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, 06 Dic. 21 (ACI Prensa).- El Papa Francisco visitó la Basílica de Santa María la Mayor de Roma este 6 de diciembre para agradecer a la Virgen Salus Populis Romani el viaje apostólico que realizó a Grecia y Chipre.Tambien recordó ante la Virgen tantas “dolorosas historias” que ha encontrado en estos últimos días y las ha confiado a la Virgen Salus Populi Romani.

El vuelo que trasladaba al Pontífice desde Atenas, junto al séquito papal y los periodistas que lo acompañaban, aterrizó en el aeropuerto Ciampino de Roma después de las 12.50 p.m (hora local). 

Según informó la oficina de prensa de la Santa Sede, el Papa Francisco hizo una parada en la Basílica de Santa María la Mayor antes de llegar a la Casa Santa Marta en el Vaticano. 

El Papa siempre acude a la Basílica de Santa María la Mayor para rezar ante la imagen de la Salus Populis Romani (Protectora del Pueblo Romano), antes y después de sus viajes internacionales.

La Basílica de Santa María la Mayor tiene un significado especial para el Papa Francisco, pues es el lugar que visitó por la mañana del primer día de su pontificado, el 14 de marzo de 2013, para encomendar su ministerio petrino a la Madre de Dios ante el antiguo ícono de María ‘Salus Populi Romani’, protectora del pueblo romano.

Desde entonces, cada vez que emprende un viaje internacional, el Papa Francisco acude a esta basílica para rezar antes, y para agradecer después, por los frutos de su visita apostólica.

VATICANO, 06 Dic. 21 (ACI Prensa).- El Papa Francisco regresó a Roma este lunes 6 de diciembre después de su 35 viaje apostólico internacional a Chipre y Grecia que realizó desde el pasado 2 de diciembre.

El avión que trasladó al Santo Padre, junto a su séquito y a los periodistas que lo acompañaron, aterrizó en el Aeropuerto Ciampino de Roma alrededor de las 12:50 p.m. (hora local) después de dos horas de vuelo.

Antes de despedirse de Grecia, el Papa se reunió con cientos de jóvenes en la escuela San Dionisio de las Hermanas Ursulinas de Marusi en Atenas a quienes les explicó en qué consiste la fe y los alentó a tomar decisiones definitivas con valentía.

“La fe es un camino cotidiano con Jesús que nos lleva de la mano, nos acompaña, nos alienta y, cuando caemos, vuelve a levantarnos. Es como una historia de amor, donde siempre se sigue adelante juntos, día tras día. Y como en una historia de amor, llegan momentos en los que es necesario interrogarse, hacerse preguntas. Y hace bien, hace crecer el nivel de la relación”, explicó a los jóvenes.

En esta línea, el Papa destacó la importancia de rechazar los pensamientos que conducen al desánimo y a la soledad porque “es una tentación que hay que rechazar. El diablo nos mete esta duda en el corazón para arrojarnos en la tristeza”.

El domingo 5 de diciembre, el Santo Padre viajó por la mañana a la isla griega de Lesbos para visitar un centro de acogida donde viven miles de refugiados.

Allí el Papa saludó a numerosos refugiados, entre ellos mujeres y niños, y rezó para que el Señor “nos sacuda del individualismo”, porque “la fe nos pide compasión y misericordia” con el que sufre.

“Ruego a Dios que nos despierte del olvido de quien sufre, que nos sacuda del individualismo que excluye, que despierte los corazones sordos a las necesidades del prójimo. Y ruego también al hombre, a cada hombre: superemos la parálisis del miedo, la indiferencia que mata, el cínico desinterés que con guantes de seda condena a muerte a quienes están en los márgenes. Afrontemos desde su raíz al pensamiento dominante, que gira en torno al propio yo, a los propios egoísmos personales y nacionales, que se convierten en medida y criterio de todo”, indicó el Santo Padre.

Por la tarde del mismo día, el Pontífice celebró la Misa en el segundo Domingo de Adviento ante dos mil personas a quienes explicó en qué consiste la conversión.

“Convertirse significa no prestar oído a aquello que corroe la esperanza, a quien repite que en la vida nunca cambiará nada; es rechazar el creer que estamos destinados a hundirnos en las arenas movedizas de la mediocridad; es no rendirse a los fantasmas interiores que se presentan sobre todo en los momentos de prueba para desalentarnos y decirnos que no podemos, que todo está mal y que ser santos no es para nosotros”, afirmó el Papa.

