Éxodo 90

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Edgar Cervantes Ramírez
Primero de Filosofía

Algunos seminaristas, motivados por el Padre Prefecto de Disciplina, vivieron la experiencia Éxodo 90 que “se basa en un desafiante período de 90 días de purificación; una muerte para uno mismo, que es respaldada por una fraternidad de hombres de ideas afines para una mayor libertad interior y, finalmente, un amor más purificado y desinteresado (…) Éxodo 90 no es un programa de penitencia y autoabastecimiento. Es un programa para hombres que buscan, juntos, luchar por una libertad más perfecta”. Así lo definen en su página oficial de internet donde se puede consultar todo lo que conlleva vivir Éxodo 90; fraternidad, oración y ascetismo durante 90 días.
Con una fraternidad de 5 a 7 integrantes, junto con un director espiritual, se reúnen mínimo una vez por semana, durante no más de 30 minutos, para dar un informe breve: ¿Cómo se han sentido?, ¿qué les ha costado?, etc. Luego, dan algunas palabras de apoyo a los demás. Hay un compromiso en la oración: mínimo 20 minutos al día frente al Santísimo y meditar las lecturas del libro del Éxodo. También se realizan acciones semanales concretas y se hace necesaria  la presencia de Nuestra Madre mediante el rezo del Santo Rosario. El ascetismo forja el carácter: duchas frías, nada de alcohol, nada de bebidas endulzadas, no comer entre comidas, solo música que eleve el alma a Dios, ejercicio regular e intenso, comprar cosas realmente importantes y siete horas de sueño diarias, entre otras.
En mi experiencia el Éxodo es  difícil pero muy liberador. Al principio no podía vivir sin una golosina o sin escuchar mi música favorita; o bien, no paraba de pensar en lo fatalistas que sonaban las actividades del Éxodo, todo lo cual hacía pesada la vivencia, pero con el paso de los días encuentras sentido a las exigencias y surgen cosas más complejas.
La fraternidad es un apoyo vital, pues con tus compañeros compartes lo que sientes, y llegas a conocerlos mejor. Otra dificultad que experimenté fue en la oración. Aunque  el Seminario  tiene un horario en donde se prevé meditar y orar “sin problemas”, surgían muchas tentaciones que me privaban de aprovechar las actividades de vida espirtitual: Tareas, exámenes o cargos por cumplir, pero la verdadera libertad se alcanza en el amor que le pones a las cosas que haces y dejas de lado al ‘cumplir por cumplir’. En las meditaciones te ves reflejado en los personajes bíblicos. Es una experiencia directa con la palabra de Dios. Lo más difícil para mí fue encontrar mis limitaciones. Ningún Éxodo es igual, pues todos vivimos experiencias distintas por nuestra historia de vida, pero al terminarlo surge esa sed de Dios que compromete más tu vida y tu respuesta.

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