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VATICANO, 01 Dic. 17 (ACI).- En el encuentro que mantuvo con los Obispos de Bangladesh, el Papa Francisco exhortó a prestar atención a las necesidades de los jóvenes, de cara al Sínodo que reflexionará sobre ellos en el Vaticano en 2019, y valorar los carismas de los laicos.

El Papa pidió a los prelados asegurar “que los candidatos estén bien formados para comunicar a los demás, y en particular a sus propios contemporáneos, la riqueza de la fe”. “En un espíritu de comunión que une a las generaciones, ayudadlos a llevar adelante con alegría y entusiasmo el trabajo que otros han comenzado, sabiendo que algún día a ellos mismos les tocará, a su vez, transmitirlo”.

Por otro lado, pidió mantener “una cercanía pastoral cada vez mayor hacia los fieles laicos” puesto que “es necesario promover su participación efectiva en la vida de vuestras Iglesias particulares, a través de las estructuras canónicas que permiten escuchar sus voces y apreciar sus experiencias”.

“Reconoced y valorad los carismas de los laicos y laicas, y animadlos a poner sus dones al servicio de la Iglesia y de la sociedad en su conjunto”, afirmó.

En su segundo día en Bangladesh, el Papa Francisco se reunió con la Primera Ministra del país, Shekh Hasina, en la Nunciatura que se encuentra situada en la ciudad de Daca. Después, se trasladó hasta el Arzobispado para visitar la catedral.

Una vez en ella, el Pontífice fue acogido por el Cardenal Patrick D’Rozario, Arzobispo de Daca. Allí bendijo las placas conmemorativas de las visitas papales de Pablo VI en 1970, Juan Pablo II en 1986 y la suya propia. También las placas de dos nuevos edificios para los ancianos y los sacerdotes.

A continuación, saludó a 20 miembros del Comité Organizador de la visita y entró en la catedral acogidospor el párroco, un sacerdote y una religiosa. En la catedral estuvieron presentes unas 700 personas, entre ellas algunos benefactores a los que el Pontífice saludó y bendijo.

Francisco también oró durante unos segundos en silencio delante de la Capilla del Santísimo, y ya fuera de la iglesia, rezó en la tumba de los tres obispos precedentes.

Por último, caminó hasta la casa de los sacerdotes ancianos, en el complejo del Arzobispado, donde se celebró este encuentro con los Obispos de Bangladesh.

Al hablar de la acción social de la Iglesia en aquel país, dio las gracias a los que “trabajan silenciosamente para apoyar a las familias cristianas en su misión de dar cada día testimonio del amor reconciliador del Señor y de dar a conocer su poder redentor”.

La “actual crisis de los refugiados” también ocupó parte de su intervención. En Santo Padre manifestó que “aún queda mucho por hacer” y señaló que “la inspiración para sus obras de asistencia a los necesitados debe ser siempre esa caridad pastoral que sabe reconocer en seguida las heridas humanas y que responde con generosidad a cada uno personalmente”.

Para el Papa también es de suma importancia el respeto entre las diversas religiones del país, por lo que les instó a trabajar “tenazmente en construir puentes y en fomentar el diálogo, ya que estos esfuerzos no sólo facilitan la comunicación entre los diferentes grupos religiosos, sino que también despiertan las energías espirituales necesarias para la construcción de una nación unida, justa y en paz”.

“Cuando los líderes religiosos se pronuncian con una sola voz contra la violencia, que pretende hacerse pasar por religión, y tratan de reemplazar la cultura del conflicto con la cultura del encuentro, acuden a las raíces espirituales más profundas de sus diversas tradiciones”, concluyó.

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TEXTO: Discurso del Papa Francisco a los Obispos de Bangladesh https://t.co/TQTTZnWVIq

— ACI Prensa (@aciprensa) 1 de diciembre de 2017

 

VATICANO, 01 Dic. 17 (ACI).- En una visita del Papa Francisco a un país puede ocurrir de todo. Un ejemplo es lo que ocurrió en el parque Suhrawardy Udyan, donde el Pontífice tenía previsto celebrar la misa en la capital de Bangladesh, Daca.

