Lorenzo Figueroa: “La guerra a las drogas no ha tenido buenos resultados”

Observatorio de Derechos de los Usuarios de Drogas se llama la instancia impulsada por la Pastoral Social Caritas, en conjunto con la Pastoral Nacional de Alcoholismo y Drogadicción (PANAD), que presentó este miércoles una propuesta de trabajo al comando de Michelle Bachelet, planteamientos que tuvieron buena acogida pues se encontraban, expresó la vocera Javiera Blanco, en la misma línea de su programa de gobierno.

El comité, que se reúne una vez al mes, está integrado también por la Fundación Paréntesis, Corporación La Esperanza, Fundación Don Bosco, Fundación Novo Milenio del Arzobispado de Concepción, la Red Chilena de Reducción de Daños y Fundación Despertar del Obispado de Copiapó. Una amplia gama de posiciones que se han logrado consensuar a través de una declaración publicada de octubre de este año

(Ver documento).


Para profundizar en ese consenso, conversamos con Lorenzo Figueroa, director Pastoral Social Caritas Chile y miembro del Comité Ejecutivo de la Pastoral Nacional de Alcoholismo y Drogadicción, quien aclara que “invitamos a ambos comandos porque la idea es conversar con todo el espectro político. Más allá de los pronósticos y de quién gobierne, nos interesa poder dialogar con todos”.


El nombre de la instancia se refiere a “Derechos de los Usuarios de Drogas”. ¿Por qué?


Fue bien conversado ese nombre. Lo que se quiso decir es que toda persona tiene derechos. Desde la teoría de los derechos humanos, estos son irrenunciables, inalienables, y desde la mirada de la Iglesia, los hombres y mujeres, por ser criaturas de Dios, son portadores de dignidad y derechos. Los miles de detenidos que hay por porte drogas son también sujetos de derechos. Queríamos destacar eso en el título, hacer énfasis en que toda persona, sea cual sea su condición, tiene derechos. Es una manera de enfrentar el planteamiento que dice que si consumes droga eres un delincuente. Porque aunque eso fuera cierto, esa persona tiene derechos. Fue controversial, pero llegamos a ese acuerdo.


¿En definitiva, en qué consiste este grupo tan variado?


Es un espacio de conversación sobre las drogas desde muchas perspectivas distintas. Hay muchas miradas, pero creo que ninguna ha tenido resultados efectivos. La perspectiva más dura, que consiste en promover la abstención total haciendo énfasis en los efectos nefastos que tienen las drogas en la comunidad, hacerle la guerra a las drogas, no ha tenido buenos resultados, ha terminado criminalizando a los usuarios. En el otro extremo está la mirada de la reducción de daños, que dice que va a haber consumo de todas maneras, entonces tratemos de que se respeten los derechos de esos consumidores, démosles oportunidades para que se vean lo menos afectados posible. Esa diversidad que logramos convocar es muy valiosa. Pero ha sido bien complejo por las distintas miradas que, finalmente, se han ido reconociendo y logramos suscribir entre todos esta declaración. En función del interés de prestar un servicio a las personas y comunidades aceptadas por las drogas, se da esta capacidad de entenderse, respetarse y dialogar. Creo que muchos temas sociales se solucionarán en la medida en que haya espacio para que los distintos actores puedan sentarse, dejar los prejuicios y avanzar en propuestas consensuadas.


¿Cuál es su objetivo principal?


Nuestra mirada es de incidencia, a través del documento de Aparecida, en el sentido de tener una visión de Iglesia frente a una problemática social, que las decisiones políticas que se adopten tengan el contenido propio de nuestra mirada. En una sociedad diversa, tenemos, como Iglesia, elementos que aportar a la construcción de políticas públicas.


En su declaración se cuestiona la eficiencia de la ley de drogas ¿Es necesario modificar la ley 20.000?


Lo que se ha propuesto básicamente es que sea más clara la distinción entre porte y tráfico. Hoy la mayor parte de los detenidos por drogas lo son por ser portadores. Eso es porque la ley no clarifica las cantidades que diferencian el consumo del tráfico. Ahí hay un tema que no tiene nada que ver con la legalización de la marihuana, sino que con el simple hecho de que la ley confunde y al portador o consumidor se la da trato de traficante. Se habla de 80 mil personas, más de la mitad de los detenidos debido a ese problema en la legislación. También está el tema de la clasificación de la marihuana en la ley. Insisto, no hablamos de despenalización, porque hay distintas opiniones, pero sí de que no se le considere en la lista uno, porque eso tiene consecuencias: es, al penalizar, hacerla similar a otras sustancias sobre las que hay acuerdo que son mucho más dañinas que la marihuana, como la cocaína, por ejemplo.


¿Cuáles serán los énfasis del Observatorio para 2014?


Queremos acoger la carta pastoral Humanizar y Compartir con Equidad el Desarrollo en Chile, porque el tema de las drogas no es individual, no se trata de un comportamiento desviado, sino que tiene que ver con el tipo de sociedad, el tipo de desarrollo que estamos construyendo, la exclusión y la vulnerabilidad social. Son temas sociales. Entonces se trata de acoger ese llamado a los cambios en el modelo de desarrollo, en un contexto de cambios políticos. La Iglesia tiene algo que decir respecto al desarrollo integral y la equidad, que son cosas que están muy relacionadas con el problema de las drogas.


Fuente: Comunicaciones Iglesia de Santiago.

www.iglesiadesantiago.cl



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