En esta línea, el Santo Padre señaló que es necesario fiarse de Dios, “porque Él es nuestro más allá, nuestra fuerza. Todo cambia si se le deja el primer lugar a Él. Eso es la conversión: al Señor le basta que dejemos nuestra puerta abierta para entrar y hacer maravillas”.

“Pidamos la gracia de creer que con Dios las cosas cambian, que Él cura nuestros miedos, sana nuestras heridas, transforma los lugares áridos en manantiales de agua. Pidamos la gracia de la esperanza. Porque la esperanza reanima la fe y reaviva la caridad”, invitó en su homilía el Papa.

, 06 Dic. 21 (ACI Prensa).- Este lunes, el Papa Francisco se dirigió a las personas que en sus vidas atraviesan dudas de fe para alentarlos a no tener miedo, porque esos momentos “no son faltas de fe”, sino “vitaminas” que ayudan a robustecerla y así hacerla más consciente, libre y madura; sin embargo, los alertó sobre una de las tentaciones que el diablo mete “en el corazón para arrojarnos en la tristeza”.

El Santo Padre dijo estas palabras al comentar el testimonio de Katerina Binibini, una joven filipina que participó este lunes 6 de diciembre en el encuentro con los jóvenes en Atenas (Grecia), y que compartió que, a pesar de ser una cristiana fiel, varias veces ha sentido su fe puesta a prueba.

En su testimonio, la joven agradeció a Dios por haberla dado la vida y rodearla de personas que comparten su misma fe; sin embargo, eso “no significa que no haya momentos de duda. Mi fe es constantemente puesta a prueba cada vez que veo a las personas sufrir a causa del dolor y las acciones malas de otros”.

Katerina dijo que siente que su fe es puesta a prueba “cuando alguien me ha preguntado: ‘Si hay un Dios, ¿por qué permite tanto mal y dolor en el mundo?’”, y cuando ha conocido a personas buenas que son no creyentes, y que además “parecen no sufrir y no tener problemas”.

“Muchas veces pienso si Dios es injusto. He crecido sabiendo que no llevaré conmigo cosas materiales al Paraíso, sin embargo, ¿por qué debo sufrir en la tierra para llegar al Paraíso?”, le preguntó al Papa.

Sin embargo, Katerina reconoció que durante la pandemia del coronavirus su fe se reforzó. Aunque en su comunidad perdieron a una religiosa muy querida, “no he pensado en culpar a Dios por esto; de hecho, he podido meditar y hablar con Dios en un clima de paz. He visto que ha protegido a mi familia y todas las personas alrededor mío”.

Añadió que ya no está celosa “de las personas más privilegiadas que yo” y que ha comprendido “que en los momentos difíciles somos todos iguales y que debemos convertir nuestra mentalidad individualista para ayudar al prójimo. Estoy agradecida que en la dificultad Dios haya iluminado para realizar las cosas más importantes de la vida”.

La joven filipina añadió que ahora encuentra consuelo en la Biblia, la que le ayuda a reforzar “mi pensamiento crítico y mi fe”; y aunque “no niego que hay todavía momentos de duda en mí, pero estoy muy agradecida de poder comprender más fácilmente el amor de Dios por mí”.

La respuesta del Papa Francisco

Al iniciar su discurso, el Papa Francisco abordó el testimonio de Katerina, quien “nos has hablado de tus recurrentes dudas de fe”. “Quisiera decirte a ti y a todos ustedes, no tengan miedo de las dudas, porque no son faltas de fe. Al contrario, las dudas son ‘vitaminas de la fe’, ayudan a robustecerla, a hacerla más fuerte, es decir, más consciente, más libre y más madura”.

“La hacen más disponible a ponerse en camino, a seguir adelante cada día con humildad. Y la fe es precisamente esto, un camino cotidiano con Jesús que nos lleva de la mano, nos acompaña, nos alienta y, cuando caemos, vuelve a levantarnos. Es como una historia de amor, donde siempre se sigue adelante juntos, día tras día. Y como en una historia de amor, llegan momentos en los que es necesario interrogarse, hacerse preguntas. Y hace bien, hace crecer el nivel de la relación”, afirmó.

Sin embargo, alertó a los jóvenes reunidos en Grecia que, a veces, ante las incomprensiones o dificultades, en los momentos de soledad o de desilusión, “esta duda puede llamar a la puerta de nuestro corazón: ‘Quizá soy yo que no voy bien, tal vez estoy equivocado, estoy equivocada’”.

“Amigos –expresó el Papa–, es una tentación que hay que rechazar. El diablo nos mete esta duda en el corazón para arrojarnos en la tristeza”.

