Acabo de regresar de Ecuador donde he dado unas charlas a sacerdotes organizadas por la diócesis de Loja. Fueron tres días de charlas sobre la misa explicada rito a rito para los sacerdotes en su encuentro anual de actualización teológica. Dado el tema de este año, estas charlas estuvieron abiertas también para los laicos. Un mes antes del viaje, se enteraron en la archidiócesis de Quito que tenía que pasar por la ciudad para volver a España y me pidieron si podía dar charlas esa mañana a los sacerdotes antes de ir al aeropuerto, cosa que acepté de mil amores.
Han sido unos días agradabilísimos, rodeado de amabilidad y de unos paísajes de una belleza sin par. Después de tantos viajes a casi todos los países de Latinoamérica, puedo decir que las ciudades de Quito y Loja me parecen sencillamente irreales por la hermosura de los paisajes que les rodean y que se ven desde el mismo centro de esas ciudades. Estás en el centro de esas poblaciones y ver las montañas altísimas con unos pastos tan verdes, tan pictóricos. Los ecuatorianos no sé si son conscientes de la belleza sin par de su país.
En fin, mañana os contaré más cosas. Es curioso, cada vez me afectan menos los viajes de más de once horas de vuelo. Eso ya lo llevo notando desde hace unos años progresivamente. Ahora estoy fresco como una rosa y no noto el más leve jet lag. Quizá éste sea el único efecto positivo de la edad.




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