Artículos Recientes
11-S 3-D Accion ACI Prensa Actualidad y Análisis Actuall Adolescencia Africa Agencia Zenit Agenzia Fides Agustinos Recoletos AICA Aleteia Amistad Animacion Animales Aniversarios Antigua Grecia Antigua Roma Antiguo Egipto Antiguo Testamento Año 1932 Año 1933 Año 1934 Año 1935 Año 1937 Año 1938 Año 1940 Año 1941 Año 1943 Año 1945 Año 1946 Año 1947 Año 1948 Año 1949 Año 1950 Año 1951 Año 1952 Año 1953 Año 1954 Año 1955 Año 1957 Año 1958 Año 1959 Año 1960 Año 1961 Año 1962 Año 1964 Año 1965 Año 1966 Año 1967 Año 1968 Año 1971 Año 1972 Año 1974 Año 1977 Año 1979 Año 1981 Año 1982 Año 1984 Año 1985 Año 1987 Año 1988 Año 1989 Año 1990 Año 1991 Año 1992 Año 1993 Año 1994 Año 1995 Año 1996 Año 1997 Año 1998 Año 1999 Año 2000 Año 2001 Año 2002 Año 2003 Año 2004 Año 2005 Año 2006 Año 2007 Año 2008 Año 2009 Año 2010 Año 2011 Año 2012 Año 2013 Año 2014 Año1993 Años 1910-1919 Años 20 Años 30 Años 40 Años 50 Años 60 Años 70 Años 80 Apologetica para el mundo Arquidiocesis de Durango Arquidiocesis de Guadalajara Arquidiocesis de Monterrey Arquidiocesis de Tijuana Arquidiocesis de Yucatan Arquimedios Arquimedios Guadalajara Artes Marciales Articulos Aventura espacial Aventuras Aventuras marinas Aviones Baloncesto Basado en hecho reales Basado en hechos reales Belico Biblia Biografico Blogueros con el Papa Bolsa y Negocios Boxeo Brujeria Canonizaciones Catastrofes Catequesis Ciencia ficcion Ciencia ficción Cine épico Cine familiar Cine Mexicano Cine religioso Circo Clarisas Coches/Automoviles Colaboradores Colegios y Universidad Colonialismo Comedia Comedia dramatica Comedia Romántica Comic Conferencia Episcopal de Chile Conquista de America Conversando sobre la fe Cor ad Cor Loquitur Cortometraje Crimen Cristo Cuentos Deo omnis gloria Deporte Descargable Desde la Fe Dinosaurios Diocesis de Celaya Diocesis de Matamoros Directorio Discapacidad Documental Dr. Carlos Álvarez Cozzi Drama Drama de epoca Drama romantico Drama social Ecclesia Digital Edad Media Ejercito El Observador de la actualidad El santo del dia El Santo Rosario Encuentra.com Enfermedad Enseñanza Epistolas matritensis Esclavitud Espada de dos filos Eutanasia Evangelio Evangelización en México y América Extraterrestres Familia Fantastico Fátima TV Formación Permanente Franciscanismo Franciscanos Futbol Futbol americano Futuro postapocaliptico Gatos Genio femenino Gore Gran Depresion Guerra Civil de El Salvador Guerra Civil Española Guerra Cristera Guerra de Bosnia Guerra de la Independencia Española Guerra de Secesión Guerra Fria Hebreos Historia de la OFS Historias cruzadas Historico Holocausto Homosexualismo Iglesia en Mexico II Guerra Mundial Imagenes Infancia Infantil Infocatolica InfoRIES InfoVaticana Inmigracion Intriga Juegos olimpicos La Biblia La esfera y la cruz La Oracion La Santa Misa Liturgia de las Horas Lourdes TV Magia Marionetas Marvel Comics Medicina Melodrama Mera defensa de la fe Miniserie de TV Mitologia Mitología Monstruos Musica Musical Naturaleza Navidad Nazismo Noticias Novela Nuevo Testamento O frio o caliente Obispos OFM OFS en Mexico Oraciones Padre Fabian Barrera Padre Heliodoro Mira Garcia-Gutierrez Padre Jose Antonio Fortea Cucurull Pajaros Papas Patinaje sobre hielo Pelicula de culto Peliculas Peliculas Religiosas Pintura Policiaco Politica Precuela Prehistoria Promocion Vocacional Protestantes Provida Racismo Radio Razones para nuestra esperanza Reforma o Apostasia Regnum Christi Religion Religión Remake Revolucion Francesa Revolucion Mexicana Robots Romance Rome Reports Rugby Sacerdotes Sacro y Profano San Juan de Ávila Santa Clara Santoral Satira Sectas Secuela Secuestros Semanario Serie de TV Siglo IV Siglo XII Siglo XIII Siglo XIX Siglo XV Siglo XVI Siglo XVII Siglo XVIII Siglo XX Spin-off Submarinos Superhéroes Supervivencia Surrealismo Telefilm Television Catolica Temas de historia de la Iglesia Terrorismo Thriller Thriller futurista Trabajo/Empleo Trenes Valores Vatican News Vejez Viajes en el tiempo Vida Rural Vida Rural Norteamericana Vidas de Beatos Vidas de Santos Videos Vikingos Virgen Maria Volcanes Western