“¿Qué hay que hacer? ¿Qué hay que hacer cuando una duda de este tipo se vuelve sofocante y no nos deja en paz, cuando se pierde la confianza y no se sabe por dónde comenzar?”, preguntó el Papa. “Es necesario volver a encontrar el punto de partida. ¿Cuál es? Para comprenderlo, pongámonos a la escucha de vuestra gran cultura clásica. ¿Saben cuál fue el punto de partida de la filosofía, pero también del arte, de la cultura y de la ciencia? Todo comenzó por una chispa, por un descubrimiento que se expresa con una palabra magnífica: thaumàzein. Es el maravillarse, el asombro. Así comenzó la filosofía, de maravillarse frente a aquello que es, frente a nuestra existencia, a la armonía de la creación y al misterio de la vida”, afirmó.

“Pero el asombro no es sólo el comienzo de la filosofía, sino también el inicio de nuestra fe. Sí, porque tener fe no consiste principalmente en un conjunto de cosas que hay que creer y de preceptos que hay que cumplir. El corazón de la fe no es una idea o una moral, sino una realidad, una realidad bellísima que no depende de nosotros y que nos deja con la boca abierta: ¡somos hijos amados de Dios! Hijos amados, tenemos un Padre que vela por nosotros y que nunca deja de amarnos”.

El Papa les aseguró que cualquier cosa que piensen o hagan, “aunque sea lo peor, Dios sigue amándote” y “nunca se arrepiente de nosotros”. “Queridos jóvenes, piensen que, si a nuestros ojos la creación es hermosa, a los ojos de Dios cada uno de ustedes es infinitamente hermoso”, afirmó.

“Y cuando estén decepcionados por algo que hayan hecho –afirmó el Papa–, hay otro asombro que no tienen que dejar escapar: el asombro del perdón. Allí se encuentra el rostro del Padre y la paz del corazón. Allí, Él nos restaura de nuevo, derrama su amor en un abrazo que vuelve a levantarnos, que desintegra el mal cometido y vuelve a hacer resplandecer la belleza incontenible que hay en nosotros, el ser sus hijos predilectos”.

“No permitamos que la pereza, el miedo o la vergüenza nos roben el tesoro del perdón. ¡Dejemos que el amor de Dios nos asombre! Nos redescubriremos a nosotros mismos; no lo que dicen de nosotros o lo que las pulsiones del momento suscitan en nosotros, no lo que los eslóganes publicitarios nos echan encima, sino nuestra verdad más profunda, la que ve Dios, aquella en la que Él cree: la belleza irrepetible que somos”, expresó Francisco.

, 06 Dic. 21 (ACI Prensa).- El Papa Francisco partió del aeropuerto internacional de Atenas (Grecia) y se encuentra ya de viaje de regreso a Roma tras haber concluido su visita apostólico número 35 a Chipre y Grecia.

En el aeropuerto de Atenas, el Papa Francisco mantuvo un breve encuentro con el Ministro de exteriores de Grecia, Nikos Dendias. 

El avión papal salió del aeropuerto internacional de Atenas a las 11.45 a.m (hora local) y llegará a Roma previsiblemente sobre las 12.35 p.m (hora de Roma). 

De esta manera se clausuró el viaje del Papa Francisco a Chipre y Grecia que tuvo lugar del 2 al 6 de diciembre. 

A su salida de Grecia, el Papa Francisco envió un telegrama a Katerina Sakellaropuolou, presidenta de la República Helénica. 

El Papa manifestó su profundo agradecimiento por la hospitalidad recibida durante su visita apostólica. 

VATICANO, 06 Dic. 21 (ACI Prensa).- El Papa Francisco se reunió con jóvenes en Grecia este 6 de diciembre a quienes les explicó en qué consiste la fe, los animó a dejarse amar por Dios y a tener valentía de tomar decisiones por las que vale la pena arriesgarse, pues son las que dan el sentido a la vida.

Se trató del último evento de su viaje apostólico internacional número 35 en el que visitó Chipre y Grecia desde el 2 diciembre.

Este lunes por la mañana, al llegar a la escuela San Dionisio de las Hermanas Ursulinas de Marusi, el Papa fue recibido con afecto por numerosas personas que lo esperaban afuera para saludarlo, algunas de ellas le entregaron obsequios.

Antes de entrar a la escuela, un grupo de niños cantó con alegría una canción.

Después, el Papa fue recibido con ovaciones por parte de los jóvenes y un coro de jóvenes entonó la canción “Jesus Christ you are my life”, himno de la JMJ del año 2000 en Roma.

