibles gestos de reparación estén ligados al reconocimiento de una responsabilidad que se prolonga en el tiempo y no perpetúa las imágenes negativas del otro que pongan en marcha procesos de autoculpabilización indebida.
Considerar, por último, que las implicaciones en el plano del diálogo y de la misión deben evitar la exasperación de los aspectos negativos, promover la unidad en la diversidad y tomar en consideración la complejidad y la pluralidad de las mentalidades con las que se dialoga.

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