Solo un amor verdadero sabe custodiar la vida: Así se educa a los hijos en la castidad

VATICANO, 30 Mar. 15 (ACI).- “Con mucha paciencia, y ganas de estar cerca de ellos”, así es como el Subsecretario del Pontificio Consejo para la Familia, Mons. Carlos Simón Vázquez, invita a los matrimonios de hoy a educar a los hijos en la virtud de la castidad.

“La castidad es esa integración de las dimensiones físicas del hombre en la dimensión psicológica y espiritual. Y aquí la razón y la voluntad tienen un papel grande que hacer. Hay que hacer que las nuevas generaciones, los jóvenes y a los adolescentes, no separen estas dimensiones, que no estén cada una por su lado, desorganizadas y no unidas”, explicó Mons. Simón en declaraciones a ACI Prensa.


“Esta es una tarea importante, que están llamados a hacer sobre todo los padres, viviendo desde esa dimensión de la donación, de la paciencia, de la entrega, del ejemplo, de saber que no todo es lo primero que se me ocurre o el primer deseo que tengo. Sino que en el hombre existe también esa capacidad de reflexión, de darse al otro y de integrar todas esas dimensiones con una visión de fe, porque evidentemente todo esto adquiere una luz nueva desde la fe. Desde la fe significa preguntarse ¿por qué hago yo las cosas en el fondo? Pues las hago porque yo quiero vivir esa imagen de Dios en mi vida particular y familiar”.


El sacerdote español hizo estas declaraciones con motivo de la jornada de estudio dedicada a la Carta Encíclica Evangelium Vitae en el 20 aniversario de su publicación, organizada por el Pontificio Consejo para la Pastoral de la Salud el 25 de marzo en el Vaticano.


“La banalización de la sexualidad es uno de los factores principales que están en la raíz del desprecio por la vida naciente: sólo un amor verdadero sabe custodiar la vida. Por tanto, no se nos puede eximir de ofrecer sobre todo a los adolescentes y a los jóvenes la auténtica educación de la sexualidad y del amor, una educación que implica la formación de la castidad, como virtud que favorece la madurez de la persona y la capacita para respetar el significado ‘esponsal’ del cuerpo”, señalaba San Juan Pablo II en Evangelium Vitae, publicada el 25 de marzo de 1995.


El sacerdote español explicó que Evangelium Vitae es un texto fundamental para el mundo de la medicina, porque “pone la atención sobre cómo la vida es la base fundamental del derecho, las relaciones humanas, las investigaciones de la medicina, y sirve como materia que trata sobre la ética de la vida humana”.


La Evangelium Vitae es una encíclica “muy estructurada y completa” que ayuda a los profesionales de la sanidad para tener en el valor inviolable de la vida humana “un foco de luz para desarrollar su trabajo en la vida”, afirmó.


En relación a los matrimonios que no pueden tener hijos y quienes recurren a la fecundación in vitro, el sacerdote recordó que “la vida es un regalo que no pertenece al hombre como un título o como algo que puede adquirir a toda costa. Es importante que tengamos claro que el hombre no tiene derecho a elegir la vida. Es algo que se te da, y es algo que hay que hacer comprenderlo a la gente”.


“Los esposos están llamados a cooperar con la vida, pero no es un derecho que ellos obtienen al casarse. Es importante que las parejas lo sepan, entiendan, y encarnen en su vida. Si esto no se entiende, pues la técnica les puede ofrecer muchísimas posibilidades, pero en este sentido se instrumentaliza la vida. La vida en lugar de un fin, se convierte en un medio para ‘mi satisfacción, mi soledad, mi deseo –honesto y bueno-, pero que siempre es un deseo subjetivo, una conquista a realizar, y no un don que se recibe”.


Por último el sacerdote invitó a redescubrir la Evangelium Vitae, porque “es descubrir que la vida no es algo que se puede manipular, sino descubrir que esa vida tiene un valor en sí misma y por sí misma. Esto la medicina siempre lo ha tenido, pero la encíclica trata de animarla y aconsejarla”.


“Es cierto que anticoncepción y aborto, desde el punto de vista moral, son males específicamente distintos: la primera contradice la verdad plena del acto sexual como expresión propia del amor conyugal, el segundo destruye la vida de un ser humano; la anticoncepción se opone a la virtud de la castidad matrimonial, el aborto se opone a la virtud de la justicia y viola directamente el precepto divino ‘no matarás’”, decía San Juan Pablo II en la Encíclica.


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