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Inauguran Centro de escucha en Chiapas para apoyar a víctimas de violencia intrafamiliar

Como parte de la vinculación entre la Universidad Católica de Chiapas “Juan Pablo”  (UCACH) y Caritas Tuxtla,   alumnos esa institución educativa se sumaron como voluntariados al proyecto “Centro de Escucha”, para dar acompañamiento legal a víctimas de violencia intrafamiliar.

Durante el acto inaugural, monseñor José Luis Mendoza Corzo, obispo auxiliar de Tuxtla, calificó este proyecto como “una buena obra de Dios y para el servicio del bien común, “ya que será un espacio donde se escucharán y atenderán a personas víctimas de la violencia de manera espiritual, jurídica y psicológica”.

Por su parte el presbítero Pedro Morales Martínez, asesor de la  Pastoral Social Diocesana, detalló que por el momento el primer Centro de Escucha estará en la parroquia de San Roque, en Tuxtla Gutiérrez, por lo que invitó a que más personas se sumen a este proyecto para que en cada parroquia se brinde orientación espiritual, psicológica y legal a quienes lo soliciten.

El secretario general de UCACH, Eliceo González Urquín, refirió que a través del Servicio Social o de voluntariado en los Centros de Escucha, “es una gran oportunidad de crecimiento intelectual y humano para los jóvenes universitarios, de manera particular para los futuros abogados de la entidad”.

Con información de CODIPAC-Tuxtla

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Aprender a vivir esperando

La esperanza cristiana “no es algo que podrá ocurrir o no, sino que es una realidad cierta, en tanto está arraigada en el evento de la resurrección de Cristo. Esperar, por ende, significa aprender a vivir aguardando”. Es lo que ha dicho el Papa Francisco en su catequesis de la Audiencia general de este miércoles.

Para su catequesis recurrió al texto de (1Ts 5,4-11): El Yelmo de la esperanza, con el cual explicó que “la dimensión extraordinaria que esta virtud llega a asumir en el Nuevo Testamento, cuando encuentra la novedad representada por Jesucristo y por el evento pascual, la esperanza cristiana. Nosotros los cristianos, somos mujeres y hombres de esperanza”.

Así era la comunidad de Tesalónica, a la cual escribe San Pablo. “Cuando Pablo le escribe, la Comunidad de Tesalónica acababa de ser fundada, y unos pocos años la separan de la Pascua de Cristo; ¡pocos años después, eh! Por eso, el Apóstol trata de hacer comprender todos los efectos y las consecuencias que este evento único y decisivo, que es la resurrección del Señor, conlleva para la historia y para la vida de cada uno. En particular, la dificultad de la comunidad no era tanto reconocer la resurrección de Jesús, todos creían en ella, sino creer en la resurrección de los muertos. En este sentido, toda la carta se revela más actual que nunca. Toda vez que nos encontramos frente a nuestra muerte, o a la de una persona querida, sentimos que nuestra fe es puesta a prueba. Salen a flote todas nuestras dudas, toda nuestra fragilidad, y nos preguntamos: «¿Pero de verdad habrá una vida después de la muerte…? ¿Podré una vez más ver y volver a  abrazar a las personas que he amado…?». Una señora me hizo esta pregunta hace algunos días, en una audiencia: ‘¿Me encontraré con los míos?’. Una duda… También nosotros, en el contexto actual, necesitamos volver a la raíz y a los fundamentos de nuestra fe, de modo de tomar conciencia de cuanto ha obrado Dios para nosotros en Cristo Jesús, y qué significa nuestra muerte. Todos le tenemos un poco de miedo a la muerte, por esta incertidumbre, ¿no? Aquí viene la palabra de San Pablo.

