La hora de la gran Misericordia de Dios

A las 3 de la tarde, la Iglesia conmemora la Muerte de Jesucristo, y a través de la revelación del Señor a Santa Faustina Kowalska, se interpreta como la hora de su Misericordia para el mundo entero. “En esa hora puedes obtener todo lo que pidas para ti y para los demás. En esa hora se estableció la Gracia para el mundo entero: la Misericordia triunfó sobre la justicia” (Diario de Santa Faustina, No. 1572).

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Rebeca Ortega Camacho

La hora de la agonía de Jesús, es decir, las 3 de la tarde, es un tiempo muy especial en la devoción a la Divina Misericordia. En esta hora procuramos permanecer en espíritu al pie de la Cruz de Cristo, a fin de suplicar la misericordia para uno mismo y para el mundo entero, en virtud de los méritos de su Pasión y Muerte.
Esta oración en la Hora de la Misericordia debe cumplir ciertas condiciones: rezarse a las 3 de la tarde (cuando el reloj marca esa hora exactamente); dirigirse expresamente a Jesús, y en nuestras súplicas y peticiones, referirse a los méritos y al valor de su dolorosa Pasión.

LA REVELACIÓN DE LA DIVINA
MISERICORDIA

En 1931, la Hermana Faustina Kowalska (1905-1938), de las Hermanas de Nuestra Señora de la Misericordia, comenzó a recibir revelaciones divinas de Nuestro Señor Jesucristo, en las que Jesús le pidió registrar estas experiencias, que ella recopiló en seis cuadernos, ahora ampliamente conocidos como la “Divina Misericordia en mi Alma”.
Contenidos dentro de los diarios están los Mensajes directos de Cristo con respecto a su Misericordia insondable y sin fin hacia toda la Humanidad.

Estas son las palabras exactas de Jesucristo a Santa Faustina:
“A las tres en punto, implora mi Misericordia, especialmente para los pecadores y, aunque sólo sea por un breve momento, sumérgete en mi Pasión, especialmente en mi abandono en el momento de la agonía. Ésta es la hora de la gran Misericordia… En esta hora nada le será negado al alma que lo pida por Mí, en virtud de mi Pasión” (Diario, 1320).
“Cada vez que oigas el reloj dando las tres, sumérgete totalmente en mi Misericordia, adorándola y glorificándola; suplica su omnipotencia para el mundo entero, y especialmente para los pobres pecadores, ya que en ese momento se abre por cada alma. En esta hora puedes obtener todo por ti misma y por los demás con sólo pedirlo; es la hora de Gracia para todo el mundo. La misericordia triunfó sobre la justicia” (Diario, 1572).
“Hija mía, haz todo lo posible para hacer las Estaciones de la Cruz en esta hora, siempre que tus obligaciones lo permitan, y si no eres capaz de hacer las Estaciones de la Cruz, entonces por lo menos pasa a la Capilla por un momento y adora en el Santísimo Sacramento a mi Corazón, que está lleno de Misericordia, y en caso de que no puedas entrar en la Capilla, sumérgete en oración allí donde te encuentres, aunque sea por un brevísimo instante” (Diario, 1572).
En esta hora, el gran alcance de la Misericordia y el Amor se abre por completo al corazón, a cada alma, invitándonos a recordar y a encontrar su Pasión, muy particularmente su “abandono en el momento de la agonía”.

NO HAY PECADO QUE ESCAPE A
SU MISERICORDIA

Santa Faustina también registró las palabras de Cristo, haciendo hincapié en que nadie debe tener miedo de acercarse a su Misericordia, y sin importar qué tan extensos o graves sean sus pecados:
“Que ninguna alma tema acercarse a Mí, aunque sus pecados sean como escarlata” (Diario, 699). “Mi Misericordia es más grande que vuestros pecados y los del mundo entero” (Diario, 1485).
Aquí, Cristo invita a los más grandes pecadores (en unión con el Sacramento de la Confesión) a ser abrazados por su Amor Misericordioso, de una manera especial para encontrar la redención, descanso y renovación en Él.
Al igual que un buen Médico que desee ahorrar sufrimientos a sus pacientes, hay que traer también la culpa, la tristeza, las dificultades, las adicciones, las enfermedades físicas, y unirlas con sus heridas, para que Cristo las sane, como dijo a Sor Faustina:
“Ninguna alma que ha invocado mi Misericordia ha quedado decepcionada ni ha sentido confusión” (Diario, 1541).

La rutina de la oración

Una vez que comiences la práctica de la poderosa llamada de Cristo para la oración a las 3 de la tarde todos los días, encontrarás que el tiempo se convertirá en una segunda naturaleza para ti.
Como todo lo que deseas hacer con regularidad, tomará algún tiempo para desarrollarse. Puede que te resulte útil configurar tu reloj de pulsera o poner un recordatorio en tu calendario todos los días, hasta que se convierta en un hábito.
Oraciones cortas, relacionadas con la Coronilla de la Divina Misericordia:
1. ¡Oh, sangre y agua que brotaste del Corazón de Jesús como una fuente de Misericordia para nosotros!
En Ti confío.
2. Por tu dolorosa Pasión:
Ten Misericordia de nosotros y del mundo entero.
Estas breves plegarias nos permitirán hacer una pausa mental y encontrar a Cristo al pie de su Cruz para implorar su Misericordia, si fueras incapaz de rezar las Estaciones del viacrucis o de visitar una Capilla (Con información de Aleteia).

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