VATICANO, 01 Ene. 21 (ACI Prensa).- El Papa Francisco invitó a rezar por el arzobispo de Owerri Nigeria, Mons. Moses Chikwe, y por el conductor del vehículo en el que viajaba cuando fueron secuestrados el pasado 27 de diciembre.

Al finalizar el rezo del Ángelus desde el Palacio Apostólico del Vaticano este viernes 1 de enero, el Santo Padre invitó a unirse a la jornada de oración convocada por la Archidiócesis de Owerri para pedir la liberación del prelado y de su acompañante.

“Os invito a uniros a la oración de la Archidiócesis de Owerri en Nigeria por el Obispos, Mons. Moses Chikwe, y por su chófer, secuestrados en los días pasados. Pidamos al Señor que tanto ellos, como todos aquellos que son víctimas de actos similares en Nigeria, recuperen ilesos la libertad y que aquel querido país recupere la seguridad, la concordia y la paz”, fueron las palabras pronunciadas por el Pontífice.

Según informó ACI África, por el momento se desconoce el paradero del Obispo católico. De acuerdo con la prensa local, el secuestro ocurrió en Port Harcourt en Owerri aproximadamente a las 8 p.m. (hora local).

El secuestro del obispo Chikwe es el último de una serie de secuestros que han tenido como objetivo al clero en Nigeria, los secuestros anteriores involucraron a sacerdotes católicos.

El 15 de diciembre, P. Valentine Oluchukwu Ezeagu miembro de los Hijos de María, Madre de la Misericordia (SMMM), fue secuestrado en el estado de Imo cuando se dirigía al funeral de su padre en el vecino estado de Anambra, en el sureste de Nigeria y fue liberado al día siguiente.

En noviembre vbb b2020, P. Matthew Dajo, sacerdote de la arquidiócesis de Abuja, fue secuestrado y liberado después de diez días de cautiverio. Varias fuentes indicaron a ACI África que los secuestradores pidieron como rescate cientos de miles de dólares estadounidenses.

A principios de diciembre, el departamento de Estado de los Estados Unidos incluyó a Nigeria entre los peores países en cuanto a libertad religiosa junto a otros países como China, Corea del Norte y Arabia Saudita.

VATICANO, 01 Ene. 21 (ACI Prensa).- En el primer Ángelus del año 2021, que presidió este viernes 1 de enero desde el Palacio Apostólico del Vaticano, el Papa Francisco hizo un llamado a la paz mundial que suponga una disminución de los odios y las divisiones que afligen al mundo. Una paz que, aseguró, es posible si se asume “como responsabilidad dada por Dios”.

A pesar de la dolorosa ciática que padece, y que le impidió presidir las ceremonias Pontificias previstas para la noche del 31 de diciembre y la mañana del 1 de enero, el Pontífice dirigió el rezo del Ángelus e invitó a comenzar el nuevo año “poniéndonos bajo la mirada materna y amorosa de María Santísima, que la liturgia hoy celebra como Madre de Dios”.