Cuando se habla de esperanza, podemos ser llevados a entenderla según la acepción común del término, es decir, refiriéndose a algo bello que deseamos, pero que bien puede realizarse o no. Esperamos que suceda, pero… esperamos, como un deseo, ¿no? Se dice, por ejemplo: «¡Espero que mañana haga buen tiempo!»; pero sabemos que al día siguientes el tiempo puede estar feo… La esperanza cristiana no es así. La esperanza cristiana es la espera de algo que ya ha sido cumplido”. “La puerta está allí, ¡y yo espero llegar a la puerta! ¿Qué debo hacer? ¡Caminar hacia la puerta! Estoy seguro de que llegaré a la puerta. Así es la esperanza cristiana. La esperanza cristiana es la espera de algo que ya ha sido cumplido, y que ciertamente se realizará para cada uno de nosotros. Incluso la resurrección nuestra y la de nuestros seres queridos difuntos, por lo tanto, no es algo que podrá darse o no, sino que es una realidad cierta, en tanto está arraigada en el evento de la resurrección de Cristo. Esperar, por lo tanto, significa aprender a vivir aguardando. Aprender a vivir en la espera y hallar la vida. Cuando una mujer se da cuenta de que está encinta, cada día aprende a vivir en la espera de ver aquella mirada del niño que vendrá… Nosotros también debemos vivir y aprender de estas esperas humanas, y vivir en la espera de mirar al Señor, de encontrar al Señor. Esto no es fácil, pero se aprende: vivir en la espera. Esperar implica un corazón humilde, un corazón pobre. Sólo un pobre sabe esperar. Quien ya está lleno de sí y de sus posesiones, no sabe poner su confianza en nadie que no sea sí mismo”.

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MADRID, 01 Feb. 17 (ACI).- El Instituto de Política Familiar ha publicado el informe “El aborto en España, 30 años después. 1985-2015” que destaca que esta práctica ha “aumentado de tal manera que actualmente se han convertido, junto a las enfermedades cardiovasculares y el cáncer, en la primera causa de mortalidad”.

En el año 2009 se aprobó la dispensación de la píldora del día de después sin receta médica a niñas a partir de los 13 años y un año más tarde, se aprobó una nueva ley en la que además de legalizar el aborto libre sin ningún tipo de causa, se potencia los abortos “químicos” sin necesidad de realizar protocolos de seguimiento o notificación.

Este nuevo modo lleva a que sea mayor el número de abortos químicos que quirúrgicos en la actualidad y que no estén registrados, lo que hace que  desde el punto de vista del Instituto de Política Familiar los datos de abortos oficiales sean “incompletos y no recojan ni reflejen toda la realidad del aborto en España”.

Según los datos registrados, en España durante el año 2015 se registraron 94.188 abortos, lo que significa que “se produce un aborto cada 5,5 minutos”, un total de 258 abortos por hora.

El informe publicado destaca que desde el año 1985 se han superado los 2.100.000 abortos acumulados y en los últimos 10 años se han alcanzado los 1,1 millones de abortos, es decir, más que en los 20 años anteriores.

Sobre el tipo de aborto (quirúrgico o químico) el informe del Instituto de Política Familiar subraya la importancia de tener en cuenta los abortos no registrados que se producen “sin haber notificado a las distintas Comunidades autónomas porque no se realizan protocolos de seguimiento”.

A pesar de la dificultad para recabar datos reales de los abortos químicos, en el año 2015 se registraron 17.418 abortos químicos, por lo que cada 30 minutos un niño dejó de nacer en España por este tipo de aborto.

Este número de abortos químicos aumentaría hasta los 23.000 si se contabilizaran los abortos no registrados, aunque de estos se tiene solo una estimación aproximada.

En España, según refleja el informe, se dispensan anualmente unas 700.000 píldoras del día después, por lo que se consume una de estas pastillas abortivas cada 47 segundos.

De esta manera, se puede concluir que más del 42% del total de los abortos son farmacológicos, que incluyen los abortos químicos y por píldora del día de después.

También es representativo la evolución del número de abortos por mujer en España. Mientras que en el año 1990, 245 mujeres abortaron 3 veces o más (0,6% del total) y 16 mujeres las que abortaron 5 veces o más.

