Hoy he meditado las palabras de Nuestro Señor acerca del amor, del amor al modo de Él, no a nuestro modo. Y he sentido que no he sido bueno con Pikaza ni con Masiá. Es cierto que el mismo Pikaza reconocería que sus doctrinas no concuerdan precisamente con todo el magisterio de Juan Pablo II, y es cierto que el mismo Masiá reconocería que no todas sus afirmaciones sobre los obispos españoles han sido agua bendita.
Aun así, siento el deseo de pedirles perdón con toda sinceridad. Esto me nace de lo más profundo del corazón y es algo que siento desde hace más de un año. Aunque sea el Evangelio de este domingo el que ha acabado de impulsar este sentimiento.
Los dos saben que mis palabras estaban exentas de acritud, pero ahora yo sé que en las mías, mis palabras, había más soberbia de la que yo sospechaba. Es cierto que los dos fueron apartados por la Curia Romana de la docencia de la Teología. Pero ahora sé mucho mejor que meditando con respeto las enseñanzas de ambos hubiera profundizado más en la verdad, aunque no compartiera todas sus ideas.
Como sapientísimamente dijo fray Nelson Media: También nuestra ira debe ser purificada. Éste es uno de los pensamientos más luminosos que he escuchado en todo el año.
Este autor explicaba atinadísimamente:
La actitud ofensivo-defensiva propia de esta pasión [la ira] nos lleva a maximizar los errores o defectos de quien nos resulta detestable mientras minimizamos los nuestros.
Sí, en nuestra defensa de la ortodoxia, no pocas veces, caemos en una actitud ofensivo-defensiva. Creemos que para defender hay que ofender.
Querido Masiá, seré yo el que te invite a comer sushi si vienes a Alcalá. Precisamente han abierto un Miss Sushi de una alta calidad. Se trata de una franquicia. Querido Pikaza, a ti te invitaré a una paella si lo deseas. Pero sé que te basta con mi buena voluntad de invitarte.
Os quiero a todos. Hoy estoy de un amor y buen rollito al estilo de Mary Poppins o Sonrisas y lágrimas (The sound of the music) que me resulta casi empalagoso a mí mismo.


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