Características del verdadero amor

Cardenal José Francisco Robles Ortega,
Arzobispo de Guadalajara

Apreciados hermanos y hermanas:

Hay una característica que nos es común a casi todos los seres humanos: nos gusta lo nuevo, nos gusta estrenar, porque encierra, en sí, satisfacciones, ilusiones, promesas y sorpresas.
A propósito, Jesús, a través de San Juan en el Libro del Apocalipsis, dice: “He aquí que Yo hago nuevas las cosas” (Apo. 21,5). Además, antes de partir de este mundo, les dijo a sus Apóstoles: “Les doy un Mandamiento nuevo” (Jn. 13,34).
A Dios, como a nosotros, también le gustan las cosas nuevas. Le gusta que nuestra vida se vaya reinventando cada vez más; que vayamos siendo mejores hijos suyos, mejores seres humanos, y que nos renovemos cada día más.
¿Cómo es que nosotros podemos darnos ese gusto de estrenar una vida nueva todos los días? ¿Cómo es que a Dios podemos darle el gusto de vernos cada día como alguien nuevo?: Haciendo nuestro el Mandamiento nuevo de Jesús.
¿En qué está la novedad?: En el Amor de Jesucristo, que nos hace nuevos. ¿Por qué?: porque su Amor es diferente a como nosotros amamos; es completamente gratuito y desinteresado. Nos ama porque Él es Amor; no nos ama porque somos buenos ni para que le correspondamos o le paguemos, sino porque es infinitamente bueno; su Amor es una Gracia que no merecemos.
Otra característica del Amor de Cristo es que es universal. No ama sólo a los que lo aman ni sólo a los que hacen el bien. Ama a todos y nos pide que amemos, incluso, a nuestros enemigos, a los que nos hacen mal, a los que no nos quieren bien. Así, amando sin distinción.
Además, el Amor de Dios, siendo para todos sin distinción, privilegia a los más débiles, a los más necesitados, desprotegidos, desposeídos, a los tristes, despreciados y pecadores. Cristo tiene una especial sensibilidad por los que son más débiles, enfermos, humillados. A éstos les pone especial cuidado y sensibilidad.
Si nosotros queremos darnos el lujo de disfrutar de una vida nueva, tenemos que aprender a amar como Jesús; si queremos darle el gusto a Dios de vernos con una vida nueva, tenemos que esforzarnos en amar como Él nos enseñó.
Existe otra característica muy importante del Amor de Dios: nos amó hasta el extremo. No por un tiempo; es decir, hasta dar su vida por nosotros. Nuestro amor debe tener esta característica: la constancia, la perseverancia, sin cansarnos, hasta el extremo; hasta que se acabe nuestra vida. En eso está la novedad del Cristianismo, la novedad de llamarnos, y ser, verdaderamente cristianos.
Es distintivo del cristiano el amor, el Mandamiento nuevo. En esto conocen los demás que somos discípulos de Jesús.
A nosotros, que nos gusta lo nuevo, se nos hace una propuesta muy interesante, para que sea una novedad en nuestra vida, que nos revisemos en cuanto al amor, Mandamiento nuevo que Jesucristo nos da, y que agradezcamos, independientemente de que vivamos o no este Mandamiento, que Jesús nos amó, que nos amó primero, que tomó la iniciativa de amarnos a todos sin distinción, y hasta el extremo.
Démosle gracias por este Amor y, al mismo tiempo que lo experimentamos y celebramos, tengamos el compromiso de vivirlo, de compartirlo, de expresarlo, no sólo con los que nos aman, nos quieren bien o les caemos bien, sino incluso con aquellos que nos critican, nos cuestionan, nos dan la contra siempre, no nos miran bien; a nuestras espaldas nos golpean, nos hacen daño.

Yo les bendigo en el Nombre del Padre,
y del Hijo y del Espíritu Santo.

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