En el año 2015, han sido 2567 mujeres las que abortaron 3 veces o más (5% del total) y fueron 781 mujeres las que abortaron 5 veces o más.

Consecuencias del aborto

1.     Aumenta el déficit de natalidad: Si no se hubieran producido estos abortos, la tasa de fecundidad española sería de 1,6 hijos por mujer, en lugar de 1,33.

2.     Afecta especialmente a la juventud: Más de la mitad de las mujeres que abortaron (49.231) tenían menos de 30 años y de estos, 10.012 fueron menores de 20 años.

3.     Inversión de la pirámide poblacional: Desde 1985 han tenido lugar más de 2,1 millones de abortos, si estos nos se hubieran producido habría 1 millón más de jóvenes que mayores, por lo que la pirámide poblacional no se habría invertido.

4.     Reducción de la población. El aborto es una de las causas por las que en la actualidad el crecimiento vegetativo es negativo en España.

5.     Incremento de los gastos sociales en pensiones y disminución de los ingresos de la seguridad social por el descenso de la población activa.

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[VIDEO] James Rodríguez: Estoy en contra del aborto y apoyo la vida https://t.co/ewqgVkXlGy

— ACI Prensa (@aciprensa) 7 de enero de 2017

Dr. John Money y David Reimer /Alchetron y morblue.com

Los estudios del psicólogo y sexólogo, el doctro John William Money en la década de los 50 fueron los primeros que intentaron mostrar apoyo científico, médico y psicoanalítico acerca de que la diferencia entre hombre y mujer es un hecho social, una construcción antes que algo biológico, la esencia de la ideología de género. Sin embargo, años más tarde, fue revelado que su “experimento” más famoso, con el que “comprobaba” su teoría, fue una farsa. El caso fue el “cambio de sexo” de Bruce Reimer, un niño que al llegar a la adultez acabó por suicidarse. Esta es su historia: Bruce y su hermano gemelo Brian nacieron en Canadá en los años 60. A la edad de siete meses ambos fueron circuncidados, pero los doctores utilizaron un nuevo método de circuncisión en Bruce, utilizando una aguja cauterizadora eléctrica. Luego se produjo un accidente, quemando completamente el pene del niño. La operación de Brian fue cancelada, pero los padres estaban devastados.
Los hermanos Reimer fueron el experimento perfecto para poner a prueba la teoría de la “fluidez de género” de Money
Los Reimer decidieron llevar a Bruce al doctor John Money, psicólogo y sexólogo de la Universidad Johns Hopkins a quien habían visto en la televisión. El doctor Money ya sustentaba entonces la teoría de que, aparte de las funciones reproductivas y urinarias, el género era una construcción social, y ya había suscitado cierta polémica en los medios. Hasta antes de atender a los gemelos Reimer, el sexólogo había trabajado en gran medida con casos de hermafroditismo, y sus investigaciones se centraban en el seguimiento de personas con anomalías sexuales congénitas. Pero los hermanos –que eran dos niños sanos– fueron el experimento perfecto para poner a prueba su teoría de la “fluidez de género”, es decir, que el comportamiento está regido por la educación como varón o mujer y no por el sexo biológico dado al nacer. Brian se criaría como un niño y Bruce, de ahora en adelante, sería llamado Brenda y pasaría a ser criado como niña. Los Reimer estuvieron de acuerdo e insistieron en la ropa y la socialización con niñas para Brenda durante toda la infancia. Nunca le dijeron nada a los gemelos sobre el accidente, ni sobre el sexo biológico de 'Brenda'.
Cuando 'Brenda' alcanzó la pubertad a los 13 años comenzó a mostrar sentimientos suicidas
Los gemelos eran llevados para una observación anual con el doctor Money, que calificó el caso de “exitoso” cuando los gemelos tenían nueve años. "Nadie más sabe que Brenda es la niña cuyo caso están leyendo en los medios. Su conducta es tan normal como la de cualquier niña y difiere claramente de la forma masculina como se comporta su hermano gemelo", escribió Money en sus apuntes. "No hay ninguna señal que provoque sacar conjeturas contrarias", añadió.