En su comentario previo al Ángelus, el Papa señaló que la Jornada Mundial de la Paz, que se celebra este primero de año, es un momento propicio para insistir en la cultura del cuidado como camino para la paz, una paz que, para lograrla, debe implorarse con “incesante oración”.

Sobre todo al inicio de un nuevo año con el recuerdo de “los dolorosos eventos que han marcado el camino de la humanidad el año pasado, especialmente la pandemia, nos enseñan lo necesario que es interesarse por los problemas de los otros y compartir sus preocupaciones”.

“Esta actitud”, insistió, “representa el camino que conduce a la paz, porque favorece la construcción de una sociedad fundada en las relaciones de fraternidad”.

Recordó que “Dios nos da la responsabilidad de ser trabajadores por la paz” y, como tales, “cada uno de nosotros, hombres y mujeres de este tiempo, está llamado a traer la paz cada día y en cada ambiente de vida, sosteniendo la mano al hermano que necesita una palabra de consuelo, un gesto de ternura, una ayuda solidaria. Esto para nosotros es una responsabilidad dada por Dios”.

“La paz se puede construir si empezamos a estar en paz con nosotros mismos y con quien tenemos cerca, quitando los obstáculos que nos impiden cuidar de quienes se encuentran en necesidad y en la indigencia”, dijo.

Invitó, para ello, a “desarrollar una mentalidad y una cultura del ‘cuidado’, para derrotar la indiferencia, el descarte y la rivalidad, que lamentablemente prevalecen”.

Explicó que “la paz no es solo ausencia de guerra, la paz nunca es aséptica, no existe la paz del quirófano. La paz es en la vida, no es solo ausencia de guerra, sino que es vida rica de sentido, configurada y vivida en la realización personal y en el compartir fraterno con los otros”.

También señaló que para lograr esa ansiada paz “las solas fuerzas humanas no bastan, porque la paz es, sobre todo, don, un don de Dios; debe ser implorada con incesante oración, sostenida con un diálogo paciente y respetuoso, construida con una colaboración abierta a la verdad y a la justicia y siempre atenta a las legítimas aspiraciones de las personas y de los pueblos”.

Por ello, el Papa Francisco aseguró que su deseo “es que reine la paz en el corazón de los hombres y en las familias; en los lugares de trabajo y de ocio; en las comunidades y en las naciones. En las familias, en el trabajo y en las naciones: paz”.

“En el umbral de este comienzo, dirijo a todos mi cordial deseo de un feliz y sereno 2021. Que sea un año de fraterna solidaridad y de paz para todos; un año cargado de confiada espera y de esperanzas, que encomendamos a la celeste protección de María, madre de Dios y madre nuestra”, concluyó.

VATICANO, 01 Ene. 21 (ACI Prensa).- Este año 2021 “será un buen año si cuidamos a los otros, como hace la Virgen con nosotros”, señaló el Papa Francisco, dijo el Papa Francisco en la homilía de la Misa de la Solemnidad de Santa María Madre de Dios, celebrada este viernes 1 de enero de 2021 en la Basílica de San Pedro del Vaticano.

La homilía del Pontífice la leyó el Secretario de Estado, Cardenal Pietro Parolin, al no poder presidir el Santo Padre la Misa por encontrarse afectado por una dolorosa ciática.

En su homilía, el Papa animó en el inicio de este año a “encontrar tiempo para alguien. El tiempo es una riqueza que todos tenemos, pero de la que somos celosos, porque queremos usarla sólo para nosotros”.

“Hemos de pedir la gracia de encontrar tiempo para Dios y para el prójimo: para el que está solo, para el que sufre, para el que necesita ser escuchado y cuidado. Si encontramos tiempo para regalar, nos sorprenderemos y seremos felices”, destacó el Papa.

Bendecir, nacer y encontrar

En la homilía leída por el Cardenal Parolin, el Papa Francisco destaca los tres verbos que se cumplen en María, Madre de Dios: “Bendecir, nacer y encontrar”.

