“Llevaban tacón alto y mucho maquillaje, pero sus evidentes rasgos faciales eran incongruentes y lo serían cada vez más a medida que envejecieran”Lo subraya textualmente el propio McHugh: “Los sujetos post-quirúrgicos me parecían caricaturas de mujeres. Llevaban zapatos de tacón alto, mucho maquillaje y vestidos llamativos; me explicaban cómo se sentían al poder dar rienda suelta a sus inclinaciones naturales por la paz, la domesticidad y la dulzura” Pero añade: “Sus grandes manos, sus prominentes nueces de Adán y sus evidentes rasgos faciales eran incongruentes y lo serían cada vez más a medida que envejecieran”. Las psiquiatras a las que los enviaba para que hablaran con ellos conseguían ver intuitivamente a través del disfraz y la exageración en los gestos. "Las chicas conocen a las chicas", me dijo una de ellas, "y eso es un chico". Eso determinó que, desde 1975, McHugh dejara de recomendar como psiquiatra la cirugía de cambio de sexo como solución para hombres que decían sentirse mujeres. Habría que ver cada caso y ser prudente. Y decidió exigir más información, tanto antes como después de las operaciones. Quería comprobar si los niños con genitales ambiguos que eran transformados quirúrgicamente en niñas y educados como tales, como afirmaba la teoría (del Hospital John Hopkins), se normalizaban con facilidad en la identidad sexual que se había elegido para ellos. Estas afirmaciones habían generado la opinión en círculos psiquiátricos de que el "sexo" y el "género" de una persona eran cosas distintas: el sexo estaba determinado genética y hormonalmente desde la concepción, mientras que el género estaba modelado por la cultura mediante la acción de la familia y otros durante la infancia. El psiquiatra y psicoanalista John Meyer ya estaba desarrollando un método para hacer el seguimiento de adultos que habían sido operados de cambio de sexo en el Hopkins para ver en qué medida la cirugía les había ayudado. La mayoría de esos pacientes, localizado años después de la operación, estaban satisfechos con lo que habían hecho; sólo unos cuantos se arrepentían. Sin embargo, en los demás aspectos habían cambiado poco en lo que se refiere a sus condiciones psicológicas.
McHugh llegó a la conclusión de que no se sentían mejor en su integración psicológica… el quirófano no había resuelto sus problemasMeyer descubrió que seguían teniendo los mismos problemas que antes con las relaciones, el trabajo y las emociones. La esperanza que tenían de superar sus dificultades emocionales para mejorar psicológicamente no se había cumplido. Y McHugh llegó a la conclusión de que, aunque después de la cirugía, a esos varones les gustaba vivir en el sexo opuesto, no se sentían mejor en su integración psicológica ni la vivían mejor. Es decir que el quirófano no había resueltos sus problemas. “El Hopkins –subraya McHugh- estaba fundamentalmente colaborando con una enfermedad mental” Y es ent0nces cuando el especialista pensó que “los psiquiatras, teníamos que concentrarnos en intentar arreglar sus mentes y no sus genitales”.
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