Revisiones 'médicas' con juegos sexuales

Sin embargo, cuando 'Brenda' alcanzó la pubertad a los 13 años comenzó a mostrar sentimientos suicidas. "Pude ver que Brenda no era feliz como niña. Era muy rebelde. Era muy masculina y no lograba persuadirla de que hiciera algo femenino. Brenda casi no tuvo amigos durante su infancia. Todos se burlaban de ella y la llamaban la mujer cavernícola", dijo Janet, la madre de Brenda, en una entrevista para el documental “El Dr. Money y el niño sin pene” producido por la BBC. "Era una niña muy, muy sola", agregó. En el documental se narra que durante el chequeo anual y la observación de los gemelos, el Money obligaba a los niños a desnudarse y participar en un juego sexual, posando en diferentes posiciones para que “identifiquen sus respectivos géneros”. En al menos una ocasión el especialista tomó fotos de estas sesiones.
En el 2002 Brian murió por una sobredosis de drogas y dos años más tarde, en mayo de 2004, David se suicidó a los 38 años
En la adolescencia, los gemelos se oponían firmemente a ir a los chequeos con el doctor Money. Por tal motivo, los Reimer dejaron de llevarlos cuando cumplieron 15 años y le revelaron la verdad a Brenda: en realidad era hombre. Brenda, que recibió el nombre de Bruce al nacer, abrazó pronto y completamente su identidad masculina, eligiendo llamarse David. Luego comenzó la terapia hormonal y una reconstrucción genital quirúrgica. Al tiempo se casó con una mujer y adoptaron tres hijos. No obstante, las heridas traumáticas de la infancia fueron muy profundas tanto para David como para su hermano. Ambos sufrieron una fuerte depresión. Además, después de 14 años de casados, la esposa de David se divorció de él. En el 2002 Brian murió por una sobredosis de drogas y dos años más tarde, en mayo de 2004, David se suicidó a los 38 años.
“No hay nada reversible en la cirugía genital: es una mutilación permanente e irreversible de la persona humana. Y no hay otra palabra para ello”, señala un cirujano plástico

Lo que John Money nunca se atrevió a decir

A pesar de todo, Money nunca rectificó ni corrigió sus estudios. "Nunca dijo una palabra, nunca se retractó", señaló recientemente el diácono, conferencista y cirujano plástico, Patrick Lappert, durante su charla Transgender Surgery and Christian Anthropology [cirugía transgénero y antropología cristiana] realizada para Courage en Estados Unidos entre el 9 y 11 de enero de 2017. Aseguró que la decisión de Money fue “enormemente problemática” porque “su estudio sigue siendo citado frecuentemente como una transición de género exitosa por parte de la comunidad médica en general”. El doctor Lappert aseveró que se debe entender que “estamos hablando de la persona humana como una unidad de espíritu y forma, que hay una integridad en la masculinidad y feminidad con la que estamos hechos”. Además, el especialista aseguró que uno de los mayores problemas con “las cirugías transgénero de cambio de sexo” es que son “permanentes e irreversibles”.
"Los nervios conectados a una vagina siempre se registrarán con el cerebro como una vagina", explica un cirujano plástico
“No hay nada reversible en la cirugía genital: es una mutilación permanente e irreversible de la persona humana. Y no hay otra palabra para ello”. "Se traduce en la esterilidad permanente. Es una disolución permanente de las funciones unitivas y procreadoras. E incluso el aspecto unitivo de la adherencia sexual se ve radicalmente obstaculizado si no totalmente destruido", agregó. El experto explicó que esto se debe al inevitable daño nervioso que ocurre durante la cirugía y porque el cerebro siempre registrará los nervios genitales como procedentes de su órgano de origen. “En otras palabras, los nervios conectados a una vagina siempre se registrarán con el cerebro como una vagina, incluso si ahora son parte de un pene construido quirúrgicamente y viceversa”. “Otro problema importante es que las cirugías de cambio de sexo buscan resolver una disfunción interior con una solución externa. Debajo de todo, estás tratando de curar una herida interior con una cirugía exterior", concluyó el Dr. Lapper. El documental con la historia completa de David Reimer y John Money puede verse completo AQUÍ. * Traducido y adaptado por Diego López Marinade CNA en ACI Prensa.