Cuando el papamóvil atravesaba una de las vías creadas para que el vehículo papal pasara y Francisco saludara a los fieles, uno de los postes eléctricos de madera comenzó a venirse abajo y los cables estuvieron a punto de caer sobre el vehículo.

Vaya susto!! Un poste eléctrico detuvo a punto de caer sobre el papamóvil de #Francisco en #Bangladesh #PopeInBangladesh pic.twitter.com/hMpCTzi596

— Álvaro de Juana (@AlvarodeJuana_) 1 de diciembre de 2017

Los fieles que se encontraban en ese lugar ha comenzado a gritar, y varios miembros de la seguridad del Papa Francisco acudió rápidamente para evitar que cayera encima.

Finalmente, todo quedó solo en un susto y el Pontífice pudo proseguir y celebrar después la Misa.

El momento fue recogido en imagen por el operador de cámara de TV2000 Andrea Tramontano. 

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Desde Bangladesh el Papa Francisco llama a sacerdotes a ser coherentes con el Evangelio https://t.co/8OeQx1fJRM

— ACI Prensa (@aciprensa) 1 de diciembre de 2017

 

VATICANO, 01 Dic. 17 (ACI).- Después de visitar la catedral de Daca, el Papa Francisco celebró un encuentro con los Obispos del país, a quienes exhortó a mostrar cercanía a los laicos del país así como a sus carismas.

“Es necesario promover su participación efectiva en la vida de vuestras Iglesias particulares, a través de las estructuras canónicas que permiten escuchar sus voces y apreciar sus experiencias. Reconoced y valorad los carismas de los laicos y laicas, y animadlos a poner sus dones al servicio de la Iglesia y de la sociedad en su conjunto”.

A continuación el texto completo del Papa Francisco:

Señor Cardenal,

queridos hermanos en el episcopado:

¡Qué bueno es para nosotros estar juntos! Agradezco al cardenal Patrick [D'Rozario] sus palabras introductorias, con las que ha presentado las múltiples actividades espirituales y pastorales de la Iglesia en Bangladesh. He apreciado particularmente su referencia al previsor Plan Pastoral de 1985, que pone de manifiesto los principios y las prioridades evangélicas que han guiado la vida y la misión de la comunidad eclesial en esta joven nación. Mi propia experiencia en Aparecida, que lanzó la misión continental en América Latina, me ha convencido de la fecundidad de tales planes, que implican a todo el Pueblo de Dios en un proceso continuo de discernimiento y de acción.

La realidad de la comunión estaba en el centro del Plan Pastoral, y sigue inspirando el celo misionero que distingue a la Iglesia en Bangladesh. Vuestro mismo ministerio episcopal ha estado tradicionalmente marcado por un espíritu de colegialidad y apoyo mutuo. Este espíritu de afecto y colegialidad lo comparten también vuestros sacerdotes y, a través de ellos, se ha extendido a las parroquias, las comunidades y los múltiples apostolados de vuestras Iglesias locales. Se manifiesta en la seriedad con la que os dedicáis en vuestras diócesis a las visitas pastorales y os preocupáis por el bien concreto de vuestra gente. Os pido que perseveréis en este ministerio de presencia, que es fundamental para fortalecer los vínculos de comunión que os unen a vuestros sacerdotes, que son vuestros hermanos, hijos y colaboradores en la viña del Señor, y a los religiosos y religiosas que contribuyen decisivamente a la vida católica en este país.

Al mismo tiempo, os pediría que mostréis una cercanía pastoral cada vez mayor hacia los fieles laicos. Es necesario promover su participación efectiva en la vida de vuestras Iglesias particulares, a través de las estructuras canónicas que permiten escuchar sus voces y apreciar sus experiencias. Reconoced y valorad los carismas de los laicos y laicas, y animadlos a poner sus dones al servicio de la Iglesia y de la sociedad en su conjunto. Pienso en los numerosos y entregados catequistas de este país, cuyo apostolado es esencial para el crecimiento de la fe y para la formación cristiana de las nuevas generaciones. Son verdaderos misioneros y guías de oración, especialmente en las zonas más remotas. Estad atentos a sus necesidades espirituales y a su constante educación en la fe.

