9 de diciembre 2013
Inmaculada Concepción de María
Lc 1, 26-38 Homilía de san Agustín (Sermón 290, 4-5)
«Pero, te suplico, Señor, llamo a tus puertas en compañía de quienes me escuchan; ábrenos, exponnos el significado de esta cuestión. Zacarías busca saber del ángel algo que le permita conocer lo que se le acaba de anunciar, porque él era anciano y la mujer entrada en años, y se le responde: Por no haber creído te quedarás mudo. Se anuncia a la virgen María el nacimiento de Cristo, y, preguntando el modo, dice al ángel: ¿Cómo sucederá eso, pues no conozco varón? (Lc 1,34). Y el ángel le responde: El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra (Lc 1,35). He aquí cómo sucederá lo que deseas saber; he aquí cómo darás a luz sin conocer varón; he aquí cómo el Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra (Lc 1,35). No temas el ardor de la concupiscencia estando a la sombra de tan grande santidad. ¿A qué se debe esto? Si prestamos atención a las palabras, o ambos creyeron, o ambos dudaron, tanto Zacarías como María. Pero nosotros sólo podemos escuchar las palabras; Dios puede interrogar también el corazón.
Queremos comprender, amadísimos, que cuando Zacarías dijo: ¿Cómo conoceré eso? Yo soy anciano y mi mujer entrada en años (Lc 1,18), lo dijo no preguntando, sino mostrando su falta de esperanza. En cambio, María al decir: ¿Cómo sucederá eso, pues no conozco varón? (Lc 1,34) lo dijo preguntando, no porque no lo creyese. Hizo una pregunta a Dios, sin dudar de la promesa. ¡Oh llena de gracia en verdad! Así la saludó el ángel: Salve, llena de gracia (ib., 28). ¿Quién sabrá explicar esta gracia? ¿Quién será capaz de agradecer lo suficiente esta gracia?».
(Trad. de Pío de Luis, osa)
Comentarios
comentarios
Esta entrada también está disponible en: Inglés, Portugués

Publicar un comentario