La entrada Esta es la historia que los ideólogos de género no quieren que sepas aparece primero en Actuall.

VATICANO, 01 Feb. 17 (ACI).- El Papa Francisco habló en su catequesis de la Audiencia General sobre la resurrección de los muertos y en concreto de la de Cristo.

“Cada vez que nos encontramos ante nuestra muerte, o a aquella de una persona querida, sentimos que nuestra fe es puesta a la prueba. Surgen todas nuestras dudas, toda nuestra fragilidad, y nos preguntamos: “¿De verdad existirá la vida después de la muerte? ¿Podré todavía ver y abrazar a las personas que he amado?”, dijo en la Audiencia.

A continuación, el texto completo de la catequesis del Papa:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En las anteriores catequesis hemos iniciado nuestro recorrido sobre el tema de la esperanza releyendo en esta perspectiva algunas páginas del Antiguo Testamento. Ahora queremos pasar a poner en evidencia la extraordinaria importancia que esta virtud asume en el Nuevo Testamento, cuando encuentra la novedad representada por Jesús y por el evento pascual: la esperanza cristiana. Nosotros cristianos, somos mujeres y hombres de esperanza.

Es esto lo que emerge de modo claro desde el primer texto que ha sido escrito, es decir, desde la Primera Carta de San Pablo a los Tesalonicenses. En el pasaje que hemos escuchado, se puede percibir toda la frescura y la belleza del primer anuncio cristiano. La comunidad de Tesalónica era una comunidad joven, fundada de hace poco; no obstante las dificultades y las diversas pruebas, está enraizada en la fe y celebra con entusiasmo y con alegría la resurrección del Señor Jesús. El Apóstol entonces se alegra de corazón con todos, porque cuantos renacen en la Pascua se convierten de verdad en «hijos de la luz, hijos del día» – así los llama él – (5,5), en virtud de la plena comunión con Cristo.

Cuando Pablo les escribe, la comunidad de Tesalónica ha sido apenas fundada, y sólo pocos años la separan de la Pascua de Cristo; pocos años después, ¡eh! Por esto, el Apóstol trata de hacer comprender todos los efectos y las consecuencias que éste evento único y decisivo, es decir, la resurrección del Señor, comporta para la historia y para la vida de cada uno. En particular, la dificultad de la comunidad no era tanto reconocer la resurrección de Jesús, todos lo creían, sino de creer en la resurrección de los muertos. Si, Jesús ha resucitado, pero los muertos tenían un poco de dificultad.

En este sentido, esta carta se presenta más actual que nunca. Cada vez que nos encontramos ante nuestra muerte, o a aquella de una persona querida, sentimos que nuestra fe es puesta a la prueba. Surgen todas nuestras dudas, toda nuestra fragilidad, y nos preguntamos: “¿De verdad existirá la vida después de la muerte? ¿Podré todavía ver y abrazar a las personas que he amado?”. Esta pregunta me la ha hecho una señora hace pocos días en una audiencia. Me dijo: ¿Encontraré a mis seres queridos? Una incógnita… También nosotros, en el contexto actual, tenemos necesidad de regresar a las raíces y a los fundamentos de nuestra fe, para que así tomemos conciencia de lo que Dios ha obrado por nosotros en Cristo Jesús y que cosa significa nuestra muerte. Todos tenemos un poco de miedo; la muerte, por esta incertidumbre, ¿no? Aquí viene la palabra de Pablo. Me viene a la memoria un viejito, un anciano, bueno, que decía: “Yo no tengo miedo a la muerte. Tengo un poco de miedo verla venir”. Y tenía miedo de esto.