En estos meses de preparación para la próxima asamblea del Sínodo de los Obispos, estamos todos invitados a pensar cuál es la mejor manera de hacer que nuestros jóvenes compartan la alegría, la verdad y la belleza de nuestra fe. Bangladesh ha sido bendecido con vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa; es importante asegurar que los candidatos estén bien formados para comunicar a los demás, y en particular a sus propios contemporáneos, la riqueza de la fe. En un espíritu de comunión que une a las generaciones, ayudadlos a llevar adelante con alegría y entusiasmo el trabajo que otros han comenzado, sabiendo que algún día a ellos mismos les tocará, a su vez, transmitirlo.

Una valiosa acción social de la Iglesia en Bangladesh está dirigida a la asistencia de las familias y, de manera específica, al compromiso por la promoción de la mujer. Las personas de este país se distinguen por su amor a la familia, su sentido de la hospitalidad, el respeto que muestran hacia los padres y abuelos, y la atención que le dan a los ancianos, los enfermos y los desamparados. Estos valores son confirmados y elevados por el Evangelio de Jesucristo. Una palabra especial de gratitud merecen todos los que trabajan silenciosamente para apoyar a las familias cristianas en su misión de dar cada día testimonio del amor reconciliador del Señor y de dar a conocer su poder redentor. Como señala la Exhortación Post-sinodal Ecclesia in Asia, la familia «no es simplemente objeto del cuidado pastoral de la Iglesia, sino también uno de los agentes más eficaces de evangelización» (n. 46).

 

Un objetivo significativo que el Plan Pastoral ha señalado, y que de hecho ha demostrado ser profético, es la opción por los pobres. La comunidad católica en Bangladesh puede estar orgullosa de su historia de servicio a los pobres, especialmente en las zonas más remotas y en las comunidades tribales. Lleva adelante este servicio cotidianamente a través de sus apostolados de educación, de sus hospitales, clínicas y centros de salud, y de sus múltiples obras de caridad. Sin embargo, especialmente a la luz de la actual crisis de refugiados, vemos lo mucho que queda aún por hacer. La inspiración para sus obras de asistencia a los necesitados debe ser siempre esa caridad pastoral que sabe reconocer en seguida las heridas humanas y que responde con generosidad a cada uno personalmente. Al trabajar para crear una «cultura de la misericordia» (cf. Misericordia et Misera, 20), vuestras Iglesias locales demuestran su opción por los pobres, refuerzan la proclamación de la infinita misericordia del Padre y contribuyen en gran medida al desarrollo integral de su patria.

Un momento importante de mi visita pastoral a Bangladesh es el encuentro interreligioso y ecuménico que tendrá lugar inmediatamente después de nuestra reunión. En vuestra nación la diversidad étnica se refleja en una variedad de tradiciones religiosas. El compromiso de la Iglesia de llevar adelante la comprensión interreligiosa a través de seminarios y programas educativos, así como por medio de contactos personales e invitaciones, contribuye a la difusión de la buena voluntad y la armonía. Trabajad tenazmente en construir puentes y en fomentar el diálogo, ya que estos esfuerzos no sólo facilitan la comunicación entre los diferentes grupos religiosos, sino que también despiertan las energías espirituales necesarias para la construcción de una nación unida, justa y en paz. Cuando los líderes religiosos se pronuncian con una sola voz contra la violencia, que pretende hacerse pasar por religión, y tratan de reemplazar la cultura del conflicto con la cultura del encuentro, acuden a las raíces espirituales más profundas de sus diversas tradiciones. También brindan un servicio inestimable al futuro de sus países y de nuestro mundo al educar a los jóvenes en el camino de la justicia: «Es necesario acompañar y ayudar a madurar a las nuevas generaciones para que, ante la lógica incendiaria del mal, respondan con el paciente crecimiento del bien» (Discurso en la Conferencia Internacional para la Paz, Al-Azhar, El Cairo, 28 abril 2017).