Al comenzar el programa del evento el obispo responsable de la pastoral juvenil de Grecia pronunció el saludo de bienvenida al Santo Padre en el que le explicó que en el gimnasio de esta escuela estaban presentes jóvenes que habían viajado de todas las partes de Grecia. Muchos de los jóvenes eran hijos de migrantes de países como Filipinas, Ucrania, Polonia y Croacia, quienes han crecido, o incluso nacido, en Grecia.

Luego hubo un baile tradicional con trajes típicos griegos.

Posteriormente, llegó el tiempo de los habituales testimonios, intercalados por cantos. Compartieron brevemente su historia una joven griega, una joven filipina y un joven sirio acompañado de su hermano, ambos residentes en Grecia, relató que tuvieron que escapar por la guerra en 2014 con su familia.

En su largo discurso, en el que improvisó en varias ocasiones, el Papa Francisco agradeció la presencia de los jóvenes, renovó su gratitud por la acogida y por todo el trabajo que llevaron adelante para organizar su visita.

Al retomar el testimonio de una joven que relató que tuvo dudas de fe, el Santo Padre alentó a todos a no tener miedo de las dudas, “porque no son faltas de fe, no tengan miedo de las dudas. Al contrario, las dudas son ‘vitaminas de la fe’, ayudan a robustecerla, a hacerla más fuerte, es decir, más consciente, más libre y más madura. La hacen más disponible a ponerse en camino, a seguir adelante cada día con humildad”.

En esta línea, el Papa explicó que “la fe es un camino cotidiano con Jesús que nos lleva de la mano, nos acompaña, nos alienta y, cuando caemos, vuelve a levantarnos. Es como una historia de amor, donde siempre se sigue adelante juntos, día tras día. Y como en una historia de amor, llegan momentos en los que es necesario interrogarse, hacerse preguntas. Y hace bien, hace crecer el nivel de la relación”.

Luego, el Papa pidió rechazar los pensamientos que llevan a la soledad y a la tristeza porque “es una tentación que hay que rechazar. El diablo nos mete esta duda en el corazón para arrojarnos en la tristeza”.

“¿Qué hay que hacer? ¿Qué hay que hacer cuando una duda de este tipo se vuelve sofocante y no nos deja en paz, cuando se pierde la confianza y no se sabe por dónde comenzar? Es necesario volver a encontrar el punto de partida”, afirmó el Papa.

De este modo, el Santo Padre explicó que se trata del asombro, del maravillarse, porque “el asombro no es sólo el comienzo de la filosofía, sino también el inicio de nuestra fe” ya que “en cada encuentro con Dios existe el asombro”.

“Tener fe no consiste principalmente en un conjunto de cosas que hay que creer y de preceptos que hay que cumplir. El corazón de la fe no es una idea o una moral, sino una realidad, una realidad bellísima que no depende de nosotros y que nos deja con la boca abierta: ¡somos hijos amados de Dios!”, indicó el Pontífice.

Luego, el Papa recordó a los jóvenes que “a los ojos de Dios cada uno de ustedes es infinitamente hermoso” por lo que invitó: “Déjate amar por quien siempre cree en ti, por quien te ama más de cuanto tú mismo puedas llegar a amarte”.

Asimismo, el Santo Padre se refirió al “asombro del perdón” para subrayar que “Dios perdona siempre, somos nosotros quienes nos cansamos de pedir perdón” y advirtió sobre “el peligro de olvidarnos de lo que somos, obsesionados por miles de apariencias, por mensajes machacones que hacen depender la vida de la ropa que usamos, del automóvil que conducimos, del modo en que nos miran los demás”.

“Reconoce que vales por lo que eres, no por lo que tienes. No vales por la marca de la ropa o por el calzado que llevas, sino porque eres único, eres única”, sugirió el Papa.

En este sentido, el Santo Padre alertó sobre los “mensajes seductores e insistentes, que apuntan a beneficios fáciles, a las falsas necesidades del consumismo, al culto del bienestar físico, a la diversión a toda costa. Son muchos fuegos artificiales, que brillan por un instante, pero sólo dejan humo en el aire”.

“¡Por eso es importante alimentar el asombro, la belleza de la fe! No somos cristianos porque debemos, sino porque es hermoso. Y precisamente porque queremos proteger esta belleza decimos no a lo que quiere ensombrecerla”, dijo el Papa.

Además, el Santo Padre señaló la importancia de “ver la vida como un servicio” porque “dedicarse a los demás no es de perdedores, es de vencedores; es el camino para hacer algo realmente nuevo en la historia”.