En primer lugar, bendecir. El Papa destacó que María, “bendita por gracia”, “nos trae la bendición de Dios” porque “donde está ella, llega Jesús”.

 “Acogiendo a María somos bendecidos, pero también aprendemos a bendecir. La Virgen, de hecho, enseña que la bendición se recibe para darla. Ella, la bendita, fue bendición para todos los que la encontraron”.

El Papa lamentó que “el mundo está gravemente contaminado por el decir mal y por el pensar mal de los demás, de la sociedad, de sí mismos. Pero la maldición corrompe, hace que todo degenere, mientras que la bendición regenera, da fuerza para comenzar de nuevo. Pidamos a la Madre de Dios la gracia de ser para los demás portadores gozosos de la bendición de Dios, como ella lo es para nosotros”.

El segundo verbo es nacer. Subrayó que “San Pablo remarca que el Hijo de Dios ha nacido de una mujer”.

Por lo tanto, “el corazón del Señor comenzó a latir en María, el Dios de la vida tomó el oxígeno de ella. Desde entonces María nos une a Dios, porque en ella Dios se unió a nuestra carne para siempre”.

María “no es sólo el puente entre Dios y nosotros, es más todavía: es el camino que Dios ha recorrido para llegar a nosotros y es la senda que debemos recorrer nosotros para llegar a Él”.

Jesús “nació de mujer y creció pacientemente. Las mujeres conocen esta concreción paciente, nosotros los hombres somos frecuentemente más abstractos y queremos las cosas inmediatamente; las mujeres son concretas y saben tejer con paciencia los hilos de la vida. Cuántas mujeres, cuántas madres de este modo hacen nacer y renacer la vida, dando un porvenir al mundo”.

 El tercer verbo es encontrar. Los pastores, explicó el Papa Francisco, cuando acudieron al encuentro de María, José y el Niño, “no encontraron signos prodigiosos y espectaculares, sino una familia sencilla. Allí, sin embargo, encontraron verdaderamente a Dios, que es grandeza en lo pequeño, fortaleza en la ternura. Pero, ¿cómo hicieron los pastores para encontrar este signo tan poco llamativo? Fueron llamados por un ángel”.

Del mismo modo, “tampoco nosotros habríamos encontrado a Dios si no hubiésemos sido llamados por gracia”.

“Lo hemos encontrado, pero no debemos perderlo de vista. El Señor, de hecho, no se encuentra una vez para siempre: hemos de encontrarlo cada día”, insistió el Pontífice.

VATICANO, 01 Ene. 21 (ACI Prensa).- En sustitución del Papa Francisco, afectado por una dolorosa ciática, el Secretario de Estado del Vaticano, Cardenal Pietro Parolin, presidió este viernes 1 de enero de 2021, en el altar de la Cátedra de la Basílica de San Pedro del Vaticano, la Misa de la Solemnidad de María Santísima Madre de Dios. El Cardenal Pietro Parolin leyó la homilía preparada por el Pontífice.

A continuación, el texto completo de la homilía del Papa Francisco:

Las lecturas de la liturgia de hoy resaltan tres verbos, que se cumplen en la Madre de Dios: bendecir, nacer y encontrar.

Bendecir. En el Libro de los Números el Señor pide que los ministros sagrados bendigan a su pueblo: «Bendeciréis a los hijos de Israel y diréis: “El Señor te bendiga”» (6,23-24). No es una exhortación piadosa, sino una petición concreta. Y es importante que también hoy los sacerdotes bendigan al Pueblo de Dios, sin cansarse; y que además todos los fieles sean portadores de bendición, que bendigan.

El Señor sabe que necesitamos ser bendecidos: lo primero que hizo después de la creación fue decir bien de cada cosa y decir muy bien de nosotros. Pero ahora, con el Hijo de Dios, no recibimos sólo palabras de bendición, sino la misma bendición: Jesús es la bendición del Padre. En Él el Padre, dice san Pablo, nos bendice «con toda clase de bendiciones» (Ef 1,3). Cada vez que abrimos el corazón a Jesús, la bendición de Dios entra en nuestra vida.