Pablo, ante los temores y las perplejidades de la comunidad, invita a tener firme sobre la cabeza como un yelmo, sobre todo en las pruebas y en los momentos más difíciles de nuestra vida, “la esperanza de la salvación”. Es un yelmo. Es esta la esperanza cristiana. Cuando se habla de esperanza, podemos ser llevados a comprenderla según el significado común del término, es decir, en relación a algo bello que deseamos, pero que puede realizarse o tal vez no. Esperemos que suceda, pero… esperemos, como un deseo, ¿no? Se dice por ejemplo: “¡Espero que mañana haga buen clima!”; pero sabemos que al día siguiente en cambio puede hacer un mal clima… La esperanza cristiana no es así. La esperanza cristiana es la espera de algo que ya ha sido realizada; está la puerta ahí, y yo espero llegar a la puerta. ¿Qué cosa debo hacer? ¡Caminar hacia la puerta! Estoy seguro que llegaré a la puerta.

Así es la esperanza cristiana: tener la certeza que yo estoy en camino hacia algo que es y no lo que yo quiero que sea. Esta es la esperanza cristiana. La esperanza cristiana es espera de una cosa que ya ha sido realizada y que ciertamente se realizará para cada uno de nosotros. También nuestra resurrección y aquella de nuestros queridos difuntos, pues, no es una cosa que puede suceder o tal vez no, sino es una realidad cierta, en cuanto está fundada en el evento de la resurrección de Cristo. Esperar pues significa aprender vivir en la espera. Aprender a vivir en la espera y encontrar la vida. Cuando una mujer se da cuenta de estar embarazada, cada día aprende a vivir en la espera de ver la mirada de ese niño que llegará… También nosotros debemos vivir y aprender de estas actitudes humanas y vivir en la espera de mirar al Señor, de encontrar al Señor. Esto no es fácil, pero se aprende: a vivir en la espera. Esperar significa e implica un corazón humilde, pobre. Solo un pobre sabe esperar. Quien está lleno de sí y de sus bienes, no sabe poner la confianza en ningún otro sino en sí mismo.

Escribe aún Pablo: «Él que murió por nosotros, a fin de que, velando o durmiendo, vivamos unidos a Él» (1 Tes 5,10). Estas palabras son siempre motivo de grande consolación y de paz. Asimismo para las personas amadas que nos han dejado estamos pues llamados a orar para que vivan en Cristo y estén en plena comunión con nosotros. Una cosa que a mí me toca el corazón es una expresión de San Pablo, siempre dirigida a los Tesalonicenses. A mí me llena de la seguridad de la esperanza. Dice así: «Y así permaneceremos con el Señor para siempre» (1 Tes 4,17). ¡Qué bello! Todo pasa. Pero, después de la muerte, por siempre estaremos con el Señor. Es la certeza total de la esperanza, la misma que, mucho tiempo antes, hacia exclamar a Job: «Yo sé que mi Redentor vive […]. Yo mismo lo veré, lo contemplarán mis ojos» (Job 19,25.27). Y así por siempre estaremos con el Señor. ¿Ustedes creen esto? Les pregunto: ¿Creen esto? Más o menos, ¡eh! Pero para tener un poco de fuerza los invito a decirlo tres veces conmigo: “Y así por siempre estaremos con el Señor”. Todos juntos: “Y así por siempre estaremos con el Señor”, “Y así por siempre estaremos con el Señor”, “Y así por siempre estaremos con el Señor”. Y allá, con el Señor, nos encontraremos. Gracias.