Finalmente, el Papa respondió al testimonio del joven sirio y aconsejó alimentar “la valentía de la esperanza”.

El Santo Padre reconoció que “elegir es un desafío, es afrontar el miedo a lo desconocido, es salir del pantano de la aprobación, es decidirse a tomar la propia vida entre las manos. Para tomar decisiones adecuadas, pueden recordar una cosa: las buenas decisiones incluyen siempre a los demás, no sólo a uno mismo”.

“Esas son las decisiones por las que vale la pena arriesgarse, los sueños que hay que realizar; aquellos que requieren valentía y que implican a los demás”, afirmó.

De este modo, el Papa alentó a los jóvenes a tener “valentía para ir hacia adelante, valentía para arriesgar, valentía de no permanecer en el sofá, ir hacia los demás, nunca aislado, siempre con los otros, con esta valentía cada uno se encontrará a sí mismo, encontrará al otro, encontrará el sentido de la vida”.

Tras el discurso del Papa, varios jóvenes recitaron diferentes oraciones y al finalizar, el Santo Padre impartió su bendición.

Antes de marcharse, el Papa recibió un regalo de unas jóvenes, con quienes conversó brevemente. Al salir de la escuela, el coro de niños volvió a entonar alegres canciones en griego y el Santo Padre saludó a diferentes personas antes de subir al coche para dirigirse al aeropuerto y comenzar su viaje de regreso a Italia.

, 06 Dic. 21 (ACI Prensa).- Antes de partir de regreso a Roma, el Papa Francisco mantuvo un encuentro con los jóvenes de Grecia en la Escuela San Dionisio de las Hermanas Ursulinas de Marusi, donde los exhortó a ser valientes para encontrar el sentido de la vida.

Queridos hermanos y hermanas: Kaliméra sas! [¡Buenos días!]

Les agradezco por haber venido hasta aquí, muchos de ustedes desde lugares lejanos. Efcharistó! [¡Gracias!] Estoy contento de encontrarme con ustedes finalizando mi visita a Grecia, y aprovecho la ocasión para renovar mi gratitud por la acogida y por todo el trabajo que llevaron adelante para organizarla. Efcharistó!

Sus hermosos testimonios me han impresionado. Ya los había leído y retomo ahora con ustedes algunas partes.

Katerina, nos has hablado de sus recurrentes dudas de fe. Quisiera decirte a ti y a todos ustedes, no tengan miedo de las dudas, porque no son faltas de fe. No tengan miedo de las dudas. Al contrario, las dudas son “vitaminas de la fe”, ayudan a robustecerla, a hacerla más fuerte, es decir, más consciente, a hacerla crecer, las hace más libre y más madura. La hacen más disponible a ponerse en camino, a seguir adelante cada día con humildad cada día. Y la fe es precisamente esto, un camino cotidiano con Jesús que nos lleva de la mano, nos acompaña, nos alienta y, cuando caemos, vuelve a levantarnos, no se asusta jamás. Es como una historia de amor, donde siempre se sigue adelante juntos, día tras día. Es como en una historia de amor, llegan momentos en los que es necesario interrogarse, hacerse preguntas. Y hace bien, hace crecer el nivel de la relación.

Y esto es muy importante para ustedes porque no pueden ir en el camino de la fe ciegos, tienen que estar en relación con Dios, con los otros.

Quisiera destacar un punto importante en la experiencia de Katerina. A veces, frente a las incomprensiones o a las dificultades de la vida, en los momentos de soledad o de desilusión, esta duda puede llamar a la puerta de nuestro corazón: “Quizá soy yo que no voy bien, tal vez estoy equivocado, estoy equivocada”. Amigos, es una tentación que hay que rechazar. El diablo nos mete esta duda en el corazón para arrojarnos en la tristeza. ¿Qué hay que hacer? ¿Qué hay que hacer cuando una duda de este tipo se vuelve sofocante y no nos deja en paz, cuando se pierde la confianza y no se sabe por dónde comenzar? Es necesario volver a encontrar el punto de partida. ¿Cuál es? Para comprenderlo, pongámonos a la escucha de vuestra cultura clásica. ¿Saben cuál fue el punto de partida de la filosofía, pero también del arte, de la cultura y de la ciencia? Todo comenzó por una chispa, por un descubrimiento que se expresa con una palabra magnífica: thaumàzein. Es el maravillarse, el asombro. Así comenzó la filosofía, de maravillarse frente a aquello que es, frente a nuestra existencia, a la armonía de la creación y al misterio de la vida.