Queridos hermanos obispos, agradezco al Señor estos momentos de conversación y de intercambio fraterno. También me siento contento de que este Viaje Apostólico, que me ha traído a Bangladesh, me haya permitido ser testigo de la vitalidad y el fervor misionero de la Iglesia en esta nación. Ofrecemos al Señor las alegrías y las dificultades de vuestras comunidades locales, y juntos le pedimos una nueva efusión del Espíritu Santo, que nos dé «la fuerza para anunciar la novedad del Evangelio con audacia (parresía), a alta voz y en todo tiempo y lugar, incluso a contracorriente» (Evangelii Gaudium, 259). Que los sacerdotes, religiosos, consagrados y consagradas, y los fieles confiados a vuestro cuidado pastoral, encuentren siempre una renovada energía en sus esfuerzos para ser «evangelizadores que anuncien la Buena Noticia no sólo con palabras sino sobre todo con una vida que se ha transfigurado en la presencia de Dios» (ibíd.). Os imparto a todos, con gran afecto, mi Bendición Apostólica. Os pido, por favor, que no os olvidéis de rezar por mí.

REDACCIÓN CENTRAL, 01 Dic. 17 (ACI).- “La fe es incompatible con el orgullo, con la vanagloria, con el deseo de la estima de los hombres. Para creer, es necesario humillarse”, decía el Beato Carlos de Foucauld, quien pasó de ser un aristócrata francés y militar mujeriego a un claro modelo de santidad.

Carlos de Foucauld nació en Estrasburgo, Francia, en una familia aristocrática en 1858. A los seis años quedó huérfano y junto con su hermana fueron criados por su abuelo. Más adelante estudió con los jesuitas en Nancy y París.

Ingresó al servicio militar, pero años después fue dado de baja por mala conducta y se marchó con su amante. Por aquel tiempo se produjo una revuelta y Carlos volvió al ejército. Cuando todo acabó, renunció a su puesto para estudiar árabe y hebreo.

En 1883, haciéndose pasar por judío, realizó una expedición por el desierto de Marruecos, hizo mapas de los oasis y recibió la medalla de oro de la Sociedad Francesa de Geografía. Asimismo exploró Argelia y parte de Túnez.

En 1886 tuvo una experiencia profunda de conversión. Le impactó la vida entre los seguidores del Islam y el ver que aquellas personas se tomaban muy en serio su religión. En cambio, él había tenido una historia de derroche de dinero y en aventuras.

Con la ayuda de un sacerdote y después de una sincera confesión, optó por una vida más austera, durmiendo en el piso y orando por horas. Peregrinó hasta Tierra Santa y pasó por muchos retiros espirituales.

Con el tiempo ingresó al monasterio Notre Dames-des-Neiges de los monjes trapenses y tomó el nombre de Marie-Alberic.

Fue enviado al Monasterio de Akbes en Siria y luego a estudiar a Roma. Sin embargo, optó por retirarse de los trapenses ya que los pueblos africanos alejados de la fe estaban constantemente en sus pensamientos.

Volvió de peregrino a Tierra Santa y retornó a Francia. Tras estudiar un tiempo para el sacerdocio, fue ordenado en 1901.

Ya como sacerdote se fue a vivir cerca de Marruecos con la intención de anunciar el Evangelio. Comenzó a comprar esclavos para liberarlos y evangelizaba en la tribu nómada de los Tauregs.

Escribió varios libros sobre ellos y tradujo los Evangelios a su lengua. Logró establecerse en el corazón del desierto del Sahara en Tamanrasset (Hoggar, Argelia).

En 1909 fundó la Unión de Hermanos y Hermanas del Sagrado Corazón con la misión de evangelizar las colonias francesas de África. Los bereberes, personas pertenecientes a etnias al norte de África, decían que su bondad producía sentimientos amistosos hacia los franceses.

Sin embargo, el 1 de diciembre de 1916, el Beato Carlos de Foucauld murió en la puerta de su ermita por un disparo de fusil debido a una revuelta antifrancesa de los bereberes de Hoggar.

“Creo necesario morir como mártir, despojado de todo, tendido en el suelo, desnudo, cubierto de heridas y de sangre, de forma violenta y con una muerte dolorosa”, expresó en una ocasión, como presintiendo su muerte.

Diez congregaciones religiosas y ocho asociaciones de vida espiritual han surgido de su testimonio y carisma. Fue beatificado por Papa Benedicto XVI en 2005 y su fiesta litúrgica se celebra cada 1 de diciembre.

