Hoy podría hablar, comentar, hacer reflexiones acerca de infinidad de temas eclesiales candentes: declaraciones de cardenales, columnas de opinión de teólogos, decisiones arzobispales, entrevistas al Delegado de medios de la Santa Sede. Pero me contentaré con exhortaros a la moderación. Debemos evitar hablar con ligereza. Muchas cuestiones teológicas y prácticas revisten una gran complejidad.
Todos los que juzgamos a los demás queremos hacer de maestros. Todos queremos elevarnos a la altura de jueces. Todos queremos distinguirnos como campeones de la ortodoxia. No critico a nadie. Sinceramente, no albergo la intención oculta de criticar a nadie. Sólo digo que las cosas, a menudo, son más complejas de lo que parece.
Tenemos que estar unidos, que querernos. Esto no supone dar la espalda a la verdad. Pero a todos nos viene bien recordar la necesidad de la humildad.

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