Pero el asombro no es sólo el comienzo de la filosofía, sino también el inicio de nuestra fe.

El Evangelio nos dice muchas veces que cuando alguien encontró a Jesús se asombra en cada encuentro con Dios siempre está la maravilla el asombro, ese es el inicio del diálogo.

Sí, porque tener fe no consiste principalmente en un conjunto de cosas que hay que creer y de preceptos que hay que cumplir. El corazón de la fe no es una idea o una moral, sino una realidad, una realidad bellísima que no depende de nosotros y que nos deja con la boca abierta: ¡somos hijos amados de Dios! Este es el corazón de la fe, somos hijos amados de Dios. Hijos amados, tenemos un Padre que vela por nosotros y que nunca deja de amarnos. Reflexionemos: cualquier cosa que tú pienses o hagas, aunque sea lo peor, Dios sigue amándote.

Yo quisiera que esto lo entiendan bien, Dios no se cansa de amar, y alguien me puede decir pero si yo caigo en las peores cosas ¿Dios me ama?, y si yo soy un traidor, un pecador, que termino mal, en la droga, en tantas cosas ¿Dios me ama? ¡Dios te ama! Dios ama siempre, no puede dejar de amar.

Dios ama siempre y en todas partes, mira tu vida y la ve muy buena (cf. Gn 1,31). Nunca se arrepiente de nosotros. Si nos ponemos delante del espejo quizá no nos vemos como quisiéramos, porque corremos el riesgo de centrarnos en lo que no nos gusta. Pero si nos ponemos ante Dios la perspectiva cambia. No podemos más que asombrarnos de que somos para Él, a pesar de todas nuestras debilidades y nuestros pecados, hijos amados desde siempre y para siempre. Entonces, más que comenzar la jornada frente al espejo, ¿por qué no abres la ventana de tu habitación y te detienes en todo lo hermoso que ves? Sobre todo lo hermoso que hay, sal de ti mismo. Queridos jóvenes, miren, que nuestros ojos contemplen la creación es hermosa, a los ojos de Dios cada uno de ustedes es infinitamente hermoso. Él, dice la Escritura, “ha hecho de nosotros maravillas admirables” (cf. Sal 139,14).

Cada uno de nosotros para Dios es una maravilla estupenda.

Deja que este asombro te invada. Déjate amar por quien siempre cree en ti, por quien te ama más de cuanto tú mismo puedas llegar a amarte. No es fácil esto, no es fácil llegar a la profundidad del amor, pero es así, basta dejarse mirar por la mirada de Dios.

Y cuando estén decepcionados por algo que hayan hecho, hay otro asombro que no tienen que dejar escapar: el asombro del perdón.

Y en esto quiero ser muy claro, Dios perdona siempre, somos nosotros los que nos cansamos de pedir perdón, Él perdona siempre.

En el perdón se encuentra el rostro del Padre y la paz del Señor. Allí, Él nos restaura de nuevo, derrama su amor en un abrazo que vuelve a levantarnos, que desintegra el mal cometido y vuelve a hacer resplandecer la belleza incontenible que hay en nosotros, el ser sus hijos predilectos. No permitamos que la pereza, el miedo o la vergüenza nos roben el tesoro del perdón. ¡Dejemos que el amor de Dios nos asombre! Nos redescubriremos a nosotros mismos; no lo que dicen de nosotros o lo que las pulsiones del momento suscitan en nosotros, no lo que los eslóganes publicitarios nos echan encima, sino nuestra verdad más profunda, la que ve Dios, aquella en la que Él cree: la belleza irrepetible que somos.

¿Recuerdan la famosa inscripción en la entrada del templo de Delfos? «Conócete a ti mismo». Hoy corremos el peligro de olvidarnos de lo que somos, obsesionados por miles de apariencias, por mensajes machacones que hacen depender la vida de la ropa que usamos, del automóvil que conducimos, del modo en que nos miran los demás. Pero aquella antigua invitación, conócete a ti mismo, vale todavía hoy. Reconoce que vales por lo que eres, no por lo que tienes. No vales por la marca de la ropa o por el calzado que llevas, sino porque eres único, eres única. Pienso en otra imagen antigua, la de las sirenas. Como Ulises en su itinerario de regreso a casa, también ustedes en la vida, que es un viaje audaz hacia la Casa del Padre, encontrarán sirenas. En el mito atraían a los navegantes con su canto para hacerlos estrellar contra los arrecifes. En la realidad, las sirenas de hoy quieren hipnotizarlos con mensajes seductores e insistentes, que apuntan a beneficios fáciles, a las falsas necesidades del consumismo, al culto del bienestar físico, a la diversión a toda costa. Son muchos fuegos artificiales, que brillan por un instante, pero sólo dejan humo en el aire.