Más información en: https://www.aciprensa.com/santos/santo.php?id=678

Desafíos de la paz

Por Carlos´AYALA RAMÍREZ |

Para Ignacio Ellacuría, prudente es la persona o institución que ve lejos, “es el providente, el que tiene su mirada puesta adelante, más allá de lo inmediato, más allá de los intereses particulares; es quien se guía por el principio de realidad, entendido no como aceptación resignada de lo que se suele dar, sino como búsqueda de lo que debe haber”. Este talante de prudencia lo encontramos al instituirse la Jornada Mundial de la Paz. Fue Pablo VI el que lanzó la idea, en 1967, con la esperanza de que llegara no solo al más amplio asentimiento del mundo civil, sino que encontrara, en todas partes, múltiples promotores. La paz como realidad histórica, como derecho humano fundamental y como ideal por construir es el hilo conductor de la Jornada. De ahí la necesidad, proclamada por Pablo VI, de formar al mundo para que ame la paz, la construya y la defienda.

Este pontífice advertía de los peligros que suelen acechar a la paz. Hablaba de los egoísmos en las relaciones entre naciones; de las violencias a las que los pueblos pueden dejarse arrastrar por la desesperación al no ser reconocido y respetado su derecho a la vida y a la dignidad; del uso de los terribles armamentos de los que algunas potencias disponen; de creer que las controversias internacionales no se pueden resolver por el caminos de la negociación, sino solo por una fuerza espantosa y mortífera.

Ahora bien, si repasamos los desafíos de la paz en el presente ministerio papal, ateniéndonos al criterio de lo providente, tenemos los siguientes rasgos. En el primer mensaje del papa Francisco para la Jornada Mundial de la Paz, en 2014, constata realidades que niegan la paz porque lesionan gravemente los derechos fundamentales de las personas y pueblos. En esta línea, habla de la trata de seres humanos y de las guerras menos visibles, pero no menos crueles, que se libran en el campo económico y financiero, donde predomina un tecnicismo sin ética y donde las personas quedan reducidas a objetos de explotación.

En ese contexto, propone la fraternidad como fundamento y camino para la paz, que ha de expresarse bajo un triple aspecto: el deber de la solidaridad, que exige que las naciones ricas ayuden a los países menos desarrollados; el deber de la justicia social, que requiere la transformación de las relaciones injustas entre pueblos fuertes y pueblos débiles; y el deber de la caridad universal, que implica la promoción de un mundo más humano para todos.

En 2015, el mensaje del papa se tituló “No esclavos, sino hermanos”. En él se denuncian las formas contemporáneas de esclavitud. Se habla de millones de personas —niños, hombres y mujeres de todas las edades— privados de libertad y obligados a vivir en condiciones similares a la esclavitud. Frente a esta realidad, implantar la paz significa, para Francisco, “globalizar la fraternidad, no la esclavitud ni la indiferencia”. En este sentido, hace un llamamiento urgente a todos los hombres y mujeres de buena voluntad para que no aparten los ojos del sufrimiento de sus hermanos y hermanas en humanidad.

En 2016, la Jornada Mundial de la Paz llevó como lema “Vence la indiferencia y conquista la paz”. En esa ocasión, el papa criticó la actitud de quien cierra el corazón para no tomar en consideración a los otros, de quien cierra los ojos para no ver aquello que lo circunda, de quien se evade para no ser tocado por los problemas de los demás. Se trata, dice el papa, de una tipología humana que ha superado decididamente el ámbito individual para asumir una dimensión global y producir el fenómeno de la “globalización de la indiferencia”. En este marco, el antídoto que propone el papa es la promoción de una cultura de la solidaridad y la misericordia, que exige el compromiso de todos aquellos que tienen responsabilidades educativas y formativas.

En 2017, la Jornada se centró en el tema “La no violencia: un estilo de política para la paz”. Francisco afirma que en la actualidad estamos ante una “terrible guerra mundial por partes”, que provoca un enorme sufrimiento: guerras en diferentes países y continentes; terrorismo, criminalidad y ataques armados impredecibles; devastación del medio ambiente, entre otros. El desafío es cómo enfrentar tanta violencia. Responder con más fuerza lleva, según el papa, a la emigración forzada y a un enorme sufrimiento. Y en el peor de los casos, a la muerte física y espiritual de muchos, sino de todos. La propuesta del papa es la no violencia activa que pone límites al uso de la fuerza por medio de normas éticas y la presión de instituciones internacionales que trabajan por la paz.