Hoy celebramos al Hijo de Dios, el Bendito por naturaleza, que viene a nosotros a través de la Madre, la bendita por gracia. María nos trae de ese modo la bendición de Dios. Donde está ella llega Jesús. Por eso necesitamos acogerla, como santa Isabel, que la hizo entrar en su casa, inmediatamente reconoció la bendición y dijo: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!» (Lc 1,42).

Son las palabras que repetimos en el Avemaría. Acogiendo a María somos bendecidos, pero también aprendemos a bendecir. La Virgen, de hecho, enseña que la bendición se recibe para darla. Ella, la bendita, fue bendición para todos los que la encontraron: para Isabel, para los esposos de Caná, para los Apóstoles en el Cenáculo… También nosotros estamos llamados a bendecir, a decir bien en nombre de Dios.

El mundo está gravemente contaminado por el decir mal y por el pensar mal de los demás, de la sociedad, de sí mismos. Pero la maldición corrompe, hace que todo degenere, mientras que la bendición regenera, da fuerza para comenzar de nuevo. Pidamos a la Madre de Dios la gracia de ser para los demás portadores gozosos de la bendición de Dios, como ella lo es para nosotros.

El segundo verbo es nacer. San Pablo remarca que el Hijo de Dios ha «nacido de una mujer» (Gal 4,4). En pocas palabras nos dice una cosa maravillosa: que el Señor nació como nosotros. No apareció ya adulto, sino niño; no vino al mundo él solo, sino de una mujer, después de nueve meses en el seno de la Madre, a quien dejó que formara su propia humanidad.

El corazón del Señor comenzó a latir en María, el Dios de la vida tomó el oxígeno de ella. Desde entonces María nos une a Dios, porque en ella Dios se unió a nuestra carne para siempre. María —le gustaba decir a san Francisco— «ha convertido en hermano nuestro al Señor de la majestad» (SAN BUENAVENTURA, Legenda major, 9,3). Ella no es sólo el puente entre Dios y nosotros, es más todavía: es el camino que Dios ha recorrido para llegar a nosotros y es la senda que debemos recorrer nosotros para llegar a Él.

A través de María encontramos a Dios como Él quiere: en la ternura, en la intimidad, en la carne. Sí, porque Jesús no es una idea abstracta, es concreto, encarnado, nació de mujer y creció pacientemente. Las mujeres conocen esta concreción paciente, nosotros los hombres somos frecuentemente más abstractos y queremos las cosas inmediatamente; las mujeres son concretas y saben tejer con paciencia los hilos de la vida. Cuántas mujeres, cuántas madres de este modo hacen nacer y renacer la vida, dando un porvenir al mundo.

No estamos en el mundo para morir, sino para generar vida. La Santa Madre de Dios nos enseña que el primer paso para dar vida a lo que nos rodea es amarlo en nuestro interior. Ella, dice hoy el Evangelio, “conservaba todo en su corazón” (cf. Lc 2,19). Del corazón nace el bien: qué importante es tener limpio el corazón, custodiar la vida interior, la oración. Qué importante es educar el corazón al cuidado, a valorar a las personas y las cosas.

Todo comienza ahí, del hacerse cargo de los demás, del mundo, de la creación. No sirve conocer muchas personas y muchas cosas si no nos ocupamos de ellas. Este año, mientras esperamos una recuperación y nuevos tratamientos, no dejemos de lado el cuidado. Porque, además de la vacuna para el cuerpo se necesita la vacuna para el corazón, que es el cuidado. Será un buen año si cuidamos a los otros, como hace la Virgen con nosotros.

El tercer verbo es encontrar. El Evangelio nos dice que los pastores «encontraron a María y a José, y al Niño» (v. 16) No encontraron signos prodigiosos y espectaculares, sino una familia sencilla. Allí, sin embargo, encontraron verdaderamente a Dios, que es grandeza en lo pequeño, fortaleza en la ternura. Pero, ¿cómo hicieron los pastores para encontrar este signo tan poco llamativo? Fueron llamados por un ángel.