Ciertamente, resistir no es fácil. ¿Se acuerdan cómo resistió Ulises, asediado por las sirenas? Se hizo atar al palo mayor del barco. Pero otro personaje, Orfeo, nos enseña un camino mejor: entonó una melodía más hermosa que la de las sirenas y así las hizo callar. ¡Por eso es importante alimentar el asombro, la belleza de la fe! No somos cristianos porque debemos, sino porque es hermoso. Y precisamente porque queremos proteger esta belleza decimos no a lo que quiere ensombrecerla. La alegría del Evangelio, el asombro que provoca Jesús hace que las renuncias y las fatigas pasen a un segundo plano. Entonces, ¿estamos de acuerdo?

Recuerden bien esto, ser cristiano fundamentalmente no es hacer esto o hacer lo otro, no es hacer cosas, se tienen que hacer esas cosas pero fundamentalmente no es esto, fundamentalmente ser cristiano es dejar que Dios te ame, que te conozca que tú eres único o única delante del amor de Dios.

Pasemos a otro capítulo. Ioanna, me gustó que, para hablarnos de tu vida, has hablado de los demás, sobre todo de las dos mujeres más importantes de tu vida, tu mamá y tu abuela, que te “han enseñado a rezar, a agradecer cada día a Dios”. Así asimilaste la fe de manera natural, genuina. Y nos has dado un consejo que nos hace bien: que acudamos al Señor en cualquier circunstancia, “que le hablemos, que le confesemos nuestras preocupaciones”. De ese modo, Jesús se hizo familiar para ti. ¡Qué contento está cuando nos abrimos a Él! Así se conoce a Dios. Porque para conocerlo no basta tener ideas claras sobre Él: se necesita ir hacia Él con la vida. Tal vez este sea el motivo por el que tantos lo ignoran, porque sólo sienten predicaciones y discursos. En cambio, Jesús se transmite a través de rostros y de personas concretas. Hagan la prueba de releer los Hechos de los Apóstoles y verán cuántas personas, rostros y encuentros; así conocieron a Jesús nuestros padres en la fe. Dios no nos da un catecismo en la mano, sino que se hace presente por medio de las historias de las personas. Pasa a través de nosotros. Dios no nos da en la mano un libro para aprender cosas, Dios se hace entender en la cercanía, acompañándonos en el camino de la vida conocer a Jesús es el núcleo de nuestra fe.

Precisamente en este sentido, Ioanna, nos has contado acerca de una persona decisiva para ti, una religiosa que te mostró la alegría “de ver la vida como un servicio”. Es verdad, servir a los demás es el camino para conquistar la alegría. Dedicarse a los demás no es de perdedores, es de vencedores; es el camino para hacer algo realmente nuevo en la historia. Supe que en griego “joven” se dice “nuevo” y nuevo significa joven. El servicio es la novedad de Jesús; el servicio, dedicarse a los demás es la novedad que hace la vida siempre joven. ¿Quieres hacer algo nuevo en la vida? ¿Quieres rejuvenecer? No te contentes con publicar algún post o algún tuit. No te contentes con encuentros virtuales, busca los reales, sobre todo con quien te necesita; no busques la visibilidad, sino a los invisibles. Esto es original, esto es revolucionario.

Salir de sí mismo para encontrar al otro, si vives prisionero en ti mismo no podrás salir jamás de ti mismo y no podrás saber qué es servir, servir es el gesto más bello es el gesto más grande de la persona, servir a los demás.

Muchos hoy son “de redes sociales” pero poco “sociales”, encerrados en sí mismos, prisioneros del teléfono que tienen entre sus manos. Pero en la pantalla falta el otro, faltan sus ojos, su respiración, sus manos. La pantalla se vuelve fácilmente un espejo, donde crees que estás frente al mundo, pero en realidad estás solo, en un mundo virtual lleno de apariencias, de fotos trucadas para parecer siempre hermosos y en forma. ¡Qué bonito, en cambio, es estar con los demás, descubrir la novedad del otro, cultivar la mística del conjunto, la alegría de compartir, el ardor de servir!

