Ahora mi madre está de sobremesa con mi queridísima sacristana de mi última parroquia. Están de cháchara frente a un plato de dulces. La verdad es que ha cocinado una comida muy buena. No en gran abundancia, porque mi madre no es de grandes platos, pero sí de muy buenas recetas. La verdad es que mi madre siempre cocina de forma muy saludable. Siempre pone ensaladas muy buenas, el segundo plato con el menor colesterol posible; hoy un rollo de carne pollo relleno. El postre sencillo y que no sea excesivamente azucarado. Nunca tenemos problemas de indigestión.
El marido de mi madre la trata tan bien a mi progenitora. No tengo la menor queja. Mi padre murió a los 49 años, cuando yo tenía quince años. Él, ahora jubilado, tenía una empresa de estructuras metálicas: hombre práctico, de pocas palabras, directas, sin dobleces.
Tengo la ventaja de que mi madre nunca lee mi blog, ni como excepción, tampoco mis libros. Su marido idem.
Nunca me han permitido poner fotos de ellos en el blog y se lo he pedido durante años. El marido de mi madre es un hombre tranquilo, pero claro… no saques el tema de Cataluña en la mesa. Los sindicatos y el independentismo son temas que soslayo hábilmente. Si sale alguna noticia en la televisión, en seguida pongo el Canal Viajar o algo que le relaje.
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