Tampoco nosotros habríamos encontrado a Dios si no hubiésemos sido llamados por gracia. No podíamos imaginar un Dios semejante, que nace de una mujer y revoluciona la historia con la ternura, pero por gracia lo hemos encontrado. Y hemos descubierto que su perdón nos hace renacer, su consuelo enciende la esperanza, su presencia da una alegría incontenible.

Lo hemos encontrado, pero no debemos perderlo de vista. El Señor, de hecho, no se encuentra una vez para siempre: hemos de encontrarlo cada día. Por eso el Evangelio describe a los pastores siempre en búsqueda, en movimiento: “fueron corriendo, encontraron, contaron, se volvieron dando gloria y alabanza a Dios” (cf. vv. 16-17.20). No eran pasivos, porque para acoger la gracia es necesario mantenerse activos.

Y nosotros, ¿qué debemos encontrar al inicio de este año? Sería hermoso encontrar tiempo para alguien. El tiempo es una riqueza que todos tenemos, pero de la que somos celosos, porque queremos usarla sólo para nosotros.

Hemos de pedir la gracia de encontrar tiempo para Dios y para el prójimo: para el que está solo, para el que sufre, para el que necesita ser escuchado y cuidado. Si encontramos tiempo para regalar, nos sorprenderemos y seremos felices, como los pastores. Que la Virgen, que ha llevado a Dios en el tiempo, nos ayude a dar nuestro tiempo. Santa Madre de Dios, a ti te consagramos el nuevo año.

Tú, que sabes custodiar en el corazón, cuídanos. Bendice nuestro tiempo y enséñanos a encontrar tiempo para Dios y para los demás. Nosotros con alegría y confianza te aclamamos: ¡Santa Madre de Dios! ¡Santa Madre de Dios! ¡Santa Madre de Dios!

REDACCIÓN CENTRAL, 01 Ene. 21 (ACI Prensa).- Comienza un nuevo año y la Iglesia, cada 1 de enero, lo inicia celebrando la Solemnidad de María, Madre de Dios. La Iglesia católica se encomienda así, desde el primer día, a los cuidados maternales de María, verdadera Madre de Dios. La Virgen, quien tuvo la dicha de concebir, dar a luz y criar al Salvador, es también la que protege a todos sus hijos en Cristo, los asiste y acompaña durante su peregrinar en este mundo.

A continuación presentamos algunos datos que pueden ayudarnos a entender cómo es que surge este título en honor a la Virgen, y lo que hicieron los primeros cristianos para defenderlo.

La celebración dedicada a “María, Madre de Dios” (Theotokos) es la más antigua que se conoce en Occidente. En las catacumbas de Roma -los subterráneos que sirvieron de refugio a la cristiandad primigenia y donde los cristianos se reunían para celebrar la Santa Misa- han sido halladas numerosas inscripciones y pinturas que dan cuenta de la antigüedad de esta celebración mariana.

Por otro lado, de acuerdo un antiguo escrito del siglo III, los cristianos de Egipto ya se dirigían a María como “Madre de Dios”, usando las siguientes palabras: "Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios: no desoigas la oración de tus hijos necesitados; líbranos de todo peligro, oh siempre Virgen gloriosa y bendita". Esta oración está recogida en la Liturgia de las Horas desde hace siglos.

Para el siglo IV, el título de “Madre de Dios” ya estaba incorporado en la oración de los fieles y se usaba con frecuencia tanto en la Iglesia de Oriente (“Theotokos”) como en la de Occidente (”Mater Dei”). Para ese entonces, era parte del sentir común de la cristiandad dirigirse a la Virgen María como “Madre de Dios”; para decirlo de algún modo, los cristianos habían hecho suyo dicho título mariano y lo consideraban integrante de su devoción e identidad.

Sin embargo, en el siglo V, Nestorio -quien incurrió en herejía- cuestionó que María pudiese ser llamada Madre de Dios, porque -a su modo de ver- no lo era. “¿Entonces Dios tiene una madre? En consecuencia no condenemos la mitología griega, que les atribuye una madre a los dioses”. El cuestionamiento de Nestorio tenía implicancias cristológicas, es decir, no solo deshonraba a la Virgen María, sino que ponía en entredicho que fuese efectivamente madre de la “persona” -una y única- de Cristo, segunda persona de la Santísima Trinidad.