A este respecto, en el encuentro con los jóvenes en Eslovaquia, el pasado mes de septiembre, algunos jóvenes mostraban una pancarta interesante. Tenía sólo dos palabras: “Todos hermanos”. Me gustó. A menudo en los estadios, en las manifestaciones, en las calles se exponen pancartas para alentar la propia facción, las propias ideas, el propio equipo, los propios derechos. Pero la pancarta de esos jóvenes decía algo nuevo: que es hermoso sentirse hermanos y hermanas de todos, sentir que los demás forman parte de un nosotros, no gente de la que hay que tomar distancia. Estoy contento de verlos aquí todos juntos, unidos, aun proviniendo de países e historias tan distintas. ¡Sueñen con la fraternidad!

En griego hay un refrán iluminador: o fílos ine állos eaftós, “el amigo es otro yo”. Sí, el otro es el camino para volver a encontrarse con uno mismo. No un espejo, sino otro. Ciertamente, cuesta salir de las propias zonas de confort, es más fácil estar sentados en el sofá frente a la televisión. Pero eso es algo viejo, no es de jóvenes. De jóvenes es reaccionar, abrirse cuando uno se siente solo, buscar a los demás cuando viene la tentación de cerrarse, entrenarse en esta “gimnasia del alma”. Aquí nacieron los eventos deportivos más grandes, las Olimpíadas, el maratón. Más allá del espíritu de lucha que hace bien al cuerpo, está aquello que hace bien al alma: entrenarse para la apertura, recorrer largas distancias desde uno mismo para acortarlas con los demás, lanzar el corazón atravesando los obstáculos, cargar unos los pesos de los otros. Entrenarse en esto los hará felices, los mantendrá jóvenes y les hará sentir la aventura de vivir.

A propósito de aventura, Aboud, tu testimonio nos ha impactado: la huida, junto con los tuyos, de la amada y martirizada Siria, después de haber arriesgado varias veces la vida, a punto de ser asesinados en la guerra. Y después de tantos “no” y miles de dificultades, llegaron a este país del único modo posible, en barco, permaneciendo “en una roca sin agua y sin comida, esperando el amanecer y una nave de la guardia costera”: una verdadera odisea de nuestros días. Y me vino en mente que, en la Odisea de Homero, el primer héroe que aparece no es Ulises, sino un joven, Telémaco, su hijo, que vivió una gran aventura.

No había conocido a su padre y estaba angustiado, desalentado porque no sabía dónde se encontraba y ni siquiera si estaba vivo. Se sentía sin raíces y estaba delante de una encrucijada: permanecer allí, a la espera, o quizá hacer una locura y lanzarse a la búsqueda. Hay varias voces, entre ellas la de la divinidad, que lo exhortan a ser valiente y a partir. Y él lo hace, se levanta, prepara el barco a escondidas y rápidamente, al despuntar el sol, sale a la aventura. El sentido de la vida no es quedarse en la playa esperando que el viento traiga novedades. La salvación está en mar abierto, está en el impulso, en seguir los sueños, los verdaderos, los que se sueñan con los ojos abiertos, que comportan esfuerzo, lucha, vientos contrarios, borrascas repentinas. Pero no hay que dejarse paralizar por el miedo, ¡sueñen en grande! ¡Y sueñen juntos! Como pasó con Telémaco, habrá quien intente detenerlos. Habrá siempre alguien que les dirá: “Déjalo, no te arriesgues, es inútil”. Son los anuladores de sueños, los sicarios de la esperanza, los incurables nostálgicos del pasado.

Ustedes, en cambio, alimenten la valentía de la esperanza, la que has tenido tú, Aboud. ¿Cómo se hace? Por medio de sus decisiones. Elegir es un desafío, es afrontar el miedo a lo desconocido, es salir del pantano de la aprobación, es decidirse a tomar la propia vida entre las manos. Para tomar decisiones adecuadas, pueden recordar una cosa: las buenas decisiones incluyen siempre a los demás, no sólo a uno mismo. Esas son las decisiones por las que vale la pena arriesgarse, los sueños que hay que realizar; aquellos que requieren valentía y que implican a los demás.

Al despedirme de ustedes les deseo esto, que tengan la valentía de ir adelante, la valentía de no quedarse sentados en el sillón, sino que tienen que arriesgar, tienen que ir hacia los otros, no aislarse sino junto con los otros, esta valentía los ayudará a encontrarse a ustedes mismo y también a los demás, y también los ayudará a encontrar el sentido de la vida, les deseo todo esto, les deseo que con la ayuda de Dios Padre que los ama.

Dios los ama, tengan la valentía, vayan adelante. Y esperen siempre juntos. Brostà, óli masí! [¡Adelante, todos juntos!]

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