Testigos de la Vida

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La madre Iglesia ofrece hoy en la Eucaristía un pasaje del Evangelio donde Jesús se aparece a la célula germinal de la comunidad cristiana, reunida en un clima de asombro, de duda, e incluso de incredulidad. Entonces, comió delante de ellos, les ofreció la clave hermenéutica para comprender las Escrituras (Lc 24, 35-48).

La Eucaristía, prolongación
de la Encarnación
Después del reencuentro de aquellos dos discípulos con el Resucitado, “regresaron de Emaús y llegaron al sitio donde estaban reunidos los apóstoles, les contaron lo que les había pasado en el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan” (v. 35). El verbo ‘regresar’ es escogido por Lucas para indicar la actitud de todos los que han experimentado la visita misericordiosa de Dios: los pastores (véase 2, 20), los apóstoles (véase 9, 10), los setenta y dos discípulos (véase 10, 17), el leproso curado (véase 17, 15). Regresan para alabar y glorificar a Dios, para referir y proclamar sus maravillas.
El evangelista destaca que los de Emaús reconocieron a Jesús ‘al partir el pan’ y no en hecho de haberlo visto con sus propios ojos. La Eucaristía es la fuente evangelizadora de la comunidad, prolongación de la Encarnación, donde Cristo se hace presente.

Al miedo y el terror
sigue la alegría
Enseguida Jesús se presentó “en medio de ellos y les dijo: ‘La paz esté con ustedes’” (v. 36). El modo de existir del Resucitado no es ya el modo de existir del Jesús terrestre. La aparición repentina e inexplicable del Señor causó miedo y terror, “creían ver un fantasma” (v. 37). Jesús les pidió que miraran sus manos y sus pies y hasta ofreció que le tocaran (véanse vv. 38-40). Los discípulos pueden palpar el cuerpo del Señor, aunque pudiera engañarse la vista, el sentido del tacto no se engaña, es el sentido más objetivo de todos. “Pero como ellos no acababan de creer de pura alegría y seguían atónitos, les dijo: ‘¿Tienen algo de comer?’” (v. 41). Al miedo y el terror sigue la alegría que les impide ver. ¡El mensaje de la resurrección de Jesús es demasiado bello para ser verdadero! Jesús comió delante de sus discípulos un trozo de pescado (véanse vv. 42-43).
La necesidad de un cambio
de comportamiento
El tiempo de Jesús es el tiempo de la realización de las promesas (véanse v. 44). La nueva inteligencia de la Escritura es obra del Resucitado, “entonces les abrió el entendimiento para que comprendieran las Escrituras” (v. 45). El Antiguo Testamento sólo puede entenderse a la luz de la Pascua. Después les enseñó que la Sagrada Escritura anuncia la salvación para todos los pueblos: “Está escrito que el Mesías tenía que padecer y había de resucitar de entre los muertos al tercer día, y que en su nombre se había de predicar a todas las naciones, comenzando por Jerusálen, la necesidad de volverse a Dios para el perdón de los pecados” (vv. 46-47).
En el texto aparece la palabra metanoia, que literalmente significa: cambio de mentalidad, cambio de actitud, cambio de comportamiento. “Y éste es siempre –puntualiza el padre dominico Albert Nolan– visto como el cambio de un comportamiento injusto a un justo” (Espiritualidad Bíblica. Espiritualidad de justicia y amor, Dabar, México D. F. 1993, p. 18). La escena termina con la encomienda del Señor: “Ustedes son testigos de esto” (v. 48).

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