Las horas


Una de las cosas que compruebo una y otra vez que me han traído los años es un tiempo que corre más lento. Alguien dirá que no es el tiempo sino mi vivencia del tiempo. Concedámoslo. Pero lo cierto es que mi tiempo parece ir con paso más lento, lo cual me produce una gran paz. No tedio, sino tranquilidad. Una serenidad que, sobre todo, depende del paso más moroso, más relajado, de las horas.
Fruto de esto es que practicamente nunca me pongo nervioso. Es rarísimo que me enfade. Es como si todo lo pudiera pensar cuatro o seis veces antes de hacer o decir algo. Puede pasar un año entero sin que me enfade.
Eso en mi niñez y en mi juventud no era así. Ahora el Río del Tiempo parece remansarse. Sé que la experiencia de muchas personas es justo la contraria, pero la mía es ésta. 

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