Una visita de mucho valor eclesial, Amadeo Rodríguez Magro, obispo de Plasencia
Desde el día 24 de este mes de febrero hasta el 3 de marzo estaré en Roma para visitar al Santo Padre, peregrinar a los lugares de la misión de Pedro y de Pablo y entrar en contacto con las instituciones romanas que colaboran con el Papa en su ministerio de Sucesor de Pedro. Es la Visita ad Limina.No iré sólo, sino que iremos a lo largo de esos días la mitad de la Conferencia Episcopal Española y la otra mitad lo hará hasta el día 8 de marzo. El día 3 seremos recibidos todos juntos por el Papa Francisco. Como Obispo de Plasencia me sentiré especialmente unido a los otros dos obispos de la Provincia Eclesiástica: el arzobispo de Mérida-Badajoz y el obispo de Coria-Cáceres.
Estos son los datos fundamentales de la noticia, pero seguramente a vosotros os interesa saber el significado de este singular viaje. Cumplo con una antigua tradición en la Iglesia, que recoge el Derecho Canónico, de visitar la Santa Sede cada cinco años. Esto se hace desde el siglo IV, aunque este deber del obispo fue regulado canónicamente por el Papa Sixto V (1585). Los obispos de todas las diócesis del mundo vamos a Roma para que el Papa cumpla su obligación, la que recibió Pedro de confirmar a su hermanos; y nosotros cumplimos con la nuestra de reconocerle como principio y fundamento, perpetuo y visible de la unidad de fe y de comunión (LG 18). Esta visita y todo lo que en ella hacemos, no sólo durante los dás que tendrá lugar sino también su preparación, es nuestro modo de manifestarle al Santo Padre en persona la comunión eclesial que vivimos en la vida cotidiana de nuestras respectivas diócesis. Se puede decir que lo hago en mi nombre, pero también visito al Papa en el vuestro.
Aunque ya lo he hecho por escrito, en un minucioso informe, que envié hace varios meses como está establecido, cuando me encuentre con él no perderé la ocasión de hablarle de vosotros, de la vitalidad de vuestra fe, de vuestro compromiso cristiano, que vuestras inquietudes misioneras y, por supuesto, haré que se entere de nuestras dificultades y problemas. Procuraré decirle cómo es el alma y el cuerpo de los hombres y mujeres de esta tierra, en la que somos la Iglesia del Señor. Los sacerdotes, los consagrados y consagradas, los seminaristas, los laicos comprometidos, los jóvenes, la familia, las hermandades y cofradías, los mayores y los niños, de todos intentaré contarle algo. Y le hablaré de los pobres y de lo que modestamente estamos haciendo en su favor.
No le ocultaré nuestro afecto al Papa Francisco y le diré cómo le queremos, respetamos, escuchamos y admiramos. Sobre todo le diré cómo le quieren los humildes, los pobres y los sencillos. De un modo especial le agradeceré la constancia y coherencia en su ministerio por animar un estilo misionero para la Iglesia y le hablaré con admiración y gratitud de Evangelii Gaudium, por la luz que ha proyectado sobre la misión que hemos iniciado. Haré que el Papa escuche eso de “Cada parroquia una misión. Cada cristiano un misionero”. De sus mensajes hemos recogido el itinerario: “Todos discípulos, todos misioneros.” Le pediré que nos bendiga. Para nosotros será un gran estímulo.
Como podéis comprobar, el nombre de esta visita es una vieja y bella reliquia ad Limina Apostolorum, aunque coloquialmente se omite lo último. En realidad ad límina no tiene traducción al castellano, pero la más aproximada sería “puerta o entrada”. Como os he dicho voy a entrar, junto a mis hermanos obispos, por la puerta de los sepulcros de los Apóstoles Pedro y Pablo, conservados, según la tradición, en Roma. A cada una de ellas llegaremos como peregrinos y celebraremos la Eucaristía. Ni que decir tiene que serán unos momentos de especial fervor e intensidad eclesial, en los que rezaré con humildad y gratitud el Credo, el himno de nuestra fe, pidiendo para mí y para todos vosotros la fuerza de testimoniarla y vivirla con valentía, con autenticidad y perseverancia.
Recuerdo que, hace ya nueve años, cuando me iba a Roma en mi primera visita ad Limina, a encontrarme con Juan Pablo II, os decía: “Sé que voy a Roma con vuestra oración y aliento, y también me desplazaré acompañado por un grupo de diocesanos que os representaran a todos. Juntos le presentaremos al Santo Padre nuestro afecto filial y recogeremos su bendición para esta Iglesia diocesana que está en plena andadura sinodal.” Ahora os digo lo mismo, si bien ahora la bendición la recogeremos para nuestra misión diocesana. También esta vez me acompaña una peregrinación, que se unirá a los actos de los obispos, aunque ellos tendrán después un recorrido muy atractivo, en el que destaca, por citar sólo lo espiritual, una visita a la casa natal de Juan XXIII, en Sotto il Monte, y una entrevista con el que fue su Secretario D. Loris Capovilla, que será creado cardenal unos días antes, a sus noventa y nueve años.
Os pido de todo corazón que encomendéis al Señor esta actividad pastoral de vuestro obispo, pidiéndole, sobre todo, que afiance en mí cada día la comunión con Pedro, y así yo pueda trabajar cada día entre vosotros en mi responsabilidad de ser como principio y fundamento de la unidad en la Diócesis. Os bendigo con especial afecto.
Amadeo Rodríguez Magro
Obispo de Plasencia
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