Nestorio había caído en un gravísimo error. Había introducido una separación -más bien una ruptura- entre las dos naturalezas –divina y humana– presentes en el Señor Jesús. María no podía ser solo “madre” de la humanidad de Cristo sin afectar toda la obra salvífica de la encarnación.

Los obispos, por su parte, reunidos en el Concilio de Éfeso (año 431), afirmaron la subsistencia de la naturaleza divina y de la naturaleza humana en la única persona del Hijo; y declararon: "La Virgen María sí es Madre de Dios porque su Hijo, Cristo, es Dios". Aquel día, los padres conciliares, acompañados por el pueblo y portando antorchas encendidas, realizaron una gran procesión al canto de: "Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén".

San Juan Pablo II, en noviembre de 1996, señaló lo siguiente: “La expresión Theotokos, que literalmente significa ‘la que ha engendrado a Dios’, a primera vista puede resultar sorprendente, pues suscita la pregunta: ¿cómo es posible que una criatura humana engendre a Dios? La respuesta de la fe de la Iglesia es clara: la maternidad divina de María se refiere solo a la generación humana del Hijo de Dios y no a su generación divina”. Luego añadió:

“El Hijo de Dios fue engendrado desde siempre por Dios Padre y es consustancial con él. Evidentemente, en esa generación eterna María no intervino para nada. Pero el Hijo de Dios, hace dos mil años, tomó nuestra naturaleza humana y entonces María lo concibió y lo dio a luz”.

Asimismo, señaló que la maternidad de María “no atañe a toda la Trinidad, sino únicamente a la segunda Persona, al Hijo, que, al encarnarse, tomó de ella la naturaleza humana”. Además, “una madre no es madre sólo del cuerpo o de la criatura física que sale de su seno, sino de la persona que engendra”, enfatizó San Juan Pablo II.

Para terminar, es importante recordar que María no es sólo Madre de Dios, sino que también es madre nuestra porque así lo quiso Jesucristo en la cruz. Por ello, al comenzar el nuevo año, pidámosle a María que nos ayude a ser cada vez más como su Hijo.

Más información:

Solemnidad de Santa María, Madre de Dios Catecismo de la Iglesia Católica Definición de Fe La Santísima Trinidad y María Homilía de San Cirilo de Alejandría Lecturas Bíblicas Lumen Gentium Los santos hablan sobre la Virgen Magisterio de San Sixto III Lumen Gentium en la Enciclopedia Católica Dogma de la Maternidad Divina de la Virgen María

Redacción Central, 01 Ene. 21 (ACI Prensa).- Para enero del 2021 el Papa Francisco dirigirá su intención de oración universal para pedir por el fortalecimiento de la “fraternidad humana”.

El Santo Padre pide a todos los fieles que recen “para que el Señor nos dé la gracia de vivir en plena fraternidad con hermanos y hermanas de otras religiones, rezando unos por otros, abriéndonos a todos”.

En octubre de este año el Papa Francisco publicó la tercera encíclica de su pontificado, Fratelli tutti, en la que reflexiona sobre la fraternidad y la amistad social.

En la encíclica el Santo Padre hace un llamado a la humanidad a descubrir en el amor una fuerza que debe transformar las relaciones internacionales, la política, la economía y la cultura.

Sobre las intenciones de oración

En una entrevista al diario del Vaticano, L’Osservatore Romano (LOR), de febrero de 2019, el director de la Red del Apostolado de la Oración del Papa, P. Frédéric Fornos, explicó que en las intenciones de oración del Pontífice “encontramos un eco en los desafíos para el mundo”.

El P. Fornos indicó que el Papa Francisco exhorta a rezar por quienes “se dejan llevar por caminos de muerte, a causa de diversas dependencias: abuso de drogas o de alcohol, uso nocivo de las nuevas tecnologías o pornografía online, con todas sus consecuencias”.

Agencia Catolica

Forma de Contacto

Nombre

Correo electrónico *

Mensaje *

Con tecnología de Blogger.
Javascript DesactivadoPor favor, active Javascript para ver todos los Widgets