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Papa Francisco en la Audiencia General: La resurrección de Cristo fue real https://t.co/jZQlQGlT3X

— ACI Prensa (@aciprensa) 1 de febrero de 2017

 

VATICANO, 01 Feb. 17 (ACI).- El significado de la muerte y la naturaleza de la resurrección fueron los temas sobre los que habló el Papa Francisco en su catequesis de la Audiencia General del miércoles, que tuvo lugar en el Aula Pablo VI del Vaticano. El Santo Padre reflexionó sobre el natural miedo a la muerte que todos sentimos, y la esperanza cristiana radicada en la resurrección de Cristo. Remitiéndose a las palabras de San Pablo en su Carta a los Tesalonicenses, el Papa Francisco afirmó: “Todo pasa, pero tras la muerte, siempre estaremos con el Señor. Esa es la certeza total de la esperanza cristiana”.

Si en catequesis pasadas el Santo Padre se centró en el mensaje de esperanza presente en el Antiguo Testamento, en esta ocasión explicó el mensaje de esperanza en el Nuevo Testamento: “Nosotros, los cristianos, somos hombres y mujeres de esperanza”, aseguró.

El Papa explicó en qué consiste la esperanza cristiana: “Cuando hablamos de esperanza, podemos entenderla según la acepción común del término, es decir, podemos referirnos a algo bueno que deseamos que se produzca pero que puede producirse o no. Por ejemplo, podemos decir: ‘Espero que mañana haga buen tiempo”, pero sabemos que puede hacer muy mal tiempo. La esperanza cristiana no es así. La esperanza cristiana es la expectativa de algo que ya se ha producido y que tenemos la certeza de que se realizará en cada uno de nosotros”.

“Nuestra resurrección, y la de nuestros seres queridos difuntos, no es, por lo tanto, algo que podrá suceder o no, sino que es una certeza real en cuanto que se sustenta en la resurrección de Cristo. La esperanza, por lo tanto, implica aprender a vivir en la espera. Ello exige un corazón humilde, pobre”.

En su catequesis, Francisco recordó que los cristianos de la comunidad de Tesalónica estaban preocupados por la muerte y la resurrección. “La dificultad de la comunidad no era tanto el reconocimiento de la resurrección de Jesús, sino el creer en la resurrección de los muertos”. Por ese motivo, “el Apóstol trata de hacerles comprender, a todos, los efectos y las consecuencias que este evento único y decisivo –la resurrección del Señor– implica para la historia y la vida de cada uno”.

El Obispo de Roma señaló que no se debe olvidar que, la de Tesalónica, “era una comunidad joven, fundada hacía poco tiempo, que, pese a las dificultades y las muchas pruebas a la que se veía sometida, estaba radicada en la fe y celebraba con entusiasmo y con alegría la resurrección del Señor Jesús. Cuando Pablo les escribe, la comunidad de Tesalónica hacía muy poco que había sido fundada. Sólo unos años la separaban de la Pascua de Cristo”.

“Esta carta –continuó el Pontífice–, se revela más actual que nunca. Cada vez que nos encontramos frente a nuestra muerte, o a la de un ser querido, sentimos que nuestra fe es sometida a prueba. Surgen todas nuestras dudas, todas nuestras debilidades, y nos preguntamos: ‘¿De verdad hay vida después de la muerte? ¿Podré ver y abrazar a las personas que he querido?’. También nosotros, en el contexto actual, tenemos necesidad de retornar a la raíz y al fundamento de nuestra fe, para así tomar conciencia de todo lo que Dios ha hecho por nosotros en Jesucristo. Tomar conciencia de qué significa nuestra muerte. Todos tenemos un poco de miedo a la muerte por esta incertidumbre”.

En este sentido, contó una pequeña anécdota: “Me viene a la memoria, un anciano muy valiente que decía: ‘yo no tengo miedo a la muerte…, sólo un poco a verla venir’. Él tenía a miedo a eso”, resumió divertido por el sentido del humor de aquel anciano.

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