Para 2018, el lema será “Migrantes y refugiados: hombres y mujeres que buscan la paz”. Francisco da centralidad a las personas que más sufren por la ausencia de paz. Refiere a los más de 250 millones de migrantes del mundo, de los que más de 22 millones son refugiados. Afirma que estos no llegan a los países receptores con las manos vacías. Al contrario, llevan consigo la riqueza de su valentía, su capacidad, sus energías, sus aspiraciones y, por supuesto, los tesoros de su propia cultura, enriqueciendo así la vida de las naciones que los acogen. De ahí que, según Francisco, para que estos grupos tengan posibilidad de encontrar la paz que buscan, se requiere una estrategia que conjugue cuatro acciones: acoger, proteger, promover e integrar.

Como vemos, la paz en cuanto quehacer permanente reclama un compromiso con la verdad, la justicia, la libertad y el amor. Una manera eficaz de ser providentes en la convivencia humana.

 

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DACA, 01 Dic. 17 (ACI).- El Papa Francisco presidió este viernes en Daca (Bangladesh), la Misa de ordenación de 16 nuevos sacerdotes, a quienes recordó que Cristo los escogió para estar al servicio del Pueblo de Dios y los llamó a ser coherentes con el Evangelio, creyendo lo que leen, enseñando lo que creen y practicando lo que enseñan.

El Santo Padre llegó a las 10 a.m. (hora local), al Suhrawardy Udyan Park, para reunirse con la pequeña comunidad católica de Bangladesh.

Pronunciando la homilía en italiano y con la ayuda de un traductor, Francisco alentó a los 16 nuevos presbíteros a transmitir “a todos la Palabra de Dios que habéis recibido con alegría”. “Y al meditar en la ley del Señor, procurad creer lo que leéis, enseñar lo que creéis y practicar lo que enseñáis”, exhortó.

“Como sabéis, hermanos, el Señor Jesús es el gran Sacerdote del Nuevo Testamento; aunque, en verdad, todo el pueblo santo de Dios ha sido constituido sacerdocio real en Cristo. Sin  embargo, nuestro gran Sacerdote, Jesucristo, eligió a algunos discípulos para que en la Iglesia desempeñasen, en nombre suyo, el oficio sacerdotal para bien de los hombres”, señaló.

En ese sentido, indicó que al ser ordenados se convierten en colaboradores de los obispos para servir al pueblo de Dios, haciendo “las veces de Cristo”, por quien “la Iglesia, su Cuerpo, se edifica y crece como pueblo de Dios y templo santo”.

“La ordenación os convertirá en verdaderos sacerdotes del Nuevo Testamento para anunciar el Evangelio, apacentar el pueblo de Dios y celebrar el culto divino, principalmente en el sacrificio del Señor”, afirmó.

“Que vuestra enseñanza sea alimento para el pueblo de Dios; que vuestra vida sea un estímulo para los discípulos de Cristo, a fin de que con vuestra palabra y vuestro ejemplo se vaya edificando la casa, que es la Iglesia de Dios”, agregó.

Por ello, los exhortó a recordar cada vez que bauticen, perdonen los pecados, alivien a los enfermos y celebren los ritos sagrados, que fueron elegidos para servir a los hombres “en las cosas de Dios”.

“Realizad, pues, con alegría perenne, en verdadera caridad, el ministerio de Cristo Sacerdote, no buscando vuestro propio interés, sino el de Jesucristo”; porque el Buen Pastor “no vino para que le sirvieran, sino para servir, y para buscar y salvar lo que estaba perdido”, concluyó.

El Papa Francisco permanecerá en Bangladesh, país de mayoría musulmana, hasta el 2 de diciembre. Previamente hizo una visita apostólica a Myanmar, de gran mayoría budista, donde también se reunió con la pequeña comunidad católica.

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TEXTO: Homilía del Papa Francisco en Misa de ordenación de 16 sacerdotes en Bangladesh https://t.co/tQQQXmb2Or

— ACI Prensa (@aciprensa) 1 de